La violencia contra las mujeres es una atrocidad de dimensiones mundiales. En todo el mundo, la vida de las mujeres se ve afectada por experiencias o amenazas de violencia sin distinción de posición económica, raza o cultura. En el hogar y en la comunidad, en la guerra y en tiempo de paz, a las mujeres se las golpea, se las viola, se las mutila y se las mata impunemente. Millones de mujeres y niñas son víctimas de la violencia por razón de sexo. Es la violación de derechos humanos más extendida, oculta e impune. Está presente en todas las sociedades del mundo, pero tiene una raíz única: la discriminación universal que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo. La violencia contra la mujer constituye una violación de sus derechos humanos y libertades fundamentales y un obstáculo o un impedimento para el disfrute de esos derechos y que los gobiernos deben adoptar medidas urgentes para combatir y eliminar todas las formas de violencia contra la mujer en la vida privada y pública, ya sean perpetradas o toleradas por el Estado o por personas privadas.


La Plataforma, en su definición de violencia contra la mujer, especifica que se refiere, entre otras cosas, a la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra. Otros actos de violencia contra la mujer incluyen las violaciones de los derechos humanos de la mujer en situaciones de conflicto armado, en particular los asesinatos, las violaciones sistemáticas, la esclavitud sexual y los embarazos forzados, así como la esterilización forzada y el aborto forzado, la utilización coercitiva o forzada de anticonceptivos, el infanticidio de niñas y la determinación prenatal del sexo.Además, el problema se agrava considerablemente, y, cada año, unas 200.000 mujeres cuyas edades oscilan entre los 20 y los 60 años, son blanco de la violencia de género. Las víctimas son sistemáticamente golpeadas, apaleadas, arrojadas por las escaleras, obligadas a mantener relaciones sexuales, acuchilladas o se intenta asfixiarlas. Tan sólo un 10 por ciento de ellas se atreve a presentar una denuncia contra su verdugo. ¿Por qué? Por temor, vergüenza o sentimiento de culpabilidad La impunidad de la violencia contra las mujeres es una cuestión compleja. Muchas mujeres prefieren no hacer uso del sistema legal contra su pareja debido a los vínculos emocionales que las unen a ella y al temor a perder la custodia de sus hijos. También las desanima el hecho de que con frecuencia los sistemas de justicia penal las consideren a ellas responsables de la violencia, afirmando que fue "incitada" o "instigada" por la propia conducta de la mujer. Además, como a las mujeres se les suele negar la igualdad de acceso a los derechos económicos y sociales, muchas no disponen de los recursos económicos necesarios para acceder al sistema legal. Solamente los casos más graves se destacan en los medios de comunicación, mientras que aquéllos en los que la violencia se califica de "no extrema" no alcanzan la publicidad, y, por tanto, no existen. ¿Si la asistencia social no es capaz de resolver ninguno de esos casos extremos o se limita a implementar proyectos, ¿qué debemos hacer con todas esas mujeres que se golpean "accidentalmente" contra una puerta? ¿Con aquéllas que callan por vergüenza o por temor a que su verdugo se enoje, o con las que se sienten responsables de los maltratos que sufren?.Desde que nacen hasta que mueren, tanto en tiempo de paz como en la guerra, las mujeres se enfrentan a la discriminación y la violencia del Estado, la comunidad y la familia. El infanticidio femenino priva a innumerables mujeres de la vida misma. Cada año, millones de niñas y mujeres sufren violaciones y abusos sexuales a manos de familiares, hombres ajenos a la familia, agentes de seguridad o combatientes armados. Algunas formas de violencia, como los embarazos y los abortos forzados, la "quema de novias" y los abusos relacionados con la dote, son específicas de las mujeres. Otras, como la violencia en el ámbito familiar —conocida también como violencia doméstica—, tienen entre sus víctimas un número desproporcionado de mujeres. Durante los conflictos armados, la violencia contra las mujeres suele usarse como arma de guerra para deshumanizarlas o para perseguir a la comunidad a la que pertenecen. Al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos en su vida, según un estudio basado en 50 encuestas de todo el mundo. El informe estima que el porcentaje de mujeres que ha sufrido algún tipo de maltrato familiar oscila entre el 20 y el 50 por ciento según el país. Las naciones más desarrolladas no están exentas: en Suiza es de20 por ciento, mientras que en Estados Unidos de 28 por ciento y en Japón de 59 por ciento. El informe elaborado por el Instituto Innocenti que Unicef tiene en Florencia, Italia y evaluado por 20 expertos de todo el mundo, no pretende ser exhaustivo, pero los datos que recoge sobre 23 países son reveladores. El lugar dónde más mujeres responden "sí" a la pregunta de si han sido maltratadas de forma física por su pareja actual o alguna anterior es Japón, donde el porcentaje alcanza el 59, si bien le sigue Kenya con 58 por ciento, incluso en lugares donde la mujer ejerce sus derechos humanos, como Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña, el número de víctimas es muy alto: 29, 28 y 25 por ciento, respectivamente. El problema es que las cifras se han extraído de diversos estudios de carácter nacional, regional y hasta local. Los autores del análisis hablan de "tortura" cuando se refieren a este tipo de violencia, en la que incluyen no sólo las palizas y asesinatos infligidos por familiares, casi siempre la pareja, sino también prácticas tradicionales, como la ablación del clítoris o los abortos selectivos por razón de sexo; el maltrato psicológico; los abusos sexuales. La compiladora del informe, Sushma Kapoor, subrayó en Ginebra que entre 10 y 15 por ciento de las mujeres han sufrido violaciones en el matrimonio, que en muchos países no es considerada como delito. El informe destaca que sólo 44 países --12 en América Latina-- han aprobado leyes específicas sobre violencia doméstica.

"La campaña de Amnistía Internacional"


La campaña de Amnistía Internacional para poner fin a la violencia contra las mujeres, que comienza en marzo de 2004, pretende ser una contribución a los esfuerzos que realizan en todo el mundo los movimientos en favor de los derechos de las mujeres. Este informe, publicado con motivo del lanzamiento de la campaña, pone de manifiesto la responsabilidad del Estado, la comunidad y los particulares a la hora de tomar medidas para terminar con la violencia contra las mujeres. Su objetivo es mostrar que la organización de las propias mujeres, reforzada por la solidaridad y el apoyo del movimiento de derechos humanos, es la forma más eficaz de acabar con la violencia contra ellas.

La campaña de Amnistía Internacional tiene por objeto movilizar tanto a hombres como a mujeres a fin de que se organicen para oponerse a la violencia contra las mujeres y utilicen el poder y la persuasión del marco de los derechos humanos en sus esfuerzos por acabar con ella. Abriendo nuevos campos en el trabajo de Amnistía Internacional, Está en nuestras manos investiga las causas de la violencia contra las mujeres, las formas que adopta y los remedios contra ella, explorando a la vez su relación con la pobreza, la discriminación y la militarización. Asimismo, hace hincapié en que el Estado, la comunidad y los particulares tienen la obligación de tomar medidas para terminar con esta atrocidad. En todo el mundo, las mujeres han liderado campañas valientes y ejemplares contra esta violencia, logrando cambios radicales en leyes, políticas y prácticas. Con el presente informe, Amnistía Internacional se une a esta lucha, mostrando cómo puede aplicarse un enfoque basado en los derechos humanos para hacer frente a la violencia contra las mujeres y vencerla.Si bien es cierto que en los últimos años ha habido avances significativos en la condición de las mujeres y en la búsqueda de mayor igualdad de derechos, aún estamos lejos de garantizar el pleno respeto y disfrute de los derechos humanos de las mujeres, quienes corren un doble peligro: son discriminadas por razón de sexo y tienen además las mismas posibilidades que los hombres de ser víctimas de violaciones de derechos humanos. Todavía hoy, muchas mujeres sufren discriminación, violencia tanto en los espacios públicos como privados; son mutiladas, golpeadas, torturadas y pueden ser víctimas de métodos represivos particulares, como la violación y el embarazo forzado; no disfrutan de acceso a servicios de salud adecuados y no son respetados sus derechos sexuales y reproductivos; no tienen las mismas oportunidades de educación y no se reconoce ni valora equitativamente su trabajo. A pesar de decenas de años de lucha en pro de la emancipación de la mujer, continúa existiendo una importante discriminación en el ámbito mundial que relega a la mujer a seguir siendo un ciudadano de segunda clase. Según informes de la Organización Mundial de la Salud, el 70 por ciento de las mujeres que son víctimas de asesinato mueren a manos de su compañero.


"Orígenes de la violencia"


La causa subyacente de la violencia contra las mujeres es la discriminación, que les niega la igualdad respecto de los hombres en todos los aspectos de la vida. La violencia tiene su origen en la discriminación y a la vez sirve para reforzarla, impidiendo que las mujeres ejerzan sus derechos y libertades en pie de igualdad con los hombres.
Amnistía Internacional basa su trabajo en la definición de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, a saber: "todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada"

La violencia contra las mujeres presenta, entre otras, las siguientes modalidades:


*Violencia contra las mujeres en el ámbito familiar (también llamada violencia doméstica o violencia intrafamiliar): palizas de la pareja, abusos sexuales de niñas en el hogar, violencia relacionada con la dote, violación marital, y mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales lesivas para la mujer. Los abusos contra las trabajadoras domésticas —reclusión, brutalidad física, condiciones de esclavitud y agresión sexual— también pueden incluirse en esta categoría.

*Violencia contra las mujeres en la comunidad: violación, abusos sexuales, acoso y agresión sexual en el trabajo, las instituciones educativas y otros lugares. La trata de mujeres, la prostitución forzada y el trabajo forzado también se incluyen dentro de esta categoría, así como la violación y otros abusos a manos de grupos armados.

*Violencia de género perpetrada o tolerada por el Estado o por "agentes estatales" (policías, guardias de prisiones, soldados, guardias de fronteras, funcionarios de inmigración, etc.). Esta modalidad incluye, por ejemplo, la violación a manos de las fuerzas gubernamentales durante los conflictos armados, la esterilización forzada, la tortura bajo custodia y la violencia contra las refugiadas a manos de funcionarios.
En cualquiera de estas categorías la violencia puede ser física, psicológica y sexual. Puede manifestarse a través de la privación o la desatención, no sólo mediante actos patentes de violencia o acoso. No son categorías excluyentes: la violencia física ejercida por la pareja suele ir acompañada de violencia sexual, privación, aislamiento y desatención, así como de malos tratos psicológico.

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