ADVERTENCIA
Este fic
contiene gran cantidad de spoilers, es decir que si lo lees y no has
leído los libros te echará a perder la emoción. Te recomiendo primero leer los
libros escritos por Rowling y después leer los fics, pero si no te importa
saber lo que sucedió en anteriores libros sigue, pero yo te lo advertí
primero.
por Daga
Fue
agradable encontrar vacía la sala de profesores. Con algo de suerte no entraría
nadie más en un buen rato y yo tendría tiempo para leer con calma.
Para
ese entonces ya lo demás me tenían bastante harto. Si una sola persona más me
preguntaba cómo me iba con la poción de luparia, iba a empezar a gritar. ¡Por
supuesto que sabía cómo hacerla! Sí, era difícil, sí, era peligrosa. Pero yo
era el maestro de Pociones, ¿no podían dejar de preocuparse al menos un
segundo? ¿O era que pensaban que iba a envenenar a su precioso licántropo?
En
fin. Abrí el libro y empecé a hojearlo.
“Los
Tres Mosqueteros”, en una edición muy vieja... se había colado en mi maleta en
la última visita a la casa en la que crecí, la casa de mis abuelos. Ya casi no
recordaba el libro, excepto que me había gustado mucho la primera vez que lo
leí. ¿Cuál era mi personaje favorito? Ah, sí, el Cardenal... recuerdo haber
comentado el libro con mi abuelo, asombrándome de la astucia de Richelieu...
“Dumas
jugó mucho con los personajes, Sev, Richelieu pudo haber sido retorcido, pero
no era tan malvado como lo pintan ahí. Mmm. si lo que te interesa es un
personaje astuto, ya hablaremos cuando conozcas al Aramis de ‘El Vizconde de
Bragelonna’”
Curioso,
no recordaba ni de qué trataba el libro, pero sí lo que había comentado al
respecto con mi abuelo. Tal vez porque siempre me gustó mucho conversar con él.
Debo haber sido un niño impresionable, porque cualquier cosa que dijera él se
convertía en una verdad absoluta, mi única ambición era que él estuviera
orgulloso de mí.
Mi
abuelo fue un hombre justo y el mejor profesor de Defensa Contra las Artes
Oscuras que haya pasado por Hogwarts (al menos en opinión de Binns), menos mal
que nunca llegó a verme tocar el fondo, eso lo habría herido mucho.
Bueno,
¿iba a quedarme todo el día hojeando el libro y poniéndome nostálgico? Lo había
traído para leerlo, ¿no? Ahora bien, ¿empezaba por el primer capítulo o me iba
directamente a mi capítulo favorito? Estaba tratando de decidirme cuando
encontré una pieza de pergamino más o menos a la mitad del libro.
Una
carta de mi abuelo.
La
mano con que la sujetaba empezó a temblarme cuando me di cuenta de cuál carta
era, la que me había enviado luego de que le informara lo que me había pasado
con los Merodeadores cuando lo del pasadizo secreto bajo el sauce boxeador. Me
había olvidado por completo de aquella carta.
“He
leído una y otra vez tu versión de la historia, y la he comparado además punto
por punto con la versión de Albus. Sinceramente, pasé un buen rato tratando de
decidir a cuál de los dos creerle y finalmente no tuve más remedio que decidir
que ambos me están diciendo la verdad.
“Hubiera
preferido creer que estabas mintiéndome.
“Supongo
que es mi culpa. Fui yo quien te aconsejó que trataras de acercarte al chico
Potter y sus amigos. Pensé que su amistad te haría bien, que darían un poco de
luz a ese carácter tan oscuro que tienes. Veo que me equivoqué y sólo conseguí
causarte un daño. Lo siento, Severus. Debí dejar que tú mismo escogieras a tus
amigos.”
La
primera vez que leí esa carta realmente me quedé confundido. Había esperado un
howler cuando menos... ¿y el abuelo me pedía perdón?
Tuve
que ir a servirme algo de té para tratar de calmarme. Las manos seguían
temblándome y derramé bastante en el proceso...
¿Se
habría dado cuenta alguna vez de que un golpe habría sido mucho menos doloroso
para mí que pedirme perdón por eso? Nada en el mundo me habría podido forzar a
tratar de hacer amistad con esos cuatro si yo no hubiera querido hacerlo. Y
había hecho mi mejor esfuerzo por conseguirlo... ¿para qué? Para casi acabar
muerto o algo todavía peor en un túnel secreto gracias al retorcido sentido del
humor de aquellos cuatro.
En
última instancia, todo había sido culpa de Black y Potter, no de mi abuelo.
Sí,
todo había sido culpa de ellos... y a veces creo que lo que más me hizo
enfurecer entonces fue el que una broma suya provocara que mi abuelo me pidiera
perdón por escrito, como si no mereciera el pedestal en el que lo tenía su
nieto y las cosas nunca volvieron a ser como antes después de eso, antes estaba
convencido de que mi abuelo nunca se equivocaba, que no podía haberse
equivocado al sugerirme que tratara de unirme a ese grupo... después... después
simplemente dejé de escucharlo, aunque sabía que tampoco era su culpa. ¿Cómo
podía saber él que esos cuatro eran así de unidos no por verdadera lealtad sino
porque guardaban el secreto de un licántropo como quien esconde una enfermedad
vergonzosa?
Yo
podía haberles sido de utilidad. Si me hubieran aceptado entonces habría podido
ayudarlos a mantener a raya a los chicos de Slytherin que solían molestarlos. Y
si hubiésemos seguido siendo amigos, Lupin habría podido recibir la poción
matalobos mucho antes.
Y
tal vez habría podido ayudar a descubrir *antes* al traidor.
...o
tal vez yo no habría hecho muchas cosas que no podré remediar jamás...
Sé
que hubiéramos podido ser amigos. Eventualmente podría haber puesto abajo con
este estúpido orgullo mío y podría haber soportado la arrogancia de Potter de
haber tenido la seguridad de que me aceptaban. ¿La seguridad? Me hubiera
bastado con la posibilidad de que llegarían a aceptarme alguna vez.
Estuve
a punto de lograrlo, ¿no? Peter era amable conmigo.
Pobre,
pequeño, desvalido Peter, siempre tan asustado y perdido en medio de los
Gryffindor. Solía pensar que el Sombrero se había equivocado al enviarlo a esa
Casa y no a Hufflepuff, pero al final demostró que estaba donde le
correspondía. Recuerdo que intentó ayudarme a hacer amistad con los otros tres
en un par de ocasiones. De hecho, fue él quien me dijo primero que yo podía ser
una amistad útil, tal como había insinuado mi abuelo en un par de ocasiones.
Pero después del incidente del Sauce Boxeador no volvió a dirigirme la palabra.
No
me sorprendió. Yo habría hecho lo mismo.
Después
de ahí todo fue cuesta abajo y no logré salir a flote hasta que el Director me
obligó a retomar mi vida.
Y
ahora estoy aquí y de vez en cuando me pregunto si habría podido hacer que mi
abuelo estuviera orgulloso. Solía pensar que sí, hasta que llegó Potter con sus
amigos Weasley y Granger. Es como estar enfrentado otra vez a los Merodeadores
y cada vez que los veo o pienso en ellos sale a la superficie lo peor de mi mal
carácter.
Arrugué
la carta sin darme cuenta. Y el boggart que Lupin tenía guardado en el armario
para su clase empezó a hacer ruido. Mucho ruido.
Mi
abuelo no habría estado orgulloso de la situación a la que había llegado.
¿Pero
qué podía hacer yo?
Ya
era demasiado tarde para compensar nada. Jamás seré amigo de esos cuatro ahora
que dos están muertos y uno es un asesino prófugo.
Era
tarde para todo, lo único que podía hacer es quedarme sentado, viendo la
historia repetirse con un nuevo grupo de Merodeadores tan cerrado como el
anterior...
O
tal vez no tan cerrado. Suelen ser amables con el chico Longbottom, aunque no
le están siendo de ninguna ayuda. Cada vez que trato de obligarlo a reaccionar
en la clase de Pociones, cada vez que intento que responda, que se defienda,
que demuestre su verdadero talento, alguno de esos tres interviene para
protegerlo y echan a perder lo que trato de lograr. Longbottom nunca saldrá de
su concha si no le permiten utilizar sus propios recursos.
Lo
que había hecho Granger en la última clase realmente empeoró las cosas. Tendré
que darme por vencido un día de estos. No puedo hacer nada por este muchacho
mientras esos tres sigan estorbando. Sus buenas intenciones están ahogando al
pobre niño.
Volví
a poner la carta dentro del libro, sospechando que no releería “Los Tres
Mosqueteros” este año, y probablemente tampoco el próximo.
¿Qué
habría hecho mi abuelo en una situación así?
Casi
pude imaginarme lo que diría él.
“Buscar
a alguien más que sí pudiera hacer algo, Sev”
¿Cómo
era que había llegado a este punto a partir de una carta vieja dentro de un
libro más viejo todavía? No había intentado seguir los consejos de mi abuelo
desde lo del Sauce Boxeador.
...
¿y si hiciera la prueba, para variar?
Nada
perdía con intentarlo. De acuerdo, podía empezar por algo sencillo como tratar
de ayudar a Longbottom *a pesar* de la sobreprotección de Potter y sus amigos.
¿Y eso cómo?
En
ese momento pensé que tenía que dejar de soñar despierto. No había nada que
pudiera hacer ni nadie a quien pudiera recurrir. Si iba con otro profesor
tendría que empezar por explicarle la situación y mi orgullo no sobreviviría a
eso. No, definitivamente no. Tendría que realizar la hazaña de dar con alguien
capaz de entenderme sin que mediara explicación alguna. Y seré maestro de
Pociones, pero los milagros están fuera de mi alcance.
Lupin
y su clase entraron en ese momento y me descubrí a mí mismo haciendo una mueca.
Ni que los hubiera convocado con el pensamiento.
Decidí
que lo mejor era salir de ahí mientras pudiera, pero el libro y la carta
pesaban en mi mano de un modo extraño, como si mi abuelo estuviera
insistiéndome para que hiciera el intento de conseguir que Lupin me ayudara con
el problema de Longbottom.
“Sí,
claro. Tú lo pones todo tan fácil... Como sea, abuelo, esta va por ti” pensé,
tomé aire, me detuve en seco y giré sobre mis talones para mirarlos de nuevo.
-Posiblemente
no le haya avisado nadie, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. Yo le
aconsejaría no confiarle nada difícil. A menos que la señorita Granger le esté
susurrando las instrucciones al oído.
Era
posible, sí, Lupin era la clase de persona que reaccionaría a mis palabras
encargándole a Longbottom una labor difícil, vigilando en persona que la
realizara bien y sin correr peligro y que al mismo tiempo se aseguraría que la
sabelotodo de Granger no humillaría al pobre chico haciendo por él todo el
trabajo. Si con eso Longbottom no llegaba a darse cuenta de su propia
capacidad, no habría nada capaz de salvarlo... pero funcionaría, tenía que
funcionar, y yo me había ahorrado la humillación de tener que explicarle cómo
veía el caso.
-Tenía
la intención de que Neville me ayudara en la primera fase de la operación, y
estoy seguro de que lo hará muy bien –respondió Lupin.
Me
había comprendido, increíble. Tuve que forzar mi cara a hacer una mueca y salí
de ahí dando un portazo antes de que me ganara la sonrisa que estaba luchando
por subir a la superficie.
Iba
pensando que lo había logrado...
¿Cuándo
dejaré de ser tan iluso?
Aún
no había caído la noche y ya todo Hogwarts estaba riéndose de mí, cortesía de
Remus Lupin. Eso es lo que me gano por tratar de ayudar.
Las
risas se cortaban al verme aparecer pero continuaban tan pronto como daba la
espalda. Finalmente conseguí refugiarme en la sala de profesores, que estaba
desierta una vez más. Supongo que los demás andarían por los pasillos
comentando la gran hazaña de Longbottom.
...
y la *maravillosa* apariencia del boggart con mi cara y el vestido de la abuela
del chico.
Estaba
rumiando mi humillación cuando la puerta se abrió y entró Lupin con su más
radiante sonrisa. Me pregunté si sonreiría tanto si perdiera de pronto todos
los dientes con la ayuda de un golpe certero.
-¡Severus!
Vaya, ¿aquí estabas? Te busqué en tu oficina... y bueno, no me atreví a entrar
al laboratorio.
-No
te conviene hacerlo, hay luparia por todos lados.
Se
puso serio de repente. ¿Qué? ¿Habría notado algo en mi voz?
-¿Estás
enojado? –me preguntó con aire inocente.
-¿Enojado?
¿Yo? ¿Por qué? Sólo me humillaste delante de toda la escuela, como de
costumbre. El lobo cambia el pelo pero no las mañas, según veo –tenía unas
ganas terribles de agregar más, mucho más, pero la cólera hacía que todo se me
quedara atravesado en la garganta.
-¡Oh,
vamos, Severus! El que la señora Longbottom y tú fueran los mayores temores de
Neville fue sólo algo casual –me sonrió. Me sonrió como si mi pobre y maltrecha
dignidad no fuera nada importante.
¿Qué
estaba tratando de conseguir? ¿Contagiarme de su risa y que yo también
encontrara cómica una escena ridícula en la que el protagonista era yo?
-¿Una
casualidad? ¿UNA CASUALIDAD? Sí, seguro. Y también será una casualidad si se me
ha acabado la menta para la próxima vez que tenga que prepararte la poción.
Me
miró muy serio.
-La
poción no lleva menta...
Tuve
que morderme la lengua, había hablado de más pensando que él no conocía la
lista de ingredientes.
-No,
no lleva –respondí.
Me
levanté y salí lo más rápido que pude.
-¡Espera,
Severus! –me gritó desde la puerta-. ¿Para qué le pones menta a la poción
matalobos?
No
contesté nada y me apresuré a desaparecer de su vista, lo cual fue bastante
rápido gracias a las ventajas de tener el cabello negro, vestir de negro y
estar en un sitio oscuro.
La
menta se usa para atenuar el olor y el sabor de la luparia, no tiene ningún
otro efecto y es una de las pocas sustancias que no alteran el equilibrio de
los demás ingredientes. La diferencia que logra es muy poca, ciertamente, pero
es perceptible.
En
fin, que conste que lo intenté.
No,
no se me va a “acabar” la menta, pero es la última vez que voy a hacerle acaso
a los consejos de mi abuelo.
Llegué
a mi habitación, saqué la carta del libro y la tiré a la chimenea.
Junto
con todas mis buenas intenciones.
Fin