EL SER
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EL SER
Análisis filosófico del universo
4º edición

SAGANDHIMEO
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Para Raúl,
Por nuestra amistad.

INTRODUCCIÓN

La principal labor de la filosofía consiste en responder a las preguntas fundamentales del ser humano y del universo, previo a esto se requiere indagar sobre qué existe, de qué están hechas las cosas y la más abstracta de las preguntas: ¿Qué es ser?, es decir, ¿Qué es la existencia y cuál es su sentido? En esta obra se intentará contestar a tales interrogantes, yendo de lo más simple a lo más complejo.

1. ¿Qué existe?

Preguntar sobre qué existe pareciera una de esas preguntas que sólo se hacen los filósofos por mera erudición, pues todos damos por sentado que existe lo que nos rodea y nosotros mismos, pero si se trata de estar absolutamente seguros de que algo existe, resulta difícil comprobarlo. Tan es así que hubo un filósofo que se atrevió a argumentar que nada existe: Gorgias. Más adelante se criticarán sus argumentos, por el momento basta decir que ni él mismo se tomó en serio su teoría, pues como escéptico creía que todo se basaba en opiniones y que no hay ningún conocimiento de la realidad. Ahora bien, podemos tratar de argumentar que existe lo que nos rodea porque lo percibimos, pero no podemos estar seguros de esto, pues un sicótico cree percibir aquello que no existe, esto implica que puedo dudar provisionalmente de todo, pero no puedo dudar de que estoy dudando pues ya lo estoy haciendo y si dudo es porque pienso: así es como llegó Descartes a afirmar que “si pienso, por lo tanto existo”,  pero del pensamiento no se sigue que yo exista, así como de la digestión no se puede deducir un yo digestor (Hume),  solamente podemos asegurar que existe el pensamiento, lo que habremos de denominar nuestra primera certeza.

Por otro lado, si sólo existiera el pensamiento, no podría hacer otra cosa que pensarse a sí mismo (como el Dios neoplatónico), es decir, pensar el pensar, lo cual es un contrasentido, pues todo pensamiento requiere de un material, tal como expone Kant: “pensamientos sin contenido son vacíos”. Por tanto, el pensamiento requiere de un material fuera de él para poder pensarlo, es decir: tiene que existir una realidad que se aprehende para que haya pensamiento. Aun se podría objetar que lo que se aprehende es mera ilusión, pero las ilusiones no pueden existir sin una realidad que las sustente, es decir, si sólo existieran éstas, no tendría sentido llamarlas ilusiones, pues no habría una realidad con la cual verificar su falsedad (Hospers), por tanto, existe la realidad, lo que será nuestra segunda certeza. Mas adelante abundaremos sobre la idea de realidad, baste decir que esto implica que los pensamientos no son idénticos a la realidad, pues requieren de un proceso de aprehensión.

Por otro lado, existen dos grandes posturas ontológicas: el sensualismo subjetivo y el objetivo. El primero lo adoptaron los empiriocriticistas, Berkeley y Fitche, entre otros, el cual sostiene que sólo existen las sensaciones y el sensor, en tal caso ya vimos que la misma sensación puede ser un engaño patológico de la mente, además se le puede aplicar el mismo criterio que al pensamiento puro: si sólo existe la sensación no puede hacer otra cosa que sentirse a sí misma, es decir sentir a la sensación, lo que se refuta con un argumento que bien pudo ocurrírsele a Kant: sensaciones sin contenido son nulas; por último, creer que sólo existen las sensaciones conlleva a un solipsismo, es decir, a creer que sólo existo yo y mis sensaciones, y ya vimos que ni el “yo” puede darse por hecho en semejantes circunstancias. A su vez el sensualismo objetivo sostiene que nuestras sensaciones corresponden a una realidad, la mayoría de las filosofías como los materialismos e idealismos parten de este presupuesto, como se verá en adelante.

2. ¿De qué está hecha la realidad?

Una vez que hemos llegado a la certeza de que la realidad existe, es momento de analizar de qué está hecha. La gran corriente de sensualismo objetivo sostiene que nuestras sensaciones y pensamientos requieren de un material para efectuarse. Ahora bien, como “pensar siempre es pensar algo” (Hume), es evidente que los pensamientos son una mera forma y no pueden tomar su contenido de otros pensamientos sin más, pues en última instancia se requiere de un contenido que no sea el pensamiento mismo, es decir que la realidad es material al menos como el contenido del pensamiento lo cual será nuestra tercera certeza. En ese sentido, no solamente los materialismos afirman que la realidad es material, pues los idealismos también lo sostienen aunque para éstos la materia sea secundaria.

Analicemos, pues, la corriente idealista. Aun cuando el idealismo ha tomado una gran multiplicidad de caminos, “todas las direcciones filosóficas idealistas coinciden, en el fondo, en admitir que la conciencia es lo primario, en tanto que la materia es lo que deriva de la conciencia” (Cherkashin). Sobre este punto nos encontramos con el más antiguo de los idealistas: Platón, quien sostenía que la materia es el receptáculo pasivo de las formas, que a su vez son ideas: sólo el alma puede moverse por sí misma. Veamos cómo responde el idealismo en diversos ámbitos. En el plano físico, se considera que la materia es un elemento pasivo, el cual no puede transformarse por sí mismo a menos que una conciencia externa la manipule, en ese sentido, la realidad es el producto de la manipulación humana o de un ser que posea conciencia, en tal caso, la realidad requiere de un ser que haya creado todo. Esto solamente provoca que desplacemos el problema: tratamos de explicar de qué está hecha la realidad y ahora tenemos que explicar la existencia de un creador (véase mi obra EL NO SER), tanto como si en lugar de explicar el funcionamiento de un reloj dijéramos que lo construyó un relojero (Hospers). En el plano biológico, el idealismo toma la forma de vitalismo, el cual postula que la vida no puede surgir de la materia inerte, sino que requiere de una fuerza vital para generarse, aquí ocurre algo similar al ejemplo anterior: si queremos explicar el fenómeno de la vida y proponemos un agente externo que la produce: desplazamos el problema a tener que expresar en qué consiste la fuerza vital, tanto como creer que un auto avanza por una fuerza automovilística y no por gasolina. Vemos pues, que el idealismo es deficiente tan sólo porque no explica la realidad en su complejidad, sino que pretende comprenderla insertando elementos injustificados.

Analicemos ahora el mecanicismo, el cual sostiene que la vida, la mente, la sociedad y todo lo real: pueden ser reducidos a mecanismos físicos. Esta corriente tuvo precursores en el atomismo griego y tuvo un gran auge debido al éxito de la física en el siglo XVII, tal postura consistía en pretender que todo fenómeno es en última instancia mecánico. Leucipo y Demócrito sostendrían, por ejemplo, que el alma se compone de átomos, lo cual no explica la complejidad de nuestra psique, sino que reduce su existencia a una mera materialidad. En el plano biológico, por ejemplo, los mecanicistas modernos postularían que la vida no es más que la combinación de moléculas, pero esto minimiza la complejidad de los fenómenos, pues no basta con reunir un cierto número de elementos para formar un todo, así como un conjunto de mujeres feministas no forman una asociación feminista. En ese sentido el mecanicismo es insuficiente tan sólo porque en lugar de explicar la complejidad de la realidad, la reduce a su materialidad.

Por tanto, aun cuando la realidad se componga de materia, requerimos de una explicación más óptima de su constitución, pues concebirla como una mera sustancia pasiva conlleva tener que inventar agentes externos que le den forma o que caigamos en reduccionismos ficisistas. En ese sentido, existen dos posturas que poseen una idea de materia más acabada: el materialismo emergentista y el dialéctico. Más adelante señalaremos sus diferencias, por el momento las abordaremos como una sola corriente que puede ser denominada científica, moderna o contemporánea. “El materialismo moderno afirma que si bien todo existente real es material, las cosas materiales se dividen en al menos cinco niveles de integración cualitativamente diferentes: físico, químico, biológico, social y técnico. Las cosas de cada nivel están compuestas por cosas de niveles inferiores y poseen propiedades emergentes, de las cuales sus componentes carecen. Por ejemplo, un subsistema cerebral capaz de tener experiencias mentales de algún tipo está compuesto por neuronas, células gliales y otros tipos de células, ninguna de las cuales es capaz de tener pensamientos; del mismo modo, una empresa comercial, aunque está compuesta por personas, ofrece productos que ningún individuo podría producir” (…) También es pluralista, en el sentido de que reconoce que una cosa material puede tener muchas más propiedades que las que le asigna la mecánica” (Bunge). En ese sentido, la vida, la mente y la cultura no son reales por sí mismos, pues eso conllevaría caer en idealismos, sino que su realidad reside en que se componen de materia: no existe vida sin moléculas orgánicas, no existe pensamiento (ideas) sin cerebro y no existe cultura sin grupos humanos. Resaltando que aun cuando tales elementos existan porque se componen de materia, no pueden reducirse a ella (fisicismo), pues sus elementos emergentes lo impiden.

Ahora bien, hasta aquí hemos manejado el concepto de materia como el material de la mente, lo que no debe malinterpretarse como un mecanicismo epistémico, baste decir que si bien es cierto que la materia es el material de la mente: su complejidad no depende del sujeto cognoscente. Para el materialismo moderno esto no es suficiente, pues tampoco puede definirse la materia como aquello que puede percibirse mediante los sentidos, dado que “los entes materiales no pueden identificarse con los objetos masivos, ni menos con los macizos o sólidos, desde que se descubrieron campos sin masa tales como el electromagnético y el neutrínico. Y los objetos materiales no pueden definirse como los que existen independientemente del sujeto, porque un idealista objetivo afirmará la existencia autónoma de objetos inmateriales tales como ideas.” (Bunge) Por tanto, debemos encontrar un factor que determine lo que es material. En el apartado anterior vimos que el pensar y el sentir no pueden existir sin un material para procesarlo, pero no basta con que el material pueda aprehenderse, pues bastaría con aprehenderlo de una sola vez para que terminara su accionar, el hecho de que la mente pueda aprehender una y otra vez el material del exterior: manifiesta que tal elemento se mueve. Es así como llegamos a nuestra cuarta certeza: la realidad se mueve, o, como explica Bunge, “podemos pues caracterizar un objeto material como un objeto que puede estar por lo menos en dos estados, de modo que puede saltar de uno a otro”. Esto coincide en cierto sentido con Hegel (quien parte de Heráclito), pues él postulaba que la realidad se compone en primera instancia por la triada “ser-nada-devenir”, es decir, que si el ser solamente “es” no es nada, pues requiere de una “nada” (como apertura de la posibilidad) para “ser”: el devenir, es decir, la realidad se mueve. También coincide de cierto modo con el atomismo griego, pues Demócrito postulaba que los átomos (el ser) requieren de un vacío (nada) para moverse y así existir (devenir). También podemos encontrar cierta similitud en Heidegger, pues postula que “ser y tiempo se determinan recíprocamente”. En ese sentido, el espacio y el tiempo no pueden existir por sí mismos, pues hemos visto que explicar la realidad mediante agentes inmateriales es injustificado, por lo que el espacio sólo puede ser materia espaciada y el tiempo materia en movimiento (Bunge). Cabe mencionar que no se trata de trivializar el concepto de tiempo en Heidegger, baste decir que toda idea de tiempo implica movimiento. Asimismo, la idea de eternidad no tiene posibilidades de existencia real, pues si se entiende como tiempo indefinido no se hace más que extenderlo a niveles injustificados, dado que como el tiempo no puede existir sin materia, no puede prolongarse más allá de ella; en ese sentido la idea de eternidad como un estado fuera del tiempo no tiene sentido, pues materia y movimiento no pueden separarse y, finalmente la idea de eternidad como el eterno presente no es más que un perogrullo.

Mediante la certeza de que la realidad es materia en movimiento podemos hacer un breve paréntesis para analizar la postura clásica de Parménides sobre el ser, el cual consiste en plantear que la realidad es y la nada no es, pues si es no puede no ser y si no es no puede ser, por lo tanto lo que es, es y lo que no es no es. Más que un mero juego de palabras, Parménides trata de negar el movimiento, argumentando que lo que es lo será siempre y lo que no es nunca será nada, por lo que sólo puede existir  un Gran Ser estático y todo lo demás es mera apariencia: el devenir y la multiplicidad. Es difícil concebir una realidad en la cual sólo existe un gran ente (cosa) uniforme y estático, pues la única forma de que esto ocurra es que el ser no sea nada, y así es como Gorgias llega a la conclusión de que nada existe, por lo que el argumento parmenídeo se refuta a sí mismo. A su vez se puede contestar a la pregunta de Leibniz: ¿por qué existe algo en lugar de nada? Respuesta: porque la existencia absoluta de la nada es incongruente, en tanto que si el ser se constituye por la nada, el ser no es nada, lo cual es improcedente, por lo que necesariamente tiene que existir algo (y este algo debe estar en movimiento para no volver a caer en el mismo artilugio del inicio del párrafo).

Por otra parte, que la materia no pueda existir sin movimiento y el movimiento no pueda existir sin materia, es un argumento que fue postulado por Hegel y retomado por Engels, el cual nos aclara ciertas cuestiones, como por ejemplo, no es posible que exista un cielo o un infierno, pues un estado de eterno sufrimiento o eterna dicha: implican falta de movimiento y la realidad sin movimiento no es posible. Asimismo el estado del “nirvana” que consiste en la supresión de dolores y placeres cae en la misma falta de movimiento. En ese sentido, nuestras sensaciones requieren de movimiento hasta en el más imperceptible momento, por ejemplo, aun cuando nuestros ojos puedan mirar fijamente, requieren moverse mínimamente en torno a tal punto, pues de lo contrario se oscurecería nuestra vista; esto nos remite a que las sensaciones se constituyen por una unidad de contrarios, en la que sólo somos capaces de sentir algo cuando también sentimos su opuesto (como frío y calor, dolor y placer, alegría y tristeza, etc.), todo ello en razón de que la realidad se compone de movimiento. Esto explica en cierto modo por qué la riqueza, el poder y el amor siempre parecen insuficientes, pues su falta de movimiento tiende a nulificarlos. Por tanto, ante cualquier mundo que se nos antoje imaginar: su falta de coherencia nos rebotará a la realidad, dado que si la realidad existe y se compone de materia en movimiento, nuestro entorno es el único posible, pues cualquier otro se destruiría a sí mismo debido a su incoherencia, en ese sentido podemos afirmar que la realidad es el Universo.

Hasta ahora hemos hablado del Ser como sinónimo de la realidad material, pero dicho término posee una mayor complejidad. En tal sentido, lo que las cosas son no lo son por sí mismas, sino porque participan del Ser, así podemos pensar que el ser es un gran ente (una cosota) que rige el universo, lo cual es absurdo tanto porque nos haría caer en el idealismo de un agente externo a la realidad, como porque tendríamos que explicar el ser de este gran Ser y así hasta el infinito. La siguiente postura consiste en entender al ser como la suma de todos los entes, lo que no explica por qué los entes son lo que son. Otra postura concibe al ser como lo que está presente en todos los entes, pero que algo esté presente en todo da lo mismo que esté presente en nada, pues no hay un punto de comparación para valorarlo. Finalmente, la postura de Heidegger consiste en entender al Ser como el sentido de la existencia, es decir, que los entes son lo que son porque poseen un sentido. En el lenguaje común esto es muy claro, los pensamientos son coherentes cuando se refieren a la realidad, cuando no es así son sinsentidos, esto implica que la realidad para ser coherente requiere tener un sentido o dirección, pues incluso un movimiento sin sentido tiende a ser aparente. Lo que nos lleva a nuestra quinta certeza: la realidad posee un sentido. Obviamente tal sentido no puede ser meramente óntico (de los entes o cosas), sino ontológico (del Ser). Esto se contrapone a la idea de que la realidad tiene una finalidad o que es caótica. Más adelante se abundará sobre el orden del universo, baste decir que el hecho de que exista un sentido implica que no puede reducirse a una finalidad ni volatilizarse hacia el caos.

3. ¿Cómo se mueve el universo?

Es momento de aplicar nuestras certezas de la materialidad y el movimiento al universo concreto, no porque queramos encajar nuestras ideas en la realidad, sino porque requerimos entender la realidad con la mayor congruencia y complejidad posible. El movimiento del universo se constituye en dos facetas: intrínseco y extrínseco, lo que conformará el resto de la presente obra.

3.1 movimiento extrínseco del universo.

Para empezar hay que responder a una gran interrogante, ¿Tuvo el universo un comienzo? Si decimos que lo tuvo queda la duda de qué hubo antes de tal comienzo y si decimos que siempre ha existido tuvo que haber comenzado alguna vez. Esta antinomia kantiana la resuelve Reichenbach, pues por ejemplo, los números van infinitamente hacia atrás y hacia delante y no por ello poseen incongruencia, así el universo no tiene por qué poseer un inicio, que siempre haya existido no es absurdo. En ese sentido, la teoría del Big-Bang es un hecho científico (sobre la validez de la ciencia véase mi obra La episteme), el cual no es precisamente el origen del universo, pues esto caería en la antinomia mencionada, sino que con tal teoría se clarifica que el universo posee una edad de al menos trece mil setecientos millones de años y que está en expansión. Ahora bien, si el universo es lo único que existe ¿Cómo puede estar en expansión?, para expandirse requiere de un espacio en el cual moverse, pero hemos visto que el espacio es materia espaciada y  la materia es parte del universo. Esto se resuelve con el concepto de vacío o nada. Recordemos la triada hegeliana ser-nada-devenir, si el universo es, requiere de la nada para devenir en la expansión. Cabe mencionar que la nada no es un concepto positivo, es decir, no podemos decir que la nada es algo puesto que no es nada, en sentido estricto nunca podemos hablar de la nada como tal, sino que tenemos que hablar como lo hacemos en el lenguaje común: nunca decimos “hay nada”, sino “no hay nada”. Hay incongruencia en una nada existente y en un universo compuesto solamente de nada, pero no hay incongruencia en un ser que deviene en la nada. Por tanto, la realidad se compone de un universo que se expande en el vacío, en donde no hay nada.

Otro elemento importante es la noción de infinito, ¿En qué punto puede el universo estarse expandiendo si es infinito? El problema radica en entender al infinito como un acto y no como una potencia (Aristóteles), aunque el infinito posea congruencia siempre se encuentra en un estadio determinado, es decir, podemos contar los números del uno al infinito, pero aunque podamos continuar contando siempre, en todo momento estaremos en un número determinado, así, el universo es infinito (más claramente “indefinido”) en el sentido de que no tiene término, pero en todo momento posee una extensión determinada. Del mismo modo el espacio y el tiempo del universo poseen una magnitud determinada aun cuando se sigan expandiendo junto con el universo.

Manejar el infinito en acto y no como potencialidad facilita generar cosmovisiones incongruentes como la de Zenón, el cual ideó una serie de paradojas. Una de ellas consiste en afirmar que racionalmente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, porque primero debe llegar a la mitad de éste, antes a la mitad de la mitad, pero antes aún debería recorrer la mitad de la mitad de la mitad y así eternamente hasta el infinito. De este modo, teóricamente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, aunque los sentidos muestran que sí es posible. Esto ocurre porque el autor maneja el concepto de infinito en acto y no como potencia, es decir, una persona recorre un infinito número de lugares para recorrer un estadio, pero porque cada lugar es potencialmente divisible al infinito, en acto el estadio se recorre en pasos, no en unidades indefinidas.

Por último, el movimiento del universo no es caótico en razón de que todo movimiento ocurre por necesidad causal y en tiempo casual (Engels), es decir, si todo ocurriera por absoluta necesidad: todo estaría predeterminado y el universo mismo perdería su sentido. Para que el universo no sea caótico y a su vez no pierda su sentido, requiere de un elemento que le permita moverse congruentemente: el tiempo (recordando que el tiempo se constituye como materia en movimiento). En ese sentido, por ejemplo, si el techo se me cae encima y me impide seguir escribiendo… No habrá sido un evento meramente azaroso o un destino predeterminado (idealista), sino un acontecimiento necesario-causal en un sentido: la resistencia del techo a la gravedad no es invencible y forzosamente algo o alguien estará abajo del techo. Y un acontecimiento temporal-casual en otro: que esté yo debajo del techo en este preciso momento…Este argumento coincide de cierto modo con Bunge, quien postula: “la investigación científica no avala al indeterminismo radical, porque no reconoce que haya caos. Sin embargo, sería absurdo negar que hay accidentes a todos los niveles, y en particular que la existencia humana es un tejido de accidentes y necesidades. Pero estos accidentes, lejos de ser caóticos, son cruces de líneas legales”.

3.2 Movimiento intrínseco del universo.

Hemos visto que un movimiento sin sentido es mera apariencia de movimiento, veremos que un movimiento meramente extrínseco también lo es. Para que el universo tenga sentido no puede meramente expandirse, pues un mero movimiento cuantitativo es engañoso, tanto como querer avanzar dando vueltas en círculo o girando sobre sí. En ese sentido, el espacio y el tiempo meramente cuantitativos carecen de significado, la mera expansión del universo y la mera sucesión de eventos no nos dicen nada sobre el sentido de la existencia. Por ello, el movimiento efectivo del universo ocurre en su aspecto cualitativo (lo que suprime el caos), pero éste no puede darse linealmente, pues sería una mera sucesión cuantitativa (lo que suprime la finalidad). Ahora bien, para que la cualidad pueda efectuarse con un sentido plural, requiere de una multiplicidad de formas cuantitativas. Así por ejemplo, el universo se mueve cuantitativamente cuando se expande y este evento hace posible el movimiento cualitativo en su interior, pues de otro modo ni siquiera habría el espacio material suficiente. Este movimiento cuantitativo lo vemos a todos los niveles, pues hizo falta una pluralidad de partículas subatómicas (cuantitativo) para formar átomos (cualitativo), una pluralidad de átomos para formar moléculas, una pluralidad de moléculas para formar la vida, una pluralidad de organismos para formar un organismo pensante, y, una pluralidad de personas para formar sociedades y tecnología. De ese modo, la materia más pequeña y simple dio origen a la más compleja, sin que por ello podamos reducir una a la otra, pues cada nivel posee su propia complejidad. Por tanto, para que el universo exista debe ser materia en movimiento con un sentido y tal sentido debe conformar una unidad de movimientos cuantitativos (hacia la pluralidad) y cualitativos (hacia la complejización), es decir, el universo es dialéctico, lo cual es nuestra sexta certeza.

Es momento de distinguir entre materialismo emergentista y dialéctico. Ambos coinciden en aspectos fundamentales como la materia en movimiento y los niveles de organización con propiedades emergentes, sin embargo, el emergentista no explica cómo se ha generado un nuevo nivel a partir de los otros en el transcurso de la historia natural, pues su visión no alcanza la noción de totalidad, en cambio el materialismo dialéctico concibe la naturaleza como un todo cualitativo y cuantitativo en donde la generación de un nuevo nivel se explica por una ley: “Ley del trueque de la cantidad en cualidad, y viceversa”. Tal postulado fue establecido inicialmente por Hegel y retomado por Engels, y significa lo que acabamos de exponer en el párrafo anterior: que se requiere de una pluralidad cuantitativa para dar un salto cualitativo a un nuevo nivel, esto lo observamos incluso en los aspectos más triviales, por ejemplo, para adquirir destreza en cualquier actividad, no basta aprender los elementos fundamentales (cualidad), sino que con la práctica constante se posibilita dominar alguna disciplina (cantidad), a su vez la mera práctica sin un nuevo aprendizaje no genera un mejoramiento real, sino un mero dominio de lo ya conocido.

3.2.1 Nivel universal. Es hora de trazar una brevísima historia natural que le brinde concreción a nuestra exposición, así pues, el nivel universal se compone de los elementos que abundan en todo el universo y no solamente en determinados lugares. El dato más antiguo que conocemos es el de la explosión del Big-Bang, en donde un átomo de materia sumamente comprimida explotó y dio origen a la expansión del cosmos, en los primeros momentos solamente había partículas subatómicas, las cuales son los constituyentes de los átomos: protones, electrones y neutrones. Los protones y neutrones por su parte están constituidos por quarks. Así un protón está formado por dos quarks up y un quark down. Los quarks se unen mediante partículas llamadas gluones. Existen seis tipos diferentes de quarks (up, down, bottom, top, extraño y encanto). Existen también otras partículas elementales que son responsables de las fuerzas electromagnéticas (los fotones) y débiles (los neutrinos). Todas estas partículas con el paso del tiempo se fueron enfriando y formaron  92 elementos o átomos distintos, a su vez estos átomos se fueron ligando por enlaces covalentes o metálicos para formar moléculas. Así vemos, pues, cómo la pluralidad de elementos de cada nivel y su acontecer en tiempo y espacio hicieron posible su complejización de modo que generaron nuevos niveles de organización de la materia. Y en el plano astrofísico, estos elementos formaron las galaxias, los sistemas solares, los planetas y todos los demás objetos astronómicos.

3.2.2 Nivel biológico. Hemos visto que la materia requiere de movimientos cualitativos para existir congruentemente, por lo que la pluralidad de moléculas tendió a generar vida. Este proceso requirió de cierto tipo de moléculas que por su complejidad tuvieran la capacidad de almacenar información: las moléculas de carbono, además requieren de condiciones ambientales estables que permitan la conservación de tales moléculas. Por tanto, el nivel biológico es el primero en no ser universal, pues sólo puede darse en ciertos planetas, sin embargo, el sentido dialéctico del universo tiende necesariamente a la generación de vida, aunque no sea forzosamente en un tiempo y espacio determinado. En ese sentido, no tiene que ser necesariamente el carbono la base química de la vida y no tiene que ser solamente nuestro planeta el afortunado, pues basta con que un planeta tenga estabilidad y se componga de elementos con cierta complejidad para que se genere vida, dado que en nuestro propio planeta existen bacterias a base de azufre. Volviendo al tema, la ciencia aun no tiene claro el proceso de la generación de la vida, baste decir que las moléculas  de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, principalmente, tendieron a combinarse de tal modo que generaron organismos primitivos capaces de reproducirse y alimentarse, estos organismos fueron mutando y dieron origen a dos dominios: Bacteria y Archaea, de éste último se originó el dominio Eukarya, del cual se originan cuatro reinos: protista, fungi (hongos), plantae (plantas) y animalia (animales). Los animales siguieron evolucionaron en ocho grandes grupos, uno de ello, el chordata, dio origen a los vertebrados, éstos generaron los peces, de donde derivaron los anfibios, de éstos los reptiles, de éstos las aves y mamíferos, dentro de éstos últimos surgieron los primates y finalmente, el ser humano.

Por otra parte, el factor determinante en este nivel es la evolución, la cual tiene propiedades cuantitativas: al generar una infinidad de especies en cada nivel, y cualitativas, al generar organismos cada vez más complejos. Además, Simpson explica que la evolución no es azarosa ni teleológica, en tanto que la divergencia entre las especies evidencia que no se dirigen a ningún punto determinado y la convergencia entre sus características (como la similitud entre el ala de una mariposa y de un pájaro) muestra que no es mero azar, sino que cada especie busca su supervivencia y su complejización con un sentido o dirección. Por ejemplo, si la evolución consistiera en una mera selección natural azarosa los órganos que dejan de usarse no se atrofiarían ni desaparecerían, pues no constituyen ningún obstáculo para la supervivencia, de ese modo, los topos no se habrían vuelto ciegos y los humanos aun tendríamos cola, pero el hecho de que éstos elementos hayan desaparecido evidencia que las especies perciben el entorno para eliminar gradualmente lo que no contribuye a su adaptación. Consecuentemente, el papel protagónico en el nivel biológico lo juegan los genes (la unidad básica de herencia de los seres vivos), en tanto buscan perpetuar o mejorar su existencia mediante los seres vivos. Cabe mencionar que no se puede atribuir características humanas a los genes, pues no poseen conciencia como nosotros, por lo que todo adjetivo que se les otorgue deberá entenderse metafóricamente. En ese sentido, los genes poseen una capacidad de creación, pero no identificable con la creatividad humana, pues los genes no se proponen objetivos o fines como nosotros, sino que generan mecanismos en función de su supervivencia. En concreto, los genes de todo ser vivo perciben el entorno mediante los organismos que ocupan y buscan mejores adaptaciones al medio; en un principio optaron por alimentarse, pues percibieron que sus elementos constitutivos se desgastaban y debían ser reemplazados, en otro momento algunos optaron por la reproducción sexual, pues percibieron que si mezclaban experiencias de otros organismos podían introducir mejoras más seguras. Las mutaciones que introducen los genes son imperceptibles en pocas generaciones, pues si modificaran rápidamente su estructura correrían el riesgo de extinguirse repentinamente, por lo que la evolución a nivel biológico es muy lenta, tardando miles de años en surtir efecto, así por ejemplo cada especie animal genera los instrumentos de traslado adecuados al medio en el cual se ha adaptado: aletas, patas, alas, etc. Así como medios para percibir de manera más detallada el entorno: vista, olfato, gusto, tacto, oído, termocepción (de la temperatura), nocicepción (del dolor), equilibriocepción y propiocepción. En ese sentido, el primer ente en generar capacidad creativa fue el gen, el cual “genera” sus propios instrumentos mediante una percepción de su entorno y transformación de su constitución en procesos milenarios.

Asimismo, las especies no están meramente en lucha por la existencia, pues además del parasitismo (en donde un organismo se beneficia perjudicando a otro), existe el comensalismo (donde dos organismos conviven sin dañarse o beneficiarse) y el mutualismo (donde dos organismos conviven y se benefician mutuamente), por lo que el nivel biológico no representa una lucha de todos contra todos, sino un nivel en el cual cada especie busca su supervivencia de la manera en que logra acomodarse en el entorno.

Por otra parte, cada especie busca cierta estabilidad, pues cuando encuentra una garantía de su supervivencia puede mantenerse millones de años sin mutar (conservadurismo biológico), a su vez, cuando no se encuentra tan segura tiende a buscar nuevas alternativas, tales como la conciencia. En ese sentido, Llinás explica que los animales al lograr un desplazamiento autónomo, se vieron obligados a centralizar las decisiones motrices, de modo que pudiera preverse el movimiento, a fin de evitar contratiempos como una caída. De ese modo, los genes crearon la conciencia (véase mi obra EL YO) y ésta fue evolucionando hasta la psique humana, dado que la “característica esencial de los vertebrados consiste en la agrupación de todo el cuerpo en torno al sistema nervioso. Ello entraña la posibilidad de desarrollo hasta llegar a la conciencia de sí mismo”, tal como explica Engels. En ese sentido, toda característica psíquica como el amor, la belleza y el placer: poseen un origen biológico, aunque su complejidad no pueda reducirse a su génesis. Por tanto, el materialismo dialéctico supera a las otras ontologías tan sólo porque explica de mejor forma la conformación del universo, de la vida y de la mente.

3.2.3 Nivel social. En el universo, toda forma de vida tenderá a la complejización psíquica y social necesariamente, aunque en espacio y tiempo contingentes. En nuestro planeta, el ser humano es el protagonista de este nivel, esto significa que los genes siguen siendo los actores del nivel biológico y también de nuestra constitución biótica, pero en lo que respecta a lo social somos nosotros los protagonistas. Este salto cualitativo no se dio por un mero desarrollo de pensamiento, pues eso negaría nuestra base física y biológica, sino que se dio precisamente con la interacción del hombre con la naturaleza, es decir que “el trabajo es la primera condición fundamental de toda la vida humana, hasta tal punto que, en cierto sentido, deberíamos afirmar que el hombre mismo ha sido creado por obra del trabajo” (Engels). Dicha actividad propició el desarrollo genético de nuestro propio organismo, pues “para que la marcha erecta, en nuestros peludos antepasados, se convirtiera en regla y, andando el tiempo, en necesidad, hubieron de asignarse a las manos, entre tanto, funciones cada vez más amplias” (Engels). Este desarrollo que partió de la conciencia animal, desarrollo genéticamente nuestra constitución física y manipuló el medio ambiente para la creación de herramientas: generó toda una superestructura que se levanta sobre tal base, en tanto que “el desarrollo del trabajo contribuyó necesariamente a acercar más entre sí a los miembros de la sociedad, multiplicando los casos de ayuda mutua y de acción común y esclareciendo ante cada uno la conciencia de la utilidad de esta cooperación” (Engels). Tal superestructura no cae en el idealismo, pues no pretende insertar agentes externos, sino que es la propia complejización de la materia la que genera un nivel social con su misma base material. Ahora bien, el hecho de que los humanos juguemos el papel protagónico en este nivel, implica que la superestructura no es un mero reflejo de su base, sino que tiene la posibilidad de determinarla, aunque en última instancia la base material es el factor fundamental. Consecuentemente, “los hombres en proceso de formación acabaron comprendiendo que tenían algo que decirse los unos a los otros. Y la necesidad creó su órgano correspondiente: la laringe no desarrollada del mono fue transformándose lentamente, pero de un modo seguro, mediante la modulación, hasta adquirir la capacidad de emitir sonidos cada vez más modulados, y los órganos de la boca aprendieron poco a poco a articular una letra tras otra” (Engels). De ese modo, vemos que no fue el pensamiento el que originó el lenguaje y el trabajo, sino que “al repercutir sobre el trabajo y el lenguaje el desarrollo del cerebro y de los sentidos puestos a su servicio, la conciencia más y más esclarecida, la capacidad de abstracción y de deducción, sirven de nuevos y nuevos incentivos para que ambos sigan desarrollándose, en un proceso que no termina” (Engels). Esta trasformación de la naturaleza y del hombre mismo que es el trabajo, implica que podemos conocer la realidad, pues no puede transformarse algo que no se conoce, así, las cosas en sí son congnocibles en tanto son aprehendidas como cosas para sí, lo que conlleva que hay una correspondencia  entre pensamiento y ser, esto lo observamos por ejemplo cuando se genera una nueva medicina, pues para poder curar el organismo, se requiere conocer tanto la estructura interna del cuerpo como la composición química de las sustancias, en otras palabras, nuestras ideas reflejan en mayor o menor grado las leyes del universo (Engels), es decir, podemos conocer la realidad, lo que constituye nuestra séptima y última certeza. Por tanto, llamar al ser humano homo sapiens solamente resaltaría uno de sus atributos, pero no el principal, pues el hombre también es sensible, pero fundamentalmente práctico, por lo que habremos de llamarlo homo praxis.

Asimismo, el desarrollo de un ser práctico deriva necesariamente del devenir cualitativo, en tanto que los genes poseen dos limitaciones: el hecho de que su comunicación solamente pueda ser sexual y el hecho de que solamente puedan insertar mutaciones lentísimas. En el humano hubo una tendencia a provocar un desarrollo en el cual hubiera una mayor comunicación y una más rápida transformación. En ese sentido, el ser humano no necesita, por ejemplo, esperarse miles de años rascando la tierra para generar uñas más fuertes, sino que puede construir palas; tampoco requiere obedecer a un plan predeterminado y estático como el que poseen las arañas para construir sus guaridas, pues posee la capacidad de construir habitaciones en mucho menor tiempo. Y no requiere de esperar a que sus genes se comuniquen sexualmente para insertar mejoras en su organismo, pues puede comunicarse con sus semejantes mediante el lenguaje y construir tecnología como la medicina sin esperar a que su organismo genere defensas por sí solo. Por tanto, la creatividad que surgió en los genes se ha exteriorizado (mediante el desarrollo del cerebro y de las manos, principalmente), por lo que el humano puede acelerar la evolución natural y de esta forma contribuir a la complejización del universo, cosa contraria y antinatural sería, por ejemplo, la mera contemplación de la naturaleza.

Por otra parte, pretender que el sentido de la vida se revela en una angustia existenciaria ante la muerte, como propone Heidegger, consiste en partir de una cualidad psíquica para mistificarla en función de un proceso biológico ontologizado, pues si bien es cierto que el sentido de la existencia no se descubre en la mera cotidianidad de las cosas, tampoco puede revelarse mediante instrumentos tan arbitrarios, mas bien se requiere una visión complejizada y objetiva que logre una concepción como totalidad dialéctica. En todo caso, participar en el sentido de la existencia se logra siendo protagonistas en la complejización del universo. Asimismo, la corriente romántica que parte de Heidegger critica la razón instrumental de la humanidad, como un agente externo a la naturaleza que no hace más que destruirla para su beneficio, sin embargo, “el hombre no domina, ni mucho menos, la naturaleza a la manera como un conquistador domina un pueblo extranjero, es decir, como alguien que es ajeno a la naturaleza, sino que formamos parte de ella con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, que nos hallamos en medio de ella y que todo nuestro dominio sobre la naturaleza y la ventaja que en esto llevamos a las demás criaturas consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente” (Engels). Y precisamente como jugamos el papel protagónico en el nivel social, tenemos la posibilidad de destruir a la naturaleza, pero también podemos continuar su proceso cualitativo hacia una complejización técnológica. “Y cuanto más ocurra esto, más volverán los hombres, no solamente a sentirse, sino a saberse parte integrante de la naturaleza y más imposible se nos revelará esa absurda y antinatural representación de un antagonismo entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo” (Engels).

Por otra parte, mediante el desarrollo de nuestras capacidades hemos creado las disciplinas de la cultura. Una de ellas, la religión, fue necesaria en su momento, pues el rápido crecimiento de nuestra razón y emoción se contrapuso a nuestra pobre resistencia a las catástrofes naturales, por lo que requerimos de un consuelo metafísico para no colapsar en la neurosis, por ello la religión tiene la forma de una neurosis colectiva. Este tipo de desfases también la tenemos en el nivel biológico, pues por ejemplo, como explica Sagan, nuestro cráneo aumentó de tamaño en función de nuestro cerebro, pero el hueso púbico de las mujeres no logró desarrollarse a la par, por lo que se pare con dolor. Hasta podemos empalmar tales contraposiciones con la sentencia bíblica: “parirás con dolor por caer en tentación” (¡!).  Otra de las disciplinas, el arte, surgió como un medio de creación de nuestra naturaleza sensible, la filosofía como una creación de nuestra razón y la ciencia como un avance cualitativo del estudio de las leyes de la naturaleza. En ese sentido (tal como explico en mi obra La episteme), con la conjugación de estas tres disciplinas, más la praxis social, se posibilita el conocimiento verdadero y la transformación de la realidad.

Por otra parte, el hecho de que el trabajo determine nuestra convivencia, evidencia que una concepción de la historia humana requiere de una categorización materialista. Por ello, la supuesta división en edad antigua, media, moderna y posmoderna: cae en la arbitrariedad, pues el pensamiento no determinó cada etapa ni sus crisis y aun cuando no podamos suprimir el factor intelectual, es la propia práctica humana la que determina su complejización social, es decir que, aun cuando la religión imperó en la edad media y la polis en el mundo antiguo, “lo indiscutible es que ni la Edad Media pudo vivir de catolicismo ni el mundo antiguo de política. Es, ala inversa, el modo y manera en que la primera y el segundo se ganaban la vida, lo que explica por qué en un caso la política y en otro el catolicismo desempeñaron el papel protagónico” (Marx). Por tanto, mediante el trabajo los grupos humanos fueron generando diversos modos de organización, tales como el primitivo, el eslavo, el germánico y el asiático (Marx), los cuales cumplen con la pluralidad que requiere todo nivel, pero además, de estos modos surgió el modo esclavista, el feudal y el capitalista, que forman parte de la máxima complejización en el nivel social, como veremos en adelante.

3.2.3.1 Esclavismo. Los diversos modos de producción precedentes contribuyeron al aprovechamiento de los recursos naturales y al desarrollo de las sociedades, pero llegaron a un estancamiento, pues agotaron sus posibilidades cuantitativas y se hizo necesario un salto cualitativo, este paso se dio cuando los pueblos dejaron de agruparse para el bien común y comenzaron a invadir y conquistar a otros, esto no podía darse con anterioridad, pues no existía la suficiente división de trabajo para que pudieran coordinarse en una guerra invasora. Los pueblos conquistadores sometieron a los conquistados esclavizándolos, convirtiéndolos en cosas, pues la primera forma de propiedad privada fue hacia las personas. Esta situación aceleró la producción material, pues grupos enteros de personas fueron obligadas a trabajar incansablemente para el beneficio de unos cuantos. A la vez que tal evento es una atrocidad tiene un carácter de necesidad, pues permite la complejización en el nivel social, por ello Aristóteles vio en la esclavitud una naturalidad, sin embargo sentenció que los esclavos dejarán de ser necesarios cuando las máquinas se muevan por sí mismas, pronosticando su propio futuro. Tal complejización se relaciona con la capacidad creadora del hombre, pues el desarrollo de instrumentos se encontraba en tal precariedad, que era necesario que la mayoría se dedicara a trabajos mecanizados, a fin de que unos cuantos pudieran desarrollar su creatividad.

3.2.3.2. Feudalismo. En cierto momento los esclavos fueron excesivos, al grado de que en la antigua roma había un esclavo para la más ínfima nimiedad, por lo que al agotar sus posibilidades cuantitativas se hizo necesario un salto cualitativo. En el inicio de esta etapa el desarrollo de los medios de producción aumentó, al grado de que era preferible otorgar la libertad a los esclavos y mantener una servidumbre que se ocupara de los feudos, es decir, que desarrollara la producción agrícola. De este modo, la producción alcanzó un mayor nivel de complejidad y por ende las relaciones sociales también. Durante esta etapa se observó el carácter de necesidad del desarrollo del campo y se justificó teológicamente como un designio de Dios, pero no fueron capaces de vislumbrar la transitoriedad de tal etapa.

3.2.3.3 Capitalismo. El desarrollo del campo propició también el desarrollo comercial y como el feudalismo ponía demasiadas trabas al intercambio: surgió una ideología que luchaba por una libertad absoluta de la producción: el liberalismo. En esta etapa los grupos humanos no solamente intercambian sus productos mediante el dinero, sino que tratan de generar más dinero del que ya tienen (capital), pues el desarrollo tecnológico permite un mayor enriquecimiento económico. Para ello requieren de una mercancía que mediante su uso genere valor: la fuerza de trabajo. Por lo que si el esclavo había recuperado cierta libertad en el feudalismo, volvía a ser un objeto en el capitalismo: aquél que genera un plusvalor (absoluto). A su vez, el desarrollo de las fuerzas productivas redujo el tiempo de trabajo mediante nuevas tecnologías (plusvalor relativo). Nuevamente esta etapa es necesaria para el desarrollo de la producción, pero transitoria en tanto agote sus propias posibilidades cuantitativas, lo que los economistas clásicos como Smith y Ricardo no alcanzaron a comprender, pues creyeron que el capitalismo era la culminación de los anteriores modos de producción, lo cual es contradictorio, pues si llevamos un avance cualitativo desde el big-bang hasta la fecha, no puede resultar que “antes había historia, pero ahora ya no la hay” (Marx), lo que se explicará más adelante.

En esta etapa se ha generado la tecnología suficiente para que todas las personas trabajen poco tiempo en labores mecanizadas y puedan dedicarse a la creatividad, así como se ha generado el alimento suficiente para que todos estemos bien alimentados, pero la distribución de los recursos sigue privatizada. En ese sentido, los estados colonialistas acostumbraban ejercer una dominación política sobre otros pueblos, pero en ésta época donde lo económico subordina lo político: se ha optado por el imperialismo, donde la dominación ya no requiere someter a los pueblos como colonias, sino que basta con sujetarlos económicamente. Esto conlleva al neoliberalismo, en donde se pretende una libertad absoluta de las empresas para comerciar, incluyendo el lucro de los servicios básicos que el estado brinda como seguridad social. Con el pretexto de una máxima libertad económica se están disminuyendo cada vez más las prestaciones laborales y los servicios básicos como la salud, la pensión, el agua y otros. Además, el conocimiento de la naturaleza ha tendido a la mayor explotación de los recursos naturales, pues la búsqueda de incremento del capital ha subordinado cualquier otro interés.  En concreto, los científicos pronostican que el petróleo se consumirá entre el 2010 y el 2040, por lo que en poco tiempo las contradicciones entre un excesivo enriquecimiento de unos cuantos a costa de la naturaleza y de la mayoría de la población: está cerca de colapsarse. Esta visión capitalista pretende justificarse en ciertos casos por el neodarwinismo, en donde se sostiene que la competencia es natural en los seres vivos, sin embargo los organismos optan por la competencia  (como el parasitismo) como un recurso entre otros, sobre todo cuando  no es posible ignorar (comensalismo) o asociarse con otros (mutualismo), pues incluso reducir nuestra complejidad social a la mera animalidad no es razonable (Engels). En ese sentido, la libre competencia no es más que un pretexto para suprimir o absorber a competidores menores y concentrar el capital en menos manos. Donde el crecimiento anárquico de la producción requiere reducir costos como los salarios o la reducción de personal, y orientar los productos hacia mercados cada vez mayores (MOR), en razón de que la competitividad requiere producir cada vez en mayor proporción para disminuir costos y así eliminar a la competencia con precios cada vez menores, por lo que llegará el día en que existan unas cuantas empresas en sobreproducción y una enorme masa de trabajadores desempleados o mal pagados con un bajo poder adquisitivo, por lo que el capitalismo se agotará por sí mismo. Cabe mencionar que el aparente desarrollo social en el siglo XX fue un efecto de la globalización, pero actualmente se están erosionando los beneficios que brindaba, tan sólo en Estados Unidos los salarios no han aumentado en los últimos años (MOR).

Por tanto, mientras la producción se genere socialmente y el beneficio sea privado, se agravará la pobreza general, por lo que requerimos de un socialismo, aquél en el cual no solamente todos disfrutemos de la producción, sino que todos tengamos la posibilidad social de crear. Esto está relacionado, inclusive, con el avance cualitativo del nivel social, pues en un principio las creaciones tecnológicas se producían esporádicamente por alguna persona ingeniosa, pero en los últimos decenios, la producción pulula a todos los niveles (artística, científica, etc.) en razón de que se efectúa mediante grupos humanos y no por meros genios aislados, esto fue impulsado en última instancia por el propio capitalismo, pues la competencia impulso la agrupación de personas con objetivos en común, pero estamos llegando al punto en que el mismo sistema impide que más y más personas participen en la creación de nuevas tecnologías, en tanto que la producción capitalista tiende a enfocar la especialización en pocas manos, por lo que se están agotando sus posibilidades cuantitativas y requiere de un salto cualitativo: la producción a todos los niveles se verá frenada por una falta de consumidores (como se explicó en el párrafo anterior). En ese sentido, si la evolución del universo se complejizó con la creatividad genética y se aceleró con la creatividad humana: existe la posibilidad de acelerar aún más tal creatividad con la producción plenamente social, en donde todas las personas tengan la posibilidad de especializarse y desarrollar su creatividad al máximo. Por tanto, el movimiento cualitativo del universo en nuestro planeta requiere necesariamente de un socialismo, el cual no puede partir de la mera utopía, pues requiere basarse en las condiciones materiales de la sociedad para dirigirlo hacia una mayor complejidad: un socialismo científico (Engels).

Ahora bien, el socialismo posee un carácter de necesidad en tanto se constituye como un mayor grado de complejización, pero su acontecer en espacio y tiempo es contingente (pues ya se ha explicado anteriormente que todo lo que es necesario requiere de un tiempo y espacio casual). En ese sentido, no porque el socialismo real en la unión soviética haya fracasado, significa que todo tipo de socialismo es un error, pues el socialismo soviético no logró la cientificidad sino que se burocratizó. El socialismo científico ocurrirá necesariamente si la sociedad alcanza la suficiente madurez para complejizar sus relaciones, de otro modo corremos el peligro de extinguirnos por la amenaza ecológica o de estancarnos como las especies que llevan millones de años sin mutar. En ese sentido, que el socialismo sea necesario no significa que forzosamente se dará en nuestro planeta, pues otros organismos pueden haber alcanzado ya tal complejidad o incluso en un nivel cualitativo mayor. Cuba es el mejor ejemplo de socialismo científico en la actualidad, aunque contenga deficiencias.

3.2.4 Nivel técnico. Hemos visto que los protagonistas del nivel biológico son los genes (con problemas fundamentalmente de supervivencia), en el nivel social el protagonista lo es el individuo (con problemas fundamentalmente sociales), pero sin que los genes dejen de estar latentes. Siguiendo la misma secuencia, en el nivel técnico serán las sociedades las protagonistas (con problemas fundamentalmente tecnológicos), sin que el individuo y los genes dejen de estar presentes. Pero no hay garantía de que esto suceda, pues la producción tecnológica anárquica puede acabar con el ecosistema y se estancará a falta de nuevos mercados, aunado a una gran población paupérrima; a menos que se dé un salto cualitativo hacia una socialización de la producción: una revolución social. Tal salto se efectuará cuando la sociedad misma sea capaz de tomar el papel protagónico en su conjunto, pues las transiciones históricas como la del esclavismo al feudalismo y del feudalismo al capitalismo: ocurrieron sin la intervención directa de los individuos, dado que sus intereses individuales en conflicto derivaron inintencionalmente en tales sistemas (Sánchez Vázquez). En cambio, la transición del capitalismo al socialismo mediante la praxis (véase mi obra LA PRAXIS): será una transformación en la que converjan los intereses y voluntades de manera consciente, por lo que tal proceso será verdaderamente libre, producto de la voluntad social.

Lográndose tal transición y su consumación en el comunismo, el desarrollo tecnológico será central, pues no solamente todos disfrutaremos de los beneficios como la óptima distribución de servicios médicos y alimentos, sino que aceleraremos la transformación de la naturaleza en todos los niveles, es decir, si nuestra tecnología empezó siendo meramente física y química, seremos capaces de manipular el código genético a nuestro antojo y mejorar la vida al máximo: suprimiendo la mortalidad y maximizando nuestras capacidades psíquicas. Además lograremos generar energía nuclear óptimamente, con lo que se hará posible viajar interestelarmente y buscar formas de vida en niveles menores, iguales o mayores que el nuestro. Además crearemos seres vivos que la genética nunca habría podido generar y desarrollaremos la cultura y las artes al máximo. Todo ello sin mencionar que podemos pasar al nivel que le siga al técnico, lo cual resulta inimaginable por ahora.

Conclusión

Hemos visto que la existencia del pensamiento es una certeza, éste implica que existe la realidad, la cual tiene que ser material y tiene que estar en movimiento, tal movimiento tiene que poseer un sentido y éste tiene que ser dialéctico ,y todo ello podemos conocerlo, en tanto podemos transformarlo. En tal caso, nuestro conocimiento debe ser también dialéctico para que se aproxime a la realidad, la cual nunca podrá ser aprehendida en su totalidad, puesto que está en movimiento, pero lo importante es que mediante la transformación de la naturaleza podemos darle un sentido a la existencia: aquél que pertenece al mismo sentido que lleva el universo: hacia la complejización.

Asimismo, el significado de la existencia se evidencia en esta convergencia humana hacia la complejización del universo, lo cual nos brinda una comprensión y una razón de Ser: existe porque se complejiza, por lo que el nihilismo no tiene fundamento, en tanto que no cabe el sinsentido en la dialéctica del universo. Este sentido dialéctico lo podemos percibir hasta en la mera cotidianidad, pues todo proceso implica aspectos cuantitativos y cualitativos y nada carece de sentido, siempre que se le asigne su nivel de complejización correspondiente. Vemos pues, que el sentido de la existencia consiste en algo muy específico y objetivo, por lo que no tiene ninguna relación con la angustia por la muerte, por atractivo que parezca.

Por otra parte, la ontología materialista dialéctica había permanecido escondida, tanto porque Engels dejó su trabajo en mero bosquejo, como porque los siguientes marxistas se enfocaron en el aspecto social, sin que podamos culparlos, puesto que es el nivel que nos corresponde superar. Y también porque  los marxistas rusos tendieron a una rígida esquematización teórica o a una dogmatización de la teoría.

Incluso, la ontología del materialismo dialéctico tiene mayores posibilidades de impulsar a la ciencia que la emergentista, pues a ésta última le falta la visión de totalidad y el sentido social del marxismo, tanto como los mayores beneficios tecnológicos y médicos en la actualidad son consumidos por unos cuantos. En ese sentido, el marxismo es científico en tanto parte de las condiciones materiales y de su complejidad.

Finalmente, mediante mis 5 artículos he tratado de responder a las preguntas fundamentales del hombre: ¿Qué podemos conocer? (La episteme), ¿Existe Dios? (El no ser), ¿Existe el alma? (El yo), ¿Qué existe? (El Ser) y ¿Qué podemos hacer? (La Praxis), con lo que creo haber clarificado el sentido y constitución del universo y del hombre.









Bibliografía

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Bunge, Materialismo y ciencia.
Bunge, Emergencia y Convergencia.
Cherkashin, Esencia y Raíces del Idealismo Filosófico.
Descartes, Discurso del Método.
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Engels, Dialéctica de la Naturaleza.
Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico
Gorgias, Sobre la naturaleza o el no ser.
Gribbin, Génesis. Los orígenes del hombre y del universo.
Hegel, Lógica.
Hegel, Filosofía de la Naturaleza.
Heidegger, Tiempo y ser.
Heidegger, Ser y tiempo.
Hospers, Introducción al análisis filosófico.
Hume, Tratado de la naturaleza humana.
Kant, Crítica de la Razón Pura.
LLinas, El cerebro y el mito del yo.
Marx, El capital
Marx, Formaciones económicas precapitalistas
MOR (Documento colectivo), Perspectivas ante el periodo 2006-2012.
Reichenbach, La filosofía Científica.
Sagan, Los dragones del edén.
Sánchez Vázquez, Filosofía de la Praxis.
Simpson, G. G. El sentido de la evolución.
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