Es más fácil reconocerse Chobojo, que demostrar no serlo

 

05 de Junio de 2008


 

Del cuaderno

 

Cómo combatir el crimen en AL

Bernardo Kliksberg

El vaso

Alonso Marroquín I.

Pito Pérez, Chupador de corazón

Chobojo Master

Ni un solo Genio

Emmanuel Carballo

Días iguales -Cuento

Constantino Pol Letier

La Subasta -Cuento

Alonso Marroquín Ibarra

¡Ánimas, que no amanezca!

Alonso Marroquín Ibarra

Por aquí pasó - Prosa poética

Alonso Marroquín Ibarra

Este es tu país…

Chobojo Master

Imágenes actualizadas Homini

Sólo para CHOBOJAS

Imágenes actualizadas Feminae

Sólo para CHOBOJOS

Diálogo entre la pelona y el Master

Chobojo Master

¿Me estás oyendo, Fox? No podemos creer

Chobojo Master

Foxilandia y Chobojotlán

Chobojo Master

Por qué te pica y te gusta el chile (sin albur)

Chobojo Master

Cómo se hace un soneto

Chobojo Master

El doctor IQ

Chobojo Master

¿Qué es ser Chobojo? Esta es la Historia

Chobojo Master

 

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La carta

Chobojo Master

Para no olvidar a los sapos 

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Los Celos

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Se dice del indio del Mayab I

Antonio Mediz Bolio

Se dice del indio del Mayab II

Antonio Mediz Bolio

Loreñerías

Juan Cervera Sanchís

Los gorriones de Reforma

Juan Cervera Sanchís

Imágenes en la luna

Alonso Marroquín Ibarra

 

 

Nuestro México

 

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El callejón del beso, Guanajuato

 

El Callejón del Muerto

 

El insustituible don Artemio

 

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El valle mágico de Tepoztlán

 

Fin de semana en el D. F.

 

Fin de semana en Valle de Bravo

 

La Calle de la Quemada

 

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Malinalco

 

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Niñopan

 

San Luis Potosí

 

Todos los caminos llevaban al Zócalo

 

Tradición pulquera

 

Viveros de México

 

Literatura, pues...

 

La cena

Alfonso Reyes

Poemas de Alonso Marroquín Ibarra

Alonso Marroquín Ibarra

¡Ánimas, que no amanezca!

Alonso Marroquín Ibarra

La partida de ajedrez

Ambrose Bierce

Una rebelión de los dioses

Ambrose Bierce

El eclipse

Augusto Monterroso

La rana que quería ser una rana auténtica

Augusto Monterroso

Sinfonía concluida

Augusto Monterroso

Uno de cada tres

Augusto Monterroso

Canción de navidad

Charles Dickens

El escarabajo de oro

Edgar Allan Poe

El gato negro

Edgar Allan Poe

Ante la ley

Franz Kafka

La metamorfosis

Franz Kafka

El cataclismo de Damocles

Gabriel García Márquez

El rastro de tu sangre en la nieve

Gabriel García Márquez

Espantos de agosto

Gabriel García Márquez

El demonio de dos centímetros

Isaac Asimov

El hombre de plata

Isabel Allende

Poesía de Jaime Sabines

Jaime Sabines

La biblioteca de Babel

Jorge Luis Borges

El infierno tan temido

Juan Carlos Onetti

¿No oyes ladrar los perros?

Juan Rulfo

Asesinato de un hijo de Eva

Juan Rulfo

Diles que no me maten

Juan Rulfo

El llano en llamas

Juan Rulfo

Macario

Juan Rulfo

No se culpe a nadie

Julio Cortazar

La carta

Julio Jáuregui

Tao Te Ching

Lao Tse

El beso afilado

Leonel Puente

La leyenda del volcán

Miguel Ángel Asturias

Que no se vayan todos

Miguel Ángel de Boer

Poesía de Nicolás Guillén

Nicolás Guillén

El ramo azul

Octavio Paz

El cumpleaños de la infanta

Oscar Wilde

El hombre que contaba historias

Oscar Wilde

20 poemas de amor y una canción…

Pablo Neruda

La República

Platón

El sueño de Pao Yu

Relato Chino

Un hombre con manías

Robert Bloch

Los convidados de agosto

Rosario Castellanos

Poesía de Walt Whitman

Walt  Whitman

Las notas del Master

 

Midiendo pobres

 

Fox por Fox

 

Un mundo mejor es posible

 

El desastre bancario

 

Ataráxicos del mundo, uníos

 

Carta de benito Juárez a Fidel Castro

 

El origen del Chobojo

 

Divulgación

 

La globalización

 

Cómo combatir el crimen en AL

Bernardo Kliksberg

Curiosidades

 

15 consejos de un empleado a su jefe

 

Aumento de salario

 

Clase de ciencias

 

Cómo defenderse de las ideas molestas

 

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El origen de los refranes

 

Entre el trabajo y la cárcel

 

Mídanse raza

 

Proverbios, refranes y versos 1

 

Proverbios, refranes y versos 2

 

Proverbios, refranes y versos 3

 

Proverbios, refranes y versos 4

 

Opinión

 

El pueblo de Seattle

Luis Hernández N.

¿Cuánto vale la patria?

José Steinsleger

Tecnología biológica

Revista Nature

La teledictadura en el 2012

Jenaro Villamil

Genes humanos a la venta

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Érase que se era

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Ricardo Rocha

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La Bioinformática, la revolución que viene

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Las notas del Chobojo Master

 

Cómo combatir el crimen en América Latina

 

Por Bernardo Kliksberg (para Safe Democracy)

 

 

Bernardo Kliksberg analiza el fenómeno creciente de la criminalidad en América Latina y dice que el enfoque (únicamente) policial y represivo (de mano dura) ha sido ineficiente y contraproducente hasta ahora. Kliksberg cree que es hora de renovar la lógica del debate sobre la criminalidad y propone algunas soluciones. Sepa a continuación por qué la educación, la familia y el empleo son esenciales para que América Latina pueda luchar contra el crimen de una manera eficaz.

 

Bernardo Kliksberg es uno de los mayores expertos mundiales en lucha contra la pobreza y dirige desde Washington la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo patrocinada por el BID. Es asesor especial de Naciones Unidas, UNESCO, UNICEF, PNUD y otros organismos internacionales, y autor de 40 libros, el más reciente el best seller "Más ética, más desarrollo" (publicado en España por el INAP), además de centenares de artículos técnicos activamente utilizados internacionalmentede. Ha asesorado a más de 30 países en alta gestión, incluyendo a diversos presidentes y a numerosas organizaciones públicas de la sociedad civil y empresariales.

 

LOS LATINOAMERICANOS QUIEREN una respuesta a la inseguridad ciudadana. Y con toda razón. La tasa de criminalidad ha ascendido un 40 por ciento en la última década. El número de homicidios es de 40 cada 100.000 habitantes de población por año. Es la segunda región con más criminalidad del planeta. Buena parte de la población tiene ya la experiencia de haber sido objeto de algún delito.

 

Existe un acuerdo colectivo en que se debe combatir la delincuencia. Pero… ¿cómo se hace?

 

UNA PROBLEMÁTICA COMPLEJA

El tema es de gran complejidad. El enfoque que ha prevalecido en amplios sectores de la sociedad hasta ahora se ha orientado a exigir a las autoridades hacer más de lo mismo. Eso significa, entre otros aspectos, tratar de reforzar y ampliar el sistema policial, dar mayor discrecionalidad a la policía, penar las formas más primarias de delito, aumentar las penas, bajar la edad de imputabilidad para poder meter presos a los niños y adolescentes, y hay quienes reclaman poder encarcelar a los padres de los niños delincuentes.

 

Las iglesias, las organizaciones de derechos humanos, asociaciones de juristas, han reclamado que muchas de estas medidas violan la legislación internacional, los tratados mundiales firmados, y en definitiva normas éticas básicas, como el mensaje bíblico de que se deben hacer todos los esfuerzos por recuperar a los que se salen del camino.

 

RESPUESTAS CONTRAPRODUCENTES

Pero hay otra pregunta adicional. El enfoque puramente represivo ha demostrado ser muy ineficiente. En Centroamérica algunos líderes políticos resolvieron aplicarlo a fondo en los últimos años frente al crecimiento de las maras, peligrosos grupos de jóvenes delincuentes. Esa estrategia gana votos a corto plazo ante la legítima desesperación ciudadana, pero, ¿responde al interés colectivo?

 

No parece. El número de miembros de las maras sigue creciendo. Se estima en 100 mil individuos en Honduras, otros 100 mil en Guatemala, cifras aún mayores en El Salvador. En este último país se aplicó en los últimos años la mano dura, y ante sus limitados resultados la súper mano dura. Se llegó a poner fuera de la ley en varios países a los jóvenes que tuvieran tatuajes, porque las maras los utilizan. Nada de todo ello logró hacer bajar las tasas delincuenciales. Lo más probable es que quienes han creído que este era el camino más adecuando tengan que responder ante sociedades cada vez más preocupadas por el fenómeno.

 

LA MANO DURA QUE GENERA MÁS VIOLENCIA

Veinte prominentes organizaciones sociales de la sociedad civil han dicho recientemente: los planes de mano dura y las leyes antimaras violan normas de las constituciones, la Convención de los Derechos del Niño, y Tratados internacionales... y son ineficaces. No han reducido los índices de violencia y de criminalidad, por el contrario generan más violencia…

 

Brasil, con cifras graves de delito, subió progresivamente el gasto en seguridad pública y privada. En 2001 representaba el 10,3 por ciento del Producto Bruto --según estudios del BID--, el equivalente al Producto Bruto anual de Chile. Brasil gasta un Chile completo anual en represión. Sin embargo, esa estrategia no mejoró la situación del país. En México, el gasto en seguridad pública subió en 3.000 millones de dólares entre 2000 y 2004. A pesar de ello, el delito siguió creciendo.

 

RENOVAR LA LÓGICA DEL DEBATE

Parece haber llegado la hora de renovar la lógica del debate. Dejar de analizar este tema como una cuestión sólo policial, en donde la discusión es qué nuevo tipo de endurecimiento se adopta.

 

Eso no va más. No está generando buenos resultados. El único efecto práctico es que aumenta aceleradamente la población de jóvenes en las cárceles. Como son a su vez verdaderos infiernos, se convierten en una incubadora de nuevos crímenes.

 

Louis Wacquant señala en su agudo libro Las cárceles de la miseria que no hay correlación estadística entre aumentar el número de presos jóvenes y la reducción del delito a mediano y largo plazo. No afecta sus causas estructurales.

 

Pero existe otro camino. Algunas de las ciudades con mejores resultados del mundo lo están aplicando. Por un lado hay que distinguir diversos tipos de criminalidad. La sociedad tiene que defenderse vigorosamente frente al crimen organizado, los grupos de narcotráfico, las bandas del secuestro y las mafias. Todo el peso de la ley sobre ellos. Pero hay una inmensa criminalidad de jóvenes que se inician con delitos menores, o ingiriendo drogas, y después pueden ir mucho más lejos. Hay que preguntarles: ¿por qué lo hacen?

 

LA DESOCUPACIÓN JUVENIL

Hay extensa investigación al respecto, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), UNESCO, UNICEF, y muchas otras fuentes. Por lo menos tres grandes causas inciden.

 

En primer lugar, la desocupación juvenil. Excede el 20 por ciento en todas las grandes ciudades de América Latina. Hay un ejército gigantesco de millones de jóvenes que han debido desertar del sistema educativo, por pobreza, y están fuera del mercado de trabajo.

 

El 25 por ciento de los jóvenes latinoamericanos está en esa situación. Están fuera de todo, desesperados, son vulnerables y carne de cañón para el crimen organizado.

 

LA DESARTICULACIÓN DE LA FAMILIA

En segundo lugar, la desarticulación de la familia. Los estudios son concluyentes. Si la familia funciona bien y entrega los códigos éticos, es ejemplo de conducta cotidiana, y tutorea a los jóvenes desde el amor, previniendo la criminalidad. Nadie más puede hacerlo así. En efecto, en diversos países (como Estados Unidos y Uruguay) los estudios muestran que dos tercios de los delincuentes jóvenes vienen de familias desarticuladas.

 

La tercera causa es la baja educación. Sobre 40.000 presos en las cárceles argentinas, sólo el 5 por ciento había terminado la secundaria o la Universidad (según cifras del Ministerio de Educación argentino de 2004).

 

Es necesario enfrentar el crimen organizado. Pero al mismo tiempo, hay que romper con el enfoque únicamente policial de un asunto muy grave.

 

ESTADOS UNIDOS SIGUE OTRO CAMINO

Mientras que muchos en América Latina intentan convencer a la opinión pública de la necesidad de una mano más dura --e invocan a supuestas experiencias estadounidenses-- lo cierto es que en Estados Unidos se están dando fuertes tendencias inversas. El aumento de la población carcelaria y de las sentencias ha llevado a una inflación fenomenal del gasto en prisiones y juzgados (un 154 por ciento en los últimos 20 años).

 

En 2001, los distintos Estados del país gastaban tanto en ese rubro como todo lo que gastaba en salud pública y hospitales. Según indica el New York Times, ante los escasos resultados de este enfoque y asustados por la tendencia de la sangría, más de la mitad de los Estados han tomado medidas legislativas para modificar las leyes duras que aprobaron en los noventa. En el campo de la drogadicción hay en Estados Unidos una presión creciente por suplantar prisión por tratamientos.

 

CAUSAS PROFUNDAS

El 73 por ciento de los ciudadanos de Maryland, por ejemplo, uno de los estados que cambió su legislación en tal sentido, consideran que el tratamiento es un camino mejor que la prisión para parar el uso de la droga. Se estima que cada dólar gastado en rehabilitación de drogadictos genera 8 dólares de beneficios, por su incidencia en el descenso de la criminalidad y el aumento de la productividad.

 

Para reducir la criminalidad en América Latina hay que actuar sobre las causas profundas. Es necesario crear empleo para jóvenes a gran escala. Una gran alianza entre política pública y empresa privada al respecto puede aportar mucho. Al mismo tiempo, hay que proteger la familia, en serio, con medidas de fondo.

 

INVERTIR EN EDUCACIÓN

Por otra parte, la opinión pública debe respaldar vigorosamente el aumento de la inversión en educación. La decisión de llevarla al 6 por ciento del Producto Bruto para 2010 es una de las mejores inversiones que puede hacer una sociedad para enfrentar de verdad el problema de la delincuencia.

 

UNICEF concluye sobre las maras centroamericanas que el tema no puede ser visto sólo como un problema de seguridad.

 

En la misma dirección, el presidente argentino Néstor Kirchner ha advertido estos días --en un país alarmado por el problema de la inseguridad-- que la seguridad no se construye con un palo en la mano.

 

CAMBIAR EL DISCO DURO

La seguridad es un camino a construir colectivamente en una región que ha visto crecer a niveles inéditos el desempleo y la exclusión social en los años noventa, y generó tasas de desempleo y pobreza juvenil récord (en diciembre de 2002, el 75 por ciento de los jóvenes argentinos menores de 18 años eran pobres).

 

Por esta razón, hay que mejorar los instrumentos de lucha contra el crimen organizado, como la policía y la justicia. Pero según la encuesta Latinobarómetro, dos tercios de los latinoamericanos desconfían de la policía y en muchos casos la ven como parte del problema.

 

No podrá haber más dilaciones, ni vueltas: hay que abrir oportunidades a los jóvenes, fortalecer la familia --que es la mayor unidad preventora del delito con la que cuenta la sociedad-- y brindar educación a todos.

 

Para empezar, hay que cambiar el disco duro mental sobre la criminalidad, y mejorar la calidad del debate.

 

 

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