El estructuralismo genético de Pierre Bourdieu.
IVÁN ÁLVAREZ
Como los cabileños, nosotros estamos conducidos en nuestras prácticas y nuestras opiniones por “mecanismos” profundamente escondidos, que la ciencia [la sociología] debe descubrir. La parte de nuestras acciones que controlamos es muy débil con relación a aquella que incumbe a “mecanismos” que, inscritos en nuestro cuerpo por el aprendizaje, no son pensados conscientemente o que funcionan fuera de nosotros, según las regularidades de las instituciones.
Al estructuralismo genético del sociólogo francés Pierre Bourdieu lo caracteriza –como a todos los modelos sociológicos contemporáneos- una influencia determinada por diversas acumulaciones de las “teorías madres” de la sociología clásica (Karl Marx, Émil Durkheim, Max Weber). Así, podemos decir que el modelo bourdeano tiene una semejanza superficial con la teoría de las clases de Karl Marx, pues pone un énfasis especial –durante la construcción de su objeto de estudio- en la división social clasista. Empero, si el análisis de Marx proporciona una respuesta totalizante a la cuestión de la reproducción del sistema de clases –abocándose a las relaciones económicas y enfatizando la relación disimétrica que deviene de la apropiación del capital por la clase dominante-, el análisis bourdeano enfatizará en la reproducción cultural del sistema de clases (véase Pierre Bourdieu, La Distinción, Taurus) más circunscrita dentro de la tradición de Max Weber de las relaciones y las dominaciones simbólicas. Asimismo, Pierre Bourdieu retomará del sociólogo francés Émil Durkheim, su vehemencia, su pathos por acceder a la sociología a un estadio científico más elevado –alejándola, como el sociólogo positivista, de las nociones distorsionantes del saber común.
Pierre Bourdieu, Capital cultural,
escuela y espacio social.
Sin embargo, como dice el sociólogo francés Pierre Ansart, la situación epistemológica que se le puede atribuir al estructuralismo genético de Pierre Bourdieu, es la de un posestructuralismo, pues a la vez que también retoma cuestiones capitales del estructuralismo, puesto en boga intelectual por Claude Lévi-Strauss–quien a su vez retomó elementos de la metodología saussureana para construir su modelo-, lo critica y de ahí deviene la propuesta genética bourdeana. Aludiendo a las novedades teóricas que erigió el estudio levistrosiano para la constitución del modelo bourdeano, Ansart apunta:
Las investigaciones sobre los sistemas de parentesco, se propusieron descubrir los sistemas de relación que servían de fundamento a aquellos y los organizaban. En consecuencia ofrecieron un vasto campo de investigación sobre esas estructuras inadvertidas, o advertidas parcialmente por los agentes mismos, y, sobretodo, un campo de investigación inagotable sobre la índole de las relaciones, su constancia o su evolución, su repetición en dominios inesperados (Pierre Ansart, Las sociologías contemporáneas, 1990, 31-32, los énfasis son míos. El libro de Lévi-Strauss al que hace alusión el sociólogo francés es Antropologie structurale, 1958, Plon, París.

De esta manera, retomando el influjo levistrosiano, un primer momentum para la observación en el estructuralismo genético de Pierre Bourdieu, lo constituyen los sistemas de relaciones (o de posiciones), también denominados estructuras objetivas –y que más tarde acotará mediante su fecundo concepto de campo.

Por ende, el primer elemento estructural correspondiente al denominado estructuralismo genético, son las estructuras objetivas. La tarea esencial en este primer paso, es la de develar o descubrir (aspecto que Bourdieu heredó de la epistemología crítica de su maestro, Gastón Bachelard) las relaciones ocultas dentro de los sistemas de relaciones. Empero, para saber cuándo se trata de un objeto de conocimiento asible en el momento de la investigación -y no perdernos bajo los efluvios de una “sociología espontánea” (como Bourdieu denomina al saber común, así como el periodístico y el ideológico), lo que hay que hacer es sopesar al objeto social, de manera que encierre un “conjunto de relaciones internas, un sistema de relaciones cuyo análisis pueda abrir paso a la explicación del funcionamiento” (ibidem, el subrayado es mío). Aspecto que nos lleva a la búsqueda de la revelación de la lógica del sistema.
Sin embargo, las inercias develadas de acuerdo con el estudio de las estructuras, nos llevarán a la problemática capital de la injerencia que las últimas llevan a cabo sobre el posterior desenvolvimiento de los agentes:
Claude Lévi-Strauss y Gastón Bachelard
De esta manera, Bourdieu establecerá –en un segundo momentum de su investigación- la segunda estructura (denominada habitus y que explicaremos más adelante) con la que se completa, en el devenir de la construcción de su objeto, el estructuralismo genético, con el cual, por otro lado, se superarán las falsas antinomias en las que devienen las aseveraciones teóricas tanto de la física social, así como de la fenomenología constructivista.
... la investigación del sistema de las relaciones inaugura un trabajo considerable de estudio, para el que la determinación del sistema relacional es solo introductoria. Es preciso multiplicar después las interrogaciones sobre todas las consecuencias prácticas y simbólicas del sistema, y perseguir lo más lejos posible esta lógica social con el propósito de registrar todos sus efectos. Tal persecución analítica de las consecuencias importa sobremanera: ella constituirá por sí misma el proceso probatorio. Es persiguiendo ese despliegue de los efectos como se conseguirá multiplicar las perspectivas, revelar nuevas relaciones ocultas y, por la acumulación de las relaciones, demostrar el valor de las hipótesis (ibidem, 35,36, los subrayados son míos).
Así, para corroborar la injerencia que las estructuras tienen en el desenvolvimiento de los agentes dentro de un sistema de relaciones, Bourdieu le agrega a su sociología categorías analíticas enfocadas hacia la interiorización (dichas categorías, manadas de su estudio del libro de Erwin Panofsky: Architecture gothique et pensée scholastique, ibidem, 34) y de ahí arriba a la problemática capital de la reproducción, es decir, la de saber: “cómo se renuevan, [cómo] se reproducen las estructuras”, aspecto que lleva a “dar razón del comportamiento de los agentes como reproductores de las posiciones” (ibidem, 34, los énfasis son míos).
En la tendencia de la física social –denominada así, por el aserto comtiano, la piedra de toque sociológica de que los agentes son determinados por la estructura social- las regularidades objetivas ejercen coerción sobre los agentes en cuanto a la reproducción de su existencia social. El principal aporte de esta postura, es que rompe con la ilusión de transparencia del mundo social y con las percepciones espontáneas, pero a la vez –y esto es una carencia-, enfatiza en el papel determinante que las estructuras objetivas tienen sobre los individuos en cuanto a la reproducción social de la realidad, por lo que es mecanicista . La tesis de la física social era mantenida (de acuerdo a sus sendos cotos teóricos específicos) por filósofos como Louis Althusser o Michel Foucault, que manifestaban la inveterada desaparición del sujeto gracias a la determinación de las estructuras.
Louis Althusser y Michel Foucault
El mismo Bourdieu erigiría una ruptura con los modelos estructuralistas de de Saussure, y de Lévi-Strauss, pues “apuntaba[n] la urgencia de considerar explicativas no ya las expresiones y las opiniones de los agentes, sino las estructuras determinantes” (Ansart, op. cit., 39). Ergo, con el levantamiento de la segunda estructura en la aproximación hacia su objeto de estudio (el habitus), Bourdieu reaccionaba “contra la orientación
mecanicista del estructuralismo” (Bourdieu, Choses dites -hay traducción en español: Cosas dichas, Anagrama-, citado por Ansart, ibidem, 39). Como dice Ansart, esa crítica del mecanicismo estructuralista nos permite ver lo que Bourdieu retomará del estructuralismo y lo que criticará de él.
El otro enfoque que Bourdieu va a superar con el estructuralismo genético, es el de la fenomenología constructivista. Según esta corriente, dentro de la que se incluye a los sociólogos Alfred Schütz, Peter L. Bergery Thomas Luckman (habrá que recordar el -en el campo sociológico- célebre libro de Berger y Luckmann: La construcción social de la realidad, donde el título invoca claramente que la realidad es construida por los agentes, conllevando ello un inevitable sesgo a la determinación de las estructuras; muy diferente sería La construcción de la realidad social...), la realidad social es construida en su totalidad por obra de la voluntad de individuos “competentes” y “conscientes”. El aporte de esta concepción, es que erige al individuo como creador del mundo social, pero omite la injerencia (determinante para los que se circunscriben dentro de la física social, parcialmente determinante según la concepción bourdeana) que las estructuras objetivas tienen en cuanto a la creación del mismo –siendo esta su principal carencia (Bourdieu y Wacquant, op. cit, 19, 20).
Peter L. Berger y Alfred Schütz
Así, cada una de las posturas ignora lo que la otra pondera y es en este punto donde Bourdieu pone el acento para erigir su estructuralismo genético, poniéndose en medio de las dos, como corroboraremos a continuación.
Por lo tanto, para Pierre Bourdieu, la sociología tendrá como tarea, "re- velar las estructuras más profundamente ocultas de los diversos mundos
sociales que constituyen el universo social, así como los mecanismos que tienden a asegurar su reproducción o transformación” (Bourdieu y Wacquant, op cit., 17, 18, los subrayados son míos). Como habíamos adelantado, las estructuras de las que dicho universo está constituido son dos y llevan una vida paralela. Por un lado, encontramos a las estructuras objetivas, que Bourdieu denomina como la objetividad del primer orden, la cual está constituida por la distribución desigual de los recursos materiales –es decir, el mundo desde fuera. Por el otro lado, encontramos a la objetividad del segundo orden, que está constituida por la clasificación y esquematización de la realidad a partir de la aprehensión que tenemos de la realidad misma –es decir: cómo reconstruimos y le damos sentido al mundo o a la realidad a partir de la aprehensión que tenemos de ella misma (el mundo desde dentro) (Bourdieu y Wacquant, op cit., 20, 21).
Pues bien, Bourdieu (pro)pone como piedra de toque del eslabón reconstructor de la realidad, a la estructura social, pero los individuos también tienen su dosis de injerencia en cuanto al eslabón de dicha reconstrucción, ya que a partir de la determinación social –por medio de la estructura objetiva o social- el individuo aprehende la realidad, la categoriza, la esquematiza, le da sentido y –en la mayoría de los casos- la exterioriza por medio de las prácticas, reconstruyéndola.
Es por ello que Bourdieu nombra a este proceso bireconstructor como estructuralismo genético (“En este sentido, en caso de que me gustara el juego de las etiquetas, diría que intento elaborar un estructuralismo genético”, Choses dites, 24, citado por Ansart, op. cit., 40); por lo que ninguno de los dos elementos es prescindible –o los dos son injerentes. El aparato principal y primigenio mediante el cual se inicia este eslabón o proceso es el sistema pedagógico (familia y escuela), porque es mediante este sistema que los individuos –en la etapa pueril de su vida- interiorizan por la vía (pre)determinante de la estructura social a las condiciones sociales definidas; a partir de las cuales –y con un largo proceso inercial y coercitivo- derivarán las distintas esquematizaciones mentales o como las llamará más adelante disposiciones duraderas o habitus.
La aprehensión de la realidad que deriva de la determinación de la estructura social, no se remite solamente al aspecto del conocimiento de la realidad y del mundo externo, sino que también –y esto es inherente a dicha aprehensión- reproduce estructuras objetivas desiguales y disimétricas, es decir, reproduce al estado de las cosas; en otras palabras: al orden dominante.
El espacio social viene siendo la noción teórica que Bourdieu le da a la sociedad; por lo tanto, el espacio social es una vasta retícula estructurante que abarca una totalidad (Bourdieu y Wacquant, op.cit.). Dentro de esta retícula total, existen “pequeños” espacios de juego que Bourdieu denominará como campos, los cuales tienen una constitución histórica y una autonomía relativa con base a la relación que tienen con el espacio social. De acuerdo con Pierre Ansart:
Para designar, en su totalidad, a conjuntos tan extensos y complejos como el sistema político o el conjunto de las relaciones sociales que une y separa a los creadores culturales, Pierre Bourdieu propone emplear el término campo. Por este término, campo político o campo intelectual, no se debe entender el conjunto sumatorio de las personas que se dedican a la política o a la producción cultural, sino el sistema de las posiciones de estos agentes de lo político o de lo cultural (Ansart, op. cit., 38, los énfasis son míos).
Por ende, el campus es un sistema de relaciones (y de posiciones); un espacio de juego y de conflictos el cual tiene acotados sus propios valores, reglas y propiedades, por lo que tiene una especificidad. En el interior de este campo, los agentes sociales llevan a cabo una lucha con base a sus principios (pre)determinados. Dicha lucha entre los agentes también está determinada por la posición funcional, que estos tienen, ya sea que pertenezcan al grupo dominante, ya sea que pertenezcan al grupo dominado. El ingrediente por el cual los agentes entablan el juego, tiene que ver con la distribución disimétrica de los bienes y viene siendo concretamente el capital. Así, los agentes van a jugar dentro de un campo específico por el capital –ya sea capital económico, cultural o simbólico-, con el fin de reproducir o transformar sus condiciones dentro del mismo campo. Por esto último, hay una lógica del poder que acota o delimita a los campos.
El concepto bourdeano de habitus es –como adelantábamos líneas arriba- un conjunto de esquematizaciones mentales o disposiciones duraderas, que están determinadas por las estructuras sociales o campos. Sin embargo, como dice Ansart: “unos sujetos situados en condiciones sociales diferentes adquirirán disposiciones distintas, según su momento histórico y el lugar que ocupen dentro de un sistema social dado” (Ansart, ibidem, 40, 41, los subrayados son míos). Empero, un aspecto que es de suma importancia es que, el habitus, como producto de las estructuras estructurantes que produce la realidad (como producto que produce), es el elemento capital para que el agente reproduzca o transforme el sistema de relacionesvalga la tautología- de un campo específico: “Entre el sistema de las regularidades objetivas y el sistema de las conductas directamente observables se interpone siempre una mediación que no es otra cosa que el habitus, lugar geométrico de los determinismos y de una determinación de las probabilidades y de las esperanzas vividas, del futuro objetivo o del proyecto subjetivo” (Bourdieu, Le sens pratique, 178, -hay edición traducida por Taurus: El sentido práctico, aunque hace tiempo que está agotada-, citado por Ansart, ibidem, 41, los énfasis son míos.
Biografía de Pierre Bourdieu
Pierre Bourdieu
Un ejemplo de la reproducción de los patrones de comportamiento, lo podemos esbozar con el habitus de clase. Según Ansart, “como las condiciones de los aprendizajes y de su inculcación son relativamente idénticas dentro de una misma clase social, cabrá caracterizar un habitus de clase, inculcado, de hecho, a través de un sistema educativo complejo, que incluye la familia, la escuela y el contexto social” (Ansart, ibidem, 41). El habitus, como mecanismo determinado por la estructura estructurante, exteriorizará la interiorización y con ella, los pensamientos y acciones de acuerdo a las condiciones objetivas y a las relaciones clasistas, por lo que, como dice el epígono de Bourdieu, “el habitus de clase tiene por consecuencia, que los agentes se comporten de manera tal que las
relaciones objetivas entre las clases se perpetúen” (Ansart, ibidem, 42, el subrayado es mío).
Ahora bien, de esa reproducción perpetua de los habitus de clase, deriva uno de los conceptos fundamentales de Pierre Bourdieu: el de la violencia simbólica. Tal concepto se puede definir como la apelación inconsciente que uno de los agentes, instalado en su contexto en una posición dominante (piénsese, dentro de todos los sistemas de relaciones a los que se puede aplicar esta fecunda categoría...) hace de su posición, en detrimento de los agentes dominados que se circunscriben también dentro de ese campo o sistema de posiciones. O viéndolo un tanto althusserianamente, se podría hablar de la interpelación que le hace el lugar que le corresponde al agente dominante en un contexto específico. En cualquiera de los casos, la violencia está tan intrincada con el agresor, que éste la ejerce, las más de las veces, impunemente y suele ser imperceptible para sus víctimas.
Sin embargo existe otro tipo de violencia simbólica que es la que inflige el sistema educativo y que, a la vez, colabora en cuanto a la reproducción de las clases sociales:
... también la escuela se encuentra en correspondencia con la estructura de las relaciones de clases, y no dejará de participar, con sus modalidades propias, en la renovación de la dominación por el sesgo de imponer la cultura dominante como cultura legítima. La neutralidad proclamada de unas enseñanzas que en realidad conducen a la exclusión de las clases dominadas no hace sino reforzar la legitimidad de las diferencias de clases porque las convierte en resultados de una competencia equitativa. El sistema escolar oculta la arbitrariedad cultural y exige ser reconocido como una instancia legítima de imposición: por ese camino legitima la jerarquía de las culturas propias de cada clase. Impone y legitima la arbitrariedad cultural dominante (ibidem, 43, los énfasis son míos).
La violencia simbólica es infligida a los agentes al introyectarles la “inculcación de la arbitrariedad cultural” mediante el sistema escolar y, por ende, los mecanismos de reproducción de acuerdo con el statu quo. Como dice Ansart: “procura a las clases dominantes un excedente [un capital simbólico] de legitimación, puesto que confirma la apropiación que ellas hacen de la cultura” (ibidem).
Asimismo, la sociología no se queda fuera de los campos de alcance del estructuralismo genético, que también es metateoría: de acuerdo con Bourdieu, el papel del sociólogo es el de vigilar su propia postura como agente privilegiado, instalado, digamos, en un mirador más alto: “La sociología de la sociología, que permite movilizar en contra de la ciencia que se está estableciendo los conocimientos de la ciencia ya establecida, es un instrumento imprescindible del método sociológico: se hace ciencia –y sobretodo sociología- tanto contra su formación como con ella” (Bourdieu, 2002b, 10, los énfasis son míos).
Así, de acuerdo con la teoría bourdeana, la sociología es objeto de vigilancia por parte del observador que, instalado en una atalaya -¿foucaultiana? no, no nos parece así...-, se encargará de tratar de establecer un control sobre las iniquidades en las que incurre el científico.
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Fuentes bibliográficas:

-Andión Gamboa, Eduardo, Pierre Bourdieu y la comunicación social, 1999, UAM-Xochimilco, serie Cuadernos del TICOM, México.
-Ansart, Pierre, Las sociologías contemporáneas, 1990, Amorrortu, Buenos Aires.
-Bourdieu, Pierre, Wacquant, Loïc J.D., Respuestas, por una antropología reflexiva, 1995, Grijalbo, México.
-Bourdieu, Pierre, Capital cultural, escuela y espacio social, 2002a, Siglo XXI, México.
-Bourdieu, Pierre, Lección sobre la lección, 2002b, Anagrama, Barcelona.
-Bourdieu, Pierre, et al., La miseria del mundo, 2002c, FCE, Buenos Aires.
-García Ferrando, Manuel, La Sociología, ¿una Ciencia multiparadigmática?, en Teoría sociológica contemporánea, José Jiménez Blanco, Carlos Moya Valgañón, et al., 1978, Tecnos, Madrid.

Fuentes hemerográficas:

-Giménez, Gilberto, La teoría y el análisis de la cultura; problemas teóricos y metodológicos.
-Giménez, Gilberto, Para una concepción semiótica de la cultura, UAM-Xochimilco.
-Entrevista con Pierre Bourdieu, La sociología ¿es una ciencia?, Revista Memoria, abril de 2003.

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