EL TRUEQUE NO ES SOCIALISMO

 

De los 40 años o mas que en lo personal tengo de oír hablar y estudiar la teoría del socialismo, jamás había escuchado una falsificación mas grotesca del socialismo que la proferida por Hugo Chávez recientemente al explicar que una parte de las mercancías producidas por los productores directos debía ser permutada en el mercado por otras mercancías. No me extraña que alguien ignorante del tema económico y en especial ignorante de la teoría económica del socialismo, diga una barrabasada como la que oímos del “comandante”, comparable solo con las que dice el profesor Emeterio Gómez contra Marx, aunque el profesor no es ignorante ni de la teoría económica ni de la teoría del socialismo sino que lo hace adrede. Pero tiene que resultarnos al menos curioso el hecho de que el buen número de economistas formados en el marxismo que prestan servicios en el Estado o defienden el proyecto político del régimen, no hayan abierto la boca para decir algo. Y mas decepcionante tiene que resultarnos que ningún dirigente del Partido Comunista de Venezuela o de otros partidos de izquierda, se arriesguen a desmentir la grotesca falsificación del “comandante”.

Creo que no vale la pena intentar destacar que al “comandante” no le pasa por la mente distinguir el doble valor de la mercancía (valor de uso y valor de cambio), que es la base de la crítica de  Carlos Marx al modelo capitalista. Invitar a la gente a cambiar valores de uso, utilizando una referencia indefinida de un bono o moneda especial cuyo valor no tiene existencia, es un desconocimiento abyecto de la medida del valor-trabajo, que tanto se esforzó Marx en demostrar y que ha sido objeto de debate hasta nuestros días. Si algo pertenece instrínseca y esencialmente a la teoría del socialismo es la concepción de que las mercancías no se cambian en atención a sus propiedades físicas ni al uso o utilidad que cada agente particular encuentra en ella, sino en base al valor del trabajo socialmente necesario para producir la mercancía, valor que puede experimentar transformaciones nominales en el proceso de su conversión en precios de mercado.

Puede discutirse si esta explicación de Marx es o no correcta, pero no puede discutirse que ésta es la concepción socialista del valor. Ello es importante para entender que la teoría del socialismo postula la superación de una desigualdad esencial que ocurre en la esfera de la producción del valor y no en la esfera del mercado o intercambio. En la primera, la producción del valor implica satisfacer los costos invertidos en el proceso productivo y generar además un excedente de valor sobre el costo del factor trabajo. Excedente que bajo el régimen capitalista es apropiado indefectiblemente por el dueño o detentador de los medios de producción, incluyendo el Estado. En la segunda esfera (de mercado o intercambio) opera un conjunto de combinaciones de precios dando por resultado que los que unos agentes ganan otros lo pierden sin generarse valor adicional. La desigualdad en este esfera de intercambio puede ser originada en la habilidad, la trampa, el juego de necesidades, etc., todo lo cual puede ser minimizado o suprimido sin variar para nada el esquema esencial de desigualdad económica denunciada por Marx, que es la apropiación del excedente económico por parte de agentes económicos distintos a sus productores. No existe ni un ápice de socialismo en el hecho del trueque como tal. El dueño de la General Motors, por ejemplo, pudiera intercambiar pelo a pelo con el dueño de la Microsoft Co., un número determinado de computadoras por un número determinado de camionetas de precio equivalente, y no por ello esas empresas estarían practicando furtivamente el socialismo. Y por último, mas perturbador va a resultarle al “comandante” descubrir que no hay un ápice de socialismo en el intercambio de petróleo venezolano por servicios médicos cubanos, y no por el hecho (cierto, además) de que los cubanos nos están ganando en el intercambio, sino por el hecho de que ambas mercancìas son creadas por trabajadores a quienes se arrebata el excedente económico que generan, y de allì el carácter antisocialista del famoso trueque con Cuba.

Debemos recordar que el régimen de la URSS –el único ejemplo real de aplicación socialista- desde sus inicios asumió la firme convicción de que el nuevo Estado era una maquinaria jurídico-política de la clase obrera, no de la sociedad en general. Lenin y los bolcheviques  concebían como “obrero” exclusivamente al trabajador fabril, aquel que Marx llamó “productivo” en el sentido de que su trabajo concreto consistía en transformar productos pasados (insumos) en nuevos productos. Bajo esa concepción Lenin determinó que el régimen socialista debia convivir con un modelo de economìa mercantil en el sector agrícola, cuyos trabajadores campesinos debían disponer de sus productos  y venderlos a la clase obrera. No era por supuesto, que los campesinos se presentaran a las fábricas a transar directamente con los obreros, sino mediante sistemas de mercados campesinos y posteriormente la colocación de producciones mixtas (Estado-productor) de los llamados koljoses (empresas colectivas agropecuarias) y las cooperativas campesinas. Se impuso por este medio un intercambio desigual entre los productores campesinos y los obreros, sobre la base de que todas las clases debian estar al servicio de la clase obrera, es decir la que producía bienes duraderos, equipos, máquinas, etc. Este intercambio tuvo su base en la concepción de Marx, para quien la mercancìa del llamado “trabajo productivo” era aquella que podìa incorporarse como capital, no aquella que podia ser consumida. La clase campesina recibía mercancías producidas por la clase obrera, que a los efectos era lo mismo que el “Estado Obrero” (dado que las fábricas pasaban todas al Estado), a cambio de la entrega de la producción de mercancías de consumo (bienes no durables), y en tal intercambio podrían recibir partes del precio en forma de créditos para su propio consumo. Pero jamás se planteó el trueque de bienes de consumo entre la clase productora de esos mismos bienes, eso nunca fue ni será nunca, socialismo. El trueque en esos términos es un anacronismo absolutamente primitivo.

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