ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers, es
decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la emoción.
Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después leer los
fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros sigue,
pero yo te lo advertí primero.
por Daga
“Por aquel entonces había sido muerto el rey Moines, y
estando desterrados sus hermanos Uther y Pendragón, el usurpador Vertigiers
gobernaba Inglaterra.
Quiso este monarca construir un gran muro para fortificar su
castillo, por temor a que Uther y Pendragón volvieran con un ejército a
reclamar sus derechos sobre el trono. Pero cada vez que la muralla llegaba a
cierta altura, un fuerte temblor la derrumbaba.
Tres veces se trató de edificar el muro. Tres veces fue
derribado. Y nadie podía explicar ese misterio.”
Leyenda de
Merlín, contada por Henry Hyde
Siete figuras encapuchadas
contemplaban Hogwarts a la luz de las estrellas.
-¿No te preocupa que los dragones
hayan escapado?
-Cuando mucho sobrevivirán un par de
días, y eso si tienen suerte. Jamás han estado solos en un bosque. Dudo incluso
que sean capaces de alimentarse. Además, el Corazón del Dragón no permite una
vuelta atrás, puedes estar seguro de que morirán antes de que los encuentren.
-Aún así me sentiría más tranquilo si
tuviéramos los cadáveres en nuestro poder. Está bien que Hagrid haya encontrado
uno... pero ese grupito era bastante grande, casi una manada.
-Los demás animales acabarán con la
evidencia. Creo que hay bastantes depredadores en ese bosque.
-Sí, supongo que sí. ¿Y ahora qué
sigue?
-Encontrar los que queden, por
supuesto. Necesitaremos la sangre de unos cuantos para ayudar a nuestro Amo.
-Me refiero a que no sabemos cuáles
son las otras familias del pacto. Tal vez... deberíamos... ejem, “interrogar”
al Guardián...
-Sería arriesgado, recuerda que es
descendiente del creador de la joya.
-Sin embargo...
-No voy a correr riesgos en ausencia
del Amo.
-Está bien. Pero la pregunta queda:
¿cómo vamos a identificar al resto de las familias del Pacto?
-He estado pensando en algo. Esas
familias participan de un hechizo de sangre desde el siglo V, ¿no es así?
-Eso tengo entendido, fue de esa
manera que el Mago Merlín creó la joya, como una alianza de sangre, y es por
eso mismo que la joya lleva la muerte a quien traicione las promesas de
entonces.
-No es Arte Oscura, pero se acerca
bastante...
-¿Qué quieres decir?
-Voy a lanzar un hechizo especial
sobre Hogwarts... una pequeña epidemia.
-¡Eso es imposible! ¡Hogwarts está
demasiado protegido!
-Bastará con que el hechizo se esparza
en los alrededores, hay gente que entra y gente que sale constantemente. Con
sólo que una persona se contagie será suficiente para que la epidemia entre al
colegio, ya que la magia estará en colocar la enfermedad alrededor de Hogwarts,
no en la enfermedad en sí misma.
-Ya veo... pero ¿para qué?
-Los niños de las familias del Pacto
han estado expuestos a algo muy similar a la magia oscura durante toda su vida.
Eso significa que reaccionarán ante una enfermedad muggle igual que si fueran
hechiceros oscuros: ninguna medicina mágica servirá para curarlos, a menos que
sea un hechizo de magia oscura.
-¡Espera un momento! ¡No vas a
enfermar sólo a los niños del Pacto sino también a los nuestros!
-No por mucho tiempo. La gran mayoría
apenas están iniciando su entrenamiento y los hechizos de curación sólo
tardarán un poco más en actuar en ellos que en los hijos de los otros magos...
creo que únicamente el chico de Malfoy ha estado practicando magia oscura
durante suficiente tiempo como para ponerse realmente mal... igual que si fuera
uno de los del pacto, pero un Malfoy bien puede hacer ese pequeño sacrificio,
¿no? Además –y en ese momento, el que hablaba sonrió de una manera que habría
asustado a un tiburón-, se le advirtió muy claramente a Lucius que no era
prudente iniciar a su niño en las Artes Oscuras antes de que cumpliera la edad
mínima, pero el sujeto es demasiado ambicioso. Ahora, que se atenga a las consecuencias.
-Supongo que tienes razón.
-Siempre la tengo.
Remus esperaba en la estación del tren
con aire preocupado. No le hacía mucha gracia tener que ser él quien recibiera
a la persona que estaba a punto de llegar.
Cornelius Fudge definitivamente no
atendía razones. No sólo se había negado a escuchar la versión de Harry acerca
del caso de Sirius, sino que además estaba empleando buena parte de los
recursos del Ministerio en aquella persecución. Y ahora, esto.
La persona que tenía la reputación de
ser la mejor Auror en la historia del mundo mágico estaba por arribar a la zona
para localizar a Sirius. Necesitaría todo un despliegue de habilidad para
despistarla, si su inteligencia correspondía aunque fuera a la quinta parte de
lo que se le atribuía.
-¿Me andas siguiendo o es sólo mi mala
suerte el encontrarte cada vez que salgo del colegio? –preguntó Snape,
deteniéndose junto a él.
-Hola, Severus... vine a recibir a
alguien.
-¿Ah, sí?
-Artemisa Javert.
-¿Sí? No imaginé que la conocieras.
-Nunca la he visto en mi vida, pero
parece que voy a trabajar con ella. Fudge la relevó de todos sus otros casos
para que se dedique exclusivamente a buscar a Sirius.
-Hummm... eso sí que será un problema.
Vas a necesitar un milagro para impedir que lo encuentre.
Remus enarcó una ceja.
-¿Significa que eso que no viniste a
esperarla para decirle dónde encontrarlo?
-Ya habrá tiempo para que tu amigo
pague sus deudas –replicó Snape con indiferencia-, ya sea que yo lo denuncie o
que ella lo atrape, pero de momento me parece que hay cosas más importantes que
tratar que un evadido de Azkaban.
-¿Por ejemplo?
-Nada que pueda explicarte con demasiada claridad sin que me
tomes por loco.
-Oh, vamos, Severus, eso no sería
ninguna novedad...
-No tientes tu suerte, Lupin.
-De acuerdo. Si no viniste a esperarla
a ella para denunciar a Sirius... ¿a qué viniste?
El tren arribó en ese momento y bajó
una sola persona. Una jovencita de catorce o quince años, ojos claros y largo
cabello negro contempló a los dos hombres que esperaban en el andén. De repente
soltó la mochila que portaba (de la que sobresalía un arco) y corrió hacia
ellos con una gran sonrisa.
Remus no podía creer lo que estaba
viendo cuando la jovencita abrazó a Snape, casi derribándolo. Y al principio
creyó que era víctima de una alucinación cuando la escuchó hablar.
-¡¡Tío Severus!!
Snape se las arregló para mantener el
equilibrio, aunque para ello tuvo que sujetarse de la chica de una manera que
podría interpretarse como si la estuviera abrazando también (cosa que Remus
catalogó como imposible) y le dedicó al sorprendido testigo una sonrisa
bastante extraña por encima del hombro de ella.
-Remus, esta es Artemisa Javert...
“Espero que comprendas, Malfoy, que
hago esto porque te lo has ganado”
“Milord, no pretendía discutir sus
decisiones, es sólo que... no me siento a gusto con esto. La criatura es muy
débil, si me diera tiempo para conseguir algo mejor...”
“Con él es más que suficiente para lo
que pretendo lograr. ¡Y ya deja de ponerme peros! Después de todo, es una
recompensa a tus servicios lo que estoy dándote, deberías agradecerlo”
“¡Y lo agradezco, Lord Voldemort! Pero
Draco...”
“¿Acaso temes que no sobreviva? ¡Me
sorprendes, Lucius! Pensé que confiabas en mí”
“¡Oh, Milord, por supuesto que confío
en usted! Es sólo que no me siento digno de un honor semejante”
“Deja la adulación a un lado al menos
por cinco minutos, voy a empezar ahora y ya no quiero escuchar una sola palabra
tuya hasta que haya terminado. Tráeme a Draco”
Dolor.
Un dolor tan intenso que sólo podía
ser real en una pesadilla.
Draco despertó de repente, se había
quedado dormido sobre el reporte para Relaciones Interdimensionales y había
arrugado un poco el pergamino.
Finalmente había llegado el día en que
debía entregar el reporte. Draco se sentía fatal. No sólo porque tendría que
leerlo delante de toda la clase sino porque además había pasado una noche
repleta de pesadillas. Había llegado muy temprano al aula para revisar los
papeles por última vez sin tener que estar soportando a Lykos, que había estado
tratando de decirle algo con una cara tan alarmada que Draco se había
desesperado y casi se había ido corriendo. Ni siquiera se molestó en desayunar
y le alegraba un poco el no haberse encontrado a nadie camino del salón. Un
poco de calma era justo lo que necesitaba antes de tener que soportar la
sonrisa triunfal de Potter y compañía cuando confesara que un hermano de su
padre había estado en Hufflepuff.
La puerta se abrió ruidosamente y Ron
Weasley hizo ademán de entrar... pero se quedó quieto en su sitio, mirando
fijamente a Draco, hasta ponerlo todavía más incómodo de lo que ya estaba.
-¿Puede saberse qué tanto me miras,
Weasley? –preguntó Draco, irritado.
-Te están saliendo pecas, Malfoy.
-¡¿Qué?! ¡A mí no me salen pecas!
–exclamó Draco, con el mismo tono que habría usado si Ron hubiese dicho
“piojos” en lugar de “pecas”.
-Pues yo he visto suficientes pecas en
mi vida como para saber de qué estoy hablando.
Ron se cruzó de brazos y Draco tuvo
que reprimir una imperiosa necesidad por conjurar un espejo.
-No pueden ser pecas –protestó
débilmente-. Ningún Malfoy tiene pecas.
Ron puso los ojos en blanco por un
instante y luego se acercó para examinar mejor la cara de Draco.
-¿Sabes qué? Creo que tienes razón. No
son pecas...
-Menos mal...
-... es acné.
-¡¿QUÉ?!
Esta vez Draco realmente tuvo que
esforzarse para no conjurar el espejo.
-No... acné no... –murmuró.
-Una verdadera explosión de acné
juvenil –remató Ron.
-No puede haberme salido acné de la
noche a la mañana.
Merlín entró en ese momento, sorprendiéndose de encontrar dos
alumnos tan temprano en el aula.
-Buenos... Válgame Dios... ¿Se siente
bien, señor Malfoy?
-¿Uh? –Draco estaba empezando a
marearse.
Merlín dejó en el escritorio los
libros que llevaba consigo y fue hasta ellos, con una expresión muy preocupada
en los ojos.
-Nunca he tenido acné –murmuró Draco,
de pronto se le estaba dificultando hablar.
-No creo que sea acné –dijo Merlín,
tocándole primero la frente y luego la garganta.
-Pues es justo lo que parece –señaló
Ron.
-Sí, pero el acné no produce fiebre
–Merlín miró con atención a Ron-. Una pregunta, señor Weasley, ¿usted ya pasó
la varicela?
-¿Va-varicela? –tartamudeó Ron.
-Porque si no es así, le recomendaría
que pusiera tierra de por medio... aunque tal vez ya sea tarde, esto es muy
contagioso...
Hermione encontró el camino hacia una
de las mesas de la biblioteca a pesar de llevar en los brazos una verdadera
montaña de libros, la verdad era que se sabía el camino de memoria, y si
pudiera llegar hasta la mesa sin tropezar con nadie...
-Permíteme.
Aproximadameente la mitad de los libros que cargaba desaparecieron
y Hermione se encontró con la cara sonriente de Nicholas Anderson.
-Parece que estás realizando un gran
trabajo de investigación –señaló él, mientras depositaba los libros sobre la
mesa y luego tomaba los que todavía tenía la sorprendida Hermione.
-Eh... sí, uh, gracias.
-No me lo agradezcas, yo estaba
buscando los mismos libros, pero la bibliotecaria me dijo que ya los habías
pedido todos... Ejem... ¿Te molesta si reviso unos cuantos mientras tú lees los
otros?
-Er... bueno, ¿por qué no?
Luego de un rato durante el cual sólo
se escuchó el sonido del papel, y el rasgueo de las plumas al tomar apuntes,
Hermione miró con curiosidad al muchacho de Slytherin.
-¿Qué es lo que estás buscando,
Anderson?
-No estoy seguro, pero creo que lo
sabré cuando lo encuentre... y, por favor, llámame Nicholas.
-Nicholas.
-¿Puedo llamarte Hermione?
-¿Por qué no? Oye, ¿cómo sabes mi
nombre?
-¿Hay alguien que no conozca al trío
maravilla de Gryffindor?
Para su propia sorpresa, Hermione no
consiguió detectar ironía en las palabras de Nicholas. El muchacho sonrió y
volvió a concentrarse en lo que leía.
-Parece que hoy la biblioteca está
bastante vacía –dijo Hermione.
-Sí, hay mucha gente enferma, ¿no lo
sabías? La mitad de Hogwarts tiene varicela.
-¿Varicela? ¿Aquí? Oh, entonces fue
por eso que casi no llegó nadie a Interdimensional hoy y el profesor Brightstar
tuvo que cancelar la clase. Estaba tan concentrada pensando en lo que tengo que
buscar aquí que no se me ocurrió preguntar qué pasaba. Cielos, yo nunca he
tenido eso...
-Yo la tuve hace poco, durante las vacaciones,
justo para mi cumpleaños.
-¡No! ¿En serio? Eso debe haber sido
desagradable.
-No tanto. Estaba en mi casa y toda mi
familia me cuidó como a un príncipe. Estar enfermo lejos de casa debe ser muy
desagradable.
-Ya lo creo. Nunca me hubiera
imaginado que pudiera haber una epidemia de algo en Hogwarts.
-No, ni yo tampoco –Nicholas cerró el
libro con aire pensativo-, además, la varicela es una enfermedad muggle, o al
menos eso fue lo que dijo mi madre cuando me enfermé, la pobre estaba muy
asustada porque nadie en su familia la había tenido jamás... eh, la familia de
mi madre es de sangre limpia, pero mi padre es muggle.
-¿Y es muy raro que un mago se enferme
de algo propio de los muggles? Bueno, no sé mucho al respecto, mis padres son
muggles los dos.
-No es difícil que un mago se contagie
de cualquier cosa estando en una ciudad muggle, por ejemplo, pero una
enfermedad muggle no debería llegar hasta aquí y menos con tanta... ejem...
virulencia como para afectar a tanta gente, ¿no crees? Según escuché, casi
todos los que enfermaron se recuperaron enseguida después de visitar a Madame
Pomfrey, pero hay unos cuantos que están aislados desde anoche o esta mañana...
Eso es bastante curioso. Casi parece una de esas películas sobre guerra
biológica, como si alguien hubiera sembrado la epidemia.
Hermione se quedó boquiabierta.
-¡Cielos, Nicholas, eso es justo lo
que parece!
Ron y Harry pensaron ambos en la misma
palabra al ver venir hacia ellos a Fred, George y Percy: “estampida”. Jamás
habían visto a los tres pelirrojos correr de esa manera.
-¿Dónde es el incendio? –alcanzó a
preguntar Ron antes de ser arrastrado junto con Harry en lo que parecía ser un
asunto de vida o muerte.
-¡Tenemos que encontrar la manera de
colarnos en la enfermería! –dijo Fred (¿o era George?).
-¡Nunca tendremos una oportunidad como
esta! –añadió George (¿o era Fred?).
-¡Ya basta, les ordeno que se
detengan! –gritó Percy (ahí fue cuando Ron y Harry comprendieron que Percy no
corría “con” los gemelos sino que estaba persiguiéndolos).
-¿Una oportunidad única para qué?
–preguntó Harry.
-¡Tenemos que tomarle fotos a alguien
que está en la enfermería! –respondió uno de los gemelos.
-¡De ninguna manera! –protestó Percy-.
¡No lo voy a permitir!
Todo indicaba que el día empezaría a
ponerse interesante.
-¡Fuera de aquí!
Lykos siseó como un gato furioso (¿o
como una serpiente?) cuando Madame Pomfrey perdió la paciencia y lo amenazó con
una escoba.
-¡No tienes nada que hacer aquí!
–repitió ella-. ¡No voy a permitir animales en mi enfermería y menos teniendo a
unos niños enfermos ahí dentro!
-¡Los reptiles no transmitimos
enfermedades a los humanos, para que lo sepa! –exclamó Lykos-. ¡Y uno de los
niños de los que habla es mi responsabilidad! ¡Debería dejarme verlo! ¡Quiero
asegurarme de que esté bien atendido!
-Está perfectamente bien atendido
–Madame Pomfrey hablaba con el tono del orgullo herido-. No tienes nada de qué
preocuparte. ¡Ahora márchate de aquí para que pueda seguir trabajando!
Lykos refunfuñó algo que
afortunadamente Madame Pomfrey no alcanzó a oír (de otro modo, la escoba no
habría sido usada sólo para amenazar) y se marchó muy despacito y con la cabeza
baja.
Era la primera vez en toda su
existencia que se le prohibía cuidar a Draco y aquello no podía resultar menos
que desorientador. Por supuesto, Lucius no le había permitido acompañarlo
cuando entró a Hogwarts y si le había dado permiso de reunirse con él ese año
había sido sólo por el incidente del reporte... Lykos sospechaba que se le
ordenaría regresar a Malfoy Manor tan pronto como Draco entregara el reporte y
buscaba con verdadera desesperación una excusa que le permitiera quedarse. O no
conocía en absoluto a Lucius o éste realmente se enfadaría cuando supiera que
Lykos le había hablado a Draco sobre Alphonse. El odio por su hermano mayor iba
más allá de la tumba de éste (si es que la había).
Como siempre que
trataba de pensar en los hermanos Malfoy, Lykos empezó a sentir un fuerte dolor
de cabeza. Aquello era un castigo de Lucius por haber hecho un comentario al
respecto, aquella vez (cuando Draco tenía dos años) Lucius, en lugar de
contestar a la insolencia de Lykos, había sonreído y le había lanzado un
hechizo bastante desagradable que seguía afectándolo hasta ese día.
Definitivamente
tenía que encontrar la manera de quedarse en Hogwarts. Las ausencias de Draco
no sólo eran una fuente de preocupación para Lykos, que no se sentía tranquilo
si no podía vigilarlo, sino que además era el tiempo que Lucius aprovechaba
para dar rienda suelta a todo el odio que sentía contra él. Como si Lykos
tuviera la culpa de aborrecerlo en la misma proporción...
-¡¡¡AAAAAH!!!
De pronto todo se había puesto muy
oscuro y Lykos, que había estado demasiado concentrado en sus pensamientos,
tardó un poco en comprender que alguien había dejado caer una capa sobre él.
-Lo siento, lo siento, Lykos...
-Neville levantó la capa apresuradamentee-. No fue mi intención.
-Está bien, no te preocupes, fue sólo
que no me lo esperaba y me asusté un poco... Oh... Neville, muchacho, ¿te
sientes bien?
-No... la verdad es que me siento algo
enfermo...
Lykos suspiró, la cara del muchachito
rubio estaba llena de granos, justo como la de Draco esa mañana, y además lucía
afiebrado.
-Ven conmigo, Neville, creo que será
mejor que te vea Madame Pomfrey ahora mismo...
-Ginny, mi queridísima Ginny.
Era extraño estar ahí, mirándolo a los
ojos. Mientras estaba despierta, Tom sólo era palabras escritas en un diario.
Era cierto que se trataba de un diario mágico que hablaba con ella, pero en sus
sueños Tom era siempre un muchacho real. Muy parecido a Harry, por cierto, sólo
que sin la cicatriz y con los ojos de otro color.
-Me alegra mucho que hayas venido a
visitarme, pequeña Ginny Weasley.
Los sueños habían sido maravillosos al
principio, cuando pensaba que había encontrado alguien que la comprendía y a
quien podía contarle todos sus secretos. Tom le contó muchos secretos también,
cada uno más serio que el anterior, más grande, más temible, hasta que soñar
con Tom y escribir en su diario ya no fue agradable. Cuando empezó a olvidar lo
que hacía, cuando todas las cosas empezaron a ir mal... y aún así Tom sonreía
(con la sonrisa de Harry) y le decía que todo estaría bien.
No había vuelto a soñar con Tom desde
el año anterior, había tenido pesadillas, sí, pero ella sabía que no eran
iguales a lo que soñaba mientras estaba bajo el poder del diario, no, eran
pesadillas comunes, nada de qué preocuparse.
Y ahora estaba soñando con Tom otra
vez.
-¿Tom?
-Te extrañé mucho, Ginny querida. He
estado muy solo aquí.
-Creo... que es algo que tú mismo
buscaste.
-Tal vez. ¿Pero por qué viniste a
verme? ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar? Tal vez quieras que te enseñe
algunos hechizos, siempre me sorprendió la rapidez con la que aprendiste todo
lo que te enseñé, pero aún puedo enseñarte mucho más... ¿O quieres un consejo?
Harry sigue ignorándote, ¿verdad? Bien, ya arreglaremos eso. ¿Y tus hermanos,
te tratan bien? Más les vale que sea así o iré a asustarlos por las noches...
Era como el Tom del principio,
agradable, encantador, protector. Pero Ginny ya lo conocía demasiado bien como
para sentirse a gusto con su conversación.
-No sé por qué estoy aquí.
-Bueno, tal vez sea porque has estado
pensando en mí últimamente.
-No lo he hecho. Te desterré de mi
mente por completo.
-No tanto, puesto que estamos hablando
ahora –un destello de hielo pasó por los ojos de Tom, pero sin que el muchacho
dejara de sonreír-. Tal vez has visto a alguien que te ha hecho pensar en mí,
aunque no a un nivel conciente.
-¡Harry no se parece a ti!
Tom se acercó a ella con un movimiento
casi felino y sonrió de una manera feroz cuando la vio retroceder alarmada.
-No estoy hablando de tu Harry. Hablo
de alguien más, un chico rodeado de serpientes. Un chico de ojos castaños que
adquieren un brillo rojizo cuando se enfada. Si llegas a mirarlo a los ojos
cuando esté molesto, sentirás lo mismo que si contemplaras los ojos de una
serpiente. Oh, tal vez se parezca a mí y tal vez no, pero algo te hizo
compararnos en el fondo de tu corazón y por eso estás aquí...
Tom retrocedió, recuperando su sonrisa
amable y su voz suave.
-Estoy muy complacido de que él haya
decidido finalmente presentarse en Hogwarts, ya estaba harto de tener que
esperarlo. La próxima vez que veas a Henry Hyde, salúdalo de mi parte.
-¿D-de tu parte?
-Bueno... no de parte de Tom Riddle...
dile que quien hizo de él lo que es ahora le envía sus más cordiales saludos...
y dile también que espero con ansias nuestro encuentro.
Cuando despertó, se sintió
desorientada. Aquella no era su cama. Las sábanas se sentían horriblemente
ásperas contra la piel. La pijama también se sentía horriblemente áspera. Y
aquel dolor en cada milímetro de piel... y la sed... pero, por encima de todo,
la COMEZÓN...
Ginny abrió los ojos de golpe. Estaba
en la enfermería, en una cama rodeada de cortinas para brindar algo de
privacidad.
Madame Pomfrey apartó suavemente la
cortina y saludó a la chica con una sonrisa amable.
-Veo que ya despertaste, querida, me alegro.
-¿Cómo llegué aquí?
-La profesora MacGonagall te trajo.
¿Qué es lo último que recuerdas?
-Llegué a la clase de Transformaciones
con mucho dolor de cabeza... y luego todo se pone borroso... ¿qué sucedió?
-Te desmayaste por la fiebre, has
estado bastante malita, pero ya pasó lo más duro, ahora sólo tienes que
descansar y recuperarte.
-¿Qué es lo que tengo?
-Varicela, nada del otro mundo. Ahora
bien, tendrás que estar aquí unos cuantos días y hay algunas cosas que debes
saber. Regla Número Uno: no te rasques. Si lo haces, te quedarán cicatrices, y
no querrás cicatrices, ¿verdad?
-Pero... ¿esto no debería curarse con
algún encantamiento o una poción?
-En teoría, sí, pero no funcionaron
contigo.
-¿Y entonces?
-Tendrás que curarte de la otra
manera, reposo, muchos líquidos y mucha paciencia.
Madame Pomfrey le entregó un pequeño
frasco a la desconcertada Ginny.
-¿Qué es esto?
-Calamina. Esto calmará el dolor y la
comezón.
-Oh... gracias... eh... ¿Madame
Pomfrey?
-¿Sí, querida?
-¿Por qué los hechizos de curación no
funcionaron conmigo?
Madame Pomfrey se puso muy seria.
-No lo sabemos, querida. Se ha
declarado una epidemia de varicela y sólo tú y otros dos chicos no han
respondido al tratamiento. Procura descansar. Y usa la calamina.
Madame Pomfrey se marchó y Ginny se
quedó mirando el frasco con desconcierto. Luego de un rato, lo abrió y empezó a
aplicarse la loción.
En eso escuchó algo que venía del otro
lado de la cortina que estaba a la izquierda de su cama. Una voz suplicante. Al
principio era sólo un murmullo, pero cuando se elevó hasta ser casi un grito,
Ginny bajó de su cama alarmada y apartó la cortina, para encontrarse con la
mirada de Neville, que acababa de hacer exactamente lo mismo que ella, sólo que
desde el otro lado. Entre ellos dos había una cama, y en esa cama estaba un
chico, profundamente dormido, pero hablando en voz cada vez más alta, quizá
debido a la fiebre. Y lo que decía había hecho que Ginny y Neville palidecieran
hasta quedar del color de la tiza.
Extracto de una
carta de Draco Malfoy a Lucius Malfoy:
“...y no sé qué irá a decirte Lykos al
respecto, pero diga lo que diga, no estoy tan mal. Tuve fiebre esta mañana,
pero mi temperatura ya se normalizó y si no fuera por los granos no aguantaría
con tanta paciencia el que me tengan aislado de esta manera. La verdad es que
agradezco un poco el encierro, sobre todo después de que conseguí recordar la
cara que tenía Weasley cuando se dio cuenta de mi situación.
Lykos sigue tan desesperante como
siempre. Es una suerte que Madame Pomfrey no lo deje entrar aquí, ya que creo
que la vergüenza me mataría con más facilidad que todas las enfermedades
conocidas juntas... el caso es que me envió una nota con el profesor Snape.
Estaba bastante risueño, por cierto (Snape, no Lykos), lo cual me llamó mucho
la atención. No sé si es porque encontraba cómico el asunto, la epidemia, a
Lykos, a mí, o algo más que no puedo imaginarme. En su nota, Lykos me insistía
otra vez con que tengo que escribirte y hablarte de las cosas que he soñado
desde las últimas vacaciones. En verdad no quisiera molestarte con estas
tonterías, pero estoy empezando a preocuparme a fuerza de escucharlo todo el
día con la misma cantinela y necesito que me aconsejes... Padre, no quisiera
tener que mencionártelo, en verdad, pero Lykos dice que anoche hablé dormido a
pesar de la medicina que me dijiste que tomara... y quizá fue por la varicela
nada más, pero me preocupa empezar a hablar dormido aquí también, con los demás
enfermos tan cerca, sobre todo porque no podré tomar la medicina esta noche,
Madame Pomfrey no lo permitiría y dudo que Lykos pueda hacérmela llegar de
contrabando.
Básicamente, el sueño es el mismo que
te conté en casa, sólo que ahora veo más detalles que antes. El lugar donde
ocurre todo sigue siendo tan lóbrego y frío como al principio, pero ahora
distingo paredes de piedra, es una cueva o un calabozo. El hombre que veo
inclinándose hacia mí sigue siendo alto como una torre y sigo sin poder
distinguir su cara, pero en el sueño sé que no le importa si me hace daño o no,
sé que le soy completamente indiferente y eso me atemoriza más que si
pretendiera matarme. Empiezo a creer que soy muy pequeño en ese sueño, de otro
modo no entiendo por qué lo veo tan grande a él... Ahora, el detalle nuevo:
cuando me toma en brazos, intento escapar y entonces veo lo que hay detrás de
mí... es... como Lykos, pero un Lykos que midiera cinco metros del hocico a la
punta de la cola... y está muerto, sólo veo uno, pero mientras lo veo sé que
son muchos más y que todos han muerto... y es entonces cuando empiezo a gritar,
él habla mientras tanto y es por mis gritos que no alcanzo a entender bien lo
que dice... pero recuerdo que empezaba diciendo “imago, speculum realitae”... o
algo parecido”
Al llegar a esa parte, Draco ya no
pudo encontrar la palabra adecuada para seguir escribiendo, pero tampoco le
habría servido de mucho, un chillido que venía del otro lado de la cortina
habría sido suficiente para cortarle la inspiración a cualquiera. Y más cuando
Neville acudió a toda carrera para salvar a Ginny de lo que fuera que la
estuviera haciendo gritar.
“¿Estos dos no paran?” se preguntó
Draco mientras guardaba el cuaderno. Los gritos de Ginny más bien se hacían más
fuertes.
-¡¡FRED, GEORGE,
NOOOOOO!!!!!
-¡Claro que sí! ¡Sólo una foto, Ginny,
para que la vea mamá!
-¡Con mamá los voy a acusar... a los
cuatro!!
-¡Eh, que yo estoy tratando de
detenerlos! –ese sin duda era Percy...
-¡A mí me trajeron a la fuerza! –y ese tenía que ser Ron.
-Y ya que estás aquí, Neville, ¿qué
tal una foto para tu abuela?
-Eh...
-¡Déjenlo tranquilo, par de malvados!
¿Valdría la pena protestar por todo
ese ruido?... No cuando los gemelos Weasley estaban armados con una cámara
fotográfica. Draco decidió que era más prudente mantenerse al margen. Una buena
decisión que no le sirvió de nada, porque en ese momento uno de los gemelos
abrió la cortina para averiguar qué había del otro lado.
“Lo único peor que un Weasley riendo a
carcajadas son cuatro Weasley y un Potter riendo a carcajadas” pensó Draco,
sorprendido de ver que Percy Weasley, el flamante funcionario del Ministerio de
Magia, podía reír tanto o más que el resto de sus hermanos.
-¿Madame Pomfrey les dio permiso de
entrar? –preguntó, con su tono más amable, sabiendo de sobra que la enfermera
JAMÁS les habría permitido entrar y menos sin supervisión-. Quizá debería ir a
buscarla...
-Cállate, Malfoy –ordenó uno del
ruidoso grupo, de momento no pudo decidir cuál había sido.
-Bueno, esto amerita una foto –dijo
George-, no todos los días nos encontramos a un Malfoy sometido a una molestia exclusiva
de los seres humanos.
Draco se recostó y se tapó la cabeza
con la almohada. Tal vez si los ignoraba terminarían por aburrirse y buscar
otra víctima. Funcionaba con los duendes del décimo calabozo de Malfoy Manor...
-¿Y bien? –preguntó el profesor
Dumbledore.
Nakuri dejó una hoja de papel sobre el
escritorio.
-Tres chicos siguen enfermos de
varicela. Ginny Weasley, Draco Malfoy y Neville Longbottom. Quinientos treinta y siete presentaron síntomas, pero Madame Pomfrey
pudo curarlos sin dificultad a la mayor parte, sólo veintidós siguieron
teniendo fiebre durante un par de horas antes de que funcionara el tratamiento,
pero no llegaron a brotarse y ahora están perfectamente.
-¿Nada funciona con los otros tres?