5.5.- Infierno interior y averno exterior


A finales de los cincuenta, principios de los sesenta, la zacatecana Amparo Dávila publica sus dos volúmenes de cuentos Tiempo destrozado y Música concreta. En ellos, se hace presente una atmósfera misteriosa donde no se puede distinguir lo real de lo imaginario, donde lo siniestro acecha y el terror es mudo. Exponente de la literatura fantástica mexicana, Amparo Dávila acusa influencias de Edgar A. Poe, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, entre otros escritores fantásticos. En sus cuentos hay seres indeterminados, imprecisos, un poco como El mico de Tario. En el cuento Alta cocina, horripila la manera como la niña se aterra con el particular sonido de los caracoles de tierra cuando los están cocinando. En el cuento Moisés y Gaspar no sabemos si los dos personajes principales son antropoides, niños, perros, almas en pena, monstruos, humanos contrahechos, la revelación corporeizada de sentimientos inconfesables, ex maridos o retrasados mentales. El huésped es un algo siniestro, con grandes ojos redondos, que araña, golpea y grita. Acecha, entra y sale... El espejo refleja sombras encarceladas en el pasado que luchan por traspasar el tiempo. En estos cuentos lo anormal, el horror, no son sorpresivos, sino que lo monstruoso está tan cerca, que forma parte de la cotidianeidad, y sólo requiere de un detalle mínimo para hacerse presente. Las obras de Amparo Dávila no sólo son literatura sino verdaderas profundizaciones sobre la naturaleza humana donde lo original proviene de la honradez con que la escritora realiza sus cuentos, su escritura, llena de una poderosa vitalidad, está apoyada en un lenguaje ceñido, preciso, elemental.
Se puede relacionar a las escritoras, Guadalupe Dueñas y Amparo Dávila, porque abordan el horror y porque son mujeres en un ámbito masculino. Con la única excepción de Elena Garro la narrativa femenina de México de mediados del siglo XX, hablaba únicamente de opresión, del yugo masculino, del sexo y del erotismo, esto hace de nuestras dos escritoras casi estrafalarias; literatas de un país machista explorando el territorio de lo extraño.

En 1960 María Elvira Bermúdez publica otro cuento más sobre el diablo; La búsqueda. Por otro lado encontramos obras macabras y sobrenaturales aisladas, de escritores que se dedican a otros géneros y que incursionaron de una forma limitada al subgénero que nos atañe.

Por ejemplo cuentos como La migala o Un pacto con el diablo de el escritor fantástico Juan José Arreola. En el primer cuento nos habla de un monstruo sañudo que somete al protagonista. En el segundo el autor narra la aparición del maligno en un cine y su tentativa de hacer un trato con una víctima. En La hora de todos el maestro Arreola aborda el tema del desdoblamiento y en El soñado representa el monólogo de un ser antes de nacer.


También están La canción de Odette de René Avilés Fábila, La linterna de los muertos de Álvaro Uribe, el cuento La cautiva de Juan Tovar, traductor de la inquietante saga del brasileño Carlos Castaneda que comienza con Las enseñanzas de Don Juan. Ignacio Solares escribe Madero, el otro, donde el espiritismo interviene directamente en la trama de la historia. En Los albañiles Vicente Leñero plantea la posibilidad de un asesinato perpetrado por endemoniados. Alberto Ruiz Sánchez y Carlos Montemayor utilizan recursos fantásticos terroríficos en sus novelas Los demonios de la lengua y Mal de piedra, respectivamente.
Por esos años, Juan Preciado llega a Comala a buscar a su padre, a conocerlo, pero sólo encuentra un pueblo abandonado de los vivos, lleno de fantasmas, y cuando se da cuenta, muere de miedo por la falta de sueño, la falta de alimento, la falta de aire, y los murmullos de los muertos, que escucha permanentemente. Los fantasmas de Pedro Páramo son circunstanciales, símbolos de abandono, difuntos humildes, indígenas. Muertos que murmuran y suspiran y entablan conversación con los vivos. Mujeres fallecidas que se empiernan en la cama con los vivos para deshacerse en un montón de lodo de tierra y sudor. Muertos que, durante la noche, pasan borrachos por la calle gritando "¡ay vida, no me mereces!".
Sin duda se da la interpretación literal, para que la obra sea terrorífica: Juan Preciado muere de miedo. Sin embargo son tan naturales las apariciones de los fantasmas, son tan esperadas, son tan familiares, que la obra terminaría siendo uno de los pilares del llamado realismo mágico. Realismo mágico es el nombre que se le impuso al género desarrollado en Latinoamérica con el llamado boom de la literatura hispanoamericana y cuya característica principal es que se mezcla el realismo regional de nuestros países con el cuento de hadas. En el realismo mágico los fantasmas, los monstruos, se presentan, los fenómenos paranormales se producen inopinadamente, como en un sueño, sin que los personajes reparen gran cosa en ello, sin tomarlo de una forma literal, lo cual acerca más la literatura a lo maravilloso que a lo extraño: es decir; el realismo mágico es más cuento de hadas que horror fantástico.
En 1963 José Emilio Pacheco publica el volumen de cuentos El viento distante donde el terror se hace presente, aunque no es más ni menos importante que otros motivos presentes en la obra como lo histórico o las pasiones.

En el cuento que da título al libro, el horror que causa un fenómeno de circo, da paso a la comprensión y a la empatía con el engendro. En la narración La cautiva, el autor retoma el tema de la mujer emparedada, desde el enfoque de un niño, presa de la fascinación.

Otro libro de José Emilio Pacheco que nos incumbe es El principio del placer, de 1972, que reúne seis cuentos y una novela corta que le da título a la obra. Los relatos que incluyen el horror fantástico presentes en El principio del placer, son de una sutileza tal que los hace notablemente enigmáticos. También aquí incluye otros temas principales como la corrupción, la Ciudad de México y el paso del tiempo.
En La fiesta brava, narración de terror subterráneo, el pasado desafía al presente con un rito en un centro ceremonial mexica que se conserva en las entrañas del subsuelo de la capital mexicana. Tenga para que se entretenga recuerda al mejor terror cósmico de Arthur Machen, traspasado a ese lugar sagrado del inconsciente colectivo defeño que es el Bosque de Chapultepec. Langerhaus es una obra espectral sobre un personaje ambiguo, que no se sabe si es una alucinación, un fantasma, o el doble del protagonista.

Un aspecto muy loable de José Emilio Pacheco es el logro que representa fundir exitosamente lo terrible y lo fantástico con el entorno de la Ciudad de México y con la propia historia de nuestro país. Consigue el escritor, con mucha delicadeza, ese traslado de la vida cotidiana hacia las realidades luciferinas, transportando al lector desde el ambiente prosaico de un día cualquiera, para dejarlo abandonado en medio de un paraje infernal.

En 1964 Jaime Cerdeña escribe Conéctate a ti mismo, que habla de la gestación de un doble. En el mismo año y con el mismo tema del doppelgänger Salvador Elizondo da a conocer La puerta. En 1969, Salvador Elizondo publica en plan festivo El desencarnado, la narración de un alma venida de ultratumba. En 1970 Salvador Novo una vez más hace escarnio del Maligno en su humorística El tercer Fausto. Francisco Hinojosa incluye en su libro Negros, héticos, hueros, un par de cuentos destacables que retoman el subgénero de horror fantástico. Dimas List, hombre lobo es un hombre lobo poco ortodoxo que va, transfigurado en animal, al boticario para que lo curen de su licantropía. People are strange es el deleite maligno de sorpresivo final fantástico de dos enfermos, víctimas de una horrorosa enfermedad que como la lepra, mutila a las víctimas. Es cercano al horror gore, por la crueldad física y las perversiones sexuales que maneja. En 1973 María Elvira Bermúdez publica La casa y el árbol, otra obra fantástica de tema sobrenatural tomada con un giro humorístico.

En este punto de nuestra macabra revisión, una luz se enciende en las letras nacionales, para apagarse posteriormente, tal vez, para siempre. Una leyenda desconocida, olvidada injustamente. Raúl Navarrete, escritor nacido en Arandas, Jalisco, propone un estilo muy particular de hacer literatura.

Y no es que este autor que publicó en los sesenta y los setenta, se vaya a convertir en un clásico, pero es una parada forzosa en la literatura mexicana; hay un indicio de que por aquí pasa algo, de que aquí hay una propuesta importante. Puede ser un esquinazo a lo hasta entonces escrito en México, o un nuevo impulso para las siguientes generaciones.

Este insólito autor, además de estar apadrinado ni más ni menos que por Juan José Arreola, se hizo acreedor la beca del Centro Mexicano de Escritores entre 1965 y 1966 y más tarde a la beca Guggenheim. También ganó los premios Nacional de Literatura Carlos Trouyet en 1970, en 1974 el Premio Latinoamericano de Cuento, y en 1977 el premio Nacional de Poesía de la Casa de la Cultura de Aguascalientes.

Las obras de Raúl Navarrete que más nos interesan son Luz que se duerme novela publicada en 1969 y El oscuro señor y la señora de 1973.

En la literatura de Raúl Navarrete asistimos a la creación de un universo con sus simbolismos particulares. Es por esto que en su obra hay interconexiones que totalizan sus textos. Toda su obra es una sola unidad. El conocimiento de lo anterior, es necesario para la comprensión de la obra de Raúl Navarrete. También es útil mencionar que su literatura en prosa parte de la poesía; en ella crea sus mitos, sus símbolos, para posteriormente desparramarlos en la prosa.

¿Qué implica que el escritor sea más poeta que narrador? Posiblemente que el poeta posea en mayor grado esa adicción; esa pasión o vicio de buscar la esencia de las cosas.

En Luz que se duerme las situaciones acontecen con una misteriosa y casi secreta naturalidad. Este libro habla de la magia de las brujas, y el libro en sí, la estructura del discurso, es a su modo, pura brujería inquietante. Pone en relieve la imagen de la bruja, lo que significa o puede significar para cada lector. Porque una bruja no es una señora desmelenada, fea y harapienta. Una bruja es una fuerza terrible desencadenada, invisible. Una bruja es más un demonio que una mujer. Sin embargo, lo importante en Navarrete son las palabras en sí, no lo que expresan. Las palabras refulgen en la novela a medida que la luz a la que hace alusión el título, declina.

El oscuro señor y la señora es muy parecido a Luz que se duerme, pero el lenguaje es mucho más depurado, hasta hacer la trama inasible.

En su obra, Raúl Navarrete habla de los terrores y agonías de la humanidad, de ése aspecto, terrible, que nos diferencia de los animales y nos hace ser humanos. Raúl Navarrete nos contagia su mirada desoladora de lo siniestro que pueden ser los dos mundos; el interior y el exterior a nosotros. En sus textos, la realidad es una sórdida pesadilla donde el horror está latente, más no se hace evidente. Sus personajes son extrañas entidades, seres oscuros, ninguno tiene nombre; el señor, la señora, el viejo, la muchacha... como una especie de seres humanos no humanos, cuyas motivaciones no alcanzamos a comprender. Tan sólo asistimos a una infinidad de hechos, de rituales desconcertantes y sin finalidad aparente.

En éstas obras no hay trama; estamos acostumbrados a leer historias con trama, pero con Raúl Navarrete, eminente explorador de estructuras literarias, la novela no es la historia. La novela es la narración en sí, la palabra por sí misma, el andamiaje de la construcción literaria, en una especie de estética de la estructura.

La propuesta estética es buscar nuevas formas descarnando a la obra. Lo que sostiene a la obra ya no es el argumento, los personajes, la época, el desarrollo y demás; lo que sostiene la obra es el discurso por sí mismo. La voz narrativa es dotada de extraños movimientos; es como una video cámara que se mueve por todos lados, se sale de plano, se sale del tiempo y el autor jamás nos avisa de sus movimientos. Con una técnica asombrosa, Navarrete recrea esta visualidad, esta plasticidad y se da vuelo en esta capacidad de reinventar la voz narrativa. Es como si el lector pensara con la cabeza del escritor, en la frecuencia en el ritmo de sus pensamientos. El horror se hace manifiesto como un espejo del propio pensamiento; advertir el proceso mental de los pensamientos es terrorífico. Navarrete nos muestra que el pensar no es lo que uno cree que es; el pensar no se asocia mucho con la conciencia o con el raciocinio.

Raúl Navarrete trabajaba como secretario en la desaparecida Editorial Novaro. Según cuenta la leyenda, el escritor poseía cierta inclinación hacia el ocultismo y con base en éste, marcó en un calendario de la oficina un día en especial, determinante en su vida. Programó mudarse de residencia ese día pues su situación familiar con su cónyuge era muy precaria pues al parecer ella no quería que escribiera; decía que lo que su marido escribía era espantoso. Así que Raúl Navarrete llevó a cabo la mudanza, y en el último viaje por cosas a su antigua casa, al salir de ella, un automóvil embistió su vehículo y el escritor murió. Tenía 37 años. A partir de entonces su mujer se dedicó a que olvidaran la obra literaria del marido. Lo logró.

Parte por esto, parte porque el escritor ganaba múltiples enemigos debido a su carácter poco sociable, la memoria de Raúl Navarrete ha ido tristemente desdibujándose hasta el olvido, hasta el punto en que los libros de este visionario, al más puro estilo de Emmanuel Swedenborg o de Edgar Allan Poe ya no se reimprimen más. Así, aún cuando, por su carga siniestra, las obras de Raúl Navarrete no son como para regalarlas en Navidad, es triste y desconcertante que por motivos personales un eminente escritor pueda ser erradicado del mundo de las letras.

El libro Manuscrito anónimo, publicado en 1975 por Humberto Guzmán, es una agradable sorpresa dentro de las letras mexicanas. Tendiendo más a la prosa poética, este autor con una claridad poética de visión que se asemeja mucho a la de William Shakespeare (quien con tres o cuatro palabras pintaba paisajes prodigiosos) aborda temas entre el erotismo y el horror.

La primera narración del libro, Perra, es un texto despiadado donde la incertidumbre no permite saber si la pasión del protagonista es por una mujer, una perra, una araña gigantesca, o un ser que se transforma por posesión diabólica en estos tres seres.

Textos inservibles, son tres variaciones sobre un mismo tema. En la primer variación el protagonista aparece en una casa desconocida, con una mujer desconocida con quien se mete a bañar en una tina llena de gusanos, cochinillas y arañas. En la segunda, el protagonista es un gusano en un planeta remoto y en la tercera una pareja se transforma en un par de gusanos.

Manuscrito anónimo es un impresionante ejercicio de estilo que si bien no tiene más sustento su trama que la locura y los sueños, resulta un relato donde predominan la brutalidad y el miedo. Un texto bastante extraño, muy oscuro, que el autor dedicó a Luzbel.

La obra narrativa de Emiliano González comprende el volumen de cuentos Miedo castellano de 1973, la novela Casa de horror y magia en 1989 y el volumen de cuentos y poesías Los sueños de la bella durmiente misma que ganó el premio Xavier Villaurrutia en 1978. Además de otros libros de poemas, es co autor de El libro de lo insólito, antología, que a decir del escritor H. Pascal, es un recorrido por la parte alternativa de los simbolistas. También tiene un libro de reseñas, Almas visionarias y en él encontramos señales de Emiliano González sobre sus autores favoritos como el romántico Marcel Schwob, el surrealista André Breton, el maldito Arthur Rimbaud, el modernista Amado Nervo, o el victoriano Aubrey Beardsley. Dichas obras conforman una inquietante esfera en la historia de nuestras letras ya que Emiliano González nos ofrece los rastros de su inclinación por la extrañeza y el desvío, de su fascinación por lo terrible, de lo misterioso, de su devoción por los escritores visionarios y decadentes. Con fuertes influencias de escritores como Beardsley, Amado Nervo y Arthur Machen, la obra terrorífica de Emiliano González nos remite al Nervo de los Cuentos misteriosos: el hecho importante no es la exploración de lo macabro en sí, sino como pretexto para desarrollar de forma poética la reflexión sobre el esoterismo, para abordar el misticismo, lo feérico y las visiones e incluso, el erotismo. El mismo autor expresa de su obra: El paisaje aporta a estos poemas y relatos un aparato de auténtico exotismo:
Avenidas, casas y jardines se borran en la atmósfera de una especie de gótico tropical, habitado por fantasmas indolentes y empurpurados. El mobiliario, la orfebrería y los tapices del modernismo son desempolvados para estos años de posmodernidad. El vampiro toma ahora hierbas y fuertes sustancias y hace girar su rotonda de maniquíes.
Emiliano González es una especie de visionario modernista simbolista de finales del siglo XX. Indudablemente, cuando intenta homenajear a sus maestros Arthur Machen y Howard Phillips Lovecraft, llega a superarlos en horror y elegancia. En las obras de terror de Emiliano González encontramos ideas tan espantosas como un collar de amatistas “para regalar a la esposa el día de su cumpleaños”, del que nadie puede desembarazarse una vez que ha ceñido el cuello y que va reduciendo su diámetro hasta estrangularnos. También encontramos un reloj que da la hora sólo momentos antes de la muerte del dueño, un retrato vivo que se sale de su cuadro y merodea por el lugar, un muñequito de cuerda que toma proporciones gigantescas mientras duerme el niño o la niña a quien lo obsequiaron. También hay un jade con forma de huevo que emite una risa diabólica al ser agitado, un caballito de carrusel que relincha, voltea la cabeza y se encabrita para horror del jinete; una llave de plata que, suspendida en el aire, busca el ojo de cerradura más arbitrario, ya sea el de la puerta que nos conduce al infierno o el de la que nos lleva al paraíso, y que nos obliga a seguir su curso hasta llegar a esa puerta y abrirla...
Emiliano González es un extraño escritor mexicano cuya narrativa sombría destaca entre las letras nacionales y supera a muchas prosas oscuras creadas.
De su obra, ha dicho el escritor contemporáneo Alberto Chimal: La sensación que se produce desde los primeros momentos de la lectura es la de penetrar en un espacio mágico, cerrado en sí mismo por reglas oscuras e inviolables pero a la vez abierto a la contemplación, a un placer sin culpa.

He aquí a uno de los más sobresalientes escritores mexicanos de horror fantástico.

En 1981 la escritora Gabriela Rábago Palafox publica la novela Todo ángel es terrible donde se aborda el terror fantástico desde la óptica infantil y el vulnerable mundo de los niños. A los adultos a veces se nos olvida que aunque aparentemente un niño esté bien atendido, bien alimentado, en su interior es posible que arda el mismísimo infierno. Los niños están expuestos a fantasías enfermizas, a la incomprensión de los adultos y a un mundo a veces, oscuro y amenazador, pletórico de presiones.

La escritora nos sumerge en una pesadilla fascinante donde el horror se transforma, de los temores del personaje central, un niño tímido y cruel, al propio ámbito del lector, porque Gabriela Rábago nos habla de lo terrible que son los secretos inconfesables que cada persona lleva muy adentro de sí. Esos secretitos obscenos, vergonzosos, horrorosos de cosas que todos hacemos, o pensamos; esos secretos que nunca saldrán de nosotros y con los que viviremos, anteponiéndoles una muralla de silencio, hasta el último día de nuestras vidas.
Esas verdades terroríficas que se retuercen y pugnan por desatarse, por salir a la luz, por delatarnos, por desenmascararnos y mostrarnos como realmente somos.
Aunque nosotros, cobardemente, amordacemos a la terrible verdad, ésta se sacude y azota violentamente las cadenas que la sujetan.

En 1990 aparece otro estupendo libro de la misma autora; La voz de la sangre, donde Gabriela Rábago Palafox recrea ambientes góticos en situaciones familiares a nuestra idiosincrasia de una forma muy efectiva. A nuestra forma de ver la mejor historia de este libro de cuentos es la que se denomina Criaturas de la noche, misma que se desenvuelve en un hipotético pueblo de la provincia mexicana. Un niño muere y hay quien afirma que hace milagros, por eso lo consagran en el pueblo como santito. Sin embargo el santito resulta que se convierte en un verdadero nosferatu que asola la localidad y desperdiga el sobrenatural contagio.

Con una visión sorprendente de las posibilidades reales de la existencia del vampirismo, en Carta a Glafira, la escritora nos retrata mediante la correspondencia entre dos personas, como es posible vampirizar a alguien sin ser vampiro o ser vampirizado por una persona común y corriente.

Un año antes, en 1989, se publica uno de los mejores libros, más originales y más propositivos de horror fantástico en nuestro país: Miedo genital de Lorenzo León.

Miedo genital es la historia de un periodista que va tras la pista de una leyenda alrededor de un antiguo campamento de extracción petrolera en un supuesto emplazamiento veracruzano, de nombre Cárdenas. Al abrir los ingenieros los pozos petroleros de Cárdenas, dejaron en libertad un monstruo, una huella, una inteligencia maldita que los indígenas prehispánicos deificaron bajo el nombre de Chapopotéotl e incluso, construyeron un centro ceremonial escondido, en honor de la diabólica deidad. La forma de propagación del mal es mediante el sexo y la locura.

Destrucción casi bíblica por erotismo, por coprofilia, por insania, y aunque no lo parezca, el terror de Miedo genital va mucho más allá de lo meramente escatológico. No para hasta los límites de la demencia.

El escritor Lorenzo León es de esos escritores que son siniestros por la magnitud de la oscuridad en sus creaciones. Es de esos que uno los lee fascinado mientras no se deja de repetir ¿pero en qué demonios estaba pensando este sujeto cuando escribió esto?

Miedo genital es una novela, pero intercalada por historias, por cuentos que no tienen que ver con la novela, como Sapélicos I y Sapélicos II, donde se explora el horror gastronómico; el espanto, mucho más que la simple repulsión, que puede producir el comer cosas inverosímiles. Es una forma de llevar a cabo el mito de el origen de la carne en las grandes ciudades.

Miedo genital es por mucho, uno de los mejores libros de horror sobrenatural escritos en nuestra nación.

En 1997 el escritor José Ricardo Chaves publica un volumen de cuentos denominado Cuentos tropigóticos.
Este primoroso librito, es un sueño dirigido e inspirado por los más diversos autores como Guy de Maupassant, Efrén Rebolledo, Georges Rodenbach, Madame Blavatsky, Marcel Schwob, Barbey d’Aurevilly, Fernando Pessoa, etcétera.

A lo largo de los cuentos, el autor se traslada en el tiempo para contar historias llenas de imágenes perturbadoras, algunas veces sobrenaturales. En Rollo de vuelo encontramos el tema del desdoblamiento. En La cabellera asistimos a la transformación del protagonista a partir de una enigmática cabellera hallada fortuitamente. Los quemados es por un lado una atroz variación al tema del doble y por otro es una tremendísima incursión en el horror gore. Manuscrito hallado en una grieta es la locura que produce el hecho de que el prodigio se le revele a una sola persona. Estas portentosas narraciones se denominan Cuentos tropigóticos, según el autor, debido a que las mansiones victorianas pueden levantarse en cualquier selva centroamericana, como en la colonia Roma de la Ciudad de México, o en un lugar incierto entre aquí, acá o acullá.

En 1998 el yucateco Agustín Monreal saca su libro Cuentos para no dormir esta noche (Antología íntima). En el cuento El cautiverio se aborda una vez más y de forma sobrenatural el miedo atávico a las ratas, miedo que tal vez provenga precisamente porque las ratas no parecen conocer el miedo. En Tema del rescate se aborda un viejo mito casi no explotado en nuestro país; la existencia de una raza subterránea que, en este caso, conoce nuestra civilización y la evita. En Ventana abierta al mar el tema es el de las sirenas, desde el punto de vista terrorífico.

El valor de éste libro es que precisamente, reasume temas que aunque han sido muy explotados en otras latitudes, aún no han sido revisados en nuestro país bajo la óptica del espanto.

Juan Trigos es el creador de la hemoficción, que a saber es la estética literaria que refleja el sangrado de la conciencia en espejos múltiples, dónde se contemplan con horror las mil caras de la infancia personal, proceso que mantiene la desolación y la angustia, síntomas indispensables en el camino individualización; ruta de ascenso hacia la calidad de “ser humano”.

La hemoficción abre puertas de la conciencia personal del autor, logrando que el lector se proyecte en sus propios abismos personales.

Juan Trigos maneja por igual el horror fantástico, el horror físico y el psicológico, observando con objetividad despiadada las tendencias más oscuras del ser humano.

Juan Trigos tiene una gran cantidad de libros publicados, pero tal vez donde se reflejen con mayor claridad estos presupuestos es en su antología del 2002 Cuentos de hemoficción.

Hábil conocedor del México colonial, Juan Trigos recrea varias leyendas como La calle de Don Juan Manuel, o la Mulata del Diablo, quien no es otra sino la Mulata de Córdoba, así como la leyenda mayor de los mexicanos: La Llorona.

La recreación de La Llorona que en 1997, Juan Trigos lleva a cabo, nos lleva al conocimiento íntimo del personaje. Las dos protagonistas son la nana y la Llorona, no como espectro sino como persona de carne y hueso, desde su infancia hasta su joven adultez en que se registra su muerte..

Se aborda a profusión los temas sobrenaturales de la resurrección, de la brujería prehispánica (en este caso, muy relacionada con la preparación de alimentos), de la Muerte, como personaje y de los aparecidos, e incluso aparece una escena (el libro de pronto cae en lo erótico) del encuentro carnal entre la Llorona y el Diablo.

Tal vez el mayor acierto de este libro es la forma como amalgama la mitología prehispánica con el horror. Los crueles dioses mexicanos aparecen en este libro como demonios.

Además se rescata la figura mitológica y terrorífica de la Cuitlapanton, una especie de ogresa – alux, mexicana.

De los fantasmas se dice: Fantasmas abundaban en México como flores y hierbas curativas y encantadoras. Fantasmas humanos y fantasmas gatos, perros, lobos y caimán. Mezclas de fantasmas, por ejemplo los fantasmas buitre, que salían al pardear en busca de su diaria carroña de pecado. Fantasmas pordioseros que hacían sonar dinero en los rincones de las casas ricas. Fantasmas cojos y jorobados, manos fantasmas, piernas, ojos solitarios o en tríadas infernales.
Su abuela le había hablado tanto de estos y muchos espectros. Le había explicado que las personas que sufrían la sensación de ser espiados, tenían parásitos de ultratumba, y los que se sentían perseguidos, ojos fantasmas encajados en la nuca.

Así como presenta esta idea antigua de los fantasmas, expone, de forma muy interesante, la múltiple presencia de La Muerte en la vida diaria:

La Muerte anda suelta. Está presente en el agua, en el vino. Está presente en el rostro de los pordioseros. Presente en las escaleras, en los cuernos de las reses y en los colmillos de los puercos...

Por sus propuestas novedosas, y por su forma refrescante e insólita de recrear nuestras antiguas leyendas, el escritor Juan Trigos es una parada indispensable en nuestra sucinta revisión.


CAPÍTULO V

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