5.5.- Infierno interior y averno exterior

A finales de los cincuenta, principios de los sesenta, la zacatecana Amparo
Dávila publica sus dos volúmenes de cuentos Tiempo destrozado
y Música concreta. En ellos, se hace presente una atmósfera
misteriosa donde no se puede distinguir lo real de lo imaginario, donde lo siniestro
acecha y el terror es mudo. Exponente de la literatura fantástica mexicana,
Amparo Dávila acusa influencias de Edgar A. Poe, Franz Kafka, Jorge Luis
Borges, Julio Cortázar, entre otros escritores fantásticos. En
sus cuentos hay seres indeterminados, imprecisos, un poco como El mico
de Tario. En el cuento Alta cocina, horripila la manera como la niña
se aterra con el particular sonido de los caracoles de tierra cuando los están
cocinando. En el cuento Moisés y Gaspar no sabemos si los dos
personajes principales son antropoides, niños, perros, almas en pena,
monstruos, humanos contrahechos, la revelación corporeizada de sentimientos
inconfesables, ex maridos o retrasados mentales. El huésped es un algo
siniestro, con grandes ojos redondos, que araña, golpea y grita. Acecha,
entra y sale... El espejo refleja sombras encarceladas en el pasado que luchan
por traspasar el tiempo. En estos cuentos lo anormal, el horror, no son sorpresivos,
sino que lo monstruoso está tan cerca, que forma parte de la cotidianeidad,
y sólo requiere de un detalle mínimo para hacerse presente. Las
obras de Amparo Dávila no sólo son literatura sino verdaderas
profundizaciones sobre la naturaleza humana donde lo original proviene de la
honradez con que la escritora realiza sus cuentos, su escritura, llena de una
poderosa vitalidad, está apoyada en un lenguaje ceñido, preciso,
elemental.
Se puede relacionar a las escritoras, Guadalupe Dueñas y Amparo Dávila,
porque abordan el horror y porque son mujeres en un ámbito masculino.
Con la única excepción de Elena Garro la narrativa femenina de
México de mediados del siglo XX, hablaba únicamente de opresión,
del yugo masculino, del sexo y del erotismo, esto hace de nuestras dos escritoras
casi estrafalarias; literatas de un país machista explorando el territorio
de lo extraño.
En 1960 María Elvira Bermúdez publica otro cuento más sobre
el diablo; La búsqueda. Por otro lado encontramos obras macabras
y sobrenaturales aisladas, de escritores que se dedican a otros géneros
y que incursionaron de una forma limitada al subgénero que nos atañe.
Por ejemplo cuentos como La migala o Un pacto con el diablo de el escritor fantástico Juan José Arreola. En el primer cuento nos habla de un monstruo sañudo que somete al protagonista. En el segundo el autor narra la aparición del maligno en un cine y su tentativa de hacer un trato con una víctima. En La hora de todos el maestro Arreola aborda el tema del desdoblamiento y en El soñado representa el monólogo de un ser antes de nacer.

También están La canción de Odette de René
Avilés Fábila, La linterna de los muertos de Álvaro
Uribe, el cuento La cautiva de Juan Tovar, traductor de la inquietante
saga del brasileño Carlos Castaneda que comienza con Las enseñanzas
de Don Juan. Ignacio Solares escribe Madero, el otro, donde
el espiritismo interviene directamente en la trama de la historia. En Los
albañiles Vicente Leñero plantea la posibilidad de un asesinato
perpetrado por endemoniados. Alberto Ruiz Sánchez y Carlos Montemayor
utilizan recursos fantásticos terroríficos en sus novelas
Los demonios de la lengua y Mal de piedra, respectivamente.
Por esos años, Juan Preciado llega a Comala a buscar a su padre, a conocerlo,
pero sólo encuentra un pueblo abandonado de los vivos, lleno de fantasmas,
y cuando se da cuenta, muere de miedo por la falta de sueño, la falta
de alimento, la falta de aire, y los murmullos de los muertos, que escucha permanentemente.
Los fantasmas de Pedro Páramo son circunstanciales, símbolos
de abandono, difuntos humildes, indígenas. Muertos que murmuran y suspiran
y entablan conversación con los vivos. Mujeres fallecidas que se empiernan
en la cama con los vivos para deshacerse en un montón de lodo de tierra
y sudor. Muertos que, durante la noche, pasan borrachos por la calle gritando
"¡ay vida, no me mereces!".
Sin duda se da la interpretación literal, para que la obra sea terrorífica:
Juan Preciado muere de miedo. Sin embargo son tan naturales las apariciones
de los fantasmas, son tan esperadas, son tan familiares, que la obra terminaría
siendo uno de los pilares del llamado realismo mágico. Realismo mágico
es el nombre que se le impuso al género desarrollado en Latinoamérica
con el llamado boom de la literatura hispanoamericana y cuya característica
principal es que se mezcla el realismo regional de nuestros países con
el cuento de hadas. En el realismo mágico los fantasmas, los monstruos,
se presentan, los fenómenos paranormales se producen inopinadamente,
como en un sueño, sin que los personajes reparen gran cosa en ello, sin
tomarlo de una forma literal, lo cual acerca más la literatura a lo maravilloso
que a lo extraño: es decir; el realismo mágico es más cuento
de hadas que horror fantástico.
En 1963 José Emilio Pacheco publica el volumen de cuentos El viento
distante donde el terror se hace presente, aunque no es más ni menos
importante que otros motivos presentes en la obra como lo histórico o
las pasiones.
En el cuento que da título al libro, el horror que causa un fenómeno
de circo, da paso a la comprensión y a la empatía con el engendro.
En la narración La cautiva, el autor retoma el tema de la mujer
emparedada, desde el enfoque de un niño, presa de la fascinación.
Otro libro de José Emilio Pacheco que nos incumbe es El principio
del placer, de 1972, que reúne seis cuentos y una novela corta que
le da título a la obra. Los relatos que incluyen el horror fantástico
presentes en El principio del placer, son de una sutileza tal que los
hace notablemente enigmáticos. También aquí incluye otros
temas principales como la corrupción, la Ciudad de México y el
paso del tiempo.
En La fiesta brava, narración de terror subterráneo,
el pasado desafía al presente con un rito en un centro ceremonial mexica
que se conserva en las entrañas del subsuelo de la capital mexicana.
Tenga para que se entretenga recuerda al mejor terror cósmico
de Arthur Machen, traspasado a ese lugar sagrado del inconsciente colectivo
defeño que es el Bosque de Chapultepec. Langerhaus es una obra
espectral sobre un personaje ambiguo, que no se sabe si es una alucinación,
un fantasma, o el doble del protagonista.
Un aspecto muy loable de José Emilio Pacheco es el logro que representa
fundir exitosamente lo terrible y lo fantástico con el entorno de la
Ciudad de México y con la propia historia de nuestro país. Consigue
el escritor, con mucha delicadeza, ese traslado de la vida cotidiana hacia las
realidades luciferinas, transportando al lector desde el ambiente prosaico de
un día cualquiera, para dejarlo abandonado en medio de un paraje infernal.
En 1964 Jaime Cerdeña escribe Conéctate a ti mismo, que
habla de la gestación de un doble. En el mismo año y con el mismo
tema del doppelgänger Salvador Elizondo da a conocer La puerta.
En 1969, Salvador Elizondo publica en plan festivo El desencarnado,
la narración de un alma venida de ultratumba. En 1970 Salvador Novo
una vez más hace escarnio del Maligno en su humorística El
tercer Fausto. Francisco Hinojosa incluye en su libro Negros, héticos,
hueros, un par de cuentos destacables que retoman el subgénero de
horror fantástico. Dimas List, hombre lobo es un hombre lobo
poco ortodoxo que va, transfigurado en animal, al boticario para que lo curen
de su licantropía. People are strange es el deleite maligno
de sorpresivo final fantástico de dos enfermos, víctimas de una
horrorosa enfermedad que como la lepra, mutila a las víctimas. Es cercano
al horror gore, por la crueldad física y las perversiones sexuales que
maneja. En 1973 María Elvira Bermúdez publica La casa y el
árbol, otra obra fantástica de tema sobrenatural tomada con
un giro humorístico.
En este punto de nuestra macabra revisión, una luz se enciende en las
letras nacionales, para apagarse posteriormente, tal vez, para siempre. Una
leyenda desconocida, olvidada injustamente. Raúl Navarrete, escritor
nacido en Arandas, Jalisco, propone un estilo muy particular de hacer literatura.
Y no es que este autor que publicó en los sesenta y los setenta, se vaya
a convertir en un clásico, pero es una parada forzosa en la literatura
mexicana; hay un indicio de que por aquí pasa algo, de que aquí
hay una propuesta importante. Puede ser un esquinazo a lo hasta entonces escrito
en México, o un nuevo impulso para las siguientes generaciones.
Este insólito autor, además de estar apadrinado ni más
ni menos que por Juan José Arreola, se hizo acreedor la beca del Centro
Mexicano de Escritores entre 1965 y 1966 y más tarde a la beca Guggenheim.
También ganó los premios Nacional de Literatura Carlos Trouyet
en 1970, en 1974 el Premio Latinoamericano de Cuento, y en 1977 el premio Nacional
de Poesía de la Casa de la Cultura de Aguascalientes.
Las obras de Raúl Navarrete que más nos interesan son Luz
que se duerme novela publicada en 1969 y El oscuro señor y la
señora de 1973.
En la literatura de Raúl Navarrete asistimos a la creación de
un universo con sus simbolismos particulares. Es por esto que en su obra hay
interconexiones que totalizan sus textos. Toda su obra es una sola unidad. El
conocimiento de lo anterior, es necesario para la comprensión de la obra
de Raúl Navarrete. También es útil mencionar que su literatura
en prosa parte de la poesía; en ella crea sus mitos, sus símbolos,
para posteriormente desparramarlos en la prosa.
¿Qué implica que el escritor sea más poeta que narrador?
Posiblemente que el poeta posea en mayor grado esa adicción; esa pasión
o vicio de buscar la esencia de las cosas.
En Luz que se duerme las situaciones acontecen con una misteriosa y
casi secreta naturalidad. Este libro habla de la magia de las brujas, y el libro
en sí, la estructura del discurso, es a su modo, pura brujería
inquietante. Pone en relieve la imagen de la bruja, lo que significa o puede
significar para cada lector. Porque una bruja no es una señora desmelenada,
fea y harapienta. Una bruja es una fuerza terrible desencadenada, invisible.
Una bruja es más un demonio que una mujer. Sin embargo, lo importante
en Navarrete son las palabras en sí, no lo que expresan. Las palabras
refulgen en la novela a medida que la luz a la que hace alusión el título,
declina.
El oscuro señor y la señora es muy parecido a Luz que
se duerme, pero el lenguaje es mucho más depurado, hasta hacer la trama
inasible.
En su obra, Raúl Navarrete
habla de los terrores y agonías de la humanidad, de ése aspecto,
terrible, que nos diferencia de los animales y nos hace ser humanos. Raúl
Navarrete nos contagia su mirada desoladora de lo siniestro que pueden ser los
dos mundos; el interior y el exterior a nosotros. En sus textos, la realidad
es una sórdida pesadilla donde el horror está latente, más
no se hace evidente. Sus personajes son extrañas entidades, seres oscuros,
ninguno tiene nombre; el señor, la señora, el viejo, la muchacha...
como una especie de seres humanos no humanos, cuyas motivaciones no alcanzamos
a comprender. Tan sólo asistimos a una infinidad de hechos, de rituales
desconcertantes y sin finalidad aparente.
En éstas obras no hay trama; estamos acostumbrados a leer historias con
trama, pero con Raúl Navarrete, eminente explorador de estructuras literarias,
la novela no es la historia. La novela es la narración en sí,
la palabra por sí misma, el andamiaje de la construcción literaria,
en una especie de estética de la estructura.
La propuesta estética es buscar nuevas formas descarnando a la obra. Lo que sostiene a la obra ya no es el argumento, los personajes, la época, el desarrollo y demás; lo que sostiene la obra es el discurso por sí mismo. La voz narrativa es dotada de extraños movimientos; es como una video cámara que se mueve por todos lados, se sale de plano, se sale del tiempo y el autor jamás nos avisa de sus movimientos. Con una técnica asombrosa, Navarrete recrea esta visualidad, esta plasticidad y se da vuelo en esta capacidad de reinventar la voz narrativa. Es como si el lector pensara con la cabeza del escritor, en la frecuencia en el ritmo de sus pensamientos. El horror se hace manifiesto como un espejo del propio pensamiento; advertir el proceso mental de los pensamientos es terrorífico. Navarrete nos muestra que el pensar no es lo que uno cree que es; el pensar no se asocia mucho con la conciencia o con el raciocinio.
Raúl Navarrete trabajaba como
secretario en la desaparecida Editorial Novaro. Según cuenta la leyenda,
el escritor poseía cierta inclinación hacia el ocultismo y con
base en éste, marcó en un calendario de la oficina un día
en especial, determinante en su vida. Programó mudarse de residencia
ese día pues su situación familiar con su cónyuge era muy
precaria pues al parecer ella no quería que escribiera; decía
que lo que su marido escribía era espantoso. Así que Raúl
Navarrete llevó a cabo la mudanza, y en el último viaje por cosas
a su antigua casa, al salir de ella, un automóvil embistió su
vehículo y el escritor murió. Tenía 37 años. A partir
de entonces su mujer se dedicó a que olvidaran la obra literaria del
marido. Lo logró.
Parte por esto, parte porque el escritor ganaba múltiples enemigos debido
a su carácter poco sociable, la memoria de Raúl Navarrete ha ido
tristemente desdibujándose hasta el olvido, hasta el punto en que los
libros de este visionario, al más puro estilo de Emmanuel Swedenborg
o de Edgar Allan Poe ya no se reimprimen más. Así, aún
cuando, por su carga siniestra, las obras de Raúl Navarrete no son como
para regalarlas en Navidad, es triste y desconcertante que por motivos personales
un eminente escritor pueda ser erradicado del mundo de las letras.
El libro Manuscrito anónimo,
publicado en 1975 por Humberto Guzmán, es una agradable sorpresa dentro
de las letras mexicanas. Tendiendo más a la prosa poética, este
autor con una claridad poética de visión que se asemeja mucho
a la de William Shakespeare (quien con tres o cuatro palabras pintaba paisajes
prodigiosos) aborda temas entre el erotismo y el horror.
La primera narración del libro, Perra, es un texto despiadado
donde la incertidumbre no permite saber si la pasión del protagonista
es por una mujer, una perra, una araña gigantesca, o un ser que se transforma
por posesión diabólica en estos tres seres.
Textos inservibles, son tres variaciones sobre un mismo tema. En la
primer variación el protagonista aparece en una casa desconocida, con
una mujer desconocida con quien se mete a bañar en una tina llena de
gusanos, cochinillas y arañas. En la segunda, el protagonista es un gusano
en un planeta remoto y en la tercera una pareja se transforma en un par de gusanos.
Manuscrito anónimo es un impresionante ejercicio de estilo que
si bien no tiene más sustento su trama que la locura y los sueños,
resulta un relato donde predominan la brutalidad y el miedo. Un texto bastante
extraño, muy oscuro, que el autor dedicó a Luzbel.
La obra narrativa de Emiliano González comprende el volumen de cuentos
Miedo castellano de 1973, la novela Casa de horror y magia
en 1989 y el volumen de cuentos y poesías Los sueños de la
bella durmiente misma que ganó el premio Xavier Villaurrutia en
1978. Además de otros libros de poemas, es co autor de El libro de
lo insólito, antología, que a decir del escritor H. Pascal,
es un recorrido por la parte alternativa de los simbolistas. También
tiene un libro de reseñas, Almas visionarias y en él
encontramos señales de Emiliano González sobre sus autores favoritos
como el romántico Marcel Schwob, el surrealista André Breton,
el maldito Arthur Rimbaud, el modernista Amado Nervo, o el victoriano Aubrey
Beardsley. Dichas obras conforman una inquietante esfera en la historia de nuestras
letras ya que Emiliano González nos ofrece los rastros de su inclinación
por la extrañeza y el desvío, de su fascinación por lo
terrible, de lo misterioso, de su devoción por los escritores visionarios
y decadentes. Con fuertes influencias de escritores como Beardsley, Amado Nervo
y Arthur Machen, la obra terrorífica de Emiliano González nos
remite al Nervo de los Cuentos misteriosos: el hecho importante no
es la exploración de lo macabro en sí, sino como pretexto para
desarrollar de forma poética la reflexión sobre el esoterismo,
para abordar el misticismo, lo feérico y las visiones e incluso, el erotismo.
El mismo autor expresa de su obra: El paisaje aporta a estos poemas y relatos
un aparato de auténtico exotismo:
Avenidas, casas y jardines se borran en la atmósfera de una especie de
gótico tropical, habitado por fantasmas indolentes y empurpurados. El
mobiliario, la orfebrería y los tapices del modernismo son desempolvados
para estos años de posmodernidad. El vampiro toma ahora hierbas y fuertes
sustancias y hace girar su rotonda de maniquíes.
Emiliano González es una especie de visionario modernista simbolista
de finales del siglo XX. Indudablemente, cuando intenta homenajear a sus maestros
Arthur Machen y Howard Phillips Lovecraft, llega a superarlos en horror y elegancia.
En las obras de terror de Emiliano González encontramos ideas tan espantosas
como un collar de amatistas “para regalar a la esposa el día de
su cumpleaños”, del que nadie puede desembarazarse una vez que
ha ceñido el cuello y que va reduciendo su diámetro hasta estrangularnos.
También encontramos un reloj que da la hora sólo momentos
antes de la muerte del dueño, un retrato vivo que se sale de su cuadro
y merodea por el lugar, un muñequito de cuerda que toma proporciones
gigantescas mientras duerme el niño o la niña a quien lo obsequiaron.
También hay un jade con forma de huevo que emite una risa diabólica
al ser agitado, un caballito de carrusel que relincha, voltea la cabeza y se
encabrita para horror del jinete; una llave de plata que, suspendida en el aire,
busca el ojo de cerradura más arbitrario, ya sea el de la puerta que
nos conduce al infierno o el de la que nos lleva al paraíso, y que nos
obliga a seguir su curso hasta llegar a esa puerta y abrirla...
Emiliano González es un extraño escritor mexicano cuya narrativa
sombría destaca entre las letras nacionales y supera a muchas prosas
oscuras creadas.
De su obra, ha dicho el escritor contemporáneo Alberto Chimal: La
sensación que se produce desde los primeros momentos de la lectura es
la de penetrar en un espacio mágico, cerrado en sí mismo por reglas
oscuras e inviolables pero a la vez abierto a la contemplación, a un
placer sin culpa.
He aquí a uno de los más sobresalientes escritores mexicanos de
horror fantástico.
En 1981 la escritora Gabriela Rábago
Palafox publica la novela Todo ángel es terrible donde se aborda
el terror fantástico desde la óptica infantil y el vulnerable
mundo de los niños. A los adultos a veces se nos olvida que aunque aparentemente
un niño esté bien atendido, bien alimentado, en su interior es
posible que arda el mismísimo infierno. Los niños están
expuestos a fantasías enfermizas, a la incomprensión de los adultos
y a un mundo a veces, oscuro y amenazador, pletórico de presiones.
La escritora nos sumerge en una pesadilla fascinante donde el horror se transforma,
de los temores del personaje central, un niño tímido y cruel,
al propio ámbito del lector, porque Gabriela Rábago nos habla
de lo terrible que son los secretos inconfesables que cada persona lleva muy
adentro de sí. Esos secretitos obscenos, vergonzosos, horrorosos de cosas
que todos hacemos, o pensamos; esos secretos que nunca saldrán de nosotros
y con los que viviremos, anteponiéndoles una muralla de silencio, hasta
el último día de nuestras vidas.
Esas verdades terroríficas que se retuercen y pugnan por desatarse, por
salir a la luz, por delatarnos, por desenmascararnos y mostrarnos como realmente
somos.
Aunque nosotros, cobardemente, amordacemos a la terrible verdad, ésta
se sacude y azota violentamente las cadenas que la sujetan.
En 1990 aparece otro estupendo libro de la misma autora; La voz de la sangre,
donde Gabriela Rábago Palafox recrea ambientes góticos en situaciones
familiares a nuestra idiosincrasia de una forma muy efectiva. A nuestra forma
de ver la mejor historia de este libro de cuentos es la que se denomina Criaturas
de la noche, misma que se desenvuelve en un hipotético pueblo de
la provincia mexicana. Un niño muere y hay quien afirma que hace milagros,
por eso lo consagran en el pueblo como santito. Sin embargo el santito resulta
que se convierte en un verdadero nosferatu que asola la localidad y desperdiga
el sobrenatural contagio.
Con una visión sorprendente de las posibilidades reales de la existencia
del vampirismo, en Carta a Glafira, la escritora nos retrata mediante
la correspondencia entre dos personas, como es posible vampirizar a alguien
sin ser vampiro o ser vampirizado por una persona común y corriente.
Un año antes, en 1989, se
publica uno de los mejores libros, más originales y más propositivos
de horror fantástico en nuestro país: Miedo genital de
Lorenzo León.
Miedo genital es la historia de un periodista que va tras la pista
de una leyenda alrededor de un antiguo campamento de extracción petrolera
en un supuesto emplazamiento veracruzano, de nombre Cárdenas. Al abrir
los ingenieros los pozos petroleros de Cárdenas, dejaron en libertad
un monstruo, una huella, una inteligencia maldita que los indígenas prehispánicos
deificaron bajo el nombre de Chapopotéotl e incluso, construyeron un
centro ceremonial escondido, en honor de la diabólica deidad. La forma
de propagación del mal es mediante el sexo y la locura.
Destrucción casi bíblica por erotismo, por coprofilia, por insania,
y aunque no lo parezca, el terror de Miedo genital va mucho más
allá de lo meramente escatológico. No para hasta los límites
de la demencia.
El escritor Lorenzo León es de esos escritores que son siniestros por
la magnitud de la oscuridad en sus creaciones. Es de esos que uno los lee fascinado
mientras no se deja de repetir ¿pero en qué demonios estaba pensando
este sujeto cuando escribió esto?
Miedo genital es una novela, pero intercalada por historias, por cuentos que
no tienen que ver con la novela, como Sapélicos I y Sapélicos
II, donde se explora el horror gastronómico; el espanto, mucho más
que la simple repulsión, que puede producir el comer cosas inverosímiles.
Es una forma de llevar a cabo el mito de el origen de la carne en las grandes
ciudades.
Miedo genital es por mucho, uno de los mejores libros de horror sobrenatural
escritos en nuestra nación.
En 1997 el escritor José Ricardo
Chaves publica un volumen de cuentos denominado Cuentos tropigóticos.
Este primoroso librito, es un sueño dirigido e inspirado por los más
diversos autores como Guy de Maupassant, Efrén Rebolledo, Georges Rodenbach,
Madame Blavatsky, Marcel Schwob, Barbey d’Aurevilly, Fernando Pessoa,
etcétera.
A lo largo de los cuentos, el autor se traslada en el tiempo para contar historias
llenas de imágenes perturbadoras, algunas veces sobrenaturales. En Rollo
de vuelo encontramos el tema del desdoblamiento. En La cabellera
asistimos a la transformación del protagonista a partir de una enigmática
cabellera hallada fortuitamente. Los quemados es por un lado una atroz
variación al tema del doble y por otro es una tremendísima incursión
en el horror gore. Manuscrito hallado en una grieta es la locura que produce
el hecho de que el prodigio se le revele a una sola persona. Estas portentosas
narraciones se denominan Cuentos tropigóticos, según
el autor, debido a que las mansiones victorianas pueden levantarse en cualquier
selva centroamericana, como en la colonia Roma de la Ciudad de México,
o en un lugar incierto entre aquí, acá o acullá.
En 1998 el yucateco Agustín
Monreal saca su libro Cuentos para no dormir esta noche (Antología
íntima). En el cuento El cautiverio se aborda una vez más
y de forma sobrenatural el miedo atávico a las ratas, miedo que tal vez
provenga precisamente porque las ratas no parecen conocer el miedo. En Tema
del rescate se aborda un viejo mito casi no explotado en nuestro país;
la existencia de una raza subterránea que, en este caso, conoce nuestra
civilización y la evita. En Ventana abierta al mar el tema es
el de las sirenas, desde el punto de vista terrorífico.
El valor de éste libro es que precisamente, reasume temas que aunque
han sido muy explotados en otras latitudes, aún no han sido revisados
en nuestro país bajo la óptica del espanto.
Juan Trigos es el creador de la hemoficción,
que a saber es la estética literaria que refleja el sangrado de la conciencia
en espejos múltiples, dónde se contemplan con horror las mil caras
de la infancia personal, proceso que mantiene la desolación y la angustia,
síntomas indispensables en el camino individualización; ruta de
ascenso hacia la calidad de “ser humano”.
La hemoficción abre puertas de la conciencia personal del autor, logrando
que el lector se proyecte en sus propios abismos personales.
Juan Trigos maneja por igual el horror fantástico, el horror físico
y el psicológico, observando con objetividad despiadada las tendencias
más oscuras del ser humano.
Juan Trigos tiene una gran cantidad de libros publicados, pero tal vez donde
se reflejen con mayor claridad estos presupuestos es en su antología
del 2002 Cuentos de hemoficción.
Hábil conocedor del México colonial, Juan Trigos recrea varias
leyendas como La calle de Don Juan Manuel, o la Mulata del Diablo,
quien no es otra sino la Mulata de Córdoba, así como
la leyenda mayor de los mexicanos: La Llorona.
La recreación de La Llorona que en 1997, Juan Trigos lleva a
cabo, nos lleva al conocimiento íntimo del personaje. Las dos protagonistas
son la nana y la Llorona, no como espectro sino como persona de carne y hueso,
desde su infancia hasta su joven adultez en que se registra su muerte..
Se aborda a profusión los temas sobrenaturales de la resurrección,
de la brujería prehispánica (en este caso, muy relacionada con
la preparación de alimentos), de la Muerte, como personaje y de los aparecidos,
e incluso aparece una escena (el libro de pronto cae en lo erótico) del
encuentro carnal entre la Llorona y el Diablo.
Tal vez el mayor acierto de este libro es la forma como amalgama la mitología
prehispánica con el horror. Los crueles dioses mexicanos aparecen en
este libro como demonios.
Además se rescata la figura mitológica y terrorífica de
la Cuitlapanton, una especie de ogresa – alux, mexicana.
De los fantasmas se dice: Fantasmas
abundaban en México como flores y hierbas curativas y encantadoras. Fantasmas
humanos y fantasmas gatos, perros, lobos y caimán. Mezclas de fantasmas,
por ejemplo los fantasmas buitre, que salían al pardear en busca de su
diaria carroña de pecado. Fantasmas pordioseros que hacían sonar
dinero en los rincones de las casas ricas. Fantasmas cojos y jorobados, manos
fantasmas, piernas, ojos solitarios o en tríadas infernales.
Su abuela le había hablado tanto de estos y muchos espectros. Le
había explicado que las personas que sufrían la sensación
de ser espiados, tenían parásitos de ultratumba, y los que se
sentían perseguidos, ojos fantasmas encajados en la nuca.
Así como presenta esta idea antigua de los fantasmas, expone, de forma
muy interesante, la múltiple presencia de La Muerte en la vida diaria:
La Muerte anda suelta. Está presente en el agua, en el vino. Está
presente en el rostro de los pordioseros. Presente en las escaleras, en los
cuernos de las reses y en los colmillos de los puercos...
Por sus propuestas novedosas, y por su forma refrescante e insólita de
recrear nuestras antiguas leyendas, el escritor Juan Trigos es una parada indispensable
en nuestra sucinta revisión.