Anillo de Fuego
Por Jimmy Herrera y Lonnie Pacheco
Sociedad
Astronómica del Planetario Alfa
¡Vaya viaje! Hemos llegando de Puerto Vallarta, o más bien de Playa San Carlos, donde aconteció uno de los eclipses más bellos de los últimos tiempos. Sabemos que en gran parte de la República Mexicana se observó parcialmente, si bien las nubes se encargaron de estropear el espectáculo para algunos. (casi nos incluimos).
Un grupo de casi 40 personas salió de Monterrey con la esperanza de apreciar mejor el fenómeno. Integrantes de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa, el Museo del Desierto, la Universidad Tecnológica de Coahuila, la Sociedad Astronómica de la Laguna y la Sociedad Astronómica de Aguascalientes A. C. acudieron a Puerto Vallarta para concentrarse con otros grupos de Guadalajara, México, España, Alemania, EUA, Canadá, etc. Fue interesante saber que sólo en la Cd. de México se han integrado aproximadamente una veintena de clubes y asociaciones de astronomía. Convivimos con los grupos Astronomía Educativa, Centro de Observación y Difusión Astronómica A.C. y Sociedad Astronómica de Baja California A.C., entre otros.
En Puerto Vallarta las cosas estuvieron peor que en Monterrey: cielo nublado, niebla, lluvia y pocas esperanzas los 2 días previos al eclipse. El 10 de junio -afortunadamente- amaneció despejado y con cielo azul. El grupo se movilizó por caminos de terracería, atravesando ríos, efectuando un largo recorrido hacia lo que algunos llaman "landfall" (caída en Tierra) del eclipse. Al transcurrir la tarde, el cielo azul fue dando paso poco a poco a nubes aisladas que terminaron por cerrar el cielo (snif) De todos modos y como una muestra de optimismo consumado los equipos fueron instalados: cámaras, telescopios y filtros, en espera de lo mejor.
El primer contacto entre el Sol y la Luna sucedió por encima de las nubes. No fue visible. Pero apenas un par de minutos después, una ventana abrió paso a los rayos del Astro Rey y pudimos tener las primeras impresiones de este colosal evento. Por breves instantes fue visible el Sol antes de que las nubes le volvieran a reclamar y los rostros de los astrónomos a mostrar su pesar. Venir de tan lejos y ¿para qué? ¿Qué pensarían los extranjeros, más aún? Los niños, sin mucho que ver, empezaron a perseguir cangrejos por la playa. Los pequeños crustáceos estaban saliendo, tal vez atraídos por el anochecer prematuro que los aficionados ansiábamos ver. Nubes, nubes y más nubes. Llegó la hora de la anularidad (eclipse en forma de anillo) y sentimos que nuestro corazón se encogió un poco. No habría otro eclipse así -sobre México- en más de 20 años. Para ese momento algunos astrónomos ya habían anticipado su derrota guardando los equipos para protegerlos de la brisa marina y de una lluvia que evidentemente se dirigía hacia nosotros.
¡¡¡Y sucedió el milagro!!! Apenas 1 minuto después, un carbón encendido pareció perforar las nubes, y no era uno...¡¡sino dos!!! El Sol estaba partido en dos. Abierto. Como un gran paréntesis luminoso y rojo. Una rendija que discretamente se abrió entre las nubes barrió al Sol de abajo hacia arriba, permitiendo ver su contorno interrumpido por las montañas de la Luna formando una serie de bellas perlas de luz. Un collar de perlas. La gente gritaba, aplaudía y festejaba. El viaje había sido un éxito. Tanto espacio, tanto tiempo y coincidir.
Por unos instantes el Sol desapareció tras las nubes, pero se asomó nuevamente, ya no como un anillo sino como una cuna. El Sol parecía despedirse de la Luna y de nosotros con los brazos abiertos, hacia arriba. Su imagen se fragmentó entre unas nubes antes de zambullirse en el Océano Pacífico y sólo un bracito quedó. Se hundió poco a poco hasta que se perdió de vista dejando perplejos y extasiados a un grupo de afortunados astrónomos.
Con la noche llegó la lluvia y la niebla, y un largo viaje de regreso a casa, pero el recuerdo de un Sol partido en dos alegra nuestros corazones por mucho tiempo más.
Entre otros astrofotógrafos, Jimmy Herrera (Sociedad Astronómica del Planetario Alfa) tomó una secuencia de más de 40 fotografías. En ningún momento fue visible el 100% del contorno solar. Además de la Luna, las nubes hicieron lo propio. Una vez en Monterrey, procedimos a escanear las fotografías y tras escoger las 11 mejores se armó un ensamble digital. El resultado es un sorprendente Anillo de Fuego: una fotografía única en el Mundo. La imagen muestra los rasgos que el Sol eclipsado exhibió en el transcurso de varios minutos. El resultado es una exposición múltiple donde aparecen varias perlas de luz en el borde solar. El borde inferior aparece más ancho porque pertenece a las últimas tomas de la secuencia, cuando la Luna abandonaba el disco solar.
Se utilizó una cámara Olympus OM-1 con un telefoto catadióptrico de 500mm f/8. El tiempo de exposición fue de 1/60 con Película ISO 400 KODAK ULTRA. Las imágenes fueron procesadas por PhotoShop.
Esperamos hayan disfrutado este espectáculo de la naturaleza y –por si no lo vieron- que guarden un recuerdo con la animación incluida.
Que tengan cielos despejados y limpios.
Sociedad Astronómica del Planetario Alfa
JULIO 2002: LUCERO DE LA TARDE
AGOSTO 2002: LLUVIA DE ESTRELLAS
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