Contrapunto en la Cultura

Textos editados en  la página cultural Contrapunto en la Cultura, en los años 1988 y 1989,  editada por  Arturo Esperón Villavicencio y Rodolfo Calderón Vivar.

Reedición de:

Rodolfo Calderón Vivar.-

Derechos Reservados 2007

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    Poema al escritor que ya no escribe

por  Rodolfo Calderón Vivar

A Juan Vicente Melo

¿Que recuerdo quedó   entonces?

¿Qué recuerdo queda ahora?

Donde la llana angustia cala

la impávida, silente, estoica

visión de la memoria.

Donde los párpados se duermen

y no sueñan y no inventan

sino la misma historia.

Donde el regocijo encuentra

la tímida consigna de amor

que la moral demora.

Ahi, donde por tus labios mueres

paulatinamente quieto y frío

sin percibir las horas.

Te eriges, obediente, sútil,

en la página nocturna

que nadie lee ahora.

¿Que recuerdo quedó   entonces?

¿Qué recuerdo queda ahora?

Donde el arcángel empuña,

la flamígera consigna

de expulsión absurda

que tu  psiqué deplora.

Donde un coro de nimios hombres

resulta desbandada histérica

de débiles alondras.

Donde la Casa del Lago crepita

en   derrumbes porteños

de tus recuerdos siempre ebrios.

Ahi, arrullado por ninfómanas y efebos

la dulzura del placer griego

evocas y atesoras.

Te eriges. obediente, sutil

en la página nocturna

que nadie lee ahora.

 

 

Regreso a principal

La Espada en el Pozo de la Amargura

por Jaime Renán González Pérez

Desglosando su eterna fantasía. Jorge Ramírez bajó de la baranda gris, contempló los autos en las calles y decidió no vivir más ese mundo de los cotidiano.

La niebla había caído sobre las regiones del bosque que se habían encantado,, apenas el látigo del sol se filtraba asesinando sombras  y descobijando arañas.. Un hombre de vasta quietud se apoyaba en troncos podridos de tanto goteo, de tanto delirio, de viejos pájaros que alguna vez volaron a lo largo de esas húmedas regiones y de los cuales desmontaron guerreros con miedo a la refriega de la noche. ¿Qué es una espada sino el grito que cunde al hundirse la sangre?.

Momentáneamente vió la  policromía  del semáforo y evocó los coches en aquella ciudad de gangsters, donde cada noche la metralla hacía crecer el ruido ante  las puertas.

Caracol de escaleras recorrió mientras los crujidos que acompañaban su sólido silencio se vertían en estertores que nunca creyó haber soñado. Una extraña inquietud se apoderó de él, al recordar qsue la cocina estaba abierta y Martha podría entrar a ella, introducirse en su dormitorio y esperar a su regreso.

Félix le había contado un episodio; las cachetadas rebotando en la cara de la mujer y la impaciencia de la pasión burlada. Pero no lo había advertido hasta muy tarde, cuando empezó a frecuentarla, acostumbrándose en cada entrevista a su modo, a su manera de respirar, a la desconfianza del rostro.

Una espada alguna vez descendió en el pozo de un veneno cargado, ese veneno era amargura de angostura que vivió añejándose en el paradero de los océanos. Posteriormente, el veneno amargura -por alguna forma o hechizo desconocido- llegó adonde el pozo se conjugaba con la luna.

Recordaba el pretexto que había elucubrado para conocerla, aquel que nunca reprobó y por el cual le pedía sus apuntes. En realidad conocería otro pretexto, sacar a la luz el verdadero motivo, hubiera sido enfrentarse con el espejo.

Había estado diciendo cosas al oído por espacio de dos horas y presentía que el águila descendería sobre su espada, quedando nada por tener.

Finalmente, entró a la encina abierta y se dirigió al dormitorio, donde alguna vez Martha soñó haber estado jamás.

 
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