Los poetas panameños y sus poesías |
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"En Panamá, donde casi todo lo propio se ignora o menosprecia, la expresión literaria, independientemente de su valor artístico, suministra datos que facilitan el cabal conocimiento de nuestra realidad. Es, pues, como testimonio de nuestra intimidad e idiosincrasia nacionales como ha de interesarnos primordialmente nuestra literatura." Rodrigo Miró. Este trabajo ha sido realizado con el único propósito de contribuir con la divulgación de la poesía panameña.
Envía tus sugerencias y comentarios al autor Breve historia de la literatura panameñaLos antecedentes coloniales de las letras panameñas se centran en la solitaria figura del jurista Joseph de Ayala (1728-1805) y, ya en el siglo siguiente, en las novelas históricas de G. Colunge (1831-1899) y en los poemas de T. Martín Feuillet (1832-1862), máximos representantes de la corriente romántica nacional. Pero el verdadero punto de partida de una literatura que no tendría interrupciones a partir de entonces hay que ubicarlo entre la fecunda estancia de R. Darío, en 1892, y la proclamación de la independencia del país, en 1903. A partir de esta última fecha comienza a aparecer la revista El Cosmos, fundada y dirigida por G. Andreve (1879-1940), que será el órgano de una sólida promoción modernista, encabezada por los poetas L. A. Soto (1874-1902), A. García (1872-1900) y S. Rivas (1868-1915), y por el singular narrador y ensayista S. Ponce Aguilera (1868-1945). Tras ellos se sitúan las llamadas "generaciones republicanas", en la primera de las cuales sobresalen los nombres de R. Miró, G. O. Hernández (1893-1918) y M. O. de Obaldía, mientras que en la segunda destacaron sobre todo el prolífico D. Korsi (1899-1957), y otros autores como L. Bárcena, S. Anguizola y M. Castillo. Ya avanzado el siglo XX, la fuerte influencia estética de las vanguardias europeas produjo obras significativas como las de B. Domínguez Alba -conocido con el seudónimo de Rogelio Sinán-, R. J. Laurenza, D. Herrera Sevillano, R. J. Bermúdez, S. Sierra o T. Solarte, grupo que ejerció un saludable magisterio sobre poetas más jóvenes como el metafísico J. de J. Martínez, el políticamente comprometido B. Peralta, el amargo y lúcido R. Fernández Iglesias, el vallejiano R. Oviero o la sutil e intimista D. Morán. En la narrativa, tras la vigorosa escuela nativista -emparentada con el simultáneo indigenismo típico de esa etapa hispanoamericana- que contó con los nombres de I. J. Valdés, J. M. Núñez, G. Blas Tejeira o G. Rojas Sucre y con una destacada continuación en la obra de C. A. Candanedo, R. Ozores, J. A. Cajar, J. M. Sánchez o J. Beleño, surgió una corriente renovadora representada por R. H. Jurado, E. A. Chong Ruiz, B. A. Zachrisson, A. Turpana o Dimas Lidio Pitty. En el último cuarto del siglo XX, a la obra de los nombrados en último término cabe agregar la del polifacético escritor Agustín del Rosario, la de jóvenes poetas recopilados por E. Jaramillo Levi en su Poesía panameña contemporánea (1981) o la de nuevos narradores como Bertalicia Peralta, José Antonio Córdova o Francisco Sousa, sin olvidar a ensayistas que llamaron también la atención de la crítica como Roberto de la Guardia (Mitología panameña, 1978) o Ricaute Soler, autor del polémico La nación hispanoamericana. |