La Ira.
Card Captor Sakura Fanfic.
Por: Iliana Rojas
- El Laberinto, Espada, Escudo...
Los tres comenzaron a elegir las cartas más apropiadas para lo que planeaba hacer Eriol. Entretanto Tomoyo dormía tranquilamente... o tal vez no.
****************
Eriol, Sakura y Syaoran habían terminado de perfilar su plan así que, sin nada más que hacer, decidieron darse unos instantes de tranquilidad antes de iniciar el rescate.
Eriol volvió a la cabecera de Tomoyo, y Sakura y Syaoran decidieron dejarlo solo un rato, así que salieron hacia un saloncito con terraza que había a mitad del pasillo. Allí ambos se detuvieron frente al balcón, a contemplar la hermosa noche. Miraban al cielo sin pensar en nada y sin embargo, conscientes de su mutua cercanía. Luego de un rato el hilo de sus pensamientos los llevó a un mismo punto, ellos y sus sentimientos. Los dos tomaron la decisión casi al mismo tiempo, por lo que, cuando hablaron, las palabras de uno y otra se atropellaron entre sí.
- Syaoran, yo...
- ¿Sabes Sakura... ?
Ambos se miraron y comenzaron a discutir para ver quién hablaba primero. Al ver lo tonto de la situación, se echaron a reír y se acercaron involuntariamente el uno al otro. Terminaron de reír y Sakura se abrazó a sí misma frotándose los brazos con energía; era casi medianoche y ninguno de los dos vestía ropas de abrigo.
- ¿Tienes frío? - preguntó Syaoran.
- Un poco - respondió ella sin mirarlo..
- ¿Me permites? - y se colocó detrás dee la chica, envolviéndola en sus
brazos.
Sakura lo dejó hacer, acomodándose mejor entre ellos. Syaoran no podía creerlo; primero se había atrevido a abrazarla así, de buenas a primeras; y luego ella lo permitió como si fuera lo más natural del mundo, como si perteneciera a ese lugar. Él apoyó su barbilla sobre la cabeza de ella y la ciñó con firmeza, mientras ambos miraban el paisaje, sin verlo en absoluto.
- Mi querido Syaoran - pensaba ella -
¿Por qué eres tan tonto, por qué no me dices nada? Yo que soy tan despistada,
me he dado cuenta, y tú no haces absolutamente nada.
- Sakura, ¿cómo te digo que te quiero? - se preguntaba él - soy un tonto. Y
también demasiado serio. Pero... ¡yo soy así! - suspiró profundamente, lo
que hizo que la chica se removiera un poco tratando de girarse para verlo.
Él aflojó su abrazo sin soltarla del todo; ella se puso frente a él mirándolo a la cara, con sus manos sobre el pecho de Syaoran. Sintió que su corazón latía fuerte y muy rápido, casi tanto como el de ella, y se dispuso a esperar, porque esta vez, estaba segura, él lo diría.
- Sakura... - comenzó titubeante -
sabes que...
- ¿Sé que... ? - lo animó a continuar.<
Él tragó grueso, la miró de nuevo y soltó.
- E... estoy... está... está haciendo
mucho frío, me... mejor entramos - la soltó y fue hacia adentro, pero Sakura
lo detuvo de un tirón en la manga de la camisa.
- ¡Ah no, Li Syaoran! Esta vez no - le respondió ella molesta - Tú no te vas
de aquí hasta que me lo digas.
- ¿Qué te diga qué? - dijo él fingiendoo ignorancia y mirando hacia otro
lado.
- Lo que tú ya sabes - fue hacia el venntanal que separaba la terraza del salón
y lo cerró con firmeza.
- Yo... yo... no sé nada - y puso sus mmanos frente a él en gesto defensivo, al
ver que ella se la acercaba casi echando fuego por los ojos. Retrocedió sin
darse cuenta y tropezó con una silla, en la que cayó sentado con muy poca
elegancia.
Ella no se preocupó por la caída, más bien la aprovechó para acorralarlo donde estaba, haciendo que se pegara del espaldar del asiento.
- Claro que lo sabes, así que dímelo
- y su voz sonó casi como una orden.
- Dímelo.
- No sé de qué me hablas - y cruzó sus brazos sobre el pecho, mirando hacia
el balcón.
- ¡Dímelo! - y lo apuntó con un dedo, aamenazadora.
- No sé qué quieres que te diga, no tenngo nada que decirte - siguió
porfiadamente.
- ¡Quiero que me digas que me amas! - lle espetó ella furiosa.
Syaoran se quedó helado. ¡Así que ella lo sabía! Si serás estúpido - se reprochó - eso era más que obvio. Si hasta ella se había dado cuenta, entonces había sufrido tanto por nada, se dijo.
- Si ya lo sabías entonces no entiendo
el por qué de tanto alboroto - dijo y se puso de pie, encaminándose hacia el
balcón.
- ¡No lo entiendes, que no lo entiendess! - contestó ella - ¿Es que yo no me
merezco una declaración de amor como la gente decente? - le gritó, para luego
guardar silencio.
Los dos se quedaron de pie sin decir nada; él frente al balcón, mirando hacia el cielo; ella en medio de la terraza, con la cabeza baja y los puños apretados. Durante unos minutos solo se escuchó el suave rumor del viento; y fue ese mismo viento el que llevó hasta los oídos de Syaoran un suave sollozo. Él abrió mucho los ojos y se volvió lentamente, para encontrarse con Sakura frente a él, con la cara entre sus manos y las lágrimas escurriéndose entre sus dedos. Sin pensarlo fue hacia ella para consolarla, pero Sakura no lo permitió.
- ¡Déjame, déjame sola! - dijo al
sentir su calor cerca de ella.
- No - fue lo único que él dijo antes dde abrazarla con ternura.
- Suéltame, déjame - se debatió ella enntre sollozos, mientras golpeaba con
sus puños el pecho del chico - Eres un estúpido, un idiota, déjame en paz,
quiero estar sola.
- Sí, sí, está bien - pero no la soltó,, sino que alzó su mano para
acariciar su cabello. Luego atrajo su cabeza contra su pecho y dejó que llorara
todo lo que quisiera.
Al cabo de un rato, una Sakura aún llorosa lo miró. Él solo sonrió y le dijo con dulzura.
- Tienes razón, soy un idiota, un
tonto y un estúpido. Pero también soy alguien que te quiere muchísimo, que se
preocupa por ti, y que lo último que quisiera es hacerte llorar. Porque te amo,
Sakura Kinomoto - y con un dedo recogió la última lágrima que cayó de los
ojos de la chica.
- Eres un estúpido - repitió ella mienttras se empinaba sobre la punta de sus
pies para echarle los brazos al cuello.
Este movimiento cogió por sorpresa al joven, pero luego la abrazó mejor y posó su mejilla sobre los cabellos de ella. Así estuvieron largo rato, hasta que ella aflojó el abrazo. Ambos se miraron desde muy cerca, y ella abrió la boca para hablar, a lo que Syaoran respondió poniendo un dedo sobre sus labios y negando con la cabeza. Juntó su frente con la de ella, y los dos se movieron imperceptiblemente, hasta que, primero sus narices y luego sus labios se rozaron, produciendo un escalofrío en sus cuerpos. Cerraron sus ojos y sus bocas se unieron en un beso dulce y tierno, en el que aún no había sombra de pasión, pero que sí contenía el calor del sentimiento que desde hacía tanto tiempo los envolvía.
****************
Eriol había estado caminando alrededor de la habitación. Inspiró profundamente y se sentó juno a Tomoyo, mirándola, pensando en lo que ella sentiría, sola, prisionera como estaba. Su mano fue hasta el rostro de la chica y lo acarició, modelando sus facciones con sus largos dedos. Algo comenzaba a inquietarle, pero absorto como estaba en la contemplación de la joven, no se dio cuenta hasta instantes después. Su cara estaba fría al tacto, y sus mejillas se veían más pálidas que de costumbre.
De pronto cayó en cuenta de que, desde que despertó, había comenzado a sentir un frío intenso dentro de él, un frío inexplicable, que se concentraba en un punto dentro de su cuerpo, pero que no lo afectaba de ninguna otra manera. En un impulso destapó a Tomoyo y tomó sus manos. Ambas estaban frías, con los dedos y las uñas ligeramente amoratados, y una sospecha se formó dentro de él.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó en voz alta - Sea lo que sea, no lo voy a permitir.
Se incorporó de un salto y fue hacia la puerta, desde donde llamó a Sakura y a Syaoran. Sin esperarlos regresó junto a la joven y comenzó a frotar sus manos enérgicamente. Al escuchar pasos detrás de él se volvió para hablarle a sus amigos.
- No podemos esperar más, hay que hacerlo ya.
****************
Todos bajaron hasta el salón de Eriol, este último con Tomoyo en brazos, los otros dos cargados con todas las mantas que consiguieron. Al llegar, Eriol depositó delicadamente su carga sobre su sillón favorito, y con la ayuda de Sakura, la envolvió cuidadosamente. Entretanto Syaoran elevaba un poco la calefacción de la habitación. Los tres se reunieron luego junto a la chica que descansaba.
- Es hora - dijo Eriol lacónico.
- Sí, es hora - Sakura tomó las cartas que habían seleccionado e hizo
aparecer su báculo. Antes de entregarlas separó dos de ellas y llevó el resto
hasta su frente mientras decía - Cartas Sakura, quiero pedirles un favor.
Necesito que ayuden a mi amigo Eriol, deseo que vayan con él y lo ayuden a
rescatar a mi amiga Tomoyo y a regresar a salvo con ella. Sé que no me
fallarán - con una sonrisa se las tendió al chico, quien las recibió
agradecido.
- Deséenme suerte - dijo Eriol antes dee alejarse. Se dio vuelta y sintió que
Sakura lo retenía de una mano, para luego abrazarlo mientras le decía:
- Cuídate mucho, y regresa con ella.
Él correspondió al abrazo, y cuando la soltó fue hacia Syaoran y le tendió la mano.
- Gracias - hizo una pausa - y
cuídalas a las dos.
- Despreocúpate - estrechó con fuerza lla mano que le tendían.
Se acercó a Tomoyo y la besó delicadamente en los labios, para alejarse de ella con la mirada fija en el centro del salón. Allí hizo aparecer su sello, el sello del mago Clow. Tras intercambiar una mirada de entendimiento con Sakura, esta tomó una carta, la lanzó al aire y la señaló con su báculo.
- ¡Laberinto!
El Laberinto comenzó a formarse sobre el sello de Clow, para desaparecer luego. Sakura y Syaoran recordaron lo que Eriol les había dicho.
<< Los sellos como el tuyo y el mío Sakura son muy especiales, porque son como "islas" de magia potenciada. Por eso necesito que el Laberinto se forme ahí, porque su magia será muy fuerte, no te debilitará tanto y a La Ira se le hará muy difícil salir de ahí, o romperla >>
Aún así, ambos se sorprendieron al ver cómo se levantaban las paredes, para luego desvanecerse, como si nunca hubieran existido.
- Sakura, espera mi señal - dijo Eriol.
Sakura asintió sin decir nada. Syaoran se acercó a ella y la tomó de la mano. Juntos vieron cómo Eriol se acercaba al sello, dudando un instante antes de entrar en él. Parado en el borde cerró los ojos, inspiró profundo y habló.
- Sé que me estás mirando, y que me escuchas también. ¿Quieres enfrentarte a mía? Bien, entonces ven a buscarme. Y trae a tu rehén.
Dio un paso hacia adentro del sello, y otro, y otro más. Abrió los ojos y siguió caminando. Giró hacia la izquierda, y desapareció.
****************
La Ira vigilaba desde su privilegiada atalaya, y si se sorprendió al ver los preparativos que se hacían en el salón, lo hizo aún más cuando escuchó las palabras de Eriol, instándola a ir por él.
- ¿Qué pretendes? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me invitas a perseguirte de este modo? - después de una pausa en la que sopesó los pro y contra de aceptar el reto, tomó una decisión - Vamos a ver qué juego has preparado ppara mí ¿Verdad amiguita?
Al decir esto sacó de su capa la esfera en la que había encerrado a Tomoyo y la miró fijamente. Adentro su prisionera continuaba en la misma posición, abrazándose a sí misma, con la cabeza apoyada sobre las rodillas. A primera vista parecía dormir, pero si se prestaba atención, podía advertirse que cada respiración era más leve que la anterior, y que el brillo de la esfera se iba apagando poco a poco.
****************
Eriol caminaba al azar por los pasillos del Laberinto, girando hacia la derecha o la izquierda según le dictaba su capricho o su intuición. Sabía que nada ganaba con eso, pero era preferible a quedarse de pie esperando. Del mismo modo que su cuerpo deambulaba de aquí para allá, sus pensamientos iban de un lado a otro, revisando los sucesos de las últimas cuarenta y ocho horas. Se había dado cuenta de la profundidad de sus sentimientos por Tomoyo, y algo dentro de él le decía que ella también lo sabía, y que, tal vez, no le era del todo indiferente. También se había dado cuenta de que Sakura y Syaoran se miraban ahora de un modo distinto, y eso estaba muy bien. Si había ocurrido lo que él pensaba, y era lo más probable a juzgar por los gritos de Sakura, por fín el joven chino le había confesado sus sentimientos a ella, aunque dudaba que lo hubiera hecho espontáneamente.
Al pensarlo no pudo evitar reírse, porque la situación tenía su lado cómico. Tampoco pudo evitar sentir un poco de envidia, ya que ellos tenían algo que él tenía aún que encontrar. Esto trajo de nuevo a Tomoyo a su mente, y él la recibió con agrado. Recordó sus ojos azules y su melena larga y negra, y sintió una punzada de dolor y miedo al pensar que podría perderla.
Su vagar terminó cuando al girar en una esquina encontró una amplia sala, en el medio de la cual estaba una figura conocida, vestida de rojo.
- Te esperaba - dijo él.
- Me encontraste - respondió ella lacónnica.
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- Tengo frío, tengo miedo. Ven por mí, por favor. Tengo mucho sueño, pero si me duermo sé que no volveré a despertar. Ven a buscarme... por favor... Eriol.
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Eriol sacó una carta, la puso en la palma de su mano y le dijo:
- Ve con Sakura.
La carta Brillo alzó el vuelo recta hacia arriba, dejando una estela de luz tras ella.
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- ¡Sakura, mira! - Syaoran señaló hacia el sello de Clow.
Los dos jóvenes vieron cómo se levantaba una pequeña chispa de luz desde el centro del sello y se posaba sobre la palma extendida de la joven, transformándose luego en la carta Brillo.
- Esta es la señal - dijo ella mientras sacaba otra carta y la lanzaba al aire - ¡Escudo!
El Escudo cubrió el sello de Clow con una cúpula.
****************
La Ira observó a Eriol cuando lanzó a Brillo al aire, preguntándose qué significaría.
- Es una señal - le aclaró él.
- ¿Para qué? - se preguntó ella en sileencio.
La respuesta la obtuvo de inmediato cuando sintió que el Escudo cubría al Laberinto.
- ¿Qué... ?
- Es para cumplir mi promesa - le dijo Eriol - Te dije que nos veríamos pronto,
y que resolveríamos esto a solas. Y es lo que vamos a hacer aquí y ahora.
- ¿Cómo te atreves a encerrarme?
- Simplemente porque no confío en ti.
- Correcto. Aclarado el punto dime ¿Quéé quieres de mí?
La Ira solo lo miró, sin saber qué responder. No estaba preparada para una pregunta tan directa. Pero de inmediato comenzó a recordar lo que había sido su vida, sola, en la oscuridad, fría, sin nada que la confortara, olvidada, y sintió que todo se acumulaba dentro de ella y la inundaba como una ola, capaz de arrasar con todo a su paso. Abrió su mano y en su palma apareció una empuñadura negra, que asió con fuerza. Una hoja igualmente negra y reluciente completó la espada de apariencia mortífera, con la que ella señaló a Eriol.
- ¿Qué quiero de ti? Quiero tu dolor,
tu tristeza, tu soledad. Eso es lo que quiero de ti.
- Bien, pues ven por ello - sacó la carrta Espada, que enseguida se transformó
y llegó hasta su mano.
La Ira se paró frente a él, lo saludó levantando la hoja de su arma hasta su frente y se puso en guardia.
Eriol la imitó y ambos se miraron fijamente, esperando que el otro hiciera el primer movimiento. La espera no fue larga, ya que La Ira lanzó una estocada hacia el costado de Eriol, quien la desvió hábilmente, para contraatacar con rapidez. El combate no era violento, más bien semejaba un encuentro de ajedrez, en el que cada contrincante tentaba el terreno, estudiaba la reacción del otro y planeaba su siguiente movida.
De improviso La Ira se lanzó sobre Eriol con una serie de estocadas fuertes y certeras. Eriol, ayudado por la magia de la Espada, consiguió evadir los ataques, pero no por mucho, ya que su contrincante estaba animada por el ansia de destruirlo. Poco a poco lo hizo retroceder, hasta que casi se vio de espaldas contra la pared.
- Casi te tengo, muy pronto serás mío
- susurró La Ira.
- No si puedo evitarlo - le respondió EEriol jadeante.
Esta vez fue el turno de La Ira para retroceder, ya que Eriol la atacó con estocadas cortas, que exigían una defensa cerrada, y obligaban a actuar más por reflejo que de modo consciente. Ella comenzó a sentir respeto por su contrincante. Tomó conciencia de que él no se iba a entregar a la primera, que lucharía, lo veía en sus ojos, y cuando se acabaran sus fuerzas, se levantaría y seguiría. Cuando se dio cuenta, era ella quien estaba contra la pared, defendiéndose con desesperación.
Las espadas se trabaron, los rostros quedaron muy cercanos, y ella al verlo recordó un sentimiento casi olvidado, algo que había sentido por alguien que había muerto, y que ahora estaba de nuevo aquí. Se sintió débil, sus propósitos se tambalearon, pero al recordar el motivo real por el cual él luchaba, su rabia se mezcló con resentimiento, y decidió acabar con todo, de una buena vez.
Mientras sostenía la espada con la diestra, abrió su mano libre e hizo aparecer sobre su palma la esfera-prisión en la que se encontraba Tomoyo, y la puso frente a los ojos del joven.
- ¡Mírala!
- ¡Tomoyo!
Aprovechando su desconcierto La Ira lo empujó y se alejó unos pasos de él, con la esfera ante ella.
Eriol había enmudecido. La visión de Tomoyo había sido muy breve, pero bastó para dejarlo casi sin fuerzas. Ella estaba ahí, hecha un ovillo en el centro de la prisión. Su cabeza caída sobre sus rodillas, su cabello negro esparcido en desorden a su alrededor, su piel pálida y sus labios amoratados. Comenzó a sospechar que ese era el motivo del frío que se había instalado en su pecho, pero no tuvo tiempo de pensar más sobre ello.
- ¡Es por ella, verdad! Ella es el
verdadero motivo por el que has luchado así ¿no es cierto? - gritó La Ira -
¿La quieres? ¡Tómala! - y arrojó la esfera lejos de sí.
- ¡No! - fue la única palabra de Eriol,, antes de lanzarse tras ella.
El tiempo parecía estirarse mientras él corría hacia la esfera para atraparla. Iba a toda velocidad, aunque sabía que era difícil que la alcanzara, pero esperando contra toda esperanza poder hacerlo.
La Ira lo miraba expectante, y vió como, en un último intento, se lanzaba hacia la esfera para evitar que cayera.
Eriol la rozó con la punta de sus dedos, justo en el momento en el que la esfera llegaba al suelo, y se partía en pedazos.
****************
Tomoyo recobró la conciencia al sentir que el frío que la rodeaba se convertía en un calor sofocante. Estaba girando, cayendo, y no se explicaba por qué. Luego sintió como su cuerpo se partía, se desmenuzaba en miles de partículas. El dolor era tan intenso que casi la hizo gritar. Se estaba disipando, se desfiguraba y no se sentía capaz de reunir fuerzas para rehacerse.
¡Así que esto es morir! Fue lo que pensó, y abandonó todo intento de lucha, para, de repente, encogerse sobre sí misma. Se convirtió en un punto diminuto, y salió disparada hacia algún lugar.
****************
Eriol salió disparado hacia atrás, como si algo (una bala, pensó él) lo hubiera golpeado en medio del pecho frenándolo y lanzándolo en sentido contrario. Rodó sobre sí mismo, y terminó en el suelo, sobre su espalda, aturdido por el golpe y la impresión de ver cómo se rompía el estuche del alma de Tomoyo.
Quiso cerrar los ojos y no abrirlos jamás, hundirse en la inconsciencia para olvidar que había perdido no solo un duelo, sino también el alma de quien amaba. Luego se acusó de cobarde y se puso trabajosamente de pie. Con paso vacilante se dirigió hacia los restos de la esfera. Esta se había roto en dos partes, como un cascarón. Lentamente se agachó, tomó las dos mitades y las hizo encajar entre sí, acercándolas a su frente. Lágrimas amargas escaparon de sus ojos, lágrimas por él, por ella, por todo; y fue en ese momento que tomó una determinación. Dejó caer los trozos de la esfera y se volvió hacia La Ira lívido de furia.
- ¿Por qué lo hiciste? - y su voz era
un susurro filoso, cortante, frío como el acero.
- Porque así soy. Y es tu culpa, tú me creaste - le respondió ella sonriendo
con sorna.
- Sí, te creé, y por eso voy a destruirrte - Eriol sacó su llave y la sostuvo
sobre la palma de su mano - Llave que guardas los poderes de la oscuridad -
comenzó la invocación - abandona tu forma y preséntate ante Eriol, quien ha
aceptado un pacto contigo ¡Libérate!
La pequeña llave se transformó en un báculo dorado, más alto que el joven, rematado por un sol áureo que lanzaba sus rayos en todas direcciones.
- La primera vez te dejé en paz porque te tenía miedo, pero ya no - dijo con voz de hielo - Eres un error, y hoy voy a corregirlo.
Eran tan grandes su dolor, su odio y sus ganas de vengarse, que no se dio cuenta de que el dolor frío de su pecho ya no estaba ahí.
****************
Tomoyo estaba echada de bruces sobre el suelo y no se atrevía a moverse, ni siquiera a abrir los ojos, por temor a experimentar de nuevo todo lo que había ocurrido.
Sintió el suave roce de la brisa en su mejilla, y escuchó su murmullo entre las hojas. A excepción de ese sonido, todo era silencio a su alrededor. Aún asustada se obligó a abrir una de sus manos, y sintió el roce de la hierba entre sus dedos. Abrió los ojos, y lo que vió la dejó sorprendida.
Era una margarita pequeñísima, rodeada de hierba verde y brillante, que parecía sonreírle. Se sentó y miró a su alrededor, incrédula. No estaba rota, como había pensado. No tenía ni una marca, ni un rasguño, y estaba sentada en una colina, bajo la sombra de un gran árbol, rodeada por una pradera enorme y verde, que invitaba al descanso.
¿Dónde estoy? Fue lo primero que pensó, y la respuesta vino de inmediato a ella, que recibió ese conocimiento aún más asombrada, si es que eso era posible. Es... es increíble. Y se soltó a reír contenta, libre al fin, y feliz de estar donde estaba.
Se acostó de nuevo en la grama, con los brazos extendidos y mirando hacia el cielo. A través de las hojas del árbol se filtraba una luz suave y cálida; no la luz del sol, sino otra capaz de iluminar del mismo modo, y que, estaba segura, brillaba solo para ella.
De súbito comenzó a llover, con gotas frías, tristes. Tomoyo volvió a sentarse y miró hacia el horizonte. Donde antes el cielo había estado despejado, ahora se arremolinaban negras nubes de tormenta. Pudo ver los rayos, y el fragor de los truenos llegó débilmente a sus oídos. La tierra se oscurecía, y esa negrura avanzaba rápidamente, cubriéndolo todo a su paso.
- ¿Qué pasa? - se preguntó alarmada,
e igual que antes, la respuesta se instaló en ella, sin dejarle resquicio a
alguna duda - Él no lo sabe, no sabe que estoy aquí - el viento comenzó a
azotarla con furia. Ella se cubrió mientras gritaba con toda su fuerza - ¡No!
Eriol no lo hagas. Por favor ¡No!
****************
Eriol apuntaba a La Ira con su báculo, decidido a destruirla a como diera lugar. Ella lo esperaba sin moverse, sin intentar nada. Sabía que él no la dañaría porque simplemente no podía. En ese estado de ánimo, lleno de odio, sería incapaz e hacerlo; al contrario, la haría más fuerte y lo llevaría a él hacia la oscuridad, donde ella podría apresarlo y hacerlo suyo para siempre.
Él ya estaba listo. El poder en sus dedos, el conjuro en sus labios, cuando algo lo detuvo. Escuchó un llamado. Era muy débil, pero era... ¡Era su voz! Era la voz de ella, de Tomoyo.
- Eriol no lo hagas. Por favor ¡No!
Esta vez lo oyó con más claridad, o sería más exacto decir que lo sintió, porque el grito venía desde adentro de él.
La Ira notó el cambio en él y se preguntó impaciente qué ocurría, por qué no la había atacado ya.
Él se quedó paralizado, con miedo a que, si se movía, perdiera la voz que había encontrado.
- Por favor, cálmate - pidió la voz
de Tomoyo - Tranquilízate, estoy bien.
- ¿Dónde estás? - la pregunta fue solo un suspiro entre sus labios, pero
llegó fuerte y clara hasta ella.
- Estoy dentro de ti - respondió ella.<
- ¿Dónde?
- Junto a ti, en tu alma. ¿No lo sientees?
Tomoyo dejó salir todo lo que ella creía que podía identificarla ante Eriol. Él sintió que lo inundaba su dulzura, su consideración, su modo de ser tan discreto y maduro, sus sentimientos hacia Sakura, su casi hermana, y algo más, algo que sentía por él y que se parecía sospechosamente al amor.
La Ira vió cómo la oscuridad se alejaba de Eriol, y se lanzó a atacarlo para avivar su odio y su sed de venganza, pero Tomoyo se percató de algún modo de ello y advirtió al joven.
- ¡Eriol, cuidado!
Él se volvió a tiempo para ver cómo ella se disponía a agredirlo. Ya se preparaba para aniquilarla cuando Tomoyo le pidió que no la lastimara. Con rapidez pensó en una solución, recordó una de las cartas que había traído consigo y la sacó.
- Conviértete en cadenas de la justicia. ¡Viento!
La carta Viento voló de sus manos hasta La Ira y la envolvió entre sus lazos. Ella se debatió para soltarse, y casi lo lograba.
- Eriol cálmate - le recomendó Tomoyo de nuevo - El temor por nuestra seguridad era lo que te hacía perder el control. Ella usaba ese miedo en tu contra, pero ya no hay por qué sentirlo. Sakura y Syaoran están bien y a salvo, y yo estoy aquí contigo, segura; ya no hay por qué temer. Ahora controla tu magia y no la lastimes por favor.
Eriol asintió en silencio e hizo lo que ella le pedía. Transformó las ataduras del Viento en una cúpula que envolvió a La Ira aislándola. Él vió satisfecho cómo quedaba atrapada su agresora, y sin dejar de vigilarla le preguntó a Tomoyo.
- Ahora dame una buena razón para no
acabar con ella aquí y ahora - y su labios se apretaron en una severa línea.
- Ella te ama.
Él no podía creerlo. Era imposible que La Ira lo amara.
- ¿Qué te hace pensar eso? -
preguntó cuando pudo recuperar el habla.
- Lo sé porque soy mujer - dijo ella coon su habitual mesura - y ustedes los
hombres suelen ser muy poco observadores.
Eriol no pudo evitar sonreír ante el acertado comentario de la joven.
- Explícame esa forma tan
"particular" de amar - y miró a La Ira, que estaba de pie en la
cúpula, digna en la derrota.
- Es la única manera que ella conoce. LLa creaste en un momento de rabia en el
que solo querías destruir, y la usaste para la violencia. Luego la abandonaste
a su suerte. Estuvo sola todo este tiempo, sin calor, mirándote, sin que tú la
recordaras siquiera, y cuando lo hacías, era con vergüenza. A pesar de todo tu
imagen se alzó por encima de tu olvido, y decidió que serías suyo. Al no
saber cómo conquistarte decidió quitarte todo lo que querías, de modo que
solo te quedara ella.
- ¡Basta! - gritó La Ira - Basta ya, noo me humillen más. ¿Es que no tengo
derecho siquiera a guardar esto en secreto?
- No quiero humillarte, solo ayudarte -- dijo Tomoyo dirigiéndose a ella - Tú
no lo sabes, pero si la oscuridad se apodera de su alma jamás sentirá otra
cosa que odio hacia todo. Lo tendrás a él, sí; pero nunca te amará. Al
contrario, te odiará y te despreciará el resto de su vida por haberle quitado
todo lo que es importante para él.
Eriol se sorprendió mucho al escuchar el modo tan exacto en el que Tomoyo describía sus reacciones, pero luego recordó con alegría que ella era la persona más adecuada para hacerlo. Total, estaba literalmente mezclada con su alma.
La Ira se derrumbó. Se cubrió la cara con las manos y lloró, sintiéndose más desgraciada y sola que nunca en su vida. Eriol la miró y pensó en todo lo que había escuchado. Se sentía responsable de su desgracia, e impotente por no saber cómo consolarla. Tomoyo, que había visto cómo la oscuridad amenazaba con cubrirlo todo, observó que esta se detenía en su avance a medida que ella hablaba, para luego retroceder súbitamente y desaparecer por completo. Esto coincidió con el momento en el que el joven encontró el modo más idóneo para resolver la situación. Se acercó a La Ira con su báculo en alto y comenzó.
- Regresa a la forma humilde que mereces. ¡Carta Clow!
La Ira no se resistió, ya no tenía objeto hacerlo. Probablemente sería destruida, así que dejó que la sellaran bajo la forma de una carta. Ya sellada, voló hasta las manos del joven brujo, quien la observó detenidamente y, antes de guardarla con cuidado en su bolsillo, le habló sin asomo de rabia o rencor.
- Ahora estarás conmigo siempre, y me haré cargo de ti, te cuidaré, como debí hacerlo desde el principio.
Recuperó las cartas Espada y Viento, e igualmente las guardó. Sintió una repentina debilidad, debida al uso excesivo de su magia después de tanto tiempo, lo que hizo que buscara apoyo en una de las paredes del Laberinto. Descansó brevemente, ya que recordó que Sakura y Syaoran lo esperaban afuera. Respiró profundo, se irguió y comenzó a caminar en busca de la salida.
****************
Sakura y Syaoran seguían muy preocupados. Ya Eriol se había tardado demasiado, y ella se debilitaba con rapidez. Syaoran captó su expresión adormilada y sin decir nada, se acercó a ella y la tomó de las manos, apoyándola con su magia, para que pudiera seguir manteniendo al Laberinto y al Escudo.
- Gracias - dijo ella, antes de tambalearse un poco.
Syaoran la sujetó y la obligó a
sentarse en un sofá cercano, desde el cual pudieran ver el sello de Clow y el
cuerpo de Tomoyo. La ayudó a ponerse cómoda y se sentó junto a ella. Comenzó
a hablarle, a contarle y a preguntarle cosas para evitar que se durmiera y
rompiera el hechizo, sin soltarle las manos para no interrumpir el flujo de la
magia.
****************
Eriol seguía caminando, dando vueltas y más vueltas dentro del Laberinto, hasta que por fín aceptó lo que su sentido común le estaba gritando desde hacía bastante rato.
- ¡Estamos perdidos! - dijo en voz alta con un deje de fastidio.
Tomoyo dentro de él soltó una carcajada aguda y cristalina. Había vuelto a sentarse sobre la hierba y disfrutaba de la caricia de la brisa en su rostro, y de los frescos olores que esta le traía.
- ¡Ja, ja, ja! - se rió irónico - No
le encuentro lo gracioso - rezongó.
- Pues yo sí.
Bufó y siguió caminando de mal humor. Después de un rato sus pasos lo llevaron hasta una galería desde la que partía tres pasillos en distintas direcciones.
- ¡Diablos! ¿Y ahora cuál camino nos
sacará de aquí?
- Yo sé cuál - le respondió ella.
- ¿Es que acaso tú sabes cómo salir?
- ¿Y por qué, si se puede saber, no me lo habías dicho? - le preguntó de mal
talante.
- Porque cada vez que iba a hacerlo, ell Señor me interrumpía diciendo
"¡Tranquila, déjame esto a mí, yo sé cómo salir de aquí!" -
Tomoyo dijo esto último cruzando los brazos sobre el pecho e imitando con
bastante éxito su voz y su tono serio, mientras ladeaba la cabeza a un lado y
otro.
- Muy bien. Guíenos entonces, Señorita Sabihonda - concedió él con irónica
amabilidad.
- Muchas gracias - respondió ella con aaires de suficiencia y sofocando la risa,
para no irritarlo más - Dá media vuelta.
- Pero... si acabamos de pasar por ahí..
- Sí, y nos hemos estado alejando todo este tiempo de la salida.
A Eriol se le fue el alma a los pies. ¿Cómo pudo ser tan tonto? Pensó mientras se palmeaba la frente. Helo ahí, perdido en el Laberinto de su propia creación, sin la más mínima idea de cómo salir de el, guiado por una chica cuya alma está dentro de su cuerpo. Comenzó a caminar por donde Tomoyo le indicaba, mientras se compadecía a sí mismo, hasta que le encontró el lado cómico a la situación. No pudo evitar que una risilla se escapara de sus labios, a la que siguió otra, y otra, para después reírse a carcajadas, sin poder contenerse.
Tomoyo también comenzó a reírse, pero se quedó en silencio antes que él. Se recostó del árbol junto al que se había sentado y cerró los ojos para apreciarlo mejor. Era la primera vez que lo escuchaba reír así, con ganas, y se concentró en el sonido. Era una risa alegre, franca, ligeramente ronca y muy cálida.
Eriol se dio cuenta de su silencio y calló de repente.
- Tomoyo, ¿estás bien? - preguntó
él.
- Sí, muy bien.
- Me asustaste - dijo después tras un ssuspiro.
- ¿Por qué la pregunta?
- Porque te reías conmigo y luego ya noo te escuché, y pensé... bueno, no sé
qué pensé, pero me alegro de que sigas ahí.
Ella se quedó callada y él comenzó a caminar. Al llegar a la primera bifurcación la sacó de su mutismo.
- ¿Ahora por dónde?
- Gira a la derecha - y guardó silencioo de nuevo.
- ¿Qué te pasó? - preguntó él después dde un rato.
- ¿De qué?
- ¿Por qué dejaste de reírte?
- Porque...
- Sin mentir. Recuerda que tu alma estáá ahí dentro junto con la mía, y lo
sabré - la amenazó juguetonamente, pero con mucha gentileza.
- Es la primera vez que te escucho reírr - respondió ella un poco abochornada,
y terminó diciendo - Me gusta tu risa.
- Gracias - dijo aceptando el cumplido,, y agradeciendo que ella no pudiera ver
sus mejillas arreboladas. Siguió caminando de acuerdo con las indicaciones que
ella le daba. Al ver la seguridad con la que lo guiaba no pudo evitar
preguntarle - Oye, ¿Y cómo sabes cuál es el camino para salir?
- Fácil, solo sigo mi Cordón de Plata -- respondió ella simplemente.
- ¿Cordón de Plata?
- Sí, mi Cordón de Plata.
- ¿Y qué es eso?
- ¿No lo sabes? - preguntó ella, e intuuyó su respuesta - No, no lo sabes. No
lo puedo creer. ¡Tú eres un mago, deberías saberlo!
- Pues no lo sé - masculló a modo de reespuesta - ¿Puedes explicármelo?
- Solo si me lo pides adecuadamente.
- Por favor
- ¿Puedes explicármelo, por favor? - y pensó - Por qué todas serán así.
- Escuché eso - le advirtió ella.
- ¡Ups!
- Ya déjalo - y se lanzó a explicarle -- Dicen que cuando un alma abandona su
cuerpo queda unida a él por un lazo, parecido al que nos unía a ti y a mí -
se sonrojó un poco, y él también, porque recordó las circunstancias en las
que eso ocurrió. Él se arriesgó porque quería salvarla. Ella lo sabía y le
agradecía por ello. Ambos guardaron silencio, hasta que ella continuó - Ese
lazo es lo que los metafísicos llaman Cordón de Plata, porque es un hilo de
luz muy brillante. Si yo quisiera podría cortarlo, mi alma quedaría libre y mi
cuerpo se quedaría aquí y moriría. Pero mientras no lo desee, tirará de mí
con fuerza, y en este caso será como el hilo de Ariadne, que nos sacará del
Laberinto.
- Sabes qué - dijo él después de una laarga pausa - no vuelvas a hablar de
cortar hilos y cosas así. No me gusta la idea de que te vayas... y me dejes -
suspiró. Ya estaba dicho.
- No te preocupes, aún tengo mucho qué hacer - respondió ella con una secreta
sonrisa, que él, dadas las circunstancias, no pudo siquiera sospechar.
No habían interrumpido su marcha mientras hablaban, y casi habían salido cuando de improviso ella lo hizo detenerse.
- Gracias - dijo ella después de armarse de valor - gracias por venir a rescatarme, por hacer todo esto por mí, y... y... vámonos, creo que los dos estamos muy cansados.
Él solo sonrió al percibir el nerviosismo de la chica, y le dijo que no había problema, que hablarían más tarde.
****************
Hacía rato que Syaoran había dejado de hablar y se limitaba a despertar a Sakura cada vez que sentía que el Escudo o el Laberinto se debilitaban. Él también estaba cansado, pero tampoco debía dormir. Había prometido a Eriol que las cuidaría, y que, si él no había salido para el amanecer, obligaría a Sakura a sellar la carta Laberinto y la destruiría. Esta última parte de la promesa no la sabía la joven de ojos verdes, pero él estaba decidido a cumplirla si era necesario, aunque esperaba no verse obligado a ello.
Estaba tan absorto en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que algo había aparecido sobre el sello de Clow hasta que Sakura se lo señaló. Los dos se pusieron de pie al mismo tiempo, y vieron cómo el sello fluctuaba, para hacer aparecer a un Eriol sonriente, aunque muy cansado.
Sakura retiró el Escudo, y cuando él salió, hizo volver a la carta Laberinto.
- Aquí la tengo - dijo llevándose la
mano al pecho en respuesta a la incógnita no formulada por sus amigos.
- Pero... ¿y la esfera que nos contastee? - preguntó Syaoran.
- Se rompió, pero ella está aquí, dentrro de mí - y se tocó de nuevo el
pecho.
- No entiendo - terció Sakura.
- Es una historia larga, y yo estoy agootado - se volvió para hacer desaparecer
su sello.
- Sí, más tarde nos contarás - lo apoyóó Syaoran.
- ¿Cómo está ella? - preguntaron a un ttiempo Eriol y Sakura.
- Su cuerpo está bien - respondió Syaorran - hace ya rato que recuperó el
color y respira suave y regularmente.
- Pues por acá todo también va bien - ddijo Eriol - quiere que les diga que
está muy contenta de haber regresado junto a nosotros.
- Hablando de regresar ¿Cómo llegará ellla de nuevo a su cuerpo? - quiso saber
Sakura.
- Basta solo con tocarme - respondió ellla a Eriol, quien transmitió la
información a los otros.
Luego se dirigió hacia su sillón, donde Tomoyo reposaba, y le acarició suavemente la mejilla. Sintió un breve dolor en el pecho, como si le hubieran arrancado algo, seguido de una sensación de vacío al no sentir ya su presencia dentro de él. Por un momento se sintió triste, pero de inmediato se dio cuenta de que era un egoísta al querer estar siempre con ella de ese modo. Era mejor así, y si alguna duda tenía, esta se disipó al ver cómo la chica aspiraba profundo y sus pestañas se agitaban antes de despertar.
Ella por su parte sintió el roce de la mano del joven en su cara y se elevó sobre la colina, que dejó de serlo para convertirse en el salón de la casa de Eriol. Por un fugaz instante estuvo suspendida en el aire y se contempló a sí misma en el sillón, Eriol sentado en un escabel ante ella y Sakura y Syaoran tomados de la mano detrás de él. Intuyó que algo había ocurrido y tomó nota mental de eso para averiguarlo más tarde. Luego se sintió como si se hubiera lanzado de espaldas a una piscina y se hundiera en ella sin temor. Abrió los ojos, y lo primero que vió fue la mirada de Eriol, gris con tintes violáceos, que la miraban a la expectativa, sin esconder sus sentimientos. Le sonrió y volvió a respirar hondo, alzó su mano hasta la de Eriol y apretó la palma contra su mejilla, cerrando sus ojos para disfrutar mejor de su contacto.
Sakura cerró sus ojos y dos lágrimas surcaron su rostro, mientras sentía la mano de Syaoran que la apretaba fuerte. Volteó a verlo y se encontró con su sonrisa serena y llena de confianza.
- Está amaneciendo - dijo Tomoyo al
mirar por la ventana.
- Sí, será un hermoso día - afirmó Sakuura.
- Quiero salir - habló de nuevo Tomoyo,, mientras se ponía en pie.
Eriol trató de impedirlo diciendo que podía estar muy débil, a lo que ella respondió que se sentía muy bien, pero luego de dos pasos, las rodillas le fallaron y casi cayó. Eriol la sujetó a tiempo y luego la cargó en brazos.
- Está bien - concedió Tomoyo
resignada - déjame en el sillón.
- No señorita. ¿Quiere salir? Va a saliir. Syaoran, ¿podrías abrir la puerta
por favor? - pidió Eriol por encima del hombro.
Syaoran risueño, se apresuró a cumplir con la petición de su amigo, para luego regresar con Sakura, tomarla de la mano y llevarla con él tras la otra pareja, mientras Tomoyo protestaba y decía que la bajara, que debía estar muy cansado. Eriol la ignoró olímpicamente y la llevó al jardín, donde la sentó al pie de un árbol, desde el cual podía verse muy bien la salida del sol.
Los cuatro jóvenes se quedaron muy juntos mirando cómo nacía el nuevo día, transformando el azul terciopelo de la noche en una explosión de rojos, naranjas y amarillos, con toques de amaranto y oro.
Sin saberlo, ellos eran observados por tres personas, que decidieron entrar en la propiedad para acercárseles. Eran Touya, Yukito y Kerberos, que habían sentido cada uno de los cambios sucedidos en la magia, y por lo tanto sabían que el peligro ya había pasado.
- Sakura - llamó suavemente el joven
moreno.
- ¡Hermano! - gritó ella al verlo, mienntras corría hacia él. Se colgó de su
cuello, en tanto que él la abrazaba con fuerza, feliz de ver que estaba sana y
salva.
- ¿Estás bien? - le preguntó para aseguurarse.
- Sí, estoy bien - le respondió separánndose de él para permitirle
estudiarla.
Syaoran estaba de pie sin saber qué hacer y volteó hacia Eriol y Tomoyo como pidiendo ayuda. Vió los labios de la chica que articulaban un "Ve con ella", mientras que Eriol asentía animándolo. Al fin, decidiéndose, se encaminó hacia el grupo.
- Buenos días Kinomoto, Yukito,
Kerberos - saludó volviéndose hacia cada uno con una inclinación de cabeza a
medida que los nombraba.
- Buenos días Syaoran - respondió Yukitto ante el mutismo de Touya - ¿Qué
ocurrió aquí?
- Es una historia muy larga - dijo y miiró a Sakura.
- Sí, y estamos agotados - completó ellla.
- Será mejor que vengan a desayunar y nnos lo cuenten - dijo por fin Touya.
Syaoran aceptó sorprendido ante la invitación, y Kerberos le dio tiempo para recuperarse cuando preguntó.
- ¿Y ellos no vienen?
Todos se volvieron a ver a la pareja bajo el árbol, y observaron que los dos habían quedado rendidos de cansancio. Sakura y Syaoran intercambiaron sonrisas, y ella, después de excusarse, entró a la casa, saliendo casi de inmediato con una manta entre sus manos.
Se acercó a Eriol y Tomoyo y los miró, feliz por ellos. Él estaba sentado, con la espalda apoyada contra el árbol y un brazo alrededor de los hombros de ella, quien estaba a su lado reclinada sobre su pecho. Ambos dormían profundamente, y era una verdadera pena despertarlos. Con delicadeza Sakura los cubrió con la manta y regresó con el grupo que la esperaba.
- Vámonos - dijo ella al llegar.
- Pero ¿Y los dejaremos así? - preguntóó Yukito.
- Sí - respondió Syaoran - Esos dos tieenen mucho de qué hablar.
Eriol escuchó entre sueños el último comentario de su amigo. Luego oyó pasos que se alejaban y la reja que se cerraba. Pensó en cuánta razón tenía Syaoran y respiró hondo. Tomoyo, dormida, se acurrucó entre sus brazos, y él se durmió de nuevo, apretándola suavemente contra sí.
Epílogo
Sakura estaba en el colegio. Había un receso y esperaba a Tomoyo sentada en una banca del patio para preguntarle qué había ocurrido. No la había visto ni hablado con ella desde el día anterior, cuando la dejó en el jardín de la casa de Eriol, y tenían mucho de qué hablar. Encontró una carta dentro de su libreta de notas, era la de Mei Ling, la que Syaoran le había entregado, y que ella aún no había leído, y decidió hacerlo mientras esperaba.
Querida Sakura:
¡Feliz Cumpleaños! Espero que lo pases muy bien y que te guste el regalo que escogimos para ti Syaoran y yo.
También quiero darte las gracias por tu regalo. El abanico está precioso, y los listones me quedan muy bien, combinan con el vestido que me regaló mi mamá, así que estuviste muy acertada.
¿Te cuento algo? El motivo por el cual no pude ir a tu cumpleaños es que... tengo novio. ¿Recuerdas a Chang Wu Fei, de quien tanto te he escrito? Pues el día de mi cumpleaños me pidió que fuera su novia, y yo acepté encantada, aunque lo hice sufrir un poquito antes de darle el sí, así que cuando recibas esta carta estaremos cumpliendo una semana apenas. Como ya sabes, él es compañero de Syaoran, y llevábamos saliendo unos cuantos meses. Te imaginarás que esto a mi primo no le hace ni pizca de gracia, pero es pura envidia, y más adelante te diré por qué. Justamente este fin de semana sus padres vendrán a Hong Kong a visitarlo, y él quiere que los conozca, ya que, al parecer, les ha hablado mucho de mí. Yo también quiero conocerlos, aunque me siento un poco nerviosa por eso. Así que no te enfades por favor, porque, como ves, tengo muy buenas razones para quedarme.
Agradecimientos y novedades aparte, el motivo de esta carta es prepararte para algo. Últimamente Syaoran ha hablado mucho de ti, y me parece que por fin se va a declarar. Yo le aposté que no lo haría, pero no tengo la más mínima intención de ganar. Es por eso que te lo digo. Él ya está decidido, pero ya sabes cómo es, así que, si no lo hace voluntariamente ¡oblígalo! Porque si no me las pagará aquí, y realmente estoy cansada de escucharlo lamentarse y de fastidiarlo por ello.
Ya estás advertida, el resto queda de tu cuenta. ¡Y no seas tan despistada, siempre andas en la luna!
Adiós mi valiosa amiga.
Te quiere:
Li Mei Ling.
Sakura plegó la carta al terminar de leerla, y la estrechó contra su pecho mientras reía por lo bajo, pensando en la sesión de interrogación que le esperaba a su querido Syaoran en manos de su prima. Se dijo que debía contarle las nuevas a Tomoyo, y en ese momento la vió que se acercaba a donde ella estaba.
Tomoyo estaba radiante, y traía al cuello un hermoso colgante, discreto, elegante, y muy familiar para ella. Era un pequeño sol dorado, cuyos rayos salían de él en todas direcciones, colgado de una cadena muy fina.
Sakura reconsideró la idea de contarle a Tomoyo de inmediato las novedades. Al parecer estas tendrían que esperar un poco más de lo planeado.
Fin
nota: este fanfic le pertenece a Iliana Rojas si quieren ponerlo en su web avisarle a ella y porfavor no copiarlo sin su autorizacion.
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