Consejo
Municipal de Cronistas
C. M. Rodolfo Salinas Galindo
Profr. Gregorio Lecona Olvera
Profr. Felipe Guzmán Hernández
Profr. Neftalí López Alcaide
Ing. Jenaro Cabrera Oropeza
C. Sergio Ariel Casique Salvatierra
Tal vez
el termino ZACATECOGRAFIA; resulte confuso, inadecuado, reprochable, dubitativo,
etc., sin embargo, no encontramos otra forma para describir el sentimiento
y el pensamiento o el alma de algunas gentes de Zacatlán.
En esta época globalizada, globalizante y
globadizadora, en donde la ciencia pero sobre todo la tecnología; va
inalidando los valores culturales, éticos, sociales y morales como
una paradoja inconsciente o tal vez premeditada que; construye murallas grupales,
elitismos, sustitución del hombre por maquinas, etc., todavía
podemos encontrar (como en otros tiempos), seres humanos que buscan expresar
su sensibilidad a través del arte y manifestar sus emociones por conducto
de alguna habilidad.
En esta ocasión, presentamos
una parte de la expresión escrita que hayamos en Zacatlan, agradeciendo
a los cronistas: C. Rodolfo Salinas G.; su colección, a Sergio Ariel
Casique Salvatierra su mejor disposición, así como a los patrocinadores
de nuestra revista, sin dejar aun lado a usted como lector.
Gracias por su estimulo que hará posible
la continuidad.
MI TIERRA
Alfonso Vázquez Corona
Mi tierra es prodigiosa, fértil, rica y lozana
Tiene miel de ciruela y néctar de manzana
Fragancia de flores y frescura de abril
Sabe sudar rocío cuando el agua la moja
Y entre el sol y la lluvia le inyectan sangre roja
Y la vuelven más fresca galana y gentil.
Mi tierra es flor de sangre de una hermosa guirnalda
El rubí inmensa diadema de esmeralda
Un punto rojo en medio de nubes de arrebol,
La guirnalda se borda con encajes de niebla
La esmeralda es la verde sierra norte de Puebla
El más bello camino del carruaje del sol.
Mi tierra es la manzana del jardín
de la sierra
Hija de luz del cielo y sangre de la tierra
Pues la tierra concibe con la neblina gris,
Concebida sin mancha como la Inmaculada,
Majestuosa y divina como la flor de lis.
Mi tierra es la bandera de vida que flamea
Que no devasta el látigo del Norte que serpea,
Ni el huracán abate con su potente voz.
No tiemble del relámpago con la caricia blanca,
Ni mil inundaciones llenarán su barranca,
Mi tierra es un destello majestuoso de Dios.
Mi tierra es un idilio salvaje del abismo,
De noche es tenebrosa como el espanto mismo,
Precipicio y montaña platican con horror.
Con estruendo el peñasco rueda por la hondonada
Sin oír el ¡detente! Que grita la cascada,
Sin despertar el sueño de la oruga en la
flor.
Mi tierra tiene huesos de roca adamantina,
Y tiene carne blanda donde la miel se hacina,
Tiene piel que el arado rasga con ilusión;
Son hilos de diamante que valen un tesoro
Son ríos juguetones ¡Oh, mi tierra
de oro!
Veinticuatro quilates lleva en el corazón.
Los hombres de mi tierra son de trabajo. Saben
Que en el suelo que pisan todos los frutos caben,
Los frutos que ellos buscan con ansia y con afán.
Cuando el fruto madura, cuando el trigo florece,
Cuando viene la lluvia, cuando la milpa crece,
Le dan a Dios las gracias, ven florecer su pan.
La mujer zacateca es el retrato vivo de mi tierra,
porque ella le dio su porte altivo;
Sus rosales le dieron esos labios en flor;
Su piel tiene tersuras que le dio la neblina,
Le dieron las cascadas su risa cristalina,
Su alma tiene ternura que le obsequió el
amor.
Sus mejillas rosadas son las de mi manzana,
Sus trenzas las tejió la primavera ufana,
Lo obscuro de sus ojos es de noche invernal,
Si sus ojos son claros son del azul divino,
Sus frescuras fragantes son del cedro y del pino:
Hizo suave su cara la brisa matinal.
Cuando niña es aurora luciente de alegría,
Cuando joven radiante cual sol de mediodía
Y luego ya madura cual manzana de edén;
Y siempre es primavera pues nunca se marchita
Porque siempre es imagen de mi tierra bendita
Que es expresión hermosa del amor y del bien.
Mi tierra es campanario de luz, donde flamea
La verdad y la dicha, el amor y la idea,
Las metas que nos llevan a rutas del ideal.
Por ellas va mi tierra con fe noble y entera
Pues a su dulce Virgen de la Asunción venera
La que es de mi manzana la Reina Celestial.
Peregrino, si quieres, te invito yo a mi tierra:
¡Sentirás la grandeza de mi adorada
Sierra!
Probarás mi manzana, probarás de mi
pan.
¿ Quieres un paraíso?... yo tengo
uno divino...
yo te daré mi sidra, mis ciruelas, mi vino...
porque no hay otra tierra como Zacatlán.
Alfonso Vázquez Corona
"EL VIBORON"
M. Rodolfo Salinas Galindo
A mis hijos, con cariño. Octubre 12 de 1999
Después de un día de ardua labor en el campo, cuando ya
las estrellas se prenden en el cielo, al amparo de la rojiza luz de una
fogata, el abuelo comenzó su narración de esta manera: Hace
ya mucho tiempo, tanto que se pierde en el polvoriento baúl de mi
memoria, sentado en las piernas de mi padre, escuché la historia que
le relató su abuelo, y que ahora les cuento.
Después de que un español de nombre
Alonso y de apellido López De Ávila descubriera este lugar,
ya entonces nombrado Zacatlan, llegaron otros hombres, españoles
también, con vestimenta bastante extraña a nuestras costumbres,
vestían una especie de enagua larga que les cubría todo el
cuerpo, anudado en torno a su cintura un grueso cordón, algunos con
la cabeza parcialmente rapada v colgando de su cuello otro cordón
que sostenía una cruz y como única arma su palabra, ya que
sus manos sostenían otra cruz, en lugar de la espada, como lo hacían
sus compañeros, según ellos esta cruz era el único
signo que debíamos venerar; estos hombres se decían franciscanos
y entre sí se llamaban hermanos.
Hicieron a un lado a nuestras creencias religiosas
y nos prohibieron rendir culto a nuestros dioses Camaxtli. Xihutecutli, Ecaf,
Tonantzin y todos aquellos que de antiguo veneramos.
Destruyeron nuestros cúes y en su lugar intentaron
levantar otro adoratorio más propio a su Dios, sobre el mismo altar
en que teníamos el nuestro.
Para lograr esto acudieron a nuestra gente, entre
la cual, unos por convencimiento y otros por temor a los castigos eternos
que estos hombres pregonaban, accedieron a trabajar en esta obra, y así
dieron inicio en Atmatla, a lo que según decían sería
la casa de su Dios, llamada convento. Esto disgustó a nuestros antiguos
dioses quienes para castigar esta traición descargaron su furia enviando
sobre nuestra gente una terrible epidemia de viruela que los hacía
morir en grandes cantidades, tan grandes que los trabajos fueron suspendidos,
decían los mas viejos que ya estaba dispuesta la campana que sería
colocada en esta construcción la cual llamaría a todos a la
casa de este nuevo Dios, pero los dioses nuestros, celosos, hicieron que
cayera en la primera cascada del cercano río y que hasta la fecha,
el Viernes Santo de cada año se oye que repicar con fúnebre
tañido dentro de las aguas. Todo esto fue motivo para que, ya sea por
temor o conveniencia, se eligiera un nuevo lugar para que se edificara el
tan deseado templo. Este fue señalado dos Kilómetros hacia el
norte, que es donde se encuentra actualmente la Ciudad de Zacatlán.
Según contaba el abuelo de mi abuelo' se
dio principio a la obra haciendo unas grandes excavaciones, pues, según
dicen, cada una de las columnas del convento que están a la vistaesta
sostenida por otra subterránea de igual espesor y tamaño y
que debajo de la nave central hay un amplió espacio y un túnel
que comunica a alguna de las casas cercanas, también se dice que en
este espacio brota agua de un manantial que se llama " Ajojohuil" y desagua
en la barranca en el lugar conocido como " La Chichípinga".
Otra conseja que corre de boca en boca, sostiene
que en la parte subterránea de esta construcción; se encuentra
una enorme víbora, a la que los nuestro llamaron " Viborón”,
y que este fantástico animal sostiene a todo el Convento y debe mantenérsele
vivo mediante la ofrenda de gallinas, pollos, lechones y otros animales pequeños,
es por ello que la gente del pueblo en otros tiempos, llevaba una gran cantidad
de estos animales para que le sirvieran de alimento a semejante " Viborón"
pues el día que este muera se derrumbará el convento al no
tener ya quien los sostenga.
Hasta aquí la tradición
oral de mis antepasados, yo no quiero que ustedes me lo crean, simplemente,
deseo que al conocerla se pregunten ¿será verdad? ¿será
mentira? ¿ o es un cuento para dormir a los niños? Ustedes
tienen la palabra. Yo, por mi parte, considero que al ser relatada por los
viejos de mi casa tiene para Mi un profundo valor sentimental y forma parte
de las tradiciones y leyendas de mi tierra, pues un su ingenua concepción
tiene la inocente expresión del lenguaje popular de nuestra gente
y por otra parte se adata mejor a nuestra realidad pues en la fantasía
popular no tiene cabida el dragón de origen asiático, que algunos,
que oyeron quizá fragmentos de este relato, se empeñan en
presentar.
Alfonso Drasilo
(M. Rodolfo Salinas G.)
PERSONAJES DE MI PUEBLO
M. Rodolfo Salinas Galindo
EL POLÍTICO
Este personaje que ahora nos ocupa es unos más
de la extensa fauna política zacateca. Podemos decir que este espécimen,
por sus características de ambiente local se ha desarrollado con amplia
facultad mimética que le permite desenvolverse en ambientes aun desfavorables
par <1 él, al mismo tiempo que le ha acrecentado ciertas virtudes
que lo distinguen de sus congéneres zacatecos.
Se le localiza fácilmente en cualquier concentración
de tintes políticos, especialmente en aquellos que sean del Partido
en el Poder, del amigó o siquiera conocido, aunque sea de vista, que
aspire a un cargo público pero que este puesto a lo menos sea de
medio nivel para arriba.
Es de fácil palabra para la adulación
y de frágil columna vertebral para la genuflexión: siempre
con la sonrisa a flor de labio y con los brazos abiertos en cruz para abrazar
fácilmente al Candidato y presunto protector en turno. Se afana por
no pasar inadvertido en los actos públicos y posee una admirable capacidad
para el manejo de los codos, que muestran a veces excelentes callosidades
por el rudo deporte de abrirse paso entre la multitud que escucha al político
de moda.
Su "ego" le suministra la energía suficiente
para considerarse el más versado en conocimientos políticos
que le permiten husmear el aire tratando de adivinar quien será "El.
BUENO" para después del saludo de rigor prometerle, como en la canción;
amor eterno. En tanto no sople el viento en otra dirección).
Sin recato alguno y sin previa invitación
se cuela con presteza y demasiada anticipación en espacios abiertos
o cerrados, a fin de ocupar un lugar de primera fila en el cual pueda ser
visto, con su ropa dominguera, por quien es objeto de su actual admiración,
servilismo v adulación; su comportamiento social le permite, en abono
de su vanidad, declararse intimo amigo de los más encumbrados funcionarios,
con los cuales dice tener lazos de estrecha amistad, ya que de niños
jugaban a "las canicas" v hasta "al burro corridos lo que le permite hablarse
de tú con toda la Jerarquía Política, no solo del Estado
sino aun de la Nación.
Su formación. política cultural la
adquirió a base de lecturas de grandes pensadores políticos,
pláticas de café p de cantina, (que lo mismo da), y de escuchar
a los más elocuente> jilgueros de partidos políticos de
cualquier laya, y por lo mismo se siente capaz de enmendarle el Evangelio
a los Apóstoles. Su carácter es tan tornadizo e incomprensible
que lo hace ser déspota con los humildes y servil con los poderosos,
tan servil que cuando su Jefe le pregunta ¿ que hora tiene usted?
Sin pensarlo responde: " la que usted guste señor" .
Su actitud de espera ante las órdenes de
sus superiores lo hacen aparecer come el antiguo monograma de los discos
"Peerles" que tenía un perrito en actitud de espera y cuya leyenda
expresaba: " siempre atento a la voz de su amo y es que en esta senda que
ha escogido,5le precisa tener, como decía Antonio Plaza: " Talento
en las comas" aunque la cabeza y el corazón los tenga vacíos,
porque lo más importante para él es pensar con la panza y
llenar la cabeza de ilusiones, aunque al verlo pasar diga la gente; mira
ese pobre pentonto, presume de pavo real v ni a guajolote llega.
M. Rodolfo Salinas Galindo
(De: lo... queras o no lo queras)
Zacatlán, Puebla, cualquier día del
año 2000.
BENDITA
TU
Con cariño a todas las madres
Zacatecas
M. Rodolfo Salinas G.
Madre, bendita tú
Porque tu nombre encierra
La infinidad del firmamento azul
Y el génesis fecundo de la tierra.
Madre, bendita tú
Porque en mi vida eres
Lirio escogido del jardín celeste
Y " bendita entre todas las mujeres".
Madre, bendita tú
Porque sentí de niño
La caricia sublime de tus manos
Y el aliento vital de tu cariño..
Madre, bendita tú
Porque me diste vida,
sacrificando juventud y dicha
sin esperanza alguna prometida.
Madre, bendita tú
Porque tu nombre encierra
La infinidad del firmamento azul
y el génesis fecundo de la tierra,
Madre, bendita tú
Porque tu nombre deja
Mil dulzuras de mieles en la boca
Y un remanso de paz dentro del alma.
Zacatlán, Pue., mayo 8 de
1954.
M. Rodolfo Salinas G.
CUANDO TE FUISTE
J.E. PARKER SALOMÓN
Las cuencas vacías,
sin ti, y sin luz,
sin color y con dolor,
inertes y sin sentido.
Viven en el laberinto
de mi destino,
las tinieblas de mi angustia,
y me hiero con las espinas
de los reproches.
Junto a las flores estériles
de nuestro amor,
late mi corazón por inercia,
la disección, lo encontró solo
sin arterias.
Se inundaron las cuencas vacías
y en la mueca sonrisa,
se depositó la sal
del dolor y el llanto.
Los lóbulos laten aún
con relativa vida,
en sus convulsiones
se mojan mis dedos
y las palmas de mis manos
con calor de sangre,
ellos, con candor humano
me ven sin verme,
pues cuando te fuiste
yo me arranque los ojos.
J.E. PARKER SALOMÓN
EL OLIVO
J. E. PARKER SALOMÓN
Ya venia del Jordán, el pelo húmedo,
la túnica llanca, su paso
firme y tranquilo.
La vio junto a los olivas. El sol había anidado
sobre su piel, dejando en
ella el color de la espiga madura, y bajo el vestido
inquietantes las dunas
voluptuosas, sedientas de caricias.
El recordó las bodas de Canana, el vino y
aquel color de espiga le hizo
recordar los panes, repitió en silencio las
palabras escuchadas en
Cafarnaún, a la orilla del Tíberiades.
Aquella noche la soñé junto a los
olivos. Vi mis dedos sangrantes, y al
abrir las manos cayó a mis pies con su tallo
roto deshojada, no pude como
él perdonar el daño de sus espinas.
J.E. PARKER SALOMÓN
LA ERMITA
J.E. PARKER SALOMÓN
Soy un ermitaño que vaga
entre los montes suaves
sembrados de olivos.
Y como el rey Salomón, me alimento de sus
almendras
y la miel que extraigo de una flor de labios carnívoros,
rojos como las flamas de mis deseos.
Habito en la grata sagrada de un santuario resguardado
por dos abetos finos y delgados que me envuelven,
y me dan
calor femenino. En mi torso desnudo sus ramas se
enredan
sujetándome con vigor pasional.
De su savia conservo el perfume que queda impregnado
en mi,
indeleble y sensual.
De este lugar prohibido, sólo mi cuerpo,
lo más delicado de él,
conoce los lugares secretos de esa ermita, oscura
y llena de luz,
de la que sólo salgo para volver a ella,
y de nuevo entregarme
al placer voluptuoso de saber que es mía
y solamente mía
J.E. PARKER SALOMÓN
BROTA LA MUSICA
SERGIO ARIEL CASIQUE
SALVATIERRA
¡Brota la música!
¡brota a raudal!
es música alegre
¡qué alegre está!
es nota pura
¡tras el cristal!
que de amores
te quiere llenar!
Está en el techo
¡surge del rincón tras el sofá!
¡sobre las cosas!
¡vive en los sueños!
¡sobre tu pecho!
¡y ahí está!
Sobre tu alma
¡qué amores da!
¡sobre la luna!
¡sobre el oriente!
¡sobre la vida!
¡sobre el poniente!
en tus mejillas,
¡se parece tanto a ti!
Sobre nosotros
al medio día
¡sobre el ensueño!
¡sobre la tarde!
en el manzanar
donde es sabor
y paladear ¡quiere tu amor!
Entonces...¿que esperas?
¿qué pasa?¿por qué lloras?
Todos te miran;
¡Se fue la luna!
¡se ha ido el sol!
¡se ha ido a casa!
se fue a dormir para soñar.
Y del silencio
¡brota la música!
¡brota a raudal!
¡qué alegre está!
Que de amores
¡te quiere hablar!
SERGIO ARIEL CASIQUE
SALVATIERRA
ME GUSTA ZACATLAN PORQUE...
Sergio Ariel Casique Salvatierra
De Zacatlán me gustan
los balcones de las casas
cuando se llenan de flores rojas,
la música y la calle cuando canta
sus afanes,
conjunto de sonidos que despiertan
al clarear la mañana,
el pétalo de una flor cuando se llena de
rocío,
la abeja y el ave que diligentes trabajan,
el lejano ladrido de un perro
que a media noche despierta,
ese ruido cualquiera que se convierte
en voz misteriosa que surge
como si fuera un encanto
formando el mito y la leyenda
que da luz y brillo al nombre de esta tierra
que proviene de las formas y colores
con que engalana sus vestidos.
Me gusta el aroma del pan recién horneado,
el café tostado y oloroso,
de esos antojos que flotan en el ambiente,
el sabor de un vino que caliente,
el pasto quemado que indica un cambio,
el brillo de la aurora y una flor
en la mano de una mujer enamorada.
Me llena una sonrisa y la mano sincera
que se abre fresca cuando saluda,
el niño que camina rumbo a la escuela,
la gente que vibra con la tarea cumplida,
el ruido, la calle, la brisa pasajera
todo entabla la vida que se brinda con alegría.
Adoro esos versos
que hablan de paisajes zacatecos,
como pinturas que plasman con donaire
el río de San Pedro y San Miguel
con sus fuentes divinas de inmortalidad,
sus barrios floridos y quietos,
los frutos frescos, los arroyos, los caminos,
Piedras Encimadas
que es todo un canto de los siglos,
las montañas que se alzan vigilantes
como graves centinelas
que se incendian cada mañana
cuando despunta el sol,
o cuando los corona la eterna neblina.
Quiero a los viejos con sus ideas fijas milenarias
que obstinados pasan platicando el día
sorbo a sorbo tomando café.
Me gusta la palabra “Zacatlán”,
porque tiene fuerza, ritmo y melodía
que al ser combinada con otras,
forman caricias que deleitan al corazón.
Me gusta el silencio y la algarabía
cuando hay fiesta y cuando se percibe a la muerte,
adoro el cambio que sufre la gente
cuando a lo lejos vislumbra
el reflejo de un nuevo horizonte,
me gusta el sonido de un paso
por las calles lavadas y peinadas,
la sombra veloz de un ave cruzando,
ese cielo azul, que de tan azul a todos engalana,
y la de un perro tras la silueta de su amo.
La lluvia me encanta y el rayo que atraviesa la
campiña,
como presagio de alegre lontananza,
la neblina que todo lo envuelve,
y el calor cuando agobia.
Adoro los labios naturales,
la sonrisa espontánea que brota,
la mano abierta y la despierta mirada
de una muchacha que pasa,
porque es forma y tentación
del beso que se escurre sembrando el amor.
Me gusta la gente,
ese rayo de luz que por la ventana penetra
y la voz que forma palabras
y que al escribirlos son los versos
que modela el poeta y que a todos concierta.
De Zacatlán me gusta la forma y el tiempo,
el saludo que gravita caminando,
el sentimiento que fluye desde el fondo del alma,
el duro paso de un viento frío sobre la cara,
el paisaje que se aleja, la noche fresca,
la mañana tibia,
el cielo que se llena de estrellas,
lejana la ilusión que se ha ido.
Me gusta la algarabía mañanera
que en las calles se explota,
en la voz vocinglera y sonora
que se escapa del pecho del niño y el joven,
y el cuadro de mi tierra que se mueve armonioso,
bajo la ola verde de la fronda reluciente
y bella
en la luz de la tierna aurora.
Me gusta el abrazo de las horas,
la tierra mojada y olorosa,
con dulce frescor de cada cosa,
sus huertas vivientes sembradas con amor
donde vive el corazón infinito
bajo la luz divina de una luna asombrada
que alegre se esconde,
tras una nube que pasa de prisa.
Me encanta la libertad de la existencia
que se vive en esta tierra,
la cruz que tranquiliza, regocija y serena,
la forma suave y dulce en la sonrisa de un
niño
y la de un viejo recordando
aquellos ayeres donde se ha borrado la huella
del color puro y transparente de su vida.
Por eso me gusta Zacatlán,
Milagro de vida que se asombra
en el mito y la leyenda que se guarda en el alma,
como si fuera un sueño festivo recorriendo
sus regiones.
Sergio Ariel Casique Salvatierra
LA LIMOSNA
Luis Cabrera
Fue al salir de tu casa.
Ibas de prisa
temerosa de no alcanzar la misa,
pues se te había hecho tarde, resolviendo
un conflicto tremendo
entre un rizo, una horquilla,
el clavel, la peineta y la mantilla.
Del limosín la portezuela abierta
estremeciéndose aguardaba, cuando
al transponer el quicio de la puerta
un pobre se interpuso mendigando.
Contrariada ante ruego tan molesto
ibas a rechazarlo,por supuesto,
mas pensando tal vez en propiciarte
con Dios, para que pueda perdonarte
tu ingratitud y tu crueldad conmigo,
te apiadaste in momento del mendigo
y hurgando en el bolsín can toda prisa,
buscaste una moneda; la de cobre,
la más mezquina, esa
que arrojamos a un pobre
más que por caridad, porque nos, pesa.
Mas entre muchas cosas perfumadas,
cómplices de tu cruel coquetería,
que sueles al salir llevar guardadas,
no llevabas dinero,
pues la mujer, hoy día,
si acostumbra llevar ten monedero
cuando sale a la calle, se presume
que de llenarlo de algo, llevaría
el espejo, la borla y el perfume.
Entonces, impaciente y contrariada,
como si en vez del olvidado cobre
fueses a dar al pobre
una moneda de oro,
en arranque de pródiga humorada
abriste de tus ojos el tesoro
y diste de limosna una mirada.
E1 mendigo sonrió, cayendo de hinojos:,
y temblando de inmerso regocijo,
recogió la mirada de tus ojos
y coro otra mirada te bendijo,
ENVIO:
Desde entonces, rondando tu mirada,
ando yo desafiando tus, enojos
entre la hambrienta turba enamorada
que implora la limosna de tus ojos:
A ver si cualquier día, saliendo a misa,
además de lanzarme una mirada,
me arrojas de limosna una sonrisa.
Luis Cabrera
A ZACATLAN
(INVERNAL)
Luis Cabrera
Amo las nieblas oscuras
Que se arrastran por tu suelo
Cubriendo el azul del cielo
Con sus grises vestiduras;
Me agrada ver tus alturas
De azul oscuro cubiertas
Sumergir las cimas yertas,
Bañar sus duras encinas
En el frío de las neblinas
Tristes, pálidas, inciertas.
Ver tus nieblas extendidas
Como ilusiones febriles,
Ir borrando los perfiles
De tus casas y avenidas;
Ver tus calles sumergidas
En infinita pereza,
Sentir la naturaleza
Silenciosa, húmeda y fría,
Que vierte en el alma mía
Melancólica tristeza.
O las quejas lastimeras
Oír del viento que muge
En las rendijas o ruge
Sobre las viejas goteras;
Que estremece las vidrieras
Soplando con furia cierta,
Y en la ventana entreabierta
Mezcla su triste silbido
Con el largo rechinido
De los goznes de la puerta.
Después, en esas mañanas,
Húmedas, frías, invernales,
Quiero mirar los cristales
De las oscuras ventanas
Opacados con persianas
De condensados vapores,
No alumbrados por albores
Brillantes y esplendorosos
Sino grises, nebulosos,
Faltos de luz y colores.
Afuera ver una masa
De vapores blanquecinos,
Perdiéndose los caminos
Bajo sus ondas de gasa;
Ver cómo a lo lejos pasa
Una sombra indefinida,
Vaga, indecisa, perdida,
Caminando siempre ignota
Como una ilusión que flota
En los mares de la vida,
Entre estas nieblas sombrías
Mis tiernos años pasaron
Y con ellos se quedaron
Mis mejores alegrías.
En las tristes horas mías
De desventura y anhelo,
Sólo allí encuentro consuelo
Y al recordarlas tan bellas
Odio el sol, y las estrellas,
Y lo azulado del cielo.
Zacatlán, así te adoro,
Envuelto en húmedo incienso;
Y en mí renace el inmenso
Cariño que aquí atesoro.
Y aun lejos de ti, si lloro
Mis ilusiones benditas,
Miro las hojas marchitas,
El viento y la niebla en marcha,
Y el cielo que llora escarcha
Entre brumas infinitas.
EL JUICIO
Guillermo Salazar Esparza
El escrutinio era severo y el veredicto evidente.
Las fallas estaban a la vista.
El lado izquierdo subía
más de la cuenta y descendía hacia la derecha en un fallido
intento de ser una parábola. La unión en el centro era todo,
menos una unión y estaba en cualquier lado, menos en el centro. Además
su descenso había quedado congelado en una altura incongruente y antiestética.
El arranque de la sección derecha era perezoso y corto, y la curva,
en el tope, era brusca y descendía sin elegancia. Era obvia la condena,
Tenía que desaparecer de aquel escenario.
La segunda aparición fue más afortunada.
Las líneas eran más congruentes, la simetría respetable
y la unión, ahora si en el centro, llegaba hasta la base. Despertaba
la tentación de aprobarla, de no ser por el remate, esa caída
final, que seguía careciendo de elegancia. Tal vez pudiera haber sido
corregida la falla, de no haber excedido en conjunto el limite de las medidas.
Con tristeza y resignación se dio la orden:
Fuera.
Y todo empezó de nuevo,
se buscó la simetría, la elegancia, las caídas, sobre
todo eso, las caídas, la forma, la unión, la base. Todo fue
colocándose con cuidado, sin prisa, serena y concientemente y dentro
del límite de las medidas. Era la tercera vez y tenía que ser
la vencida.
La inspección esta vez fue más estricta,
y a pesar de la severidad, el feliz veredicto final fue pronunciado:
¡Mami, mira mi "M", creo que ahora si me saco
10!
Guillermo Salazar Esparza
ZACATLAN
Pbro. Roberto Espinosa G.
Zacatlán, la adornada de exquisita hermosura,
la que canta a los vientos su canción con
dulzura,
cuando flota su manto de teñido verdor;
yo quisiera cantarte con acento sonoro,
como canta la brisa del pénsil, cuyo coro
va cerrando las sedas de balsámica flor.
Yo quisiera ofrendarte los melódicos trinos
de jilgueros sin cuento que, sombreando en los pinos,
en gentil competencia riegan himnos sin par;
o el acento perpetuo de la blanca cascada
que se arroja al espacio, semejando bandada
de palomas alegres, o una lluvia de azahar.
Si todo eso tuviera, cantaría la hermosura
de tu cielo espacioso de invitante frescura,
con brocados de nubes de nimbado algodón;
cantaría las bellezas de tus campos floridos,
donde tejen las aves. entre flores, sus nidos,
la torcaza arrullante o el pequeño gorrión.
Al mirarte a lo lejos en la tarde soleada,
qué graciosa te miras, como mágica
hada
jugueteando entre flores de escondido pensil,
custodiada doquiera por gigantes montañas,
cual guardianes perpetuos de figuras extrañas
que celosos te guardan desde el alto cantil.
Yo he mirado en las noches las curiosas estrellas
platicar en la altura, como blancas doncellas
que envidiaran tus gracias al mirarte dormir;
han bajado discretas; han bajado una a una;
y prendiéndose todas con un rayo de luna,
en diadema de plata te han venido a ceñir.
Y he mirado a la ¡tina, como góndola
blanca,
que quisiera ser cisne, y en tu inmensa barranca,
por mirarte de cerca, descender al pasar;
recubrirte amorosa con sus plumas de plata;
y, saciado su anhelo, su gentil caminata,
regresando a los cielos, ya poder continuar.
Cuando llega silente la espumante neblina
y te envuelve en sus gasas de sutil muselina,
me parece que viajas en blanquísimo mar;
o me pienso que suenas ser la rosa dormida,
y que todas las flores, en ofrenda rendida,
reverentes te cercan sin tu sueño turbar.
Cuando cruzo tus bosques de balsámico aliento
donde tejen sus cantos la paloma y el viento,
arrullando las flores que se van a dormir,
cómo gozo aspirando de esas múltiples
flores
el perfume que envuelve los postreros fulgores,
levantándose en vuelo al teñido zafir.
En tu suelo fecundo cuántas cosas nos brindas,
rosas blancas y cremas, encendidas y guindas,
tuberosas gigantes y geranios sin fin;
amapolas teñidas y camelias de nieve,
azucenas y hortensias cuya olor, suave y leve,
te convierte en las noches en inmenso jardín.
Cuando brotan las flores del preciado ciruelo,
adornando de blanco la enramada y el suelo,
qué graciosa te miras entre blanco algodón;
me pareces ser niña que, en mañana
brillante,
te encaminas al templo, entre gasa flotante,
para hacer tu primera y feliz Comunión.
Y al mirarte cuajada de sabrosas manzanas
que nos brindan su aroma en las rubias mañanas,
¿quién no mira la mano del Divino
Creador?
El te dio cuanto tienes de gracioso y de bello;
de su eterna hermosura, puso en ti un destello,
bendiciéndote amante con ternura y amor.
Tus manzanas, decía, son encanto y hechizo;
se parecen sin duda a las del Paraíso, más,
no tienen sentencia, sino son bendición;
ellas son la esperanza de tus hijos serranos,
al tenerlas gozosos en sus hábiles manos,
y mirar coronada su constancia y tesón.
Ante tantos hechizos y belleza completa,
yo quisiera el acento de inspirado poeta
y arrullarte cantando, tu hermosura al gozar;
prender notas y ritmos en las alas del viento
que volaran veloces a cantar lo que siento,
cual parvada de alondras de exquisito trinar.
Zacatlán, la graciosa, la que es fuente de
encanto,
con sincero cariño yo te ofrezco mi canto,
sin las galas de artista avezado a cantar;
es humilde tributo de quien te ama de veras,
de quien riega en tu suelo sus canciones postreras,
y en tu pecho coloca blanco ramo de azahar.
Pbro. Roberto Espinosa G.
Aun
Onofre Galindo
Aun vives amor en el cuarto.
Silencioso.
Llenando de esperanzas los rincones.
Aun estás amor entre los libros.
Poético.
Tomando letras, lanzándolas en versos.
Aun moras amor entre las fotografías familiares.
Nostálgico.
Moviendo el pasado hacia el presente.
Aun existes amor entre los muebles.
Limpio.
Sacudiendo los viejos cojines donde tantas veces
nos sentamos a amarnos.
Aun quedas amor en el piso.
Paciente.
Levantando el polvo que se ha acumulado por su ausencia.
Aun existes amor en el florero.
Apasionado.
Rondando las rosas secas, tirando los últimos
pétalos en su memoria.
Aun vives amor en los muñecos.
Amoroso.
Intentando unirlos. Ella en el librero, él
en el sofá.
Aun permaneces amor, yo te percibo.
Suave.
Creando el ambiente de este cuarto.
Aun sigues amor en el tablero de ajedrez.
Perseverante.
Luchando por unir a la reina y al rey. En la última
jugada quedaron separados.
Aun eres amor el todo.
Incluyente.
Colocando cada cosa en su lugar, uniendo lo separado.
Veo su retrato.
Me pierdo en su mirada.
Pretendo acariciar su cabello... se esfuma en la
nada.
¿Aun estas amor?... te pido un poco de aliento
y cuando salgas de este cuarto
llévame contigo.
Me convertiré en letras
para que escribas su nombre en el aire.
Onofre Galindo
Esperando que vengas
Onofre Galindo
Esperando que vengas se estiran
mis pensamientos hacia el sur
como el humo de una chimenea que sigue al viento.
Paciente me encuentro, sentado en mi silla mecedora,
fumando mi pipa
y volviendo la mirada hacia el sendero por el cual
caminarás.
Veo hacia las montañas, ahí una nube
se dibuja como flor y pienso en ti.
La cascada golpea sus aguas contra la roca
y espumante parece cantar tu nombre.
En su manto cristalino se dibuja tu silueta.
Hacia el horizonte de mi alma las ruinas de la vieja
iglesia hacen mención del pasado,
pero tu serás presente y futuro.
Hacia el poniente se tienden los trigos acariciados
por el viento y tú estás ahí,
bella como una paloma, suave como la brisa de verano.
Avanza el día, y yo sigo esperando, tomo
café,
mi pipa se ha apagado, la volveré a cargar.
Se anuncia la tarde, el viejo árbol del camino
se viste de negro y gris, los
pájaros del norte han llegado.
He dormido un poco.
Sentí una caricia e imaginé que era
tu mano, pero fue una hoja que soltó el
rosal para consolarme.
La noche avisa que quiere revivir, lo insectos revolotean
la lámpara.
El viejo árbol ya no se ve, ha quedado más
oscuro, abrazado por la noche.
Espero que el próximo amanecer tu rostro
esté frente al mío,
sereno, lleno de amor.
Llegarás antes de la primavera, lo sé,
vestida de colores con un arco iris en el pelo.
Traerás una estela de blanco de invierno
y el verde de los nuevos brotes.
Una bandada de pájaros anunciará tu
llegada y las mariposas multicolores se
posaran sobre tu vestido violeta.
Los árboles estarán felices, felices
por tu presencia.
Las flores del campo brotarán formando una
alfombra para recoger tus pasos.
Yo, balcones en mis ojos construiré, para
que las golondrinas de tus ojos
aniden
¡seré feliz!
Onofre Galindo
Mil batallas
A mi Señora Roxana
Año del Señor,
2000 Día del nacimiento de Jesús de
Nazareth
Onofre Galindo Huerta
"Los guerreros en su atuendo
de batalla..., yelmos
resplandecientes, escudos labrados, corazas plateadas
y
lanzas grisáceas. La gloria de sus armas
iluminaba el cielo y el
centellear de los bronces se agitaba como una
risa sobre la planicie..."
Asalto griego sobre Troya
Homero
De dónde
llegas melodía
que mueves mis pasiones solitarias.
En dónde estas compañera de mil batallas,
en dónde la trinchera de mi alma,
en dónde mi armadura
en dónde mi caballo
en dónde mis armas
en dónde las catapultas,
en dónde las planicies.
Se izan las banderas en la lucha,
se tienden los arcos, se tiran las flechas;
las saetas cruzan los aires
llevando un pedazo del guerrero
... pero no su corazón.
He perdido mil batallas.
He ganado mil batallas.
Siempre con el corazón en la lanza
recorriendo entre saetas y espadas
cada palmo de las tierras de mi amada
defendiendo sus dominios,
dando a conocer al mundo su poder: el amor.
En dónde estas melodía.
Te busco entre los sacrificados.
En dónde mi todo y Mi delirio.
El cielo se torna rojo
como la sangre que corre por los campos
haciendo arroyos de vida desperdiciada,
uniendo corazones destrozados.
De dónde llegas melodía
que a mis oídos causas embeleso
por favor, yo te lo pido
acaricia mi alma... con un beso.
Te escucho, no te veo.
Mi vida se convierte
en la flor que crece después de la guerra
alimentada por la sangre de los caídos.
No soy el mejor guerrero
y tal vez,
no he defendido tu amor como mereces.
Soy un simple servidor, mi señora,
de tus afanes por conquistar la lejanía
que separa tus tierras de otros mundos.
Lleva grabado el pectoral de mi caballo
"Confío en Dios con todo mi corazón
y en mi Amor a mi Señora Roxana"
Estoy aquí,
postrado a tus pies,
mostrando las reliquias del combate.
Onofre Galindo Huerta
"V I E J O "
ROBERTO SOSA REZA
Por qué con ironía
marcada
siempre Usas la palabra: ¡Vieja!
si sabes que la vida no da nada;
sin que a la vida no expongas el pellejo.
Viejo es el sol que con sus rayos nos calienta.
Vieja es la tierra que con creces nos da vida.
Viejo es el amor y el placer que nos alienta.
Vieja es la luz que nos irradia y es divina:
Vivir sin estas cosas creo que no es vida...
¡me dices viejo! Te olvidas, que la vida es
dura;
y que vieja tendrás que ser un día
porque la vida nos arrastra a la vejez desnuda.
Se marcan las arrugas es la cara;
que un día fuera de piel tersa y lozana,
se cubre de canas la cabeza
que tuvo cabellera negra o, clara.
La boca que fuera de perlas marfilinas
es hoy un agujero más, cual las pupilas
que un día lucieron brillantes, diamantinas;
hoy en cuencas tristes y obscuras van perdidas.
Marcas que el tiempo de nosotros lo mejor está
borrando
¿Par eso ya soy vieja?
¿porque al mundo lo bueno voy dejando
y lo malo mi vejez va acrecentando?
Viejo no soy, es el tiempo que mi vida va acortando.
Viejo no soy, es la vida que a su meta va llegando,
meta que a los buenos y a los malos Dios va dando
fin del soplo divino,"vida" que se va escapando:
¡Muerte! digo yo: que ya se va acercando...
¡Viejo no soy!...me duele tu ironía.
ROBERTO SOSA REZA
REMEMBRANZA
Félix C. Robles
Recostada entre verdes colinas
al amparo de altiva montaña,
ZACATLAN, la coqueta,
se baña En un mar de doradas neblinas.
Sano ambiente que aroman resinas
Del frontero pinar;
río de plata Que desborda gentil catarata,
Coronada de espumas albinas.
En sus huertos cargados de pomas,
Dan su arrullo de amor las palomas,
su voz de cristal la fontana....
Todo en torno cautiva y encanta,
Todo invita a soñar:
¡todo canta En la dulce comarca serrana!
Cuando el sol,
en las claras mañanas,
Vuelca el riego crisol de sus oros,
Se difunden, vibrantes,
los coros de un repique triunfal de campanas.
Es que se abren risueñas ventanas,
De la quieta ciudad,
dando paso a fragantes mejillas
de raso con subido color de manzanas.
¡Es la bella mujer zacateca!
La que hilando ilusión en la rueca
De sus sueños divinos de diosa,
Ya presiente al feliz caballero.
¡Qué no dieras, poeta viajero,
Por besar esos labios de rosa!
Félix C. Robles
ZACATLAN
Alejandro Aldana
I
Cuando cruces, buen viajero,
cuando cruces los umbrales
florecientes de este pueblo
cuyas casas para todos
hogar tienen bajo el techo
y guardado como en Roma
de ese hogar el sacro fuego,
por vestales intocadas
de ojos grandes y cabellos
que semejan haces de oro
cuando rubios, o si negros
circundando blanca frente,
una nube en limpio cielo;
y en sus labios vagan dulces
las sonrisas y los besos,
y en sus ojos la inocencia
y en su talle el balanceo
de la palma que acaricia
enamorado, suave viento;
son sus voces argentinas
corno edénicos gorjeos,
sus mejillas frescas rosas
perfumadas con su aliento.
Es su pecho la morada
de magnánimos afectos,
y en su mente juguetean
nacarados, castos sueños,
mientras sueñan, en su mente
vivir, locos los efebos
que les cantan dulces trovas
de la noche en el silencio;
los efebos cuyos brazos
son la fuerza y el progreso
de este pueblo al que llegaste
venturoso buen viajero,
como llegan al Oasis
los que cruzan el desierto.
II
Ve, conmigo te acompaña
Cuando asome en el Oriente
Fresca y pura la mañana;
Cuando el sol como una hostia
coronando la montaña
mande sus primeros rayos
a palacios y cabañas;
ven conmigo y no te extraña
que te lleve de los muertos
a la fúnebre morada;
que es allí donde se eleva
del recuerdo dulce, en alas,
hasta Dios el pensamiento,
y a los seres que perdimos
va llorosa nuestra alma;
ven conmigo y no te cuida
que en aqueste campo no haya
de tus muertos los despojos
que arrancáranle una lágrima;
que te traigo porque mires
cual se besan y se abrazan
de la muerte y de la vida
las dos fuerzas ignoradas.
De la muerte que enmudece,
todo aquello que avasalla;
de la vida que se agita
rumorosa en la barranca:
aquí, sauces que sin fruto
siempre tienen inclinadas
hacia el suelo, tristemente,
sus endebles, mustias ramas;
allá próvidos naranjos
y arrogantes, fuertes hayas.
Aquí, el lúgubre silencio
de las tumbas olvidadas,
allá cantos melodiosos
y estruendosas las cascadas.
Aquí, cráneos incompletos,
osamentas disgregadas;
allí, abiertas, y jugando
con los aires, muchas alas.
Allí amores de palomas
y de silfos y de hadas,
aquí, larvas y gusanos
en la tierra, polvo, nada ...
III
Más no cansemos el alma
con tan ingrata porfía,
que ya risueña la aurora
con fulgores convida
a iluminar de la pena
La sombra con la alegría;
Que se abren ya las corolas
Y su perfume nos brindan
Y ya los jilgueros cantan
Y ya los polluelos pían.
Ya todo vibra al fecundo
y tibio beso del día...
ven, pues, conmigo viajero,
ven a escuchar la armonía
que se levanta del fondo
de la barranca que imita
un "nacimiento" formado
por mil neréidas y ninfas:
¿ves cuál de pronto aparecen
de esa montaña en la cima
mirando enhiestas al cielo
las torres de una capilla?
¿En los enormes repliegues
de las laderas no miras
con cuenta gracia se esconden
las chozas allí construidas?
Allá, blanqueando en el pecho
de las montañas unidas
divísase ancha vereda
como una vistosa cinta.
Y a nuestros pies, gigantesca,
soberbiamente atractiva,
con hálitos de lo eterno
y efuvios de eterna vida,
la prodigiosa abertura
donde contrasta la vista
negras penumbras de cáos
con claridad que fascina.
Se siente volar el alma
dichosa de cima a cima,
sus alas abriendo al beso
de la infinita poesía
que todo en esta barranca
respira de noche y día.
Parece que el FIAT divino
aquí eternamente vibra
y que el vergel es mimado
de cuantos dones prodiga
con su poder infinito
de Dios la mano bendita:
la selva tiene rumores,
perfumes la brisa,
los Iimoneros azahares
y frescas aguas la linfa,
y tapizando los prados
hay mil cristales que brillan
entre amapolas tan rojas
que hasta nos hieren la vista;
entre los prados murmuran
como de plata fundida,
arroyos límpidos, puros,
que al alfaltar le prodigan
pronto retoños crecidos
y al cebadal las espigas
Tiene aperlados racimos
de frescas uvas la viña,
y en el huerto hay manzanas
y hay ciruelas y guindas,
y azucarados hay higos
que rico néctar destilan
para regalo preciado
del colibrí que lo liba.
Es esta tierra tan fértil
y en producciones tan rica,
que siempre da dos mazorcas
al labrador cada milpa.
Y no hay invierno que hiele
las auras que siempre tibias
no cesan en sus regalos
de juguetonas caricias.
Allá en el recodo abierto
por la estruendosa caída
del agua que se despeña
para ir a formar la ría,
donde a llegar no se alcanza
porque entre rocas, sin riba,
va la corriente impetuosa
y es la maleza tupida,
allá se esconde la sierva
del cazador perseguida;
y en las salientes aisladas
de los basálticos prismas
que son las crestas del monte
y la admiración de la vista,
el águila, bella reina
de las alturas, anida.
Es todo bello, grandioso,
las horas corren tranquilas
como jamás en palacios,
en esta humilde casita:
que se abre aquí el pensamiento
como una flor a la vida,
y libre de viles luchas
dentro del pecho palpita
el corazón, que si sufre,
hasta sus penas alivia,
porque es alivio de penas
esta mansión de la dicha.
Por eso, "El Edén"' llamaron
los labios de algún artista
a aqueste verjel hermoso
como el Edén de la Biblia.
IV
Y ahora vamos, caro amigo
vamos ahí do blanquea
entre los pinos oculta
cual si tuviera vergüenza
de no tener altas torres,
la capillita do elevan
sus oraciones sencillas
y tan sencillas cual tierna
al Hacedor, los que moran
en esa suave ladera.
San Sebastián el patrono
es del templo, y así,
lleva su nombre toda la loma
cuyos pies ya comienza
dominarse el conjunto
de la Ciudad Zacateca
con sus casitas blanqueadas
que al esconderse en las huertas
parecen una bandada
de pájaros que despliegan
posándose en la hondonada,
sus blancas y grandes alas;
errantes garzas semejan
cuyas alturas rodean
de Cuautilulco y Altica
las separadas aldeas;
donde del sol que tramonta
los besos últimos llegan
a provocar las sonrisas
que nos parece que ondea
en la Ciudad, coronada
de nubes que ya comienza
a empurpurarse con luces
que las alturas nos pueblan
de iris cambiantes y polvos
de oro que vuelan, que vuelan.....
V
¡Cuántas rosas, cuántos lirios
cuántos y jazmines que perfuman
el ambiente suave, tibio!
¡Qué silencio rumoroso,
cuánta calma en este sitio
solitario y olvidado!
¡Qué grandioso y atractivo
el lejano panorama!
¡Qué dulcísimo y sentido
del gorrión es el reclamo
cuanto suave es el zumbido
de la abeja que regresa
como el pájaro a su nido,
donde habrá caricias de alas
y acercándose los picos
habrán besos y más besos
de un amor correspondido!
¡Oh el amor que acariciaran
tanto tiempo mis delirios!,
¿Por qué, si es tu dura suerte
el vivir incomprendido,
mas te aferras a la vida
y no vuelves al olvido?
Mas no punzemos la herida,
que quede el dolor dormido
y abriremos el alma
a los acordes del himno
que canta feliz natura.
O forjaremos, amigo,
que también felices somos
como son esos sencillos
moradores de esta loma
que no saben del fastidio
de vivir en las ciudades,
en los estrechos. recintos,
donde faltan aires puros
y jamás llegan los trinos
de la alondra que en el monte
canta libre su destino;
las ciudades en que hierven
ponzoñosas de continuo
mil pasiones encontradas
y mil viles egoísmos ...
¡Qué frescura hay en la sombra
de estos verdes y altos vinos
do el crepúsculo filtrando
sus reflejos amarillos,
va muriendo entre cambiantes
esmeralda y ambarinos!
Cuán felices los pastores
Al hogar honrado y tibio
Ya regresa al reclamo
Cariñoso de sus hijos!
¡Cuánta dicha en sus hogares!
¿Ves aquél medio escondido
entre ramas de durazno?
Tiene una cerca de mirtos
Y floripondios; un arco
De madreselvas erguido,
Débil portada adelanta
Al patiecito barrido
Donde descalzos y rubios
Juegan felices dos niños
Y los contempla sonriente
Matilde que en su cariño
De madre todo ha cifrado,
Sin apartar al olvido
El que robara de su alma
Su enamorado marido.
De pronto los grandes ojos
levanta al cielo tranquilo
y un portavoz de su mano
hace y la acerca al oído;
otra sonrisa en sus labios
delgados y purpurinos
asoma cuando ha escuchado
de su adorado el silbido
con que remeda el gorjeo
de los gorriones y mirlos.
Sale a su encuentro y se abrazan
y se besan sin testigos
que interrumpieran tan dulces
tan envidiables idilios
que en su quinquenio de vida
nunca han probado el hastío
ni el amargor de la pena;
si bien a veces rendido
por trabajar todo el día,
llega a su casa el marido
sin remedar las canciones
de los jilgueros y mirlos;
pero, su intenso cansancio
pronto ha encontrado el alivio
en los purísimos besos
que van a darle sus hijos
y en la sonriente mirada
de los ojazos dormidos
de su Matilde que nunca,
nunca, jamás ha reñido
por ostentar en el pueblo
algún lujoso vestido
ni por perfume de oriente,
ni por anillos.
Los dos comparten dichosos
La privación de ese brillo
Que ven con tanto desprecio
Como a ellos miran los ricos;
que saben que por las perlas
de la molicie en los vicios
se venden a veces la honra
de algún infeliz marido
o se despeñan los hombres
del crimen en los abismos.
Nuestra pareja no sabe
de esos infames delitos,
que está la puerta cerrada
de su hogar medio escondido
entre ramas de duraznos,
a la ambición y al delirio
de las innobles grandezas
y a la atracción de los vicios.
VI
Expiraron de la tarde
los violados resplandores
y avanzan misteriosas
ya, las sombras de la noche,
de la noche en cuyo seno
vagan lánguidos rumores
que semejan suplicantes,
amorosas, quedas voces...
y en los hálitos callados
que se elevan, hay temblores
que adormecen y cautivan. . .
y rniríficas visiones
como espectros animados
por el alma de los montes,
van jugando en la hondonada
mientras abre el horizonte
su abanico esplendoroso
donde radían muchos soles;
peregrinos del espacio,
mensajeros que recorren
los senderos que encaminan
al alcázar de los dioses!
Y como una gran camelia
que brotara de las moles
gigantescas que al oriente
se levantan multiformes,
va surgiendo ya la luna
triunfadora, junto a Jove;
triunfadora de las sombras
que se alejan hacia el monte
como banda de aves negras
fascinadas, que se esconden
con siniestro y torpe vuelo
enemigas de los soles ...
...........................
Ya se alejan, ya se alejan
y encendido está en la torre
como el faro de una rada,
el reloj que a voz, de bronce
nos recuerda ya la hora
de los inefables dones
con que alivia el dios Morfeo
el cansancio de los hombres
VII
Y mañana que te lleve
raudo el auto de embeleso
en embeleso, por el barrio
cual ninguno pintoresco
por sus puentes en el río,
su cascada de cien metros,
sus montículos de pinos
y sus ruinas, de "San Pedro”
cuando siga raudo el auto
de incansable traqueteo
por las curvas y columpios
de gracioso serpenteo,
saludando a las montañas
con su alegre trompeteo
y burlando del abismo
la atracción que infunde miedo
guarda todas las bellezas
que admiraste en este pueblo
evocándolas, si sufres,
en las alas del recuerdo,
que aún así serán alivio
del quebranto de tu pecho.
Anda y diles a los tristes,
a los mártires del tedio,
que no es todo aqueste mundo
cual lo miran ellos, negro;
que hay parajes en que vive
para todos el consuelo,
do imposibles son las penas
porque siempre están abiertos
de esta tierra en los verjeles,
mil paréntesis de cielo.
Alejandro Aldana
BLANCO QUIXQUÉMEL
Baudelio Candanedo
¡ Quixquémel blanco de mis mayores
!
Quixquémel blanco de mis hermanas!
tú me recuerdas las blancas canas
del sacerdote que allá en Dolores
prendió la tea de libertad. ¡
Quixquémel blanco como la nieve !
¡blanco quixquémel cual la azucena
!
serás mi encanto mientras te lleve
mi altiva raza de faz morena
que habla el idioma de Cuauhtémoc.
¡ Quixquemelito cuya blancura
se ve en la niebla que el cerro empaña
tú simbolizas el alma pura
que sentimientos ruines no empaña,
y esa es el alma de la niñez.
iQuixquémel blanco! cuando contemplo
los tres colores de mi BANDERA
te quiero tanto como a su templo
cada creyente. Si yo pudiera,
te cantaría himnos de amor.
¡ Quixquemelito ! bajo tu tela
mi buena Madre me hizo caricias;
y hoy que me enseñan aquí en la escuela
tus semejanzas con las delicias
de nuestra Patria, te quiero más.
Aunque el destino llevarme quiera
lejos, muy lejos de mi Cuacuila
y aunque otras ropas allá yo viera
borrarte alguno de mi pupila,
quixquémel blanco, ¡ nadie podrá
!
Serás mi encanto mientras te lleve
mi altiva raza de faz morena.
Tú que semejas la blanca nieve
y la corola de la azucena,
¡ sigue tan blanco como la luz
Sigue tan blanco como las canas
del Cura Hidalgo; sigue tan blanco
como las nieblas que en las mañanas
van ascendiendo desde el barranco,
quixquemelito que quiero yo.
Baudelio Candanedo
AGUA Y PIEDRA
Neftalí López Alcaide
A veces la lluvia,
la lluvia
pinta la sombra del dolor,
nuestra sombra
en la humedad de los pies,
ahoga el calzado
y entonces,
entonces,
se sol levanta los ojos,
se respira,
y se respira como si existiera el amor.
Yo nací del reloj del dolor,
de algún crepúsculo trigueño
tras el monte con el corazón del sol.
Ah, pero esta lluvia,
esta lluvia despeina zapatos,
enfría tristezas,
bucea los sueños
de muros y rocas,
navega escalofríos
y muere sin lámparas
ni respiración.
No te vayas, lluvia, al atardecer,
moja el pantalón que oprime los huesos,
rompe al niña sin marco,
lo que queda del papel,
después, llora conmigo sobre la calle
sin camisa
y desgarrando la piel.
Neftalí López Alcaide
TU NOMBRE. . .
Neftalí López, Alcaide
Tu rostro trasluce
el espejo
y se desparraman
las palabras en la pared.
La carne del poema
vive sin tocarse
y tu nombre se traduce
en sílabas de ilusión.
Notas en velas:
Las guitarras eléctricas
estallan en azucenas.
Tu nombre
sueño o ciudad
tu nombre
vals o rock and roll
es el viento metido
en las grietas
de un tiempo sin corazón,
Neftalí López, Alcaide
C A N T O
B A L D I 0
Neftalí López Alcaide
Cada día buscamos el corazón
de la tierra.
Viajamos en la raíz del agua para florecer
en cempoalxóchitl.
Cada hora Cargamos nuestros brazos con lluvias de
gladiolas
y crisantemos sembrando en un cesto: alhelíes,
amapolas o zapatos.
Cada minuto expira un suspiro en la incógnita.
El vestuario viste de negro en el bautizo y se maquilla
en el féretro.
El simulacro del silencio duerme en el espejea de
la noche.
La sábana es el pétalo seco: de un
velorio de algún esqueleto.
Cada segundo se ametralla al sol con las pupilas..
Se hunde en la tierra y descansa en el sillón
del infinito.
Se alimenta en el corazón de un. árbol
y principia la tarde en la azotea de una mañana.
Estamos entre el espejo de la noche y el claro azul
de cualquier día:
¿Dónde empieza la silueta pretendida?
¿Qué espejo termina la figura?
¿Qué reflejo hiere nuestro rostro?
¿Es la muerte que regala los espacios a la
vida?
¿Es la vida la be compra a crédito
la muerte?
No hay día, hora, segundo que el "copal"
no arome el sol
que muere con pies descalzos:
¿Sobre qué respiración subvivimos?
¿Enmedio de qué pan amamos?
...flor...pájaro...delfín...calle...
¿Existimos?
Las ilusiones buscan sepelios en lotes de basura
y los sueños han secuestrado los baldíos.
Cómo da lástima la muerte que se muere
en el cuerpo.
El río de las sombras nos conducen
y nosotros solamente somos sombras
...a la mitad de los espejos sin figura.
Neftalí López. Alcaide
ZACATLAN
EYBAR LOPEZ CARRASCO
Tierra mía, donde estruendoso
el verde grita,
donde las cimas de las sierra parecen un vitral,
he caminado por todos tus rincones
y en las noches luciérnagas
como constelaciones me hicieron sentir sideral.
En tí conozco un espacio puro,
recóndito y oscuro
que nadie sabe lo que en él se guarda,
es tu oscuridad
de niebla espesa la que ahoga la luz
de las lámparas en tus calles.
En este lugar se oculta el alma intacta e ilesa
como un inexplorada caverna donde se entra a tientas,
aquí grita su presencia el silencio como
el agua en el mar.
El deleite de tus paisajes solo se ve interrumpido
por el líquido intacto del tiempo en eternas
lagrimas
que se suelen llover, llevo en el alma un pedazo
de mi tierra zacateca, pequeño y mío,
rincón del mundo...
Si al menos pudieran mirarte
aunque sea un segundo,
verían a mi gente en el campo con maizales
y trigos.
Si en las noches tristes
en ti pienso es por que extraño
los aromas del viento
que impregnaron mi alma.
EYBAR LOPEZ CARRASCO
LA TIERRA ESTA TRISTE
Edgar Nieto Price
La tierra está triste,
porque el hombre despreció
la pureza del aire, la frescura del agua
y el rocío de la noche.
La tierra está triste,
porque el hombre cortó los árboles
que le daban sombra y frutos.
La tierra está triste,
porque el hombre quemo los campos
quemó la selva y quemó el bosque.
La tierra está triste,
porque el hombre no quiere oler
el aroma de las flores,
ni mirarlas bellas mariposas.
La tierra está triste,
porque el hombre contaminó el agua
y murieron los peces,
contaminó el aire y murieron las aves.
La tierra está triste,
porque el hombre acalló las discusiones
nocturnas de las ranas y el trino
matutino de los pajarillos.
La tierra está triste,
porque el hombre mató al venado,
y ala ardilla y al águila;
y mató al puma y mató al león.
La tierra está triste,
porque el hombre quedó SOLO.
La tierra está de duelo
porque el hombre MURIÓ.
Sólo el hombre decidirá su destino,
el resto es nuestro.
Edgar Nieto Price
CUANDO CUENTAS CONMIGO
OMAR SALOMÓN
TÉLLEZ ARIAS
Cuando tu voz
no tenga ni tono ni acento
y tu palabra
se pierda en la nada
Cuenta conmigo.
Cuando tus labios
busquen la frescura de un beso,
se pierdan en la penumbra
Cuenta conmigo.
Cuando tu alegría
pierda en su batalla
con la tristeza
y las sombras cubran tu dicha
Cuenta conmigo.
Cuando tus, flores
no tengan el rocío
y broten marchitas
tenues débiles
Cuenta conmigo.
Cuando tus secretos
ultrajados sean
y se rompan todas tus estructuras
Cuenta conmigo.
Cuando tus ansias
se consuman sin dejar
rastro ni recuerdos
Cuenta conmigo.
Además
si tu voz tiene tono y acento
tus labios
encuentran un beso
tu alegría
derrota a la tristeza
tus flores
reciben el rocío
tus secretos
guardados son
tus ansias
encuentran respuesta.
No te olvides
que ahora
después y siempre
Cuentas conmigo.
OMAR SALOMÓN
TÉLLEZ ARIAS
R E E N C U E N T R O
Rosalba Galeote Arias
Te vi.
Nuevamente
me encontré a tu lado
Junto a tí
Sentí
Que el tiempo No había pasado.
Un temor
Me hizo pensar
Que podía ser diferente;
Sin embargo;
Todo es como siempre:
Tu me amas. Yo te correspondo.
Yo te adoro y no te olvido:
Tú haces lo mismo.
Quisiera estar
Más tiempo contigo.
Tú también lo deseas.
No sé si es bueno o malo,
Pero sí te digo
Que me siento feliz a tu lado.
"Somos diferentes" ¡Sí!
Pero te aseguro;
Que muy en el fondo
De nuestro inconsciente,
Hay algo que nos identifica
¿Qué es?
Tal vez sea:
La forma de ser,
La forma de actuar,
La forma de querer, O tal vez:
Todo aquello que no hemos
Encontrado a nuestro alrededor...
¡No sé! ¡No me explico!
Pero sí puedo decir
Sin equivocarme:
¡Que te amo y te necesito, amor!
Rosalba Galeote Arias