La Ira.
Card Captor Sakura Fanfic.

Por: Iliana Rojas

parte 2 ve a la 1 parte o a la 3 - 4

Mientras tanto, en otro lugar, alguien observaba atentamente la escena, sin poder escucharla; aunque esto no era necesario, pues sabía exactamente de qué se hablaba en aquella estancia.

- Definitivamente eres un estúpido Reed Clow ¿Cómo puedes dejar que otros conozcan tus debilidades? - y con una mueca de desprecio añadió - Eres patético. Y pensar que un día fuiste el amo, el dueño de un poder inmenso, capaz de crearme. Hubiera sido un honor; qué digo... un placer servirte antes. Pero ahora... ahora solo das pena.

Con un gesto de su mano borró la imagen que contemplaba. Se volvió e hizo aparecer un libro, que dejó suspendido en el aire. Lo abrió y comenzó a hojearlo mientras decía:

- No te preocupes. Pronto te libraré de tus miserias; pero antes debes pagarme todos estos años de abandono y soledad, y me los pagarás con lágrimas... - y terminó casi en un susurro - lágrimas de sangre.

****************

Al finalizar la conversación, Sakura y Tomoyo quedaron muy confundidas y con muchísimas dudas que, por delicadeza, decidieron dejar para un momento más oportuno.

Hicieron varios intentos de salir de la casa, pero rápidamente se dieron cuenta de que era inútil. El viento que antes casi los arrastró, ahora no los dejaba salir.

- Y ahora ¿qué hacemos? - y Sakura se sentó en el sofá.
- Honestamente, no tengo idea - responddió un Eriol muy abatido, que se sentó en el sofá junto a ella.
- Pues creo que sería una buena idea quue comiéramos algo. No sé si se fijaron, pero ya son las doce y media - sugirió Tomoyo señalando el reloj de la pared.
- Yo estoy de acuerdo - la secundó Sakuura con una sonrisa - ¿no dicen que las penas con pan son menos?
- Muy bien - Eriol se puso de pie y se adelantó para mostrarles el camino hacia la cocina. Mientras avanzaban, Eriol y Tomoyo oyeron a Syaoran preguntar:
- Sakura, ¿acaso tienes hambre?
- Pues... sí, un poco - contestó ella.<
- Estoy empezando a creer en lo que dicce tu hermano.
- Y ¿qué dice mi hermano? - y lo miró ccon suspicacia.
- Que eres un monstruo - dijo mientras miraba hacia el techo y cruzaba los brazos detrás de la cabeza. Al ver la expresión en el rostro de la chica, se arrepintió sinceramente de haberlo dicho.
- ¿Cómo? - y se lanzó a discutir con Syyaoran, en tanto él trataba de disculparse.

Tomoyo y Eriol habían llegado ya a la cocina, y se volvieron a ver a sus amigos.

- Hacen una pareja perfecta - comentó él.
- Sí, y me alegro mucho por mi amiga. - Tengo entendido que la quieres mucho - dijo Eriol mientras se ponía un delantal y comenzaba a rebuscar en las alacenas.
- Sí, es por eso que estoy muy contentaa de haber podido traer a Syaoran para su cumpleaños - respondió mientras se ponía el delantal que le había tendido.
- ¿Y eso te basta?
- Sí - dijo ella después de pensarlo unn poco - mi felicidad está unida a la suya, así que, mientras ella sea felíz, yo también lo seré, a pesar de que yo no sea la causante de ello.
- Pero... no sé... - titubeó un poco, ppero al parecer se decidió - disculpa si soy indiscreto, pero ¿no crees que ella sería aún más felíz si tú lograras construir tu propia felicidad?

Tomoyo se volvió hacia él, pero no logró ver su cara, ya que estaba de espaldas a ella. Luego, al girarse, sus cabellos, que llevaba largos hasta los hombros, ocultaron gran parte de su rostro, mas no del todo, pues logró ver un breve destello en sus ojos grises.

- Deja que te ayude - y se acercó al chico mientras pensaba ¿Qué traes entre manos, Eriol Hiragisawa? ¿ Por qué te comportas de esta manera?

Entretanto Syaoran por fin había logrado convencer a Sakura de que estaba muy arrepentido de haberla llamado así, y ambos entraban en la cocina; ella aún un poco molesta, y él sin saber cómo terminar de contentarla.

- ¿Qué vamos a comer? - preguntó Syaoran para aligerar la atmósfera entre él y Sakura.
- Pensaba hacer algo de pasta y una enssalada César - le informó Eriol.
- ¡Qué bien! Me encanta, pero ¿no es muucha molestia? Digo, por la ensalada - comentó Sakura.
- Que va... - le respondió Eriol despreeocupado - es de lo más fácil, además ¿te cuento un secreto Sakura?- al ver que ella asentía prosiguió - es que no tengo mucho para elegir - y le dirigió una sonrisa entre traviesa y avergonzada.
- ¡Ups! Disculpa, creo que fui indiscreeta.
- No te preocupes - y Eriol se rió un ppoco. Luego fingió un semblante serio y dijo en voz alta - Ahora ¡a cocinar!
- Yo sé hacer el aderezo de la ensaladaa - afirmó Tomoyo.
- Pues entonces tú y Sakura encárguensee de eso. Li y yo nos ocuparemos del resto - y lanzó un delantal hacia Syaoran - ¿Vale?
- Sí - y atrapó la prenda en el aire.

Los cuatro se pusieron en acción, y al poco rato la cocina se inundó del apetitoso aroma de la salsa. Mientras tanto, afuera de la casa brillaba un sol espléndido, que parecía burlarse de los jóvenes que estaban adentro.

Al terminar de cocinar, los cuatro sirvieron el almuerzo y se sentaron a comer. Al principio la comida transcurrió agradablemente, pero ya al final todos volvieron sus pensamientos a la peculiar situación que estaban viviendo. Luego de un incómodo y largo silencio Syaoran no pudo aguantar más, y estalló.

- ¡Esto es frustrante! - exclamó entre dientes mientras se ponía de pie y se dirigía hacia uno de los ventanales de la cocina - No puedo creer lo que nos está pasando ¡Y lo peor es que no podemos hacer nada! - y golpeó el cristal con el puño.

Todos se quedaron callados, pues la reacción del chico era la misma que hubiera podido tener cualquiera de ellos. Sakura miró su espalda, y el modo en que apoyaba la frente contra la ventana; dobló su servilleta, se levantó y fue hacia él.

- Ya cálmate Syaoran - le dijo con voz suave - No ganas nada con ponerte así. Mejor vamos a recoger todo esto, nos calmamos y luego nos sentamos a pensar en el modo de salir de esta ¿te parece? - y le brindó una gran sonrisa.<

Syaoran se volvió a verla... y se quedó de una pieza. A pesar de que en todo este tiempo que habían estado separados se habían hablado por teléfono, se habían escrito y se habían enviado fotos mutuamente, fue hasta ese preciso instante en el que se daba cuenta de que la niña que tanto le había gustado en la escuela era ahora una hermosa joven de cabello castaño que relucía al sol, y cuyos ojos parecían hechos de jade y cristal.

Él era bastante alto para sus dieciséis años, por eso ella tuvo que alzar su cara para poder verlo de frente, lo que hizo que su cabello, que había dejado crecer un poco, cayera hacia atrás enmarcándole el rostro. Involuntariamente él alzó su mano para tocar los cabellos o la mejilla de ella, aún no lo sabía de cierto, cuando se percató de un leve cambio en el ambiente. Se había hecho el silencio en la habitación, y todos lo miraban; Sakura esperando su respuesta, y los demás queriendo saber lo que iba a suceder.

Inmediatamente Syaoran se ruborizó hasta las cejas, bajó su mano y tartamudeó un sí dubitativo, mientras trataba de poner en orden el caos de su mente. Y era que acababa de toparse de frente y a toda velocidad con una verdad que lo golpeó como un muro de ladrillos, pues se enteró en ese instante que Sakura no le gustaba simplemente, sino que estaba perdidamente enamorado de ella y era hasta ahora, que la había visto envuelta entre los rayos del sol y maquillada con su bella sonrisa que tomaba conciencia de ello.

Tomoyo con su tacto habitual, pidió a Sakura que la ayudara a lavar los platos, mientras ellos se ocupaban del resto del tiradero. Así Syaoran se vió libre de esos ojos verdes e hizo el intento de recuperar al menos parte de su paz mental mientras Eriol le indicaba dónde debía guardar todo y le ayudaba a poner orden en la cocina.

****************

Desde otra estancia, los jóvenes seguían bajo una estrecha vigilancia. Un ser de una belleza impresionante los observaba con mucha atención. En su mente bullían muchos pensamientos, pero todos enfocados hacia un solo fín, la destrucción de su creador.

****************

Una vez concluida la limpieza, todos se dirigieron hacia la sala, tomaron asiento y se dispusieron a discutir su particular situación y a buscar una solución para ella.

- Correcto - arrancó Syaoran tras un suspiro - comencemos por el principio; Hiragisawa ¿desde cuándo tienes esa sensación de "descontrol" en tu magia?
- Hace unas cinco semanas, más o menos - respondió el aludido.
- ¿Y cómo te diste cuenta de ello? - innquirió Sakura.
- La primera vez fue cuando estaba haciiendo un encantamiento pequeño, un poco de lluvia para mi jardín; - y esbozó una leve sonrisa - y terminé inundándolo. De ahí en adelante todo fue de mal en peor. No podía hacer ningún hechizo más o menos complicado, porque todo resultaba un desastre, hasta que, hace poco más de dos semanas, incluso hasta el más sencillo acto de magia se salía totalmente de mi control - sus ojos se oscurecieron de pronto - Fue entonces cuando empecé a tener esos sueños; y más tarde decidí venir acá... a pedirles ayuda - terminó, y en sus labios había una mueca de vergüenza y frustración.
- Muy bien, ahora a pensar - dijo Tomoyyo con actitud práctica - Asumiendo que has perdido tus poderes, díganme ustedes ¿cuándo le ocurre esto a un mago?
- Cuando enferma - dijo Syaoran.
- Cuando es derrotado en un combate, o sufre lesiones graves - acotó Sakura.
- Ninguna se aplica ahora, Eriol está mmuy sano y no ha sostenido ningún combate - refutó Tomoyo.
- Cierto - Syaoran sostenía su barbillaa mientras paseaba por la sala con los brazos cruzados sobre el pecho. De súbito se volvió hacia los demás - También esto pasa cuando uno se enfrenta a alguna fuerza que anula su magia.
- O a su opuesto natural - completó Sakkura.

Tomoyo escuchaba a los dos magos mientras exponían sus teorías; y de vez en cuando miraba hacia Eriol, que se había mantenido en silencio. Fue por eso que logró captar el momento exacto en el que el chico recordó algo que lo conmocionó. Difícilmente podía saber que el último comentario de Sakura lo había llevado a recordar un suceso de su pasado, cuando aún se llamaba Reed Clow y era solo un aprendiz. Se levantó de su asiento lentamente, lo que hizo que todos se volvieran a mirarle. Él les devolvió la mirada a cada uno y habló con voz casi inaudible.

- O cuando se enfrenta a la parte negativa de su ser - y tomó su cabeza entre sus manos mientras musitaba - No es posible, no puede ser que después de tantos años...
- ¡Sí! Después de tantos años... - dijoo alguien desde las escaleras que conducían al primer piso - ... o crees que lo olvidaría.

Todos se volvieron hacia el lugar de donde provenía la voz, y vieron a una figura que bajaba lentamente, vistiendo una capa roja con una capucha echada sobre el rostro, lo que impedía ver sus facciones, pero no podía ocultar el brillo amenazador de sus ojos. Al llegar al pie de la escalera unas manos blancas salieron de debajo de la capa para descubrir la cabeza del recién llegado.

Era una mujer de cabellos rubios sujetos en una larga trenza que caía sobre su hombro izquierdo. Su rostro con forma de corazón tenía facciones hermosas y delicadas, que podían haberle dado una belleza etérea, pero que estaban contraidas en un rictus de rabia. Sus ojos, de un gris plomizo, tenían una mirada fría y penetrante. Con su mirada la mujer estudió detenidamente a los reunidos en la sala, y prestó especial atención a Eriol y a Tomoyo.

- Nos reunimos de nuevo Eriol Hiragisawa, ¿o debería decir Reed Clow?
- ¡Llámame como desees! Dime ¿qué hacess aquí? - djo Eriol con dureza.
- ¿Es decir que puedo llamarte irresponnsable, cobarde o hasta traidor?
- ¿Qué haces aquí? - repitió Eriol con un toque de acero en su voz.
- ¡Cómo que qué hago aquí! ¿No es obvioo acaso? Vine a reunirme con mi amo, con mi creador - y su voz delataba lo complacida que estaba ante el desconcierto de todos.
- ¿Amo? - musitó Sakura sin salir de suu asombro.
- Así que tú eres la nueva dueña - y laa miró de arriba abajo, como si acabara de advertir su presencia - No eres la gran cosa... esperaba algo distinto, algo más... ¿sofisticado tal vez?
- ¡Oye! Más respeto con mi amiga - inteervino Tomoyo un poco molesta.
- Y tú eres la otra, la elegida - la muujer se rió como si ambas fueran insignificantes. Luego se volvió hacia Eriol - Estoy definitivamente abismada; ¡no solo has perdido el temple, sino también el buen gusto!
- No sé a qué te refieres - el rostro dde Eriol era una máscara pálida e impenetrable. Solo el brillo de sus ojos dejaba ver que estaba conmocionado por una mezcla de enojo, confusión, impotencia... y quizá miedo.
- Por supuesto que lo sabes; pero si innsistes en negarlo, allá tú. Yo solo vine para que supieras quién será la responsable de tu caída. Estuve muy aburrida aguardando a que por fín me recordaras, pero la espera ya terminó. Ahora me retiro - y les dio la espalda - debo comenzar con las... distracciones, llamémoslas así, que he preparado para ustedes. Así que no se vayan. Aunque... - y los miró de reojo - dudo que puedan hacerlo.

Diciendo esto la mujer se dirigió hacia el pasillo que llevaba hacia la cocina, el cual de repente estaba envuelto en sombras. Syaoran, que había asistido a la escena sin decir palabra, hizo aparecer su espada entre sus manos y siguió a la mujer, aunque al llegar hasta el lugar no le sorprendió mucho el ver que se había esfumado.

- Desapareció - fue lo único que dijo al regresar.
- Lo supuse - respondió Eriol dejándosee caer sin fuerzas en un sillón con la cabeza entre sus manos.

Tomoyo lo miró y, sin poder explicar por qué, sintió dentro de sí una mezcla de compasión y rabia.

- Vámonos de aquí - pidió Sakura - Eriol, si lo deseas puedes quedarte en mi casa, eres bienvenido, pero vámonos ya.
- Es inútil - le contestó él con la mirrada fija en el suelo - no nos dejará salir.
- Eriol, somos cuatro personas inteligeentes, tres de las cuales dominamos la magia. No creo que, por poderosa que sea, pueda retenernos aquí, y...
- Sakura, tú no entiendes - la cortó Erriol - Somos prisioneros, prisioneros de la magia, de mí magia.

Mientras hablaba, Eriol cerró sus puños con tanta fuerza, que sus nudillos eran solo marcas blancas en sus manos. La máscara se rompió, y el caos de su mente afloró al exterior. Su voz se endureció hasta que al final era solo un susurro filoso como la hoja de un cuchillo cuando repitió - Somos prisioneros de mi magia.

- ¡Ya basta! - dijo Tomoyo en voz alta, aunque muy serena - basta, no discutan más.
- Ella tiene razón - intervino Syaoran calmadamente - No creo que esa mujer estuviera bromeando cuando dijo que no podríamos salir - giró hacia Eriol - y creo que lo que desea es enfrentarse a ti. Así que ¿quiere guerra? Vamos a dársela, pero a ella, no entre nosotros - y diciendo esto hizo desaparecer su espada y se acrecó a Sakura, quien sin saberlo lloraba, y le ofreció su pañuelo mientras le decía - Ya tranquilízate, no te preocupes; todos estamos aquí, yo estoy aquí.

Sakura no pudo contenerse más y se lanzó a sus brazos, donde lloró suave y silenciosamente. Syaoran estaba muy sorprendido, pero aún así la acunó entre sus brazos y secó sus lágrimas. Al ver esto Tomoyo se acercó a Eriol y le dijo en voz baja:

- Vamos a la cocina, creo que estaremos mejor allí.

Sin decir una palabra, se puso de pie y siguió a la joven por el pasillo. Al llegar ella lo hizo sentarse mientras le servía un vaso con agua. Cuando iba a entregárselo, sin querer golpeó el fondo del vaso contra el borde de la mesa, quebrándolo y derramando agua y trozos de cristal sobre el joven. Él se levantó rápidamente, mientras Tomoyo daba un paso atrás. Esto hizo que ambos tropezaran, y él tuvo que sujetarla para que no cayera.

Ambos se quedaron atontados mirando los trozos de cristal en el suelo. Cuando volvieron en sí, se percataron de que estaban muy cerca el uno del otro, ella con las manos sobre el pecho de él, y él aún con sus brazos en torno a su cintura. Al darse cuenta de esto, el rubor no se hizo esperar, y se separaron rápidamente.

- Discúlpame, es que yo... yo... no me fijé en lo que estaba haciendo.
- No te preocupes, solo estoy mojado - respondió él.
- Es que tienes un poco de sangre en tuu camisa - y señaló una pequeña mancha roja a la altura de su corazón. Al ver esto Eriol se fijó en las manos de ella, y vió que de su diestra caía al suelo una gota de sangre.
- Creo que es tuya. Te cortaste - se lee acercó y tomó su mano - Déjame ver - se tomó un momento para examinarla - No fue nada, solo una astilla, pero aún está ahí. Voy a sacarla, siéntate mientras busco el botiquín.

Tomoyo tomó asiento y miró su mano como si no le perteneciera. Su mente era un torbellino donde giraban todos los sucesos del día: la historia que Eriol les había contado, el viento sobrenatural que casi los arrastró, la aparición de esa extraña mujer y sus palabras, y la conducta inusual de Syaoran y Eriol, como si guardaran algún secreto. Sobre todo Eriol, algo ocurría con él. En el instante en que fue consciente de su cercanía, sintió cómo el corazón de él golpeaba fuertemente bajo sus dedos, y eso no era normal. También estaban sus palabras y sus miradas. ¿Era que acaso...?

- A ver esa mano.

Dio un respingo cuando sus pensamientos se vieron interrumpidos por Eriol, que había vuelto con el botiquín de primeros auxilios sin que ella se diera cuenta.

- No te escuché llegar - atinó a decir.
- Sí, me fijé que estabas en tu nube - y le sonrió levemente mientras tomaba su mano y la extendía ante sí. Había extendido un pañuelo sobre el regazo de la chica, y sobre él había colocado una pinza, un algodón empapado en alcohol y una bandita. Se agachó delante de ella y, con la pinza sacó con delicadeza la astilla de vidrio de su dedo; luego lo limpió con el algodón soltando una breve risa de complicidad al ver la expresión de la joven al sentir el ardor del medicamento. Por último destapó la bandita y se la colocó - Listo.

Tomoyo no dijo nada mientras él la curaba, solo miraba su cabello negro y un poco largo. Veía cómo se iba hacia el frente cuando él inclinaba su cabeza, el modo en que la luz se reflejaba en él, arrancándole destellos azules, y el gesto descuidado con el que lo echaba hacia atrás para que no le impidiera ver bien. Al terminar su operación él alzó la vista hacia ella y la sorprendió mirándolo. Suavemente tomó de nuevo su mano, besó el dedo lastimado y le dijo mientras le hacía un guiño.

- Para que se cure más rápido.

Ella no supo qué decir. En eso llegaron Syaoran y Sakura, esta más calmada. Al ver a Tomoyo sentada en una silla, Eriol con la mano de ella entre las suyas y los trozos de cristal en el suelo, ambos se quedaron de pie en la puerta, aunque casi de inmediato Sakura corrió hacia su amiga con cara de preocupación.

- ¿Estás bien, qué te pasó?
- Nada, solo que quebré un vaso y me coorté.
- Y tú Hiragisawa, ¿a ti te pasó algo? - preguntó Syaoran mirando la mancha en su camisa.
- No, no... - respondió, y al ver haciaa donde miraba Syaoran completó - no es mi sangre, es de Tomoyo.
- ¡Ah! - dijo el joven chino con una immperceptible sonrisa, mientras le dirigía una significativa mirada.
- Creo que les debo unas cuantas expliccaciones - Eriol se levantó - Permítanme recoger este desorden y cambiarme de camisa. Luego hablaremos con más calma.
- No te molestes Hiragisawa, yo me ocuppo de esto, tú ve a cambiarte - Syaoran se adelantó hacia donde estaban el cepillo y la pala.

Eriol lo detuvo y le tendió la mano diciendo:

- Eriol.
- Syaoran - dijo después de un momento de duda, mientras estrechaba la mano que el otro le tendía - y ahora vete rápido, que creo que esto va para largo.
- ¡Y que lo digas! - y se fue hacia su habitación.

Syaoran recogió los trozos del vaso, mientras Sakura y Tomoyo se tranquilizaban mutuamente.

Entretanto Eriol corrió hacia su cuarto. Al entrar se detuvo en medio de la habitación para poner un poco de orden en sus pensamientos. Se preguntaba a sí mismo qué era lo que le pasaba. Bien, su magia se había desquiciado y, aparentemente, ya conocía la razón, pero eso no justificaba su comportamiento. No podía haberse alterado tanto por una simple cortadura en un dedo. ¡Por Dios, si eso era una tontería, una nimiedad!

- Sé sincero al menos contigo mismo; viniste aquí para protegerlos, para protegerla - se dijo - Pero no podrás hacer nada si te comportas como un chiquillo de dieciséis años.
- ¡Pero si eso es lo que eres! - dijo uuna voz dentro de él.
- ¡No! Yo soy Reed Clow, uno de los maggos más sabios, antiguos y poderosos de este mundo. No puede ser que yo me comporte así, que titubee y dude de este modo.
- ¿Alguna vez te habías encontrado en eesta situación? - preguntó la voz.
- Nunca - respondió Eriol en un murmulllo.
- Y es por eso que tienes miedo.
- Sí. Temo por mí, temo por ellos... teemo por ella - murmuró de nuevo.
- No te sientas tan mal. Recuerda que, con todo, eres humano, tan humano como cualquiera. Nadie te exige una sabiduría infinita. Eres tú quien lo hace. En este momento solo puedes dejarte llevar, no perder el control y recordar que estás entre amigos. ¿O acaso no confías en ellos?
- Sí pero...
- Dudas de su fortaleza - completó la vvoz - Recuerda, Syaoran es parte de tu familia, es de tu sangre; y ellas son tus amigas. A cada una de ellas les has dado tus más preciados tesoros.
- Tienes razón. Gracias.
- ¡De nada! ¡Adiós!
- Antes de irte dime ¿quién eres?
- Yo soy tú - y la voz se extinguió denntro de su cabeza, dejándole una sensación de paz y sosiego que antes no tenía.

En un impulso, Eriol se volvió hacia el espejo de la pared, y allí vió reflejada la cara del mago Clow, que confundida con la suya propia, le sonreía brindándole ánimos y diciéndole sin palabras que creía y confiaba en él.

Así, el joven rehizo su derrumbado ánimo y se cambió de camisa, para luego bajar a enfrentarse a lo que fuera que le esperaba... con la ayuda de sus amigos.

****************

Abajo, Syaoran había terminado con su tarea y fue a reunirse con Tomoyo y Sakura. Ellas estaban cerca de la ventana, y el joven se apoyó en el borde de la misma, con los brazos cruzados sobre su pecho y en una posición desde la que veía a ambas chicas y dominaba la entrada de la habitación.

- ¿Segura que estás bien? - preguntó de nuevo Sakura.
- Por enésima vez: estoy bien - responddió Tomoyo con una sonrisa - no te preocupes, fue solo un corte sin importancia.
- Pero, como ví a Eriol arrodillado junnto a ti, pensé que te habías sentido mal o algo así.
- Tranquilízate Sakura - terció Syaorann - si ella dice que está bien, entonces no la agobies más.
- Tienes razón - Sakura se puso de pie.. Seguidamente se colocó detrás de la silla en la que estaba sentada su amiga y la abrazó mientras decía - Perdóname, siempre te estoy metiendo en líos.
- No hay cuidado - respondió ella mienttras tomaba las manos de su amiga - y recuerda que esta vez no "me metiste", yo vine por mi propia cuenta.

Syaoran miraba a las dos jóvenes con una leve sonrisa de ternura en sus labios, recordando las tantas veces que había visto el mismo gesto entre sus hermanas. Sus pensamientos se vieron cortados por la voz de Eriol, que observaba también a las chicas desde el umbral de la puerta.

- Esta vez soy yo quien debería pedirte perdón Tomoyo - y recorrió los rostros de todos - y a ustedes también.
- Tranquilo Hi... Eriol - se corrigió SSyaoran - Como dijo ella, todos vinimos por nuestra propia y espontánea voluntad; así que las disculpas están de más. Ahora sentémonos - y señaló las sillas - y cuéntanos esa historia que nos debes.
- Sí - Eriol suspiró y esperó a que toddos tomaran asiento. Luego él también se sentó y comenzó con su narración.

<< Esto ocurrió cuando yo era un aprendíz de mago y tenía dieciséis años, igual que ahora. Era tan impulsivo como cualquiera, y fue eso lo que causó todo este enredo.

<< Mis padres me estaban entrenando, y, hay que decirlo, yo era bastante bueno, al punto que, a pesar de ser el más joven, podía competir con cualquiera de los mayores del grupo, solo que... a pesar de que mis facultades mágicas eran del mismo nivel que las de mis compañeros, no era tan maduro como ellos. Teníamos prohibidos los duelos de magia entre nosotros; pero un día una amigo, llamado Guigelf, y yo decidimos enfrentarnos amistosamente, para ver hasta dónde podíamos llegar.

<< El día del duelo llegamos al lugar que habíamos elegido. No pretendíamos luchar, solo crear objetos, animales, ilusiones... cualquier cosa. Queríamos saber qué tan reales podían ser nuestras creaciones, y cuán rápido podíamos hacerlas.

<< Comenzamos, y así estuvimos durante largo rato, cuando de repente apareció ante nosotros una quimera, una criatura horrible con garras y zarpas, dispuesta a matarnos. Ambos nos asustamos mucho, al punto que yo me quedé paralizado de terror. Era un niño, solo un niño... y no sabía qué hacer.

Eriol bajó la mirada, y en su cara se pintaba el autorreproche. Todos esperaron en silencio hasta que organizara sus ideas. Tomoyo estiró su mano y tocó levemente la del joven mientras decía con suavidad:

- Tranquilo, no te culpes, solo dinos qué pasó.
- Gracias - estrechó la mano de ella enn la suya y continuó - Guigelf reaccionó rápidamente; se plantó delante de mí y creó una barrera entre nosotros y la quimera. Me gritó que creara una cúpula para encerrar a la criatura y así poder escapar para pedir ayuda, pero yo... no pude moverme. Era como si estuviera soldado al piso, o encerrado en un bloque de hielo.

<< La quimera siguió atacando y rompió la barrera, lastimando a Guigelf. Él cayó sobre mí con una herida en el pecho, y fue entonces cuando reaccioné. Sentí una ira enorme, que me desbordó, y sin saber cómo, logré que una espiral de fuego rodeara a la quimera, y la consumiera hasta hacerla cenizas.

<< Una vez destruida me ocupé de mi amigo; él estaba muy mal, y lo llevé como pude hasta la casa. Ahí, mientras lo curaban, le conté a mis padres lo que había ocurrido; y fue entonces que ellos me dijeron el por qué de la prohibición de los duelos. Era porque podían aparecer seres extraños, compuestos de magia residual, como esa quimera.

<< Me sentí tan culpable que casi renuncié a la magia; pero no, no lo hice. Fui castigado, acepté mi castigo y pensé que todo se había acabado. Pero cuando llegué a mi habitación encontré sobre mi escritorio una carta. Tenía la imagen de una mujer malévola, y debajo tenía escritas dos palabras "La Ira"... y mi nombre.

- ¡Una carta Clow! - murmuró Syaoran con asombro.
- Sí, la primera carta Clow - respondióó él.
- Pero ¿qué pasó con ella? - preguntó SSakura.
- Al principio la conservé, pues no sabbía lo que era; pero después al comprenderlo, la guardé con la esperanza de que nadie la encontrara.
- ¡O de olvidarla para siempre! - dijo la mujer, que acababa de aparecer en el pasillo a sus espaldas. Todos se pusieron de pie muy alarmados, y Eriol y Syaoran se colocaron delante de las muchachas, escudándolas con sus cuerpos. La Ira entró a la habitación y se dirigió hacia Sakura, Tomoyo y Syaoran - Ahora ya saben quién soy. Pero ¿saben a qué he venido? No - respondió a su propia pregunta - claro que no - se volvió hacia Eriol - Vine a quitarte lo que más quieres, que por cierto está aquí; tú lo has traído para mí - y se acercó lentamente al grupo.

La mujer abrió ligeramente su capa y, con un gesto de su mano, paralizó a los cuatro jóvenes y los hizo flotar en el aire, separándolos entre sí. Fue hacia Syaoran, que la miraba con gesto desafiante, y comenzó a hablarle a Eriol, sin dirigirle la mirada.

- Primero pensé en robar tu sangre, quitarte a uno de los magos de tu familia, quien, por cierto es un joven muy atractivo - y delineó el perfil del chico con una uña roja como la sangre.
- ¡Déjalo en paz! - gritó Sakura.
- Luego - continuó, ignorándola - penséé que podría quitarte tu obra más apreciada - avanzó haca Sakura - Controlar a la dueña, controlar a las cartas, dominar a Yue y a Kerberos...
- ¡No te atrevas a tocarla - dijo Syaorran debatiéndose impotente - o yo te...!
- ¿O tú qué? - cortó La Ira volviéndosee hacia él - No sé si te has fijado, pero no estás en posición de amenazarme, niño - con un ademán hizo callar al muchacho, mientras Eriol presenciaba la escena en silencio, temiendo lo peor, mudo de espanto y de rabia - Como decía - continuó - pensé que eso sería muy bueno... para mí, pero al analizarlo mejor preferí otra presa, y me quedé con la elegida - su mirada se cruzó con la de Eriol - con tu elegida.
- Te lo repito, no sé de qué me estás hhablando - respondió Eriol pálido como el papel.
- Muy bien. Si no lo dices tú, lo haré yo. Vine por la elegida, la elegida de tu corazón; vine por ella - y señaló a Tomoyo.
- ¿Yo? - se sorprendió esta.
- ¡Estás loca! - dijo al fin Eriol.
> - Sí, tú jovencita - le habló La Ira a Tomoyo - tú, que me ayudarás a herirlo donde más le duele, en lo que más ama - se volvió a mirar a Eriol - Ahora sabrás lo que es amar a una imagen que no puede responderte, que no sabe quién eres, que se ha olvidado de ti, y que, en el mejor de los casos, te odia.
- Pero... ella no tiene nada que ver enn esto.
- ¡Cállate! Cállate, porque nada de lo que digas va a evitarlo - hizo aparecer una puerta que llevaba a la habitación de Eriol en el piso de arriba. Hizo entrar por ella a la aterrada chica, y luego de liberar a todos, dijo - Mira donde está, muy cerca de ti, pero cuando llegues a ella será demasiado tarde - y entró tras Tomoyo.

Eriol al verse libre se lanzó tras ellas, pero se topó contra un cristal que le impedía entrar. Desesperado, comenzó a golpearlo con los puños, hasta que oyó la voz de Syaoran.

- No seas tonto, vamos por las escaleras.

Los tres jóvenes se lanzaron a la carrera hasta el piso superior. Una vez ahí fueron hasta la habitación de Eriol, y al entrar vieron a Tomoyo acostada en la cama, plácidamente dormida.

- ¡Tomoyo! - gritó Sakura y corrió hasta su amiga.

Eriol y Syaoran se quedaron de pie, sin saber qué hacer, mientras que Sakura intentaba despertar a la chica.

- ¡Tomoyo! ¡Tomoyo, despierta por favor!
- ¿Qué... qué pasa? - musitó Tomoyo mieentras salía de su sueño - ¿Dónde estoy, qué pasó?
- ¡Estás bien! - y Sakura la abrazó aliiviada.

****************

- ¡La elegida!¡ ¡¿Yo?! - fue el último pensamiento de Tomoyo antes de que esa mujer la hiciera atravesar aquella extraña puerta.

Después, todo fue confusión. Seguía sin poder moverse, cuando de repente una luz muy brillante la cegó. Instintivamente se llevó las manos a sus ojos y se dio cuenta de que había recobrado el control de su cuerpo, por lo que pensó en escapar de inmediato. Miró a su alrededor y descubrió que estaba en el centro de la habitación de Hiragisawa. Fue hacia la puerta, pero por el rabillo del ojo vió algo que la detuvo. Se vió a sí misma dormida sobre la cama de Eriol. Sin poder creerlo se miró las manos, y pudo ver el suelo a través de ellas.

Se acercó a la cama, y observó a la joven que yacía ahí. Detrás de ella escuchó pasos que se acercaban a la carrera. Se volvió hacia la puerta a tiempo para ver, con alivio, que quienes entraban eran Eriol, Syaoran y Sakura. Los tres se quedaron mirando hacia donde ella estaba, y Sakura apartó a los jóvenes para acercarse a ella. Tomoyo, que se había sentado sobre la cama, se puso de pie y le dijo que ella estaba bien, que no se preocupara, pero su amiga no pareció verla o escucharla. Pasó por su lado y se sentó donde ella había estado, abrazando a la que estaba acostada, pidiéndole que despertara.

Tomoyo notó que un aura oscura aparecía alrededor del cuerpo en la cama, y trató de advertir a Sakura, de decirle que se alejara de ella, pero, para su mayor desesperación, nadie parecía escucharla. Fue entonces cuando el conocimiento se abrió paso en su mente, cuando supo que ocurría.

- Eres un poco lenta, pero inteligente - dijo una voz a su lado.
- Entonces es cierto - dijo Tomoyo a suu vez, sin mirar a la mujer de rojo junto a ella - Ahí está mi cuerpo, pero yo no estoy en él - su voz tenía un tono práctico, realista cuando preguntó - ¿Y qué quieres ahora? ¿Qué deseas de mí?
- Ya tengo lo que quiero - y en su rosttro había una sonrisa de satisfacción - Tengo tu cuerpo para manejarlo a mi antojo. Con tu alma puedes hacer lo que desees; no la necesito - y se alejó de Tomoyo para acercarse a la cama.

La joven fue el único testigo del momento en el que La Ira se apoderaba de su cuerpo. Trató de advertir a sus amigos, pero ellos seguían sin poder escucharle. Luego oyó la voz de Sakura llena de alivio, y se volvió lentamente hacia ella, para ver como sus propios ojos se abrían para dirigirle una mirada de hielo, una mirada triunfante, dedicada solo a ella.

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- ¿Sakura, dónde estoy? - preguntó de nuevo Tomoyo.
- Estamos en la casa de Eriol - responddió ella.
- ¿En la casa de Eriol Hiragisawa?
- Sí.
- Y ¿qué hago yo en la casa de ese tipoo? - dijo Tomoyo con una mueca de desdén.
- Él nos invitó a venir. ¿Acaso no lo rrecuerdas?
- Por favor, no me mientas. Yo jamás veendría voluntariamente a la casa de este ser - le lanzó a Eriol una mirada de hielo - Me voy de aquí - se levantó de la cama.
- No creo que puedas irte - sentenció EEriol.
- ¿Por qué? Si es que tienes la capaciddad de responderme - dijo mientras se plantaba ante él.
- Porque aquí hay algo que debemos resoolver - le contestó.

Sakura y Syaoran no podían creerlo. Tomoyo, tan dulce y considerada, se estaba comportando de una manera despótica, muy ajena a lo que ella era en realidad. Mientras todos la miraban asombrados, la muchacha intentó pasar entre los jóvenes, que le impedían el paso. Eriol, en un acto casi reflejo, la tomó del brazo para detenerla.

- No sé si lo sabes, pero si no me dejas ir podría acusarte de secuestro; y a juzgar por lo que sé de ti, sumado al hecho de que me tenías en tu cama con quién sabe cuáles intenciones, también podría acusarte de acoso - dijo la chica entre dientes y con voz glacial.
- Sabes muy bien que yo sería incapaz dde...
- ¡Que me sueltes! - gritó ella, mientrras lo atacaba con una kodachi que había aparecido en su mano.

Syaoran, con unos reflejos prodigiosos, hizo aparecer su espada y la interpuso en la trayectoria de la hoja, desviando la estocada. Al mismo tiempo le gritó a Sakura.

- ¡Hay que controlarla! ¡Puede lastimar a alguien o a ella misma!
- Sí - y la joven aprovechó que Syaorann distraía a Tomoyo para sacar su báculo e invocar - ¡Escudo!

Una cúpula transparente envolvió a Tomoyo, impidiéndole continuar con su ataque. Al verse atrapada de este modo la joven se quedó inmóvil. De repente, sus ojos quedaron vacíos de toda expresión y tomó la kodachi con ambas manos, la apuntó hacia su pecho e intentó clavársela. Eriol se introdujo en el escudo y tomó el arma por la hoja. Sakura usó otras dos cartas.

- ¡Movimiento! ¡Sueño!

La carta movimiento trajo el arma hasta las manos de Sakura; la carta sueño hizo dormir a los jóvenes dentro del escudo. Syaoran se acercó a Sakura, que temblaba como una hoja, y la rodeó con sus brazos mientras musitaba.

- ¡Dios mío! ¿Qué vamos a hacer?
- No lo sé, no lo sé - fue lo único quee ella pudo decir, mientras miraba a sus dos amigos sin sentido sobre el suelo.

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Tomoyo estaba de rodillas en el suelo. No podía creer que alguien pudiera ser tan calculador y frío. Había visto y oído todo lo que había ocurrido dentro de la habitación. Escuchó cada palabra que La Ira le dirigió a Eriol, y sintió el dolor que cada una de ellas había provocado. Presenció con horror cómo La Ira hizo aparecer el arma en sus manos para matar al joven, y al no poder hacerlo, cómo intentó acabar con su vida.

Dentro de ella solo había dolor, tristeza y desesperación; hasta que Sakura usó su magia, y con ella logró que su cuerpo dejara de estar bajo esa perversa influencia. Cuando La Ira fue literalmente arrancada de su cuerpo sintió un alivio inmenso, pero volvió a asustarse al ver que ella aún tenía control suficiente para intentar acabar con él. Luego intervino Eriol, frustrando sus planes y haciendo algo más. Sin quererlo y sin ser consciente de ello, Eriol Hiragisawa había forjado un vínculo entre su alma y la de ella.

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La Ira estaba de pie fuera del escudo mágico creado por la joven hechicera, con los puños apretados, viendo cómo se desbarataban sus planes.

- ¡Y todo por culpa de una jovenzuela! - dijo entre dientes.

Su cerebro buscaba velozmente un modo de arreglarlo todo a su favor, hasta que vió a Tomoyo mirándola de un modo muy peculiar. Una idea cruzó por su mente y pensó que, después de todo, la situación no era tan mala.

- Me odias ¿no es así? - al ver que la joven ni siquiera contestaba continuó - Pues te daré motivos para que me odies aún más.

aqui termina la 2 parte lee la 3 - 4

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