ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
"Sucedió en el tiempo en que las hadas aún danzaban
en los bosques bajo la luz de la luna que hubo en los reinos infernales una
importante asamblea.
Todos los que fueron expulsados del paraíso por la
llameante espada de Miguel se reunieron ante el trono del mayor de ellos, la
Estrella de la Mañana, condenado al Abismo por su vanidad y orgullo, y éste
planteó lo siguiente a sus súbditos: 'Bien sabéis que Aquel Cuyo Nombre Está
Prohibido (pues no puede ser pronunciado por ningún ser maligno) se ha hecho
hombre a sí mismo por salvar a sus criaturas de barro. Es mi propósito destruir
sus planes o cuando menos estorbárselos por un medio que sea burla del que Él
ha empleado. ¿Ha enviado a Su Hijo entre los hombres para guiarlos a la Luz?
Pues entonces ha de nacer un hijo de Abismo que los guíe a la Oscuridad.
¡Porque jamás permitiré que los hombres alcancen el cielo, mientras yo, que fui
la máxima de Sus creaciones, languidezco en el infierno!'
Aclamaron los demonios a su príncipe con grandes voces y
de entre ellos escogieron a Asmodeo por haber sido en el Cielo lo más parecido
a lo que las hijas de los hombres encuentran agradable, y lo enviaron a
Inglaterra bajo la apariencia de un apuesto doncel, con la misión de engañar y
seducir a alguna joven de reconocida pureza."
Leyenda de Merlín, contada por Henry Hyde
Extracto de
una carta de Sirius Black a Harry Potter:
¿¿Merlín
Brightstar está de regreso en Hogwarts?? ¿¿Y como profesor?? ¡Eso merecería una
Carcajada Tenebrosa Marca Remus Lupin! (No lo has escuchado reírse así, las
reservaba para asustar a Lily en Halloween, y si se lo preguntas, lo negará).
Me hubiera gustado ver la cara de Lucius Malfoy al enterarse de eso, la palabra
“enemigos” se quedaba pequeña con esos dos... en especial después del desastre
del baile de graduación... pero eso es algo que te contaré cuando seas mayor.
Además, Merlín me mataría si te lo contara estando él cerca y sé que sería
capaz de encontrarme si se enfada lo suficiente.
Tendrás un buen
maestro, tal vez consiga hacer que Interdimensional se vuelva interesante (pero
no esperes milagros, creo que tendrás que pedirle ayuda a Hermione de todos
modos). A Nakuri no la traté mucho, la barrera del idioma, supongo; mi español
era tan malo como su inglés, o quizá peor. Parecía una chica agradable, aunque
siempre andaba con el grupo de Pollyanna Becker, que era la cabecilla femenina
de Slytherin. Supongo que ella también se las arreglará con su clase, era la
única persona que podía poner en apuros a Severus con la competencia por el
primer puesto en el cuadro de honor.
Por favor, saluda
a Merlín de mi parte (y recuérdale que aún me debe un gato).
-¿Un gato? –se
preguntó Harry al terminar de leer la carta-. ¿Qué habrá querido decir con eso?
Estaba realizando
un viaje de exploración por corredores que no había usado nunca hasta entonces,
tratando de emplear un trayecto más corto hasta la clase de Defensa Contra las
Artes Oscuras, se le había hecho tarde por dar una vuelta equivocada mientras
leía la carta y ahora realmente empezaba a preguntarse si debería haber llevado
consigo el Mapa del Merodeador. Y justo entonces, como si lo hubiera conjurado,
el profesor Brightstar apareció frente a él al cambiar de pasillo.
-¿Va a la clase de
Defensa, señor Potter? Está algo retrasado –señaló, mientras miraba
discretamente un reloj de pared y lo comparaba con el suyo propio.
-Ya casi llego...
eh... Profesor Brightstar...
-¿Sí, señor
Potter?
Harry miró de
nuevo la carta y luego al profesor.
-¿Cuando usted
estudiaba en Hogwarts... conoció a Sirius Black?
-¿Sirius Black, tu
padrino? Bastante bien. ¿Por qué?
-Bueno, es que...
me han hablado acerca de un gato...
El profesor
Brightstar enarcó una ceja, justo como Harry había visto a Henry hacer de vez
en cuando. Se había dado cuenta de inmediato que sólo Sirius podía haberle
hablado a Harry de ese asunto.
-Dile que no lo
olvido. Le pagaré su gato cuando él se disculpe por lo del baile de graduación.
Él y Lupin.
-Pero...
-¿Pero cómo es que
le debo un gato? Pues... Va a llegar tarde a su clase, señor Potter. Y la
señora Brightstar no me perdonaría nunca si retengo a uno de sus estudiantes
con una historia tan vieja como esa. Apresúrese.
Harry asintió y
corrió los últimos metros que le faltaban antes de llegar al aula. Por suerte
no había llegado tan tarde como temía, la profesora sólo había tenido tiempo de
escribir su nombre en la pizarra y pedirle a sus alumnos que se presentaran
para ir familiarizándose con sus nombres.
-Me alegra verlo
llegar, señor Potter –dijo, como al descuido mientras Harry se deslizaba hacia
el escritorio que Hermione y Ron habían reservado para él-. Empezaba a creer
que me había equivocado y estaba usted en otro curso. Muy bien, jóvenes, el
profesor Lupin tuvo la bondad de dejarme algunas notas con respecto a la clase
y tengo entendido que todos ustedes optaron por Cuidado de los Animales Míticos
el año pasado, y que emplearon como libro de texto “El monstruoso libro de los
monstruos”, ¿estoy en lo correcto?
Murmullos de
asentimiento.
-Excelente,
¿alguno de ustedes tuvo la curiosidad de leer el capítulo dedicado a las arpías?
Automáticamente,
Hermione levantó la mano.
-Muy bien,
señorita Granger. Al encontrarnos con una arpía europea en estado salvaje, ¿de
qué debemos cuidarnos, además de sus terribles gritos y sus garras afiladas?
-Sus plumas son de
bronce y puede lanzarlas como si fueran puntas de flechas o cuchillos.
-Perfecto. Habrán
notado que hago una distinción entre la arpía europea y la americana. ¿Cuál es
la diferencia?
Hermione volvió a
levantar la mano.
-La arpía
americana posee plumas corrientes y es menos aficionada a volar y más lenta que
la arpía europea, pero su voz es más fuerte y su tamaño es mayor.
-Correcto, pero
las dos especies tienen un punto débil en común... ¿Señor Longbottom? –señaló
la profesora antes de que Hermione pudiera levantar la mano otra vez.
Neville primero se
puso pálido y luego se sonrojó, pero logró contestar la pregunta, luego de un
largo silencio.
-Ruido –dijo.
Hubo unas cuantas
risitas aquí y allá, pero la profesora no había cambiado su expresión dulce y
tranquila en ningún momento.
-Correcto, señor
Longbottom, la arpía europea detesta los ruidos fuertes, especialmente los que
son metálicos, y la arpía americana cae en un estado similar al trance cuando
escucha música, especialmente si la persona que utiliza la música contra ella
empieza a bailar. Eso sí, si la música cesa o el baile se detiene, la arpía
americana se enfurece y puede ser más peligrosa que antes. Ahora bien, existe
otro medio de protegerse contra las arpías... –la profesora abrió su bolso y
sacó de ahí una larga liana y una navaja de bolsillo, empezó a caminar entre
las filas de escritorios, cortando la liana y dándole un trozo a cada
estudiante-. Esto es bejuco, de una variedad especial, si todo sale bien,
empezarán a estudiarlo este año en Herbología; por cierto, es mejor cuando es
fresco, como este. ¿No me falta nadie? Muy bien, vamos a hacerle una visita al
profesor Hagrid.
En el camino hacia
la cabaña de Hagrid ninguno de los estudiantes dijo una sola palabra, mientras
la profesora les hablaba de las arpías, empezando por la aventura de los
Argonautas y el rey al que habían librado de una bandada de arpías enviadas a
impedirle comer por orden de los dioses griegos, continuando con la forma en
que Hércules ahuyentó a las arpías de Estinfalia usando unos cencerros de
bronce, y pasando de ahí a la arpía americana, que se alimenta de ceniza y
suele ser perseguida por las hormigas.
Hagrid los
esperaba con una jaula en la que había... algo que parecía ser un pájaro gris
con el tamaño y la forma de un pavo, pero cuando estuvieron más cerca pudieron
apreciar que tenía unas grandes garras nada propias de un ave de corral y que
en lugar de la cabeza normal de un pájaro tenía una cabeza que parecía más bien
la de una anciana particularmente fea y malencarada, que se cubría los
revueltos cabellos grises con un gran sombrero.
-Buenos días,
Rubeus –saludó la profesora Brightstar alegremente-. Déjala salir, por favor.
Hagrid
correspondió al saludo con una inclinación de cabeza y una gran sonrisa y
empezó a abrir los cuatro o cinco candados que mantenían cerrada la jaula.
Harry recordó
ciertos duendecillos sueltos en la clase, un par de años antes, y sujetó con
más fuerza el trozo de liana... ¿“bejuco”, había dicho ella? que le entregara
la profesora unos minutos antes.
-De momento es
mejor no empezar a lidiar con plumas de bronce lanzadas como cuchillos –decía
la profesora mientras acomodaba a los estudiantes en un círculo alrededor de la
jaula, colocando a las chicas de modo que no quedaran inmediatamente al alcance
del ave-. Esta es una arpía americana, en mi país la llamamos Tulevieja por su
costumbre de usar sombreros de tule, como el que pueden ver que lleva ahora. Es
muy agresiva, y ataca principalmente a las mujeres, sobre todo si es
descubierta cuando entra a alguna casa a comer la ceniza del fogón; ahora
podrán apreciar su grito característico... Bien, veo que el señor Hagrid ya
está listo, no suelten sus bejucos y empiecen a cantar cuando yo se los
indique.
-¿Cantar? –dijo
Ron, estupefacto.
-Cantar, señor
Weasley. Lo que prefiera cada uno. Pero no dejen de cantar hasta que yo les
avise, y si empiezan a bailar, no dejen de hacerlo hasta que la tulevieja esté
de regreso en su jaula. Si ven que se acerca demasiado a ustedes, adelanten el
bejuco de modo que pueda verlo con claridad. ¿Listos?
Ninguno tenía cara
de estarlo, pero la profesora sonrió como si hubiera recibido una respuesta
afirmativa y le hizo una señal a Hagrid, que abrió la puerta de la jaula.
La tulevieja se
precipitó afuera, chillando un agudísimo “¡Voy! ¡Voy! ¡Voy!” capaz de poner los
pelos de punta.
Harry nunca pudo
recordar qué fue lo que cantó ese día, pero lo hizo con toda el alma. Mientras
todos cantaban uniformemente, la arpía permanecía en el centro del círculo,
moviendo primero una pata y luego otra mientras marcaba el ritmo con las alas.
Cuando alguno se cansaba de cantar, la tulevieja iba directo hacia la parte
donde había bajado el volumen de la canción, pero la vista de los trozos de
liana la hacía retroceder y la canción volvía inmediatamente. Luego de unos
minutos, la profesora entró en el círculo, e hizo retroceder a la tulevieja,
entonces le indicó a los estudiantes que guardaran silencio y ella continuó
cantando sola, avanzando hacia la arpía con el bejuco frente a ella, haciéndola
retroceder hasta el interior de la jaula, que Hagrid cerró de inmediato.
-Muchas gracias,
Rubeus –sonrió la profesora antes de voltear y dedicarle a la clase una
radiante sonrisa.
-¡Excelente,
jóvenes, excelente! Diría que se han hecho merecedores de diez puntos para
Griffyndor. Ahora, antes de continuar, me figuro que les caería bien beber algo
de agua, ¿o me equivoco?
“No, no se
equivoca” pensó Harry, pero tenía la garganta demasiado reseca como para
expresarlo en voz alta.
-Se comportaron
estupendamente –dijo la profesora unos minutos después, mientras todo el grupo
descansaba sentados en la hierba, bajo la sombra de un gran árbol y bebiendo
agua fresca, que les parecía más deliciosa que nunca-. Supieron cantar de
inmediato. La primera vez que me encontré con una arpía no pude recordar ni una
sola canción, aunque formaba parte del Coro de Hogwarts. Como pueden ver,
jóvenes, sí hay una gran verdad en aquello de “quien canta, sus males espanta”.
La clase entera
rió esta vez.
-Espero que no
tengan que ver arpías con mucha frecuencia –añadió la profesora, con algo de
melancolía-. No suelen ser agresivas a menos que alguien invada su territorio o
que se encuentren fuera de él, pero se ha dado casos de Magos Oscuros que
entrenaron bandadas de arpías y las utilizaron como si fueran jaurías para
perseguir a sus enemigos, tienen un olfato muy fino, y son incansables. Pero
recuerden que tienen el sonido para defenderse y en caso de que no puedan
cantar, marquen un ritmo, eso también funciona y les dará tiempo de
tranquilizarse y pensar en otra solución. Bien, creo que podemos dar la clase
por terminada, tendrán que regresar ahora al colegio si quieren llegar a tiempo
a la próxima clase.
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-Creí que me moría
–dijo Ron un rato después, cuando se estaban aproximando al edificio principal.
-¿Tú? –exclamó
Hermione-. Cuando dijo “ataca principalmente a las mujeres” casi me da un
infarto. ¡Hasta empecé a cantar antes que los demás!... ¿Pero viste cómo
bailaba la arpía?
-Luego de un rato
hasta empezó a parecerme simpática –dijo Neville-, se nota que le gusta la
música.
-Eso puedes
apostarlo –dijo Henry, que caminaba un poco detrás de ellos, pero sin perder
una palabra de la conversación-. Una vez la tía Nakuri tuvo que cuidar una
tulevieja durante una semana entera. Tuvimos música día y noche hasta que se la
llevaron. Cualquiera habría pensado que estábamos celebrando, pero mis primos y
yo estábamos medio locos de desesperación. Después de que se la llevaron pasamos
como cuatro meses sin querer silbar siquiera.
Ya estaban en las
puertas del colegio y Harry iba prestando atención a lo que decía Henry cuando
Ron chocó con algo que parecía un enredo de tela negra y cabellos rubios.
-¡Galahaad!
–exclamó Henry, corriendo a auxiliar a su primo.
-Vaya, ¿pero es
normal que andes chocando con la gente? –preguntó Harry, sacando cuentas de que
era la tercera vez que veía a Galahaad en una situación similar.
-Lo siento, no me
fijé por dónde iba –dijo el chico, sonrojándose-. Henry, ¿y mis anteojos?
-¡Ah, sí! –Henry
sacó unos lentes de uno de los bolsillos de su túnica y se los entregó al
muchacho, que se los puso inmediatamente y sonrió algo aliviado-. Lamento
haberlos roto, pero creo que ahora están como nuevos.
Harry notó
entonces qué era lo que había visto raro en Henry ese día.
-¿Oye, Henry, no
usabas anteojos tú también?
-Hoy llevo de
contacto. Los normales suelen sufrir accidentes raros conmigo.
-Debe ser mal de
familia –apuntó Galahaad antes de continuar su camino.
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El resto de la
semana transcurrió en forma bastante normal, hasta que el jueves Ron alcanzó a
escuchar en el comedor una conversación que no iba dirigida a él, pero que no
podía dejar de llamar su atención.
-Es en serio...
-¡Estás loca,
Brightstar!
-No necesitas
insultarme.
La voz de Sonsioré
era calmada pero fría como un bloque de hielo y Ron se dio cuenta de que había
presagios de tormenta.
-¿Qué es lo que
pasa? –preguntó Colin, acercándose al grupo de chicas en el que se estaba
desarrollando la conversación.
Dorianna Kelley lo
miró por encima del hombro.
-Sonsioré quiere
que vayamos con ella a las pruebas para el equipo de quidditch de Slytherin.
-¿Ir con los de
Slytherin? –Colin abrió mucho los ojos-. Creerán que vamos a espiarlos.
-¿Espiarlos? ¿Y
eso por qué?
-Porque todos los
de Slytherin están paranoicos, por eso –intervino Mariley Reilly.
-¡Qué tontería! Lo
que quiero es que alguien me acompañe allá a apoyar a mi hermano Galahaad, que
va a hacer la prueba para el equipo de ellos. Sé que él me acompañará cuando
haga la prueba para el equipo de Gryffindor.
-Oh, había
olvidado que tienes un hermano ahí –dijo Dorianna-. Debe ser muy molesto,
querida.
-¿Uh? Bueno,
quedamos muy repartidos, pero no me molesta demasiado. Aunque, claro, Gal y yo
somos gemelos y no nos gusta estar alejados, pero creo que nos las estamos
arreglando. A Padma y Parvati no les ha ido tan mal aunque una esté en
Gryffindor y la otra en Ravenclaw...
-No lo decía por
eso –interrumpió Dorianna.
-Sé que no lo
decías por eso –replicó Sonsioré, sin cambiar de tono-, sé que estabas
insinuando que mi hermano es una persona desagradable porque el Sombrero lo
envió a Slytherin y también sé que estabas tratando de actuar como si Galahaad
fuera alguna enfermedad de la piel y yo fuera digna de compasión por eso. Si no
quieres acompañarme, no me acompañes y punto.
Sonsioré se puso
en pie bruscamente y miró a Ron como si hubiera sabido todo el rato que él
estaba ahí escuchando.
-Buen día, Ronald.
¿Me acompañarías a ver la prueba de quidditch de Slytherin?
-Yo... eh...
El muchacho empezó
a sudar frío mientras pensaba con desesperación cómo explicarle que él no sería
precisamente bienvenido en las cercanías de los estudiantes de Slytherin, pero
ya Sonsioré estaba alejándose con paso firme, dando a entender que nunca había
esperado una respuesta positiva.
-No te preocupes,
sé que tienes mucha tarea, hasta luego, Ronald.
-Me parece que
ella debería estar también en Slytherin –comentó Mariley.
-Fue un comentario
muy desagradable de su parte –sentenció Hermione cuando Ron se reunió con ella
y Harry para contarles el incidente, camino de la primera clase de Relaciones
Interdimensionales-. Pero no le falta algo de razón, Sonsioré no debío ponerte
en ese apuro.
-¿Qué apuro?
–preguntó Harry-. Le dijo inmediatamente que no la acompañara.
-Harry, ¿es que no
lo ves? –protestó Hermione con impaciencia-. Haciendo las cosas de esa manera,
Ron queda obligado a ir con ella o quedar como un maleducado.
-Yo... –empezó a
decir Ron.
-Pero ella no dijo
nada que lo obligara.
-Pero la forma en
que lo dijo y delante de quiénes lo dijo, las dos más grandes chismosas de
Gryffindor, ahora toda la escuela estará esperando para ver si Ron va a la
prueba de quidditch.
-Este... –trató de
intervenir Ron.
-Bueno, eso se
puede solucionar: vamos nosotros también.
-Harry, no creo
que sea buena idea que tú vaya a buscar problemas con los de Slytherin.
-Oigan...
-Ponte por un
momento en el lugar de Sonsioré y sus hermanos: es su primer año en otra
escuela y otro país, están en diferentes Casas y apenas están empezando a hacer
amigos. Tú y no hicimos buenas migas de inmediato el primer año, ¿recuerdas?
¿Qué tal la pasaste entonces?
-¿Puedo...?
-Buen punto,
Harry, pero eso no quita el que Sonsioré haya actuado como una manipuladora de
la peor clase.
-Tal vez sólo está
asustada.
-Chicos...
-Puede ser.
-¿Hecho?
-Hecho.
-¡Oigan!
-¿Sí, Ron?
-... ya olvidé lo
que iba a decir.
-Bueno, pues
cuando lo recuerdes, avísanos. Ya llegamos.
La clase del
profesor Brightstar sería dictada en uno de los auditorios del colegio. Cuando
los tres amigos llegaron, se encontraron con que compartirían clase con
Hufflepuff, Slytherin y Ravenclaw.
-¿Va a darle clase
a las cuatro Casas al mismo tiempo? –susurró Ron-. Le irá peor que a Hermione
con el giratiempo.
-Shh –lo calló
Hermione-. Ya va a empezar.
-Muy buen día,
jóvenes. Están aquí para aprender un arte realmente difícil: diplomacia.
Imagino que muchos de ustedes estarán considerando que esto no les será de
mucha utilidad en la vida diaria, ya que sólo unos pocos de entre ustedes están
lo suficientemente locos como para dedicarse a la política... siento
desilusionarlos, lo que aprenderán aquí son normas generales que les ayudarán a
sobrevivir a la sociedad sin tener que iniciar una guerra. No acostumbro
dictar, así que son libres de tomar o no apuntes cuando lo consideren
necesario. En cuanto a los exámenes... bien, espero que estudien sus libros de
texto, pero el que puedan defender adecuadamente sus propias opiniones será
igual de importante que la materia vista en clase y que las tareas que
realizarán en su tiempo libre.
“Primero lo más
sencillo. Para comprender el funcionamiento de las sociedades humanas y la
forma en que interactúan entre ellas, empezaremos estudiando las cuatro Casas
de Hogwarts. A cada una le asignaremos un país dentro del mundo mágico y los
miembros de cada casa aprenderán a aplicar la diplomacia desde el punto de
vista del país correspondiente, y todos en general estudiarán las leyes
internacionales que evitan que nos destruyamos unos a otros... al menos
teóricamente.
“Al final del
curso, cada Casa elegirá dos representantes que darán una conferencia a la
clase, dando a conocer sus experiencias y conclusiones...
Una tiza se elevó
en el aire y empezó a escribir una lista de nombres en el pizarrón,
sorprendiendo de paso a los estudiantes. Nadie había visto al profesor usar su
varita ni había interrumpido el discurso para dar alguna orden mágica...
¿tendría un fantasma a su servicio?
Los murmullos de
asombro y curiosidad habrían empezado entonces, pero alguien habló antes de que
sucediera.
-Disculpe,
profesor, tal vez sea sólo idea mía, pero... ¿hay nombres de filósofos muggles
en esa lista?
Harry miró a su
izquierda, junto a él había otro estudiante, y después de ese alumno... estaba
Draco Malfoy.
-Sí, señor Malfoy,
unos cuantos.
-¿Eso no debería
limitarse a Estudios Muggles? No veo ninguna razón por la que puedan
interesarnos los que opinen los muggles en Relaciones Interdimensionales... ¡Ni
siquiera tienen relaciones con otras dimensiones!
Murmullos de
asentimiento. Por supuesto, el grupito que siempre lo apoyaba no dejaría de
aprovechar la oportunidad.
-Además –continuó
Draco-. La filosofía muggle está muy poco desarrollada con respecto a la
filosofía del mundo mágico, estudiar a sus filósofos sólo serviría para
resaltar su inferioridad, cosa del todo innecesaria porque es un hecho muy bien
conocido que...
-¿Cómo sabes que
son filósofos, Malfoy? ¿Los has estado estudiando en tu tiempo libre? –preguntó
Harry.
Draco lo miró como
si recién se diera cuenta de que Harry estaba a menos de dos metros de él.
-Una conclusión
estúpida, para no perder la costumbre, Potter.
Henry, que era el
estudiante ubicado entre Harry y Draco pareció encogerse un poco, justo como
una persona que desea con todo su corazón que la tierra se abra y le trague lo
más pronto posible, mientras la discusión entre los otros dos iba subiendo de
tono.
El profesor tomó
un pisapapeles de metal que estaba sobre su escritorio, lo sopesó un poco y
luego, con aire parsimonioso, lo dejó caer. El ruido repentino hizo que Harry y
Draco se callaran y miraran hacia él.
Merlín sacudió la
cabeza de un modo casi imperceptible, e hizo señas a los dos jóvenes para que
se acercaran a donde estaba él. A espaldas del profesor, la tiza no había
dejado de escribir nombres en el pizarrón.
-Jóvenes, lo que
acabamos de presenciar es justamente lo que espero no ver nunca más en mi
clase. Se supone que tengo que enseñarles a comportarse como personas
civilizadas y están dejando en evidencia que no soy la persona adecuada para
hacer un milagro de ese calibre.
Eso lo había dicho
en voz baja, sólo para Harry y Draco, pero enseguida alzó la voz para dirigirse
a toda la clase.
-Sí, estudiaremos
unos cuantos filósofos y legisladores muggles, junto con filósofos y
legisladores magos. Y sí existen relaciones diplomáticas entre algunos países
muggles y algunos países del mundo mágico. Lo cual es algo que también van a
estudiar en esta clase. Primera asignación del curso: por favor, que cada quien
elija un nombre del pizarrón y prepare un reporte de... digamos, un pergamino,
para lo próxima clase. Excepto los señores Potter y Malfoy, que tendrán un tema
especial para trabajar.
Nuevamente bajó la
voz para que sólo los dos interesados pudieran escucharlo.
-Señor Potter,
usted estudiará a Jeremy Potter. Señor Malfoy, usted estudiará a Alphonse
Malfoy. Los dos leerán sus reportes a la clase. ¿Les parece que es un castigo?
Los felicito por su capacidad de percepción, efectivamente, se trata de un
castigo.
++++++++++++++++++++++++++++++++++
-Ese profesor está
buscándose un buen problema al castigarte, ¿eh, Malfoy? –dijo Crabbe, con una
risita.
Draco respondió
con un murmullo ininteligible. Aquellos dos imbéciles podían ser útiles, de eso
no cabía duda, pero resultaba molesto estar escuchando su cháchara a diario.
Casi fue un alivio encontrar a alguien más entre las estanterías de la
biblioteca, aunque se tratara de aquel ratoncito miope de Galahaad Brightstar.
Por lo menos Crabbe y Goyle permanecerían callados mientras Galahaad estuviera
ahí, por miedo a decir algo que los indispusiera con el hijo de un profesor.
-Hola, Malfoy
–saludó el chico, con un aire de no haber roto un plato en toda su vida que
resultaba particularmente irritante-. ¿Buscando información para la tarea de
Interdimensional?
No era muy difícil
de adivinar, estaban entre la sección de filosofía y los anuarios.
-No sé por dónde
empezar –dijo Draco, paseando la mirada por las hileras de libros-. Tal vez
debería preguntarle a tu padre, ¿no? Ha habido trece Alphonse en mi familia
y...
-Si no me
equivoco, se refiere al único que escribió algo. El Alphonse Malfoy que publicó
“Jornada de estudios en el mundo Muggle” y “Notas de un viaje a través de once
reinos mágicos”.
Draco parpadeó
desconcertado.
-Nunca había
escuchado esos títulos. ¿Cuál Alphonse Malfoy dices que escribió eso?
-El número catorce,
tu tío Alphonse, el hermano mayor de tu padre...
-¿Mi tío? ¿Es
broma? Yo no tengo ningún tío Alphonse. Es más, no tengo ningún tío. Mi padre
es hijo único y... ¡ouch!
Un libro se dejó
caer desde su anaquel justo sobre la cabeza de Draco. El muchacho se encontró
de rodillas en el suelo, contemplando el libro abierto frente a él.
-¿Eh?... ¿Qué?
Galahaad recogió
el libro y le echó un vistazo al título.
-“Anuario
autoactualizable de Hogwarts. De 1890 hasta la fecha (siempre que sea anterior
al 2090)”. Estos suelen ser temperamentales si alguien trata de contradecir la
información que contienen...
-Wow, cien años de
historia acaban de golpearte, Draco –dijo Goyle con una risita.
-¿Cuándo
aprendiste a restar? –dijo Draco mientras se ponía en pie-. Menos mal que no se
remonta a la fundación del colegio...
-¡Eh, mira! –dijo
Crabbe, que estaba examinando la página en la que había quedado abierto el
anuario al caer-. ¡Eres tú con el pelo largo!
Draco arrancó el
libro de las manos de Galahaad, para quedarse paralizado mientras lo que
parecía ser su propio retrato le hacía un guiño, acompañado por una sonrisa
cómplice digna de los gemelos Weasley.
-No usaría el
cabello así de largo ni para salvar mi vida –logró decir, luego de un par de
segundos. El retrato se encogió de hombros.
Draco leyó lo que
decía el anuario acerca del chico del retrato y palideció. Segundos después se
marchaba a toda prisa llevándose el libro, sin permitir que Crabbe ni Goyle se
enteraran qué era que lo perturbaba tanto.
++++++++++++++++++++++++++++++++++
El atardecer
encontró a Harry solo en la habitación, mirando, sin verlo realmente, un libro
que le había prestado Hermione para ayudarlo con la tarea.
Luego de meditarlo
un rato, había llegado a la conclusión de que Merlín no bromeaba al describir
aquella asignación como un castigo. Podría hacer un reporte sobre el
pensamiento de Jeremy Potter (el padre de su tatarabuelo), pero ¿leerlo delante
de toda la case? ¿Y con Malfoy pendiente de sus palabras? No, eso era demasiado.
Decidido, Harry
tomó el libro y se dirigió a la oficina del profesor Brightstar. Quizá no
estuviera ya tan enojado como en la mañana y podría convencerlo de que cambiar
su castigo por algo más razonable... como limpiar la caja de arena de la señora
Norris, por ejemplo.
Casi llegaba
cuando vio algo que lo hizo ocultarse tras una esquina: Draco estaba en la
puerta de la oficina y también llevaba un libro bajo el brazo.
-Pero, profesor...
-No se hable más
–replicó Merlín, con una nota de irritación en la voz-. No me gusta imponer
castigos, especialmente a alumnos de mi misma Casa –Harry se estremeció. ¿El
profesor Brightstar era de Slytherin? Pues no le extrañaba en lo más
mínimo...-, pero nunca me vuelvo atrás en la palabra dada. Especialmente
cuando se trata de algo que dije en público.
-Pero... pero
esto...
-¿Pero qué, señor
Malfoy? No tiene nada de qué avergonzarse, su tío era una persona excepcional.
-¿Avergonzarme?
Yo... pero... ¡lo único que he podido averiguar sobre él está en este anuario!
Ayer ni siquiera sabía que mi padre tenía un hermano mayor y hoy apenas sé su
fecha de nacimiento, su apodo, una frase suya, en qué Casa estaba y que
publicaba cuentos y poesía en el periódico del Colegio. Con eso no puedo
escribir un reporte decente.
-Celebro que su
preocupación sea por la calidad de su reporte y no por la Casa a la que
pertenecía su tío –la voz de Merlín hizo que Harry se imaginara que la
expresión de Draco había dado algún énfasis a la parte de la Casa-. Mi
recomendación es que se comunique con su padre. De aquí al próximo jueves hay
tiempo más que suficiente para que reúna la información que necesita.
Con eso Merlín dio
por terminada la entrevista y Draco se retiró con la cabeza baja. Por lo visto
sería bastante difícil conseguir un cambio de castigo. En eso, el profesor
Dumbledore salió de su oficina y se encontró con un Harry de aspecto
meditabundo.
-¿Buscas a
alguien? –preguntó.
-Eh... yo... iba a
hablar un momento con el profesor Brightstar...
-Pues llegas a
tiempo, creo que está en su oficina.
-Sí, así es...
hasta luego, profesor.
-Un momento, Harry
–Dumbledore sacó algo de uno de sus bolsillos. Cómo cabía algo tan grande en un
bolsillo aparentemente tan pequeño era un verdadero misterio-. Ya que vas para
allá, ¿serías tan amable de entregarle esto a Merlín de mi parte? Olvidó
llevárselo luego de su graduación y que estoy seguro le gustaría recuperarlo.
Harry tomó el
objeto, que en primera instancia le pareció que sería una foto e inició el
camino hacia la oficina. A los pocos pasos, le echó una mirada distraída... No
era una foto, era un dibujo enmarcado.
Se trataba de
Linus, el mejor amigo de Charlie Brown, y estaba firmado por Charles Schultz,
ni más ni menos... pero había algo raro. Linus estaba en su postura habitual,
sentado, con un pulgar en la boca y los ojos cerrados... pero en lugar de
abrazar su famosa frazada, abrazaba un libro abierto. Y había una dedicatoria
además:
“Las rosas son
rojas;
las violetas,
azul;
el azúcar, dulce;
y este eres tú.
Para Linus, de
parte de los Merodeadores, con toda nuestra paciencia.
Prongs, Moony, Padfoot y Wormtail
Ps. No nos mates,
es sólo una broma...”
Harry se quedó
estático contemplando la caricatura y la dedicatoria.
-¿Puedo ayudarlo
en algo, señor Potter? –la voz de Merlín lo obligó a bajar de las nubes.
-Profesor... el
Director me pidió que le diera esto, dice que usted lo dejó olvidado cuando se
graduó.
Merlín se puso
primero blanco y después rojo al ver la caricatura, que sepultó inmediatamente
en uno de los cajones de su escritorio.
-Usted conocía muy
bien a mi padre y sus amigos, ¿verdad? –dijo Harry.
-Ellos a mí.
-¿Y Linus...?
-Era mi apodo.
Creo que ellos cuatro en todo el colegio eran los únicos sangre limpia que
habían leído “Penauts” alguna vez, los demás creían que me llamaban “Linus”
sólo porque Merlín se pronuncia “Merlinus” en latín, pero su padre tenía la
curiosa idea de que mi carácter era similar al del personaje y que me protegía
con los libros de misma manera en que Linus se protege con la frazada. Bien, ya
sabe mi oscuro secreto, señor Potter. ¿Hay algo más de lo que quiera hablarme?
-Acerca de la
tarea que me asignó...
Merlín se dio
cuenta del libro que Harry llevaba consigo.
-“Grandes
pensadores”, buen libro, toda lo que necesita para esa tarea está ahí.
-¿Es realmente
necesario que lo lea a la clase?
-Sí, lo es. Que
tenga un buen día, señor Potter.
Harry suspiró.
Definitivamente no era su día.
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-Creo que
simplemente no entregaré la tarea –dijo Harry al devolverle el libro a
Hermione.
-¡¿No entregar la
tarea?! ¿Te has vuelto loco? ¡No puedes perder esos puntos, Harry!
-Dime una cosa,
¿ya leíste lo que viene acerca de Jeremy Potter ahí?
-Claro, he leído
“Grandes pensadores” al menos cinco veces.
Eso lo dejó
desconcertado, pero sólo por un momento. Claro, era con Hermione con quien
estaba hablando.
-¿Pero cuál es el
problema? –preguntó Ron.
-Jeremy Potter
lideró un movimiento que intentaba prohibir la entrada de sangre sucia en
Hogwarts. Decía, al parecer con la mejor intención del mundo, que era mejor
para todos que cada quién ocupara el lugar que le corresponde, y que el lugar
de los muggles y los sangre sucia era lo más lejos posible de los verdaderos
magos, quienes estaban llamados a hacer del mundo un lugar mejor, sin perder el
tiempo con seres inferiores. Hubo muchísima gente que compartió su opinión, ya
que era un orador muy elocuente y poseía un razonamiento capaz de convencer al
más escéptico. Como resultado de su campaña, durante diez años no hubo un solo
estudiante sangre sucia en Hogwarts –explicó Hermione.
-¿Hace cuánto que
sabías todo eso acerca del tatarabuelo de mi padre? –preguntó Harry.
-Desde la primera
vez que leí el libro, unos días antes de entrar al colegio, el primer año.
-¿Y cuándo
pensabas comentármelo?
-¿Por qué, Harry?
No tiene nada que ver contigo, aunque fuera tu antepasado.
-Creo que podrías
haberme dicho algo...
-¿De qué habría
servido? –intervino Ron-. Harry, tu tatara-tatarabuelo...
-El término
correcto es “chozno” apuntó Hermione.
-...el padre de tu
tatarabuelo... –continuó Ron- murió hace mucho tiempo. Y sus opiniones no
tienen por qué influenciar tu vida. Tú no eres él.
-No puedo creerlo,
es lo más sensato que te he escuchado decir –dijo Hermione, con admiración.
-Gracias. Ahora,
Harry, empieza a hacer tu tarea. Nosotros estaremos ahí para aplaudirte cuando
la leas.
Harry suspiró y
empezó a escribir.
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A la mañana
siguiente hubo una pequeña conmoción a la hora del desayuno, cuando empezaron a
llegar las lechuzas con cartas y paquetes para los estudiantes.
No llegó una
lechuza para Draco. En su lugar, una pequeña figura entró por la puerta
principal del comedor y caminó en línea recta hacia la mesa de Slytherin.
Los estudiantes
que lo vieron pasar se quedaron boquiabiertos. Era blanco y amarillo, no más
grande que un gato y caminaba erguido sobre las patas traseras. Tenía aspecto
de reptil, como un dragón en miniatura, demasiado pequeño incluso para ser una
cría, pero la agilidad y gracia de sus movimientos parecía indicar que se
trataba de un adulto. Y además vestía una túnica negra en la que el escudo
familiar de los Malfoy estaba discretamente bordado con hilo de plata.
La diminuta
criatura parecía indiferente a las miradas de asombro y curiosidad de los
estudiantes y saludó a Draco con una reverencia.
-¿Lykos? ¿Qué
haces aquí?
-El Amo Lucius
recibió la carta que le envió usted ayer y lamenta profundamente no poder
complacer su petición. La primera disposición del Amo Lucius al ser reconocido
como heredero de la familia Malfoy luego de la trágica muerte de su hermano fue
adquirir todos los ejemplares de los libros del señor Alphonse que estaban en
circulación y en imprenta, e hizo una hoguera en los jardines de la mansión con
los libros, los manuscritos, los retratos y los efectos personales del señor
Alphonse. Así que, como verá, es del todo imposible que usted lea sus escritos,
ya que incluso los ejemplares que el señor Alphonse donó a la biblioteca de
Hogwarts fueron eliminados. Asimismo, se borró toda referencia al señor
Alphonse de los registros familiares.
“El Amo Lucius
opina que es un suceso realmente lamentable el que haya tenido usted que
enterarse de la existencia del señor Alphonse y me envía con una carta para el
profesor Brightstar. Si tiene la bondad de indicarme dónde puedo encontrarlo,
trataré con él este asunto en nombre del Amo Lucius.
Draco se puso en
pie, dejando la servilleta junto a su plato.
Crabbe y Goyle se
levantaron automáticamente para seguirlo.
-Eh... Amo
Draco... –Lykos señaló a ambos muchachos con un movimiento de cabeza.
-¿A dónde van
ustedes? –preguntó Draco.
-¿No quieres que
te acompañemos?
Draco sacudió la
cabeza.
-Terminen de
desayunar. Vamos, Lykos.
-Después de usted,
Amo Draco.
El aire se llenó
de murmullos en el momento en que Draco y Lykos dejaron el comedor.
-¿Qué crees que
era eso? –preguntó Harry.
-Parecía un dragón
–dijo Hermione.
-No hay dragones
de ese tamaño –sentenció Ron-, además, los dragones no hablan ni transportan
cartas.
Y, fuera lo que
fuera Lykos, tampoco pudo hacer cambiar de opinión a Merlín.
-Es muy propio de
Lucius el... ordenar que te asigne otro tema, pero también es muy propio de mí
no hacerle caso a alguien que no tiene ninguna autoridad para darme órdenes
–dijo Merlín, dirigiéndose a Draco, luego de escuchar a Lykos por un buen rato.
-Pero no existe
ningún material sobre el qué hacerla –dijo Draco.
-¿No?
-Los libros de
Alphonse Malfoy fueron quemados y...
-Entonces tendrás
que buscar más profundamente.
Y con eso terminó
el segundo intento.
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A diferencia de
Gryffindor, las habitaciones de Slytherin eran individuales, cosa que Draco
agradeció profundamente tan pronto como pudo encerrarse en la suya y los demás
dejaron de hacerle preguntas acerca de si había tenido suerte. Y de si eso que
lo acompañaba era una mascota o una nueva clase de elfo doméstico.
-Parece que
estamos en un serio problema, Amo Draco –dijo Lykos, que estaba examinando los
rollos de pergamino y las plumas del escritorio.
-“Estamos” es
mucha gente.
-Gracias por lo de
“gente”. Lo decía porque el Amo Lucius me encargó...
-Cuidar de mí con
tu vida desde el día de mi nacimiento, ya lo sé. Me lo has dicho medio millón
de veces.
-...sacarlo con
bien de este apuro –completó Lykos sin alterarse-. No puedo volver hasta que
esto esté resuelto.
-¿Y qué puedo
hacer yo? ¿Inventar algo? –replicó Draco con voz quejumbrosa-. Vete a casa, no
entregaré la tarea. Perderé algunos puntos y tal vez reciba un castigo
adicional, pero eso será todo.
Lykos ladeó
ligeramente la cabeza.
-Temo que no puedo
permitir eso, Amo Draco.
-Lykos...
-El sacarlo con
bien de este problema, me parece, resulta ser más importante que las órdenes
del Amo Lucius acerca de olvidar al señor Alphonse... –Lykos extendió un
pergamino sobre el escritorio y le señaló la silla a Draco-. Prepárese para
tomar unas cuantas notas, Amo Draco, le hablaré acerca de su tío.
Luego de dudar
unos instantes, Draco hizo lo que Lykos le pedía. La extraña criatura se
acomodó en la almohada de la cama de Draco y empezó a hablar.
-Alphonse Salazar
Malfoy nació en 1955, hijo único de Lucien Malfoy y su primera esposa, Loreley.
Desde muy joven demostró poseer una inteligencia excepcional, lo que le valió
ser admitido en Hogwarts dos años antes de lo normal; el Sombrero Seleccionador
lo asignó a Hufflepuff...
Continuará...
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dragón
Notas de la
autora:
Lykos (o
“licos”) es la palabra griega para “lobo”.
Existen varias
leyendas en Centroamérica acerca de la Tulevieja, y una vez escuché a alguien
referirse a ella como “una arpía”, la verdad es que la encuentro parecida a la
arpía europea ^^U
La versión más
conocida en Costa Rica afirma que la Tulevieja es un espíritu de la naturaleza.
No es ni buena ni mala pero sí puede resultal muy peligrosa. Se alimenta de la
ceniza de los fogones, para lo cual visita las casas aisladas en el campo
cuando está segura de que no hay nadie cerca. Si encuentra ropa tendida al sol,
dobla cuidadosamente la que sea de varón y pisotea y ensucia la que sea de
mujer. Si alguien la sorprende mientras está en la casa, ataca con aletazos,
golpes y mordidas al tiempo que grita su caraterístico "¡Voy! ¡Voy!
¡Voy!". Su punto débil es la música, que la fascina, y el baile, porque le
encanta bailar. Jamás rechaza una invitación a bailar, pero se enfuerece y
ataca a quien la haya invitado si éste se cansa antes que ella. La aterroriza
un tipo de bejuco (de cuyo nombre no consigo acordarme ^^U) y todo lo que se
relacione con las cosas sagradas, ya que es un espíritu pagano. Una forma
efectiva de asustarla es llamarla por su nombre (María del Rosario) e invitarla
a rezar un Avemaría. Nakuri no mencionó esto último en la clase porque para
este fanfic estoy asumiendo que la Tulevieja es una especie y no un ser único.