La Ira.
Card Captor Sakura Fanfic.

Por: Iliana Rojas

parte 3 ve la parte 2 o 1 - 4

La Ira adelantó sus manos con las palmas enfrentadas entre sí. Entre ellas hizo aparecer una esfera blanca, que luego lanzó hacia el alma de Tomoyo. Ella la vió e intentó escapar, pero no lo logró, y fue atrapada por la esfera; que luego regresó a las manos de La Ira.

- Acabas de convertirte en algo muy valioso para mí - dijo a Tomoyo, mientras la contemplaba dentro de su prisión - Ahora eres mía en cuerpo y alma. Literalmente - y desapareció con un revuelo de su capa.

****************

Sakura y Syaoran llevaron a sus amigos hasta otra habitación, en la que había dos camas gemelas. Acostaron a cada uno en una cama, y Syaoran bajó a la cocina por un poco de agua y el botiquín de primeros auxilios. Mientras, Sakura limpiaba las manos de Eriol con unas toallas de papel antes de curarlas.

Al regresar, Syaoran cubrió a Tomoyo con una manta, mientras Sakura limpiaba a curaba las manos de Eriol, que tenían unos cortes largos pero poco profundos en las palmas y los dedos. Luego ambos intentaron ponerlo en una posición cómoda, para que él también descansara.

Mientras estuvieron ocupados, los dos jóvenes intentaron no pensar en lo sucedido con sus amigos; pero pronto terminaron con todo lo que podían hacer. Tomaron asiento muy rígidos en un sofá que había al pie de las dos camas, y al mirarse no pudieron seguir eludiendo el tema.

- ¿Qué está pasando?, ¡No entiendo nada! - murmuró Sakura mientras se estrujaba las manos nerviosamente.
- Yo tampoco entiendo mucho - Syaoran ppuso su mano sobre las de ella - pero sea lo que sea, no podemos dejarlos solos.
- ¿Qué crees tú que sea lo que le ocurrre a esa carta? - miró a Syaoran interrogante - Es la primera vez, que yo sepa, que una carta se comporta así.
- Sí. Yo conozco bastante de la historiia de las cartas, pero... - dudó - puedo estar mal informado. Además, si no sabía de la existencia de esta carta, quién sabe qué más ignoraré.

Eriol dejó escapar un gemido, lo que hizo que Sakura se volviera hacia él.

- Se está recuperando - le susurró ella a Syaoran.
- ¡Tomoyo no! ¡No lo hagas... por favorr... no! - dijo Eriol al borde de la inconsciencia.
- Tranquilo - dijo Sakura que se había acercado a él sentándose a su lado - están bien. Ambos.

Eriol abrió los ojos de repente, y se sentó de golpe en la cama.

- Tomoyo, ¿Dónde está?
- Está aquí - le respondió Syaoran, quee estaba de pie junto a ellos - No te preocupes, está dormida.
- ¡Esa maldita... ! - y apretó los puñoos con fuerza, lo que hizo que los cortes volvieran a abrirse y a sangrar.
- No hagas eso - Sakura tomó las manos del joven entre las suyas y lo forzó a abrirlas.
- Hazle caso - intervino Syaoran - dejaa que te curen de nuevo las manos y serénate un poco. Así no ganas nada.
- Tienes razón; pero es que... - Eriol guardó silencio y apretó los labios.
- Te entiendo - y el joven puso su manoo sobre el hombro de su amigo. Ambos se miraron, y sin palabras se brindaron la mutua solidaridad de quienes han visto en peligro algo muy querido.

Sakura sonrió al verlos, asintió y se ocupó de limpiar y rehacer los vendajes de las manos del mago. Al terminar, los tres se sentaron a discutir el modo de regresar a su amiga a la normalidad.

- Por el momento creo que lo mejor es mantenerla dormida - apuntó Syaoran - no sabemos qué es capaz de hacer si despierta.
- Sí - dijo Sakura - Voy a llamar a su casa y a la mía para avisar que nos quedamos.
- ¿No crees que haya problemas? - preguuntó Eriol.
- No lo sé. Utilizaré la carta voz paraa llamar a la casa de Tomoyo. En cuanto a mi casa, papá no está, pero Touya...
- Simplemente no le digas que estoy aquuí - sugirió Syaoran.
- Así lo haré, pero no puedo mentirle. Si me pregunta, le diré la verdad - y diciendo esto se levantó y fue hasta el pasillo, donde estaba el teléfono.

Para Sakura llamar a la casa de Tomoyo no fue problema; al menos no tanto como llamar a la suya propia.

- Casa de la familia Kinomoto - respondió Touya.
- Hola hermano.
- ¡Sakura! ¿Dónde estás? Es muy tarde.<
- Estoy en la casa de Eriol, y... este.... debo... - titubeó, pero luego soltó de golpe - debo quedarme aquí.
- ¿Qué? - Sakura escuchó cómo su hermanno tomaba aire de golpe - Y el mocoso ¿está ahí contigo?
- Sí - respondió ella cerrando los ojoss.
- ¡Te vienes inmediatamente! - gritó Toouya a través de la línea.
- Es que no puedo.
- Entonces iré a buscarte.
- ¡No! No lo hagas - dijo ella alarmadaa.
- ¿Por qué, qué me ocultas Sakura?
- Yo... - Sakura iba a contarle todo a su hermano, pero sintió un escalofrío a lo largo de su espalda. Al volverse vió a La Ira al otro extremo del pasillo, que la miraba fijamente. Sintió un miedo inmenso, pero se dominó para que su hermano no notara nada a través de su voz. Se aferró al auricular y le dijo - Habla con el ángel de la luna, el juez; y también con el guardián; y por favor no vengas - enfatizó esas dos últimas palabras.
- ¡Sakura! ¡Sakura! - llamó Touya.

Sakura ignoró los gritos de su hermano y colgó. Luego se puso de pie y, sin despegar los ojos de La Ira tomó su llave e hizo aparecer su báculo.

****************

Touya escuchó el modo en que su hermana se despedía de él, el cambio en el tono de su voz, y cómo cortó la llamada sin explicarse.

- ¿Qué está pasando? ¿Que hable con el ángel de la luna? Eso no tiene sentido, ¿qué demonios... - y de pronto se hizo la luz en su mente - El ángel de la luna ¡Yue! ¡Debo hablar con Yue!

De inmediato llamó a la casa de Yukito y le pidió que viniera lo antes posible a su casa. Al cabo de media hora, Yukito Tsukishiro tocaba a la puerta de los Kinomoto.

- ¡Por fin llegas Yuki! - dijo Touya al abrir la puerta a su amigo. Luego de hacerlo pasar a la sala de la casa le preguntó sin rodeos - ¿Sabes qué demonios está pasando en la casa de Eriol Hiragisawa?
- ¿Hiragisawa; no es el chico que llegóó de Inglaterra?
- El mismo.
- Lo sabía - dijo Yukito, y su eterna ssonrisa se transformó en un semblante preocupado - Desde que ese chico llegó, presentí que algo ocurriría.
- ¿Acaso sabes algo? - preguntó Touya.<
- No, y no creo que me entere desde aquuí. ¿Sabes si Kerberos... ?
- No - y después de una pausa dirigió ssu mirada hacia arriba, hacia el cuarto de su hermana.

Allí Kerberos caminaba impaciente sobre la repisa de la cabecera de Sakura, preocupado por ella, pero sin saber el motivo. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de unas pisadas que iban directamente hacia la habitación. La puerta se abrió, y entraron Touya y Yukito, quienes se pararon frente a él. Kerberos no pudo evitar la expresión de sorpresa en su rostro. Parpadeó un par de veces, se sentó y preguntó:

- ¿Desde cuándo lo sabes?
- Desde antes de conocer el secreto de Yuki - respondió Touya sin vacilar.
- ¿Y por qué no habías dicho nada? - prreguntó un asombrado Yukito.
- Por respeto a mi hermana. Si ella no me lo ha dicho es porque tiene sus razones; eso es parte de su intimidad, y no tengo derecho a invadirla - declaró Touya, para continuar luego en voz baja - a pesar de que me duela el que no confíe en mí.
- No creo que no quiera confiar en ti -- Yukito tocó el brazo de su amigo intentando reconfortarlo - me parece que es porque no ha querido abrumarte con sus problemas.
- Pero yo... - empezó a protestar Touyaa.
- Pero nada - lo cortó el joven de lenttes - Ella asumió esa responsabilidad sola, por su propia voluntad. Dale la satisfacción de saber que confías en su buen criterio.
- Bien, pero a estas alturas eso no serrvirá de nada, y creo que perdemos tiempo - Touya se volvió hacia Kerberos - ¿Sabbes algo acerca de lo que está ocurriendo en la casa de Hiragisawa?
- No, pero estoy muy preocupado por ellla - dijo el guardián mirando una fotografía de la chica - ¿Por qué lo preguntas?
- Porque llamó hace poco más de media hhora para decirme que se quedaría allí. Me pidió que hablara con el ángel y con el guardián, y casi me ordenó que no fuera hasta esa casa - contestó Touya.
- Y esa es razón más que suficiente parra hacerlo - tomó la palabra Yukito.

Después de escucharlos, Kero se volvió alarmado hacia Yukito.

- ¿Por qué lo dices? ¿Acaso crees que ella esté en peligro?
- No sé, no estoy seguro - y se sentó een una silla mientras se quitaba los lentes.
- ¿Ya basta! - los interrumpió Touya - Estoy hasta el tope de no saber. ¿Qué vamos a hacer? Porque no pretenderán que me quede aquí de brazos cruzados.

Después de unos instantes de silencio, Yukito se puso de pie y fue hacia la ventana. Sin dejar de mirar hacia afuera le dijo a Kerberos y a Touya:

- Efectivamente, vamos a hacer algo.
- ¿Y qué propones? - inquirió Touya. - Pues, lo más lógico, y de paso obvio - y se dió vuelta con una sonrisa forzada - iremos allá.
- Eso es precisamente lo que Sakura no quiere que hagamos -puntualizó Kero.
- A pesar de eso yo estoy de acuerdo coon Yukito - dijo Touya - No importa lo que ella nos haya dicho, tenemos que saber qué es lo que pasa.
- Kero, por favor acompáñanos - pidió YYukito.
- Está bien - respondió Kerberos, y se dirigió a la salida seguido por los dos jóvenes.

****************

En la casa de Eriol Hiragisawa, Sakura estaba atrapada en el pasillo del primer piso por una mirada de pedernal y hielo. No tenía ninguna atadura física, pero a pesar de ello estaba inmóvil, impresionada por la figura que estaba ante ella; una silueta roja como la sangre, que enviaba oleadas de odio hacia todo lo que veía.

La figura echó a andar hacia Sakura con pasos lentos y deliberados. Se movía con una gracia tal, que parecía flotar sobre el suelo. Entre ambas se encontraba la puerta de la habitación en la que esperaba el resto de los jóvenes; y al ver que la figura encapuchada se dirigía hacia ella, la joven salió de su inmovilidad y se plantó con firmeza ante ella para impedirle el paso, con el báculo de la estrella entre sus manos.

- ¿Qué intentas hacer niña, detenerme acaso?
- Todo depende de lo que pretendas con mis amigos - respondió Sakura desafiante.
- No te preocupes, no pienso hacerles ddaño - y la miró con un brillo malévolo en sus ojos - al menos no físicamente - e intentó de nuevo sortear a la chica, quien cortó de nuevo su avance, resuelta a no dejarla pasar.
- Por supuesto que no lo harás, porque yo no te lo permitiré.

A pesar de que el diálogo se había desarrollado en voz baja, Syaoran percibió un ligero murmullo cargado de tensión. Dio una excusa a Eriol y, tras encargarle la vigilancia de Tomoyo, se dirigió hacia el pasillo. Al salir, captó el desafío en el aire, y con mucho aplomo, cerró la puerta de la habitación y sacó su péndulo para convertirlo en su espada, para luego situarse junto a Sakura. La carta Ira lo dejó hacer, manteniendo la impasibilidad de su rostro y su actitud; aunque si los jóvenes le hubieran mirado con más detalle, habrían advertido un estremecimiento en las comisuras de sus labios.

- ¿A qué has venido? - indagó Syaoran.
- A hacer una amable visita al mago Cloow - respondió La Ira con una dulzura que era desmentida por el hierro de sus ojos - así que quítense de mi camino.
- Olvídelo - dijo el chico - En este moomento no creo que la reciba - y la ironía se hizo patente en su voz.
- ¡Niños! - suspiró La Ira - Son un verrdadero fastidio - y su mano se alzó como al descuido apuntando hacia Sakura.

Syaoran presintió más que vió, el ataque, y de un empujón lanzó a Sakura al suelo, bloqueando el rayo rojo que iba hacia él. El rayo, al contrario de lo que el joven esperaba, no rebotó sobre la pulida hoja de la espada, sino que la envolvió, se derramó primero sobre su mano y su brazo, para luego cubrir el resto de su cuerpo con chispas y arcos rojizos que le arrancaron un grito de dolor y lo dejaron sobre el suelo, sin fuerzas.

Sakura cayó pesadamente al suelo, para sentarse de inmediato al escuchar el grito de Syaoran. Al verlo casi desmayado se puso rápidamente en pie y corrió hacia él. Al llegar a su lado, se agachó para examinarlo, y sin dejar de mirar a la agresora, le preguntó al muchacho por su estado.

- Estoy bien - respondió él, para perder el sentido casi de inmediato.
- ¡Syaoran! ¡Syaoran! - gritó mientras lo abrazaba - Si le has hecho algún daño, me la vas a pagar - amenazó sin pensarlo.

En ese momento apareció Eriol, quien alertado por los gritos, había salido de la habitación. Al ver la escena se acercó a la pareja, examinó rápidamente al joven y tranquilizó a su amiga diciéndole:

- No hay cuidado, solo está inconsciente.

Extrañamente, La Ira estaba de pie en medio del pasillo, sin poder apartar la mirada de Sakura y Syaoran. La llegada de Eriol rompió la especie de trance en el que se hallaba, e intentó atacar de nuevo al grupo, pero algo se lo impedía. Sentía que algo se había crispado en su pecho al escuchar la amenaza de la chica y al ver el dolor y el temor por bienestar del joven pintado en sus ojos.

Eriol se había vuelto hacia ella y vió en su rostro todo lo que pasaba por su mente, y también fue testigo atónito de cómo La Ira daba media vuelta y desaparecía entre las sombras del pasillo.

Extrañado ante esta reacción, pero sin olvidar la situación en la que estaban, decidió meditar sobre ello más tarde y ocuparse de una cosa a la vez. Muy gentilmente retiró los brazos de Sakura de alrededor de Syaoran, y con un poco de esfuerzo, lo alzó y lo llevó hasta la habitación de la que habían salido. La chica los siguió silenciosa, se agachó para recoger la espada del suelo y entró tras ellos, teniendo buen cuidado de cerrar la puerta tras ella.

Dentro de la habitación Eriol depositó a Syaoran sobre la cama que él había ocupado, lo acomodó y le hizo una seña a Sakura para que tomara asiento junto al joven. Hecho esto, rodeó la cama donde dormía Tomoyo y se sentó sobre el alféizar de la ventana en una posición desde la cual podía velar el sueño de la chica, y se puso a pensar por qué le inquietaba tanto la escena que había visto en el pasillo.

****************

Afuera de la casa Hiragisawa, Touya, Yukito y Kerberos llegaban hasta la reja de entrada. Ya Touya se disponía a abrirla, cuando Kerberos lo detuvo.

- ¡No lo hagas!
- ¿Por qué? - preguntó el joven.
- Porque hay algo maligno allí dentro -- respondió Yukito por el guardián.
- ¿Tú también lo sentiste? - dijo Kerbeeros al joven de lentes.
- Sí, casi desde que llegamos a esta caalle.
- ¿De qué hablan? - inquirió Touya.
> - Hay algo ahí adentro que, si es lo quue yo creo, no nos permitirá entrar. O por lo menos, no nos dará ninguna facilidad - Yukito guardó silencio durante unos instantes, para luego decir - Y tampoco dejará salir a Sakura.
- ¿Cómo? - Touya se encaró con los demáás - ¿Me están diciendo que mi hermana está encerrada ahí con algo que no saben qué es?
- No Touya, sí sabemos qué es - le resppondió Kero - Es por eso que no debemos entrar; no ahora. Tenemos que planear lo que haremos - y miró a Yukito pidiendo su aprobación. Al obtenerla prosiguió - Y para eso tenemos que decirte todo lo que sabemos - Y procedió a contarle todo sobre la carta Ira.

****************

Dentro de la casa, Syaoran ya había recuperado el conocimiento, aunque aún estaba en la cama, esta vez durmiendo. A su lado Sakura también era presa del cansancio y la tensión. Deseaba dormir aunque fuera un rato, pero no se atrevía a descuidar a Syaoran ni a Tomoyo. Eriol separó la vista de la joven de cabellos negros para posarla sobre Sakura, y al ver su expresión casi exhausta, le sugirió que se acomodara en el sofá. La chica protestó un poco, arguyendo que no quería dejarlo solo, pero él la convenció de que nada ganarían si los dos estaban cayéndose de agotamiento.

Una vez que creyó dormida a Sakura, Eriol se acercó a la cama de Tomoyo y se sentó, apoyando su espalda contra la cabecera. Dejó que su mente vagara un rato y, sin darse cuenta, tomó un mechón de los cabellos de la chica y comenzó a darle vuelta entre sus dedos. Al percatarse de esto soltó el rizo que había hecho, y en un impulso, tomó su mano. La notó un poco fría, por lo que empezó a masajearla. Luego la llevó a sus labios y besó sus dedos mientras decía casi como en una oración:

- Perdóname. Perdóname por haberte metido en este lío; perdóname por no haber podido protegerte, por... - y lanzó un suspiro de impotencia - Si pudiera regresar el tiempo, nunca te hubiera invitado a venir. Lo siento tanto - Una pequeña lágrima cayó de sus ojos grises para posarse sobre los dedos entrelazados de ambos.
- La amas. ¿Verdad? - se escuchó la vozz suave de Sakura.

Eriol abrió los ojos muy sorprendido, pues creía que ella dormía profundamente. Se volvió hacia ella intensamente sonrojado, pero al ver su sonrisa solo pudo asentir en silencio, sin soltar la mano de Tomoyo, que aún conservaba cerca de sus labios.

- No te avergüences. Sé lo que se siente - dijo mientras observaba a Syaoran que dormía tranquilamente. Luego le devolvió una brillante mirada - ¿Sabes algo? Me gusta que seas tú. Me gustas para ella. Es mi mejor amiga, y sé lo que siente por mí. Y también sé que, si se lo permitiera me dedicaría toda su vida - se detuvo un momento a pensar - Pero eso no es lo que quiero para ella. Estoy segura de que tú podrías hacerla feliz, así que inténtalo. Hazlo por ambos, por ella y por ti.

Él bajó sus manos hasta su regazo, sin soltar las de Tomoyo. Con gesto cansado se reclinó contra la cabecera de la cama y miró a Sakura a través de sus tupidas pestañas.

- Te voy a contar un secreto - su voz era casi un susurro, pero llegaba claramente hasta ella - Cuando envié las cartas hasta ti no solo lo hice para darles una nueva dueña, también pensé en darle a Kerberos a alguien a quien cuidar, y darle a Yue a una persona buena y hermosa a la que él pudiera amar. ¿Te sorprende? - dijo al ver la expresión del rostro de la chica - Pues no debería. Lo que ocurrió después fue pura casualidad, combinada con un poco de error de cálculo - se rió un poco de sí mismo - no conté con el corazón de Yue, ni tampoco con su llegada - y esta vez fue el turno de Sakura de sonrojarse al ver como los ojos de Eriol iban de su rostro al de Syaoran - Así que, como ves, los hechos demuestran que soy mejor con la magia que arreglando parejas.
- Mmm, tal vez sí; puede que no seas buuen casamentero, pero ¿qué tal se te dá el papel de conquistador? - y una ligera risa salpicada de picardía escapó de sus labios.
- No sé - respondió él ligeramente apennado - Ahora duerme, y deja de estar espiando - la regañó con fingida severidad.
- Es difícil, estoy muy preocupada por ellos - y se acomodó un poco mejor entre los cojines.

Todo quedó en silencio y ella cerró los ojos e intentó seguir el consejo de su amigo, sin mucho éxito. Y justo cuando iba a darse por vencida se durmió profundamente.

Eriol se dio cuenta de esto y se levantó para asomarse por la ventana. Se dio cuenta de que ya oscurecía, por lo que se decidió a encender dos pequeñas lámparas, una junto a Sakura y otra en la mesita entre las camas gemelas. Luego volvió a sentarse en el sitio que antes ocupaba y, tomando de nuevo la mano de Tomoyo, se dispuso a relajarse, a dar rienda suelta a su pensamiento, para luego enfocarse en una idea que se había formado en su mente durante su último encuentro con la carta Ira.

La carta no los había atacado - pensó - y no se debía a su intervención. Estaba inmóvil aún antes de que él llegara, mirando fijamente a Sakura y Syaoran. Pero ¿por qué? No lo entendía. Era su oportunidad para deshacerse de ellos, pero no la aprovechó. En la cara de la mujer se notaba que estaba... No hallaba la palabra adecuada ¿Sorprendida acaso? No; estaba confundida, eso era, estaba confundida, pero, de nuevo, ¿Por qué? Había visto algo, o quizá lo sintió...

Este fue el último pensamiento consciente del joven, antes de que el sueño hiciera presa en él. Sus párpados se cerraron sobre sus ojos grises, y su mano cayó sobre la cama, sin soltar la de la joven, y, en contra de su voluntad, soñó...

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Lo primero que sintió Tomoyo fueron unas ganas inmensas de llorar, aunque no sabía por qué. Sentía un gran vacío, una gran pérdida, como si le hubieran robado algo muy valioso. Después se calmó y comenzó a pensar en el modo más idóneo de escapar. Recordó la ocasión en que se había perdido, y que con su voz, había guiado a sus amigos hasta ella. Pero esta vez era distinto, no sabía dónde estaba, y no se atrevía a traerlos hasta allí. Pensando en esto se sumió en un estado muy cercano al sueño.

Después de un rato algo interrumpió su descanso. Un ligero roce en su mejilla la hizo despertar, y al abrir os ojos pudo ver durante unos instantes una mirada gris y un rostro que la estudiaba con preocupación. Sintió una gran emoción, pues percibió que, de una extraña manera, no estaba sola. No se había dado cuenta, pero esa era una de las cosas que más la abatía, la soledad. Luego sintió una sensación de calidez que se extendía por su ser. El calor comenzaba por su mano izquierda, y poco a poco la cubría como una manta confortable y abrigadora; lo que la hizo recobrar la confianza y recordar el poderoso conjuro de su amiga Sakura.

- No importa lo que pase, todo estará bien - musitó llena de esperanza.

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En otro lugar alguien más le daba vueltas al mismo asunto que preocupaba a Eriol, y llegaba casi a las mismas conclusiones.

- ¿Qué me pasa? No lo entiendo. Si pude acabar con ellos ¿Por qué no lo hice? Era mi mejor oportunidad y la desperdicié. ¡Soy una estúpida!

La habitación era de paredes negras, de cristales tan afilados como el acero. Sobre el suelo se deslizaba perezosamente una niebla gris, excepto alrededor de los pies de la mujer, donde se movía en rápidos remolinos, mientras ella paseaba de un extremo a otro de la estancia lanzando invectivas contra sí misma.

- Eres patética, casi tanto como él. ¿Cómo es posible? Esos chicos son un verdadero fastidio; eran más útiles muertos que vivos y no pude deshacerme de ellos. ¿No entiendo por qué? - gritó dando rienda suelta a su frustración. La niebla se separó de sus pies, como si algo hubiera hecho explosión. La onda de choque de su furia impactó contra las paredes de la cámara, reduciéndolas a diminutos cristales negros, que quedaron flotando en el vacío.

Pasado el estallido, La Ira recobró poco a poco la calma. A medida que esto ocurría los cristales se reagrupaban al azar, reconstruyendo la oscura habitación. La mujer hizo aparecer ante ella una ventana, y a través de ella observó la habitación en la que dormían los cuatro jóvenes. Miró fijamente el rostro de Eriol y tocó su imagen en el cristal. Lo vió indefenso y solo, y con una malévola sonrisa, decidió que debía portarse mejor con él y reunirlo con su amada... pero a su manera.

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Eriol había traspasado el borde de la vigilia. El sueño lo envolvía y lo elevaba en una bruma cálida, cuando de repente sintió que se levantaba una brisa fría y cortante que lo empujaba hacia un vórtice negro que lo engulló sin piedad. Giró sin control, hasta que se encontró de pie ante las rejas de su casa. Esperaba a alguien, aunque no podía recordar a quien...

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Yukito tenía un mal presentimiento. Algo sucedía dentro de la casa, pero no podía imaginar qué. Era una sensación extraña, algo que lo hacía mirar y mirar hacia la casa, sin poder explicar qué lo atraía tanto de ella. Tal vez eran todos los recuerdo que guardaba de ella, o quizá era que allí estaban juntos su dueña y amiga, y su creador. Pero no, había algo más, algo oscuro y poderoso, algo que no lo dejaba tranquilo. En un impulso le pidió a Kerberos y a Touya que fueran hacia un parque cercano, un lugar solitario; y al llegar allí, ante el asombro de Touya que no acababa de acostumbrarse, dejó que Yue saliera al exterior. Sin necesidad de decirlo Kerberos imitó al juez, y dejó de ser una simpática figura alada para convertirse en el guardián de las cartas.

Touya, a pesar de intuir que Kerberos no era en verdad tal y como se veía, jamás imaginó que ese "muñeco" era un felino enorme y poderoso, capaz de inspirar temor y respeto; pero extrañamente la idea lo tranquilizó, pues sabía que eran él y Yue quienes en todo momento habían estado protegiendo a su hermana.

- Kerberos ¿te has dado cuenta? - preguntó Yue.
- ¿De qué? Kerberos lo miró, esperando la confirmación de sus sospechas, la cual vino de quien menos esperaba.
- Del estallido - declaró Touya con la mirada perdida en dirección a la casa de Eriol - del arranque de furia casi asesina que acaba de producirse.
- ¿Tú también lo sentiste? - lo miró Yuue sorprendido.
- Sí, era demasiado fuerte como para quue pasara desapercibido.
- Aún no ha terminado - intervino Kerbeeros - Siento la presencia de una carta, pero es diferente, más fuerte... y casi maligna.
- Y mi hermana está encerrada con eso -- Touya apretó los puños con fuerza - ¡Hay que sacarla de ahí!
- No será fácil - le respondió Yue, mieentras Kerberos asentía en silencio - Lo que sea que esté ahí no la dejará salir, y dudo mucho que nos deje entrar.

Súbitamente retazos de lo que ocurría dentro de la habitación negra y en el sueño de Eriol pasaron como un relámpago por las mentes de los tres. Fueron pocas imágenes, y pasaron rápidamente, pero eso bastó para que Yue y Kerberos comprendieran que algo trataba de manipular el subconsciente de Eriol, y ellos no podían permitirlo. Ambos se miraron a los ojos, y sin decir palabra, comprendieron lo que tenían que hacer.

- Touya - tomó la palabra Yue - ¿viste lo mismo que nosotros? - continuó al ver que este asentía - Entonces entenderás que debemos intervenir. Esto es algo que jamás habíamos hecho, pero que hoy vamos a intentar.
- Intentar qué.
- Kerberos y yo somos creaciones de Cloow, por eso estamos unidos a él, a pesar de que ya no sea nuestro dueño - explicó Yue - Como viste, algo lo acecha y no podemos permitir que eso lo ataque, no por deber, sino por amistad.
- ¿Y Sakura qué? ¿Acaso no van a ayudarrla?
- Al ayudarlo a él la ayudamos a ella -- lo tranquilizó Kerberos - Él jamás permitiría que le pasara nada malo, la aprecia demasiado.
- ¿Y qué harán?
- Buscaremos a Spinnelson y a Ruby Moonn - dijo Kerberos - y juntos entraremos en la mente de Eriol para ayudarle.
- ¿Podrán hacerlo?
- Sí, pero será peligroso - la voz de YYue sonó llena de preocupación.
- ¿Por qué? - preguntó Touya alarmado aal escuchar esto y mirando a Yue con expectación.

El ángel guardó silencio, y después de un tenso silencio, apartó la mirada de los ojos de Touya. Kerberos esperó, dando oportunidad a que este se explicara, pero al ver que esto no ocurría y sabedor de lo que había dentro del corazón del juez, decidió dar él las razones de su actitud.

- Touya, para hacer eso debemos dejar aquí nuestros cuerpos y llevar nuestra esencia al plano de la magia. Allí debemos contactar las esencias de Spinnelson y Ruby Moon, para que, juntos los cuatro, podamos llegar hasta Eriol atravesando lo que le rodea - calló un momento para mirar hacia la casa - Mientras estemos allí seremos vulnerables, lo que sea que esté ahí puede atacarnos y destruirnos, dejando solo nuestros cuerpos vacíos aquí.
- Es decir que... - Touya vaciló un mommento, sin querer confirmar sus temores - no están seguros de que regresarán.
- No - dijo Yue con voz casi inaudible.. Miró a Touya y continuó, adelantándose a sus pensamientos - Y no puedes ayudarnos, solo rezar para que no ocurra nada.
- Está bien - suspiró Touya abatido.

Kerberos y Yue buscaron un lugar adecuado para que sus cuerpos descansaran mientras sus esencias hacían lo que debían hacer. Ambos se acomodaron bajo un árbol en un lugar resguardado, mientras Touya, de pie, los miraba. Ya Kerberos había cerrado sus ojos y su consciencia había abandonado este plano. Yue estaba a punto de hacerlo, cuando la voz de Touya lo retuvo.

- Prométeme algo - al ver que Yue lo miraba inquisitivamente, el joven moreno continuó - Prométeme que vas regresar, que no te separarás de mí.

El ángel lo miró durante un largo momento, y sin decir palabra alzó su mano con la palma hacia arriba. Sobre ella hizo aparecer un cristal de brillo opalescente. Con su habitual actitud se lo ofreció a Touya mientras le decía:

- Esta es una parte de mí, una parte de mi esencia. Te la dejaré en préstamo, y regresaré a buscarla ¿Te basta con eso?

Touya tomó el cristal sin decir nada. Yue lo miró y en sus ojos había una inhabitual sombra de un sentimiento no expresado, que al otro no le pasó inadvertida. El ángel se relajó, cerro sus ojos y siguió a su compañero en el viaje, mientras que Touya se sentaba a su lado y apretaba en su mano el tesoro que acababan de confiarle.

****************

Luz. Lo primero que percibieron fue la luz que inundaba todo, y que casi los golpeó físicamente al llegar. Luego llegó la magia, envolviéndolo todo, disipándolo todo, hasta que recobraron la conciencia de sí mismos. No conservaban ninguna de sus características físicas; eran solo dos esferas de luz, una plateada y otra dorada, dentro de un mundo de luz.

El aturdimiento duró solo unos segundos. Yue se preguntó cómo hallarían a Ruby Moon y a Spinnelson, y de qué modo se comunicarían con ellos, o él mismo con Kerberos. Inmediatamente vió, o mas bien, sintió, que Kerberos, más que escuchar, sentía lo que él deseaba expresar.

Ambos se dieron cuenta de que no necesitaban hablar, solo sentir y desear la comunicación. Igualmente intuyeron que lo que querían hacer sería en parte muy fácil, ya que no solo percibían mutuamente sus presencias en aquel plano, sino también las de Spinnelson y Ruby Moon, que ya estaban ahí.

Al parecer el lazo que los ataba a Eriol había tirado de los cuatro con fuerza, y los acercaba, llevándolos hacia su destino.

Este parecía ser una esfera gris, veteada de púrpura y carmesí, que parecía latir ominosamente entre tanta claridad.

Las esferas oro y plata de Kerberos y Yue se encontraron con otras dos, una roja y otra azul. El reconocimiento fue inmediato, y Ruby Moon y Spinnelson se unieron a los dos viajeros en busca de su creador y amigo.

Se acercaron a la esfera gris, y uno tras otro entraron a ella.

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... Esperaba a alguien, aunque no podía recordar a quién. Oyó pasos en la acera y vió que se acercaba una muchacha de largos cabellos negros y ojos azules, seguida por una pareja que venía tomada de la mano. Sabía que los conocía, pero ¡Que diablos, no recordaba sus nombres!

Se acercó a la reja, la abrió y les franqueó el paso. Ellos entraron sin darse cuenta de su confusión. La chica de cabellos negros se colgó de su cuello y le dio un apasionado beso en la boca. Se sentía muy confundido, y un poco avergonzado por esa demostración pública de afecto, lo que evitó que le correspondiera. La chica lo miró extrañada, pero no dijo nada. ¡Que raro! Nadie había dicho nada hasta ese momento.

Tomoyo... Sí, ese era su nombre, Tomoyo. Ella lo tomó del brazo y tiró de él en dirección a la casa, dejando a los otros en el jardín. Entraron, la chica cerró la puerta tras de sí y lo miró fijamente. A él sus ojos le parecieron extraños, distintos, pero no sabía por qué. Ella se le acercó lentamente, soltó la cinta que sujetaba sus cabellos, y dejándola caer al suelo, tendió sus brazos hacia él.

Eriol trató de evitarla, pero inexplicablemente, y a pesar de ser él más alto y fuerte, ella logró pegarse a su cuerpo y abrazarlo. Lo que al principio era simple rechazo, en la mente de Eriol se convirtió en violenta repulsa, que casi rozaba el asco. Cerró sus ojos tratando de borrar la imagen, pero los brazos de ella alrededor de su cuerpo no se lo permitían.

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En el centro de la esfera los viajeros vieron el cuerpo de Eriol suspendido en el vacío, con una luz brillante en el centro de su pecho. Estaba encerrado en un prisma de cristal y, aunque sus ojos estaban cerrados, su cara revelaba una gran conmoción, y su cuerpo rígido parecía querer liberarse de algo.

Los cuatro globos de luz se dispusieron alrededor del prisma y comenzaron a vibrar y a aumentar su brillo, intentando resonar entre sí y con la luz en el pecho del chico. Cuando las vibraciones de los cinco lograron armonizar por fín, la esfera gris comenzó a girar velozmente, casi con furia, al percatarse de las intenciones de los intrusos. Pero era demasiado tarde, ya el prisma se había resquebrajado, y con un estallido se volvió polvo; un polvo que no se esparció, sino que formó un escudo alrededor del humano y de las cuatro luces que lo acompañaban.

La esfera gris se encogió sobre sí misma, e intentó romper la barrera que estaba en su interior, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Dentro las luces azul y oro giraban lentamente, describiendo un amplio círculo alrededor de Eriol, en la actitud vigilante de los guardianes que eran; mientras que las esferas plateada y roja giraban en sentido contrario, muy cerca de la cabeza del joven mago. Su brillo se incrementó aún más, y en el tiempo de cinco latidos del corazón, los párpados del chico se estremecieron, para luego abrirse.

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Intentó apartarla de sí, pero no pudo. Su mente se debatía frenética entre miles de pensamientos, hasta que uno de ellos se separó de los demás. Era la imagen de un ángel de alas blancas, pero a la vez era un hada con alas de mariposa. Una voz que era a la vez masculina y femenina retumbó en sus oídos.

- No permitas que te venza, no la dejes tentarte. Recuerda que eso tan puro fue lo que detuvo a La Ira. Ella sabe que si llega a quebrarte vencerá. ¡No lo permitas! ¡Cuida tu tesoro, cuida a tu elegida! Y recuerda siempre mirar a las ventanas del alma.

La voz se acalló del mismo modo en que llegó a él. Abrió los ojos y miró a la chica que lo abrazaba, miró su rostro detallándolo, y al encontrar lo que buscaba, alzó los brazos desde la cintura de ella, quien lo miró con un destello de triunfo en sus ojos. Suavemente, casi como en una caricia, él recorrió los flancos de ella hasta sus hombros. Subió por sus brazos hasta sus muñecas y cerró sus manos en torno a ellas.

Con un fuerte tirón soltó el lazo de sus manos en torno a su cuello, y de un violento empujón la separó de su cuerpo y le dijo con voz dura:

- ¡Déjame en paz, tú no eres ella!

La joven casi cayó sobre la alfombra, pero recuperó rápidamente el equilibrio. Con una sonrisa angelical intentó de nuevo acercársele, pero sus ojos, las ventanas de su alma, eran duros y fríos, como el acero. Él dio un paso atrás y habló de nuevo.

- No vas a engañarme, aunque tu imitación fue muy buena. Además ya sé como vencerte - Eriol se acercó a la puerta evitándola, mientras ella lo miraba desconcertada - Eres muy inteligente y muy hábil, pero te falta algo, y prometo que te lo daré - su voz sonaba extrañamente amable - Nos veremos pronto, espero.

El mago llegó hasta la puerta, y al tocar el picaporte oyó una voz detrás de él.

- No te atrevas, o la convertiré en un cuerpo sin alma - y La Ira abrió su mano. Sobre su palma había una pequeña esfera de luz.

Él no se volvió. Sabía que a su espalda ya no estaba la imagen de Tomoyo, sino una figura llena de odio, vestida de rojo sangre.

- Sabes que no puedes hacerlo. A pesar de lo que eres, aprecias la belleza, y eres incapaz de destruir algo tan hermoso como eso. Despreocúpate, nos veremos pronto, bajo otras circunstancias; y resolveremos nuestras diferencias... a solas.

Abrió la puerta y se enfrentó a un vacío oscuro. Avanzó un paso, luego otro, y antes de salir oyó detrás de él un grito de frustración y rabia, cuyo eco lo acompañó mientras caía cada vez más rápidamente.

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Tomoyo fue sacada abruptamente de su estado de ensoñación. Algo la sacudió, aunque no físicamente. Fue deslumbrada por una luz cegadora, y cuando se recuperó pudo ver claramente a Eriol que le daba la espalda. En un impulso se puso de pie y se acercó al límite de su prisión. Al ver que el chico no se volvía, comenzó a llamarlo y a golpear la pared frente a ella.

Eriol no dio muestras de haberla escuchado y abrió la puerta frente a él. Al otro lado solo había un vacío oscuro, en el que el joven se adentró sin mirar atrás.

Tomoyo lo llamó una última vez, antes de enterrar su cara entre sus manos. Lloró un poco antes de mirar de nuevo, pero la escena que antes observaba había desaparecido. De pronto sintió que alguien a su espalda la estudiaba atentamente. Era la mujer de rojo, su carcelera, que la esperaba en el centro de su prisión.

- No entiendo cómo se atreve a decir que te ama si es capaz de abandonarte así.
- Estás mintiendo - respondió Tomoyo. - ¡Que miento dices! - dijo en tono de burla - Por favor, acaba de dejarte aquí, en mis manos, sin hacer nada por recuperarte, sin dirigirte siquiera una mirada.
- Él tendrá sus razones.
- Sí, que es un cobarde - se acercó a TTomoyo mientras continuaba hablando maliciosamente - que no es capaz de enfrentarse a mí, de afrontar sus errores, que abandona a la primera.
- ¡No! ¡Él no es así! - lo defendió Tommoyo con energía.
- ¿Cómo lo sabes? No me digas que tú....
- Yo confío en él.

La Ira estudió el rostro de la joven y soltó una carcajada sin alegría.

- ¡Estás enamorada de él! - se burló - Eres una estúpida.
- No, yo... yo no...
- Si no es así, estás comenzando a amarrlo, y eres una tonta. Él no sabe amar, nunca lo ha hecho, y es incapaz de darse cuenta de que alguien lo ama - y su mirada se oscureció.

Tomoyo no oyó lo que dijo La Ira, sino que percibió el dolor que había detrás de sus palabras, y comenzó a intuir lo que ocurría.

- ¿Por qué no se lo has dicho? - preguntó la joven.
- ¡No es tu asunto! - respondió la otraa con un relámpago de furia en sus ojos - Tú eres solo un instrumento para mí, así que no intentes usar tu encanto conmigo ¡Entendido!
- Haz lo que quieras, pero no vas a connvencerme. Vendrá por mí, lo sé. Y mientras tanto lo esperaré tranquila, porque creo en él - dijo mientras dibujaba en su rostro una sonrisa.
- Ruega por que lo haga pronto - contesstó La Ira antes de marcharse - porque de lo contrario esa sonrisa se quedará para siempre contigo.

Ella la miró extrañada, sin comprender su último comentario. Pero una vez que La Ira la dejó sola comenzó a sentir que la atmósfera a su alrededor se enfriaba poco a poco. Fue entonces cuando se dio cuenta de su significado.

- Quiere congelarme - pensó y e sentó en el suelo hecha un ovillo, abrazando sus piernas mientras esperaba y decía como en una plegaria - Sácame de aquí, ven a buscarme por favor... Eriol.

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La luz blanca en el pecho de Eriol estalló y resquebrajó la esfera gris, transformándola en girones que desaparecieron en el aire. Los cuatro globos de color giraron nuevamente alrededor del joven, y este les dirigió un pensamiento de amor y gratitud. Las esferas se percataron de ello, y viendo que su misión había concluido, se fueron de regreso a sus cuerpos físicos, dejándolo solo.

La luz del pecho de Eriol destelló brevemente una última vez, y su cuerpo comenzó a desvanecerse, hasta que lo último que pudo verse de él fueron unos ojos grises de largas pestañas, con una mirada llena de compasión y determinación.

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En el parque Touya miraba con atención al juez y al guardián, que parecían estar dormidos, pero su preocupación lo hacía verlos casi muertos, sin aliento. Se había levantado, y después de haber dado algunos pasos, se sentó al pie del árbol lo más cerca que pudo sin moverlos. No quería separarse de ellos. Se sentía frustrado sin poder hacer nada, solo mirar. Mirar a sus compañeros, mirar hacia la casa, mirar hacia el cielo. Había pasado ya mucho tiempo, las estrellas habían aparecido hacía rato, y a la luna le faltaba poco para hacerlo.

- Espero que todo esté saliendo bien.

Con este pensamiento abrió la mano en la que descansaba el cristal que Yue le había dado, y mirándolo se durmió.

No supo durante cuánto tiempo estuvo así, pero al despertar la luna ya estaba alta en el cielo y Yue, de pie, lo miraba fijamente. Al verlo abrir los ojos el ángel dejó aflorar una sonrisa y se agachó frente a él. Touya se incorporó y sonriendo también, le tendió el cristal que le había dado.

- Cumpliste tu promesa, aquí está lo que me prestaste.

Yue, después de mirarlo, hizo que el joven cerrara su mano sobre el cristal, para luego cubrirla con la suya propia.

- Yo no te he pedido que me lo devuelvas.
- Pero... - Touya quedó desconcertado.<
- Te dije que debías devolvérmelo, peroo no te dije cuándo - Yue se puso de pie y Touya lo imitó.

Sin poder evitarlo el joven moreno abrazó al ángel con fuerza, para luego separarse de él. Luego llevó su mano hasta el bolsillo superior de su camisa y dejó caer ahí el cristal, cerca de su corazón.

Yue tomó buena nota del gesto, sonrió con la mirada y se envolvió con sus alas, para volver a ser Yukito Tsukishiro. Al terminar su transformación se dirigió a Touya.

- Ayudamos en lo que pudimos. No hay nada que hacer, solo esperar y confiar en ellos.
- Sí - suspiró antes de mirar de nuevo hacia la casa - sé que Syaoran cuidará de ella.

Yukito lo miró asombrado, y aunque no pudo evitar una sonrisa, logró disimularla dándose vuelta para mirar a Kerberos, que estaba igualmente sorprendido. Era la primera vez que Touya llamaba a Li Syaoran por su nombre.

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Con un sobresalto Eriol regresó de su extraño sueño. Aún sostenía entre sus manos la de Tomoyo, que había vuelto a enfriarse un poco. Miró a su alrededor esperando encontrar a Sakura y Syaoran aún dormidos, pero solo ella descansaba sobre el sofá, mientras que el joven chino la acunaba entre sus brazos. Este, al levantar la vista del rostro de la chica, tropezó con los ojos de Eriol fijos en él, lo que hizo que se apenara mucho e intentara explicarse entre tartamudeos.

- Yo... este... no creas que... - al ver los ojos de su amigo se calmó y continuó - La ví tan incómoda y tan indefensa, que pensé que así estaría más protegida.
- No necesitas explicar nada - le dijo comprensivamente. Hizo una pausa en la que miró a Tomoyo tiernamente, soltó su mano y la metió entre las mantas, para acercarse al sofá donde ellos estaban - Necesito que ambos me ayuden.

Syaoran no hizo preguntas y comenzó a despertar suavemente a Sakura. Esta, dormida como estaba, se acurrucó mejor entre los brazos del chico, quien se sonrojó intensamente, ante la mirada divertida de Eriol. Continuó llamándola, hasta que los ojos verdes de ella se abrieron. Al ver a Syaoran sus labios esbozaron una pequeña y suave sonrisa. Parpadeó varias veces mientras terminaba de despertar; y con la lucidez de la vigilia, se percató de donde y entre los brazos de quien estaba, lo que le arrancó los últimos vestigios de sueño, y la hizo separarse del joven rápidamente e ir a sentarse muy derecha al otro extremo del sofá.

Eriol no pudo evitar reírse de lo cómico de la situación y de la reacción de Sakura, lo que hizo que ella lo fulminara con la mirada. Después se levantó y les dijo, con aire muy digno, que iba al baño a lavarse la cara.

Ambos chicos esperaron a que Sakura regresara, y apenas lo hizo, Eriol empezó a exponerles su plan.

- Necesito que me ayuden. Ya encontré el modo de vencer a La Ira, pero no puedo hacerlo solo.
- Dí ¿en qué podemos ayudarte? - pregunntó Sakura.
- Necesito que me prestes las cartas - al ver la expresión interrogativa de la chica aclaró - No es que me las des en el sentido literal de la palabra, sino que las actives para mí.
- No te entiendo - dijo ella.
- Necesito de los poderes de varias de las cartas, pero tienes que llamarlos y cedérmelos a mí.
- ¿Es eso posible? - quiso saber Syaoraan.
- Por supuesto que puede hacerse - le rrespondió Eriol - recuerda que las cartas harán lo que ella les pida.
- ¿Y yo qué haré? - preguntó de nuevo eel joven chino.
- Tú debes ayudarla y protegerla - y miiró a Sakura - Ella estará muy débil y vulnerable, y probablemente necesitará de tus poderes, porque no sé cuánto tardaré.
- ¿Cuáles son las que necesitas? -y Sakkura le mostró el mazo de cartas.

fin de la parte 3 ve a la parte 4

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