Fanfics Daga

ADVERTENCIA

Este fic contiene gran cantidad de spoilers, es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros sigue, pero yo te lo advertí primero.

Amistades antiguas, enemistades eternas

por  Daga

“Los hombres del rey localizaron por fin a Merlín, quien se burló de ellos con mil y una ilusiones y engaños, para que al final quedara claro que si los acompañaba a la presencia del rey era únicamente por su propia y libre voluntad.

Cuando se encontró ante Vertigiers, Merlín lo miró sin miedo y le dijo:

-Señor, has de saber que tus sabios y adivinos te han mentido.”

 

Leyenda de Merlín, contada por Henry Hyde

 

 -Augustus Feral, a sus órdenes –saludó Feral, inclinándose ante Nakuri.

 

-¿Algún parentesco con Aureus Feral? –preguntó ella con una sonrisa amable.

 

-Aureus es mi hijo –respondió Feral con seriedad.

 

-Debe estar muy orgulloso de él. Es verdaderamente un gran músico.

 

-Talento que heredó de su madre –Feral parecía incómodo.

 

En ese momento, Dumbledore abrió la puerta y contempló al grupito con aire divertido.

 

-Bueno, bueno, con ustedes se completa el grupo. El señor Weasley ya está aquí, pasen, pasen...

 

Feral se despidió de Harry y compañía y siguió a los demás dentro de la oficina.

 

-Cielos –murmuró Hermione con un escalofrío.

 

-¿Qué cosa? –preguntó Ron con aire inocente.

 

 -¡Ese reptil! ¡Y la profesora Brightstar hablando en parsel! ¿Qué fue lo que dijo, Harry?

 

-Nada interesante. Sólo se presentaron y charlaron un poco de cualquier cosa. Pero... ¿recuerdan que les conté de las voces que oí cuando me golpeó la budgler?

 

-Sí...

 

-Una de las voces que escuché era la de Nagini.

 

-¡Ah, vamos, qué tontería! –exclamó Ron-. No irás a pensar que la mascota del señor Feral estaba mezclada en algo turbio,  ¿o sí?

 

-No lo sé, Ron –Harry lo miró un poco sorprendido-. Pero la otra voz que escuché era la de Vol... Ya-sabes-quién, y hablaba con alguien llamada Nagini.

 

-Bah, debe haber centenares de Naginis por todo el mundo. Es una palabra hindú que significa “serpiente” y hace referencia a un pueblo mitológico de serpientes mágicas que podían adquirir  a voluntad apariencia de humanos, de seres mitad humanos y con cola de reptil o de gigantescas serpientes... -Ron se detuvo al darse cuenta de que Harry y Hermione lo miraban alucinados-. ¿Qué?

 

-¿Cómo es que sabes tanto? –preguntó Hermione.

 

-Oye, tú no eres la única que lee de vez en cuando. Además, está en los libros acerca de dragones que tiene Charlie, desde que recuerdo lo he oído hablar de reptiles de toda clase. Por cierto, el masculino de Nagini es Naga y hay una leyenda que...

 

Harry dejó de prestarle atención a Ron, que se había enfrascado con Hermione en una animada discusión acerca de la participación de una serpiente de cien cabezas en la historia de Buda. ¿Naga? Era curioso que ese nombre le pareciera igual de familiar que Nagini...

 

 

 

La snitch pasó zumbando junto a la cabeza de Draco sin que éste la notara siquiera.

 

-¡Malfoy! ¿Puedes siquiera fingir que estás concentrándote en esto? –protestó Henry, atrapando la esfera dorada con un movimiento rápido... que hizo caer sus anteojos.

 

Henry maldijo para sus adentros el tener que disfrazarse con la apariencia de Galahaad, siempre olvidaba el problema de tener que volar a gran velocidad y haciendo toda clase de acrobacias con unos lentes que se resbalaban de su cara a cada segundo.

 

Se lanzó a toda velocidad para recuperarlos, pero Draco fue más rápido esa vez y los atrapó enseguida para devolvérselos.

 

-Eso no estuvo tan mal –comentó Henry mientras se ponía los lentes-. Lo que podemos hacer es ponerle unos anteojos a la snitch para que la próxima vez sí puedas atraparla.

 

-Mi padre está allá abajo, ¿podemos dejar esto así? –dijo Draco, sin prestarle atención-. Quiero ir a saludarlo.

 

-¿Ves a tu padre desde esta altura y no pudiste ver la snitch casi arrancándote una oreja? –protestó Henry, sólo que le protestó al aire porque Draco ya no se encontraba ahí. Aguantándose un gruñido, Henry lo alcanzó e igualó su velocidad y ángulo de descenso.

 

Más tarde debería darle las gracias otra vez a Galahaad por dejarlo hacerse pasar por él, no se sentía preparado para encontrarse con Lucius bajo su verdadero aspecto. Cierto que Henry había cambiado mucho en los últimos años, pero ¿qué tal que Lucius fuera más observador que Draco?

 

Ciertamente a Lucius no se le había escapado la forma en que Draco había dejado pasar la snitch y tenía el ceño fruncido cuando los dos muchachos bajaron de sus escobas y Draco se dirigió a él con paso rápido.

 

-¡Padre, qué sorpresa! ¿Está todo bien? ¿Madre se encuentra bien?

 

-Todo está bien, espero –Lucius miró a Henry con aire un tanto intrigado, como tratando de hacer memoria.

 

Por un instante, Henry temió que lo hubiera reconocido. Entonces recordó que Galahaad era muy parecido a Merlín. Debía ser eso lo que estaba viendo el señor Malfoy.

 

-Padre, este es Galahaad Brightstar. Estamos juntos en el equipo de Quidditch –dijo Draco.

 

Henry saludó con una inclinación de cabeza, recibiendo un saludo exactamente igual.

 

-¿Brightstar, como Merlín Brightstar? –preguntó Lucius.

 

Sí, era la semejanza entre Galahaad y Merlín lo que había visto el padre de Draco...

 

-Soy el menor de sus hijos.

 

-¿Qué posición ocupas en el equipo?

 

Oh, oh, señal de alerta... Draco se había puesto pálido...

 

-Seeker, señor.

 

No había manera de evitar la verdad, al menos en esa ocasión.

 

 -Eso no lo comentaste en tus cartas –le dijo Lucius a Draco, con tanta calma como si estuviera hablando del clima.

 

Draco bajó la cabeza.

 

-Ahora soy el reemplazo de Galahaad, padre. Por eso entrenamos juntos.

 

-Pude ver claramente por qué eres el reemplazo y no el titular –dijo Lucius-, espero que entrenar con el señor Brightstar te sirva de algo.

 

-Draco es un buen seeker, señor –intervino Henry-. Sólo necesita aprender a concentrarse y creo que eso lo lograremos antes de que termine el año. Por otro lado, estoy casi seguro de que Slytherin ganará este campeonato, y eso es lo más importante –añadió con una sonrisa.

 

Lucius sonrió a su vez.

 

-Sin duda alguna. Slytherin es lo que está primero. Draco, hijo, si puedes interrumpir el entrenamiento ahora...

 

-No habrá ningún problema –dijeron los dos muchachos al mismo tiempo.

 

Lucius enarcó las cejas. Pero qué curioso que hubieran hablado a coro... ¿de dónde le resultaba familiar algo así?

 

Luego de despedirse de Henry, padre e hijo empezaron a caminar por los jardines de Hogwarts sin seguir un rumbo determinado. Lucius aprovechó que no había nadie a la vista para rodear los hombros de Draco con un brazo. No le sorprendía que el chico hubiera “olvidado” mencionarle que ahora estaba en banca, él mismo había “olvidado” mencionarle a su propio padre la vez que había perdido su lugar en el cuadro de honor cuando Severus Snape empezó a destacar en Pociones. Era demasiado duro tener que admitir que no se estaba a la altura de las expectativas de los padres... o de las propias.

 

-No te sientas mal por esto –dijo.

 

Draco lo miró con tanta sorpresa que a Lucius se le dificultó un poco continuar.

 

-El Quidditch no es tan importante –logró decir por fin. No estaba siendo del todo sincero, pero pudo sentir que Draco se relajaba al escuchar eso. Al menos en eso no se parecía a Alphonse, que jamás se preocupaba por nada, Draco sí ponía todo su empeño en cada cosa que hacía, y por eso Lucius y Narcisa tenían que frenarlo de vez en cuando.

 

-No quería decepcionarte.

 

-Nada hay que pueda hacer que me decepcione de ti. Eres un Malfoy ciento por ciento. Si quieres dejar el equipo...

 

-No.

 

Así de simple.

 

-Está bien, Draco. En realidad vine para hablar contigo de otro asunto.

 

-¿La varicela?

 

-Sí, me temo que la epidemia no fue algo casual.

 

-Ya lo había imaginado. Alguien está tratando de identificar a los hijos de los Magos Oscuros, supongo. ¿Dumbledore tal vez? Juraría que con esto ha podido levantar una lista muy detallada.

 

-No sería propio de Dumbledore. Pensaba más bien en otra persona.

 

Draco hizo memoria, sin poder encontrar a nadie más que pudiera interesarse en provocar una epidemia de varicela en Hogwarts.

 

-¿Quién? –preguntó finalmente.

 

-Feral. Está aquí. Debe estar en la oficina de Dumbledore en este momento.

 

Draco se detuvo en seco.

 

-¿Y trajo a Nagini con él? –fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

 

Lucius suspiró. Entendía a la perfección la mayor parte de los temores de Draco, pero ese en particular se escapaba a su comprensión.

 

-Sí, Nagini está con él, como siempre.

 

-Eso quiere decir que... el dueño de Nagini no está muy lejos.

 

Eso hizo que su padre se sorprendiera.

 

-¿Cómo es que sabes que Augustus no es el dueño de Nagini? –dijo, eludiendo la pregunta que tenía en mente en realidad, “¿cómo sabes quién es el dueño de Nagini?”

 

-No estoy seguro, creo que siempre lo he sabido.

 

Claro, había demasiadas cosas que Draco había sabido “siempre”. Habría que tener cuidado.

 

 

 

-En todo caso, a mí me parece que deberíamos tener cuidado con el señor Feral y su mascota, sólo por si acaso –apuntó Hermione.

 

-No veo por qué eres tan desconfiada –gruñó Ron-, se trata de un funcionario del Ministerio...

 

-También Lucius Malfoy forma parte del Ministerio.

 

-Y además es el padre de Aureus Feral –continuó Ron, a la defensiva.

 

-¿Y quién es Aureus Feral, a todo esto? –preguntó Harry.

 

Ron y Hermione le dirigieron la mirada de exasperación que solían reservar para cada vez que ponía en evidencia su ignorancia sobre el mundo mágico.

 

-Es un músico –dijo Hermione.

 

-Un _gran_ músico –añadió Ron-, heredero de los grandes bardos. Tiene una voz increíble, se dice que una vez logró apaciguar a unos dragones enfurecidos con sólo hablarles. Y domina toda clase de instrumentos antiguos.

 

-Es una de las pocas personas que quedan en el mundo que son capaces de interpretar los cantos mágicos de los druidas. Magia muy antigua, Harry. Para realizar esa clase de encantamientos no basta tener poder y conocimiento, hay que estar en contacto con el alma de la música y sólo unas pocas personas en cada generación tienen ese don. Dicen que el Mago Merlín era una de esas personas. Y también se dice que desde el Mago Merlín no ha habido un bardo tan talentoso como Aureus Feral. Pero bueno, no es tan extraño, después de todo, los Feral son en parte elfos...

 

-¡Hermione! ¿Cómo vas a compararlos con Dobby? –exclamó Ron.

 

-¡No estoy hablando de elfos domésticos! Los Feral son descendientes de Altos Elfos... Hay más de quince variedades de elfos, ¿no lo sabías, Ron?

 

-Eh... ¡por supuesto que sí!

 

Aquello no sonó muy convincente, Hermione se encogió de hombros y siguió hablando como si se dirigiera sólo a Harry.

 

-Habrás notado que el señor Feral tiene las orejas puntiagudas, ¿verdad? También es muy alto y tiene los ojos más grandes de lo normal, además de que tiene una voz muy musical, ¿verdad? Todo eso señala que tiene sangre de elfo. Pero tiene el cabello castaño, eso no es normal en un elfo. Hay elfos rubios, elfos de cabello blanco, elfos de cabello plateado y elfos de cabello negro, pero castaño y pelirrojo son dos colores que sólo verás en aquellos que tengan sangre mezclada. A menos que se trate de un elfo de Alidari, pero esos son mucho más bajos que el resto y, por la estatura del señor Feral...

 

-Ya, ya, Hermione, creo que entendemos la idea... –dijo Harry, un tanto angustiado al ver que Hermione estaba encarrilándose en una conferencia sobre las quince variedades de elfos-. ¿Es común que los elfos tengan serpientes como mascotas?

 

-No, no lo es –dijo Lykos, que pasaba junto a ellos en ese momento-, pero Augustus Feral no es un elfo común y corriente.

 

-¿Ah, no? –dijo Harry.

 

Lykos hizo una mueca.

 

-Fue expulsado de la comunidad élfica durante el apogeo de Ya-saben-quién, por intervenir demasiado en política de humanos. Se casó con una humana y por eso es que ahora forma parte del Ministerio. Si tuviera todavía la posición que ocupaba entre su pueblo jamás lo verías trabajando con asuntos de humanos, ya fueran magos o muggles. No es digno de un elfo. Lo único que lo salva de algo peor que sólo el ostracismo es Aureus, y lo único que salva a Aureus de un destino peor que el que le correspondería a su padre es su talento. Pobre muchacho.

 

Y como si aquella frase bastara para resumir toda su opinión sobre los Feral, Lykos continuó su camino, dejando a los tres jóvenes completamente desconcertados.

 

 

 

-Espera, Severus, hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.

 

Dumbledore indicó de nuevo una silla a Snape y éste volvió a sentarse mientras los demás abandonaban la oficina luego de la pequeña reunión en la que Dumbledore había presentado a Feral con algunos de los profesores y con Artemisa y Percy.

 

-Bien, bien, Severus. Hemos tenido muy buen clima en estos días. ¿No crees?

 

-¿Qué fue lo que hice ahora? –preguntó Snape, poniendo mala cara.

 

Dumbledore entrecerró los ojos, en los que tenía un brillo divertido.

 

-¿Qué te hace pensar que se trata de algo que hiciste, Severus?

 

-Perdí la cuenta de las veces que tuve que venir aquí para recibir llamadas de atención y detenciones. Siempre que me llama para regañarme, empieza hablando del clima. ¿Qué hice ahora?

 

-Pues verás, no se trata de algo que hiciste sino de algo que no has hecho.

 

-¿Mjú?

 

Dumbledore desplegó un pergamino en el que Snape reconoció los registros de notas de los estudiantes de cuarto año.

 

-Neville Longbottom.

 

Puso el pergamino a un lado y desplegó otro, el que correspondía a los estudiantes de tercer año.

 

-Ginny Weasley.

 

El director entrelazó las manos y las apoyó en el escritorio, sonriendo amablemente.

 

-Las notas de estos dos van en picada, por decirlo de alguna manera.

 

-Son malos estudiantes –replicó Snape.

 

-¿Sí? Neville tiene notas aceptables en sus otras materias y las de Ginny son superiores al promedio...

 

Snape se encogió de hombros.

 

-Yo tenía notas sobresalientes en casi todas mis materias, pero era deficiente en una o dos...

 

-Quizá fuera así en tu caso, pero todo indica que lo que está fallando con Neville y Ginny es... el maestro.

 

Snape enarcó una ceja.

 

-Mis otros alumnos no tienen problemas, y estamos hablando de casi mil estudiantes.

 

-Razón de más para preocuparse. Hubiera jurado que te encantaría tener un registro perfecto.

 

Snape se removió inquieto en la silla, podía adivinar lo que vendría a continuación, pero hizo la pregunta de todos modos.

 

-¿Qué es lo que quiere que haga?

 

-Quiero que le prestes atención especial a estos dos.

 

-¿Clases extra?

 

-Hum... ¿tú crees que sea adecuado? Digo, con el temor que le inspiras a Neville... y creo que también asustas un poco a la señorita Weasley...

 

-Un tutor, entonces –dijo Snape, oh, sí, ya veía claramente por dónde iba el asunto.

 

-¡Qué maravillosa idea, Severus! Un tutor podría ayudarlos mucho. ¿Tienes a alguien en mente?

 

-¿Draco Malfoy?

 

-¿Será lo adecuado?

 

-Me parece que el señor Malfoy sabe más de lo que le han enseñado –Snape frunció el ceño-, quizá sería una buena oportunidad de comprobar si tenemos ahí a un futuro profesor... como cuando el profesor Dark me encargó la tutoría de... hum. Creo que ese no es un buen ejemplo.

 

-¿Peter, Remus y Lucius? Yo diría que dos de tres no estuvo tan mal.

 

-No lo decía por eso. Y también Lupin aprobó a final de cuentas, aunque por un margen tan estrecho como una capa de cebolla, sino por... en fin, supongo que la situación es diferente. Les avisaré de la tutoría tan pronto como tenga oportunidad.

 

-Excelente, Severus. Puedes retirarte.

 

-Gracias –murmuró Snape, aunque no estaba muy seguro de que hubiera algo que agradecer ahí.

 

 

 

Merlín sólo había tenido tiempo de adentrarse unos cuantos pasos en el Bosque Prohibido cuando notó al perro negro que estaba siguiéndolo. Rayos. Miró con disgusto al animal, que parecía lucir una especie de sonrisa canina, hasta que recuperó su forma humana y pudo comprobar que efectivamente Sirius estaba sonriéndole.

 

-¿De excursión, Linus?

 

Podía dar esa impresión por la mochila y el bastón que llevaba consigo, excepto porque el bastón no parecía adecuado para ese propósito. Estaba tallado en toda su superficie con runas y símbolos casi indescifrables, además de contar con incrustaciones de diversas joyas. Se trataba de una reliquia familiar y era la versión avalonesa de una varita mágica: un bastón de mago.

 

-¿El famoso bastón de tu ancestro? –preguntó Sirius, examinándolo con curiosidad.

 

Merlín asintió y siguió caminando.

 

-He podido escuchar una o dos noticias interesantes desde que llegué al colegio. Supe que Hagrid encontró un dragón muerto en el bosque, un dragón de las nieves. ¿Es por eso que Remus y yo te encontramos aquí y es por eso que has seguido viniendo al bosque a diario?

 

Merlín asintió de nuevo.

 

-En tal caso, será mejor que te acompañe.

 

Merlín se encogió de hombros. Aunque pudiera hacerlo, conocía a Sirius lo suficiente como para saber que no valía la pena discutir. Además, era mejor tenerlo cerca y poder vigilarlo que explorar un sitio tan peligroso con la duda de si ese otro peligro estaría siguiéndolo sin que se diera cuenta.

 

 

 

La situación de Remus era de lo más incómoda. Por un lado estaba Artemisa, en la que notaba sin poder evitarlo la sensación inquietante que producía a todo hombre lobo la persona que lleva sobre sí algún objeto de plata. En este caso, estaba dispuesto a apostar que se trataba de algún tipo de puñal. Por otro lado estaba Percy, que caminaba tan lejos de Remus como se lo permitía el ancho del corredor y no le había dirigido la palabra ni una sola vez.

 

-Supongo que ya habrá iniciado la investigación, ¿no es así, señorita Javert?

 

-Mmm... he estado reuniendo datos acerca de Black. Al parecer, nadie lo consideraba la clase de persona que mataría a doce inocentes por alcanzar a un treceavo.

 

-Uno nunca sabe qué esperar de un psicópata, ¿no es así?

 

-Sirius no es un psicópata –intervino Remus.

 

Artemisa lo miró de reojo con una sonrisa extraña.

 

-Ciertamente no creo que sea un psicópata –dijo ella-, y sí me parece muy extraña la forma en la que murieron los muggles y Peter Petrigrew...

 

-¿No está enterada usted? –dijo Remus-. Sirius es inocente. El asesino fue Peter...

 

-¿Traicionó la los Potter, mató a los muggles y luego se suicidó de modo que sólo pudiera encontrarse uno de sus dedos? –replicó Percy-. Eso suena completamente ilógico.

 

-¿Verdad que sí? –dijo Artemisa-. Eso es lo que hace este asunto tan interesante, casi artístico...

 

-¿A qué se refiere? –preguntó Remus.

 

-Pues a...

 

-¡Cuidado!

 

Artemisa, que había estado mirando a Remus, miró hacia el frente al escuchar la advertencia de Percy, pero ya era tarde y un instante después se había estrellado contra algo verde y rojo... ¿flores?

 

Retrocedió de inmediato, parpadeando confundida. Un inmenso ramo de tulipanes había aparecido en el aire, prácticamente frente a su cara. ¡Menos mal que no habían sido rosas! Lo peor fue que al retroceder, el ramo la siguió.

 

-¡¿Qué es esto?! –exclamó.

 

Percy sujetó el ramo, y éste lo arrastró consigo mientras continuaba flotando en el aire sin apartarse de Artemisa más de unos pocos centímetros.

 

-¡Argh! Finite incantatem! –exclamó Artemisa.

 

El ramo cayó al suelo y Percy con él. Remus apenas consiguió mantenerse serio gracias a un despliegue de fuerza de voluntad.

 

Artemisa examinó el ramo y encontró una tarjeta, que leyó con incredulidad antes de mirar a Percy como si de pronto se hubiera convertido en alguna clase de insecto desagradable.

 

-Dígame una cosa, Weasley...

 

-¿Sí?

 

-¿De casualidad tiene usted alguna clase de parentesco con un par de pelirrojos de sexto año llamados Fred y George Weasley?

 

-... son dos de mis hermanos menores...

 

Artemisa recogió el ramo y lo puso en las manos de Percy (con un poco más de fuerza de la estrictamente necesaria) junto con la tarjeta.

 

-Haga el favor de devolverles sus florecitas, entonces. Y si tiene alguna autoridad como hermano mayor, explíqueles que los Javert carecemos de sentido del humor. Es hereditario, ¿sabe?

 

La chica se alejó con paso rápido y Remus y Percy se quedaron contemplando los tulipanes con aire confundido.

 

 

 

Augustus y Nagini encontraron rápidamente (para variar) el camino hacia la salida.

 

-Bien, Na... ¿Nagini? ¿A dónde vas?

 

La serpiente había salido disparada hacia adelante, provocando gritos de espanto aquí y allá. Finalmente llegó hasta donde se encontraba un chico rubio de tal vez doce o trece años y otro de cabello negro, un poco mayor, y empezó a describir círculos a su alrededor. El muchacho moreno parecía sorprendido, pero no demasiado inquieto, mientras que el  rubio estaba demasiado aterrorizado como para moverse siquiera.

 

-¡Brightstar! ¡No te muevas! –exclamó una voz que Augustus conocía de sobra, Draco Malfoy...

 

Harry no prestó atención a Draco, estaba demasiado ocupado escuchando lo que decía Nagini en parsel mientras daba vueltas alrededor de él y del que él creía era Galahaad Brightstar.

 

-¡Están juntos! ¡Están juntos los dos, Augustus! ¡Después de tantos años, se han reunido! ¡Los hemos encontrado a todos!

 

Draco se acercó a Nagini sin apartar la mirada de los aterrados ojos de Henry.

 

-Tranquilízate, Nagini no te hará daño. ¿Verdad, Nagini? Sólo no hagas movimientos bruscos.

 

Como si Henry fuera capaz de hacer un solo movimiento, fuera brusco o de cualquier otra clase...

 

Draco acarició la cabeza de Nagini, que empezó a frotarse contra sus piernas.

 

-¿Lo ves, Brightstar? Nagini es una buena chica...

 

-S-s-si tú lo dices… -tartamudeó Henry. ¡Jamás había soportado la sola vista de aquella bestia!

 

-Será mejor que llames a tu serpiente –dijo Lucius a Augustus con severidad-, antes de que mates de un susto a algún estudiante.

 

-¡Ven Nagini! –llamó Augustus, con tono autoritario.

 

La serpiente dudó un poco antes de obedecer. Harry observó a Draco y Lucius llevarse al chico rubio como si temieran que se desmayara y luego miró a Augustus, que se marchaba seguido por su serpiente, que volteaba a mirarlos a él y  al chico rubio a cada instante.

 

Un instante después, Lucius había dejado a Henry al cuidado de Draco y había salido del colegio con paso rápido para alcanzar a Augustus.

 

-¡Feral! ¡Espera un segundo!

 

-Lucius, pero qué gusto verte... ¿No deberías estar en Londres? Me parece que tienes que trabajar...

 

-Me tomé el día para visitar a mi hijo, y me alegro de haberlo hecho. ¡¿Cómo te has atrevido a traer a Nagini aquí?! ¿Es que no sabes que Harry Potter estudia en este colegio?

 

-Vaya si lo sé, nos presentaron hace un rato. Y se portó muy amable con Nagini, lo cual no es nada extraño, considerando...

 

-¡Basta! ¿Quieres ponernos a todos en peligro? Siempre has sido una especie de suicida, pero no tenía idea de hasta qué extremo.

 

-Ah, Lucius, tú no tienes ni la menor idea de lo que estás hablando. Pero ya que tienes ganas de dar discursos, podrías ser útil por una vez en la vida diciéndome quién era ese niño rubio con el que se encontraba nuestro amigo Potter, su presencia alteró mucho a Nagini.

 

-¿Eh? Es Galahaad, el hijo menor de Merlín Brightstar.

 

-¿Hijo de Brightstar? ¿Estamos hablando del Guardián del Corazón del Dragón?

 

-Sí, ¿por qué?

 

-Es una ironía interesante, nada más... Hum... Lucius... ¿tienes algo de gente por aquí?

 

-Dos o tres personas. ¿Por qué?

 

-Necesito encargarle un trabajito a alguien de confianza...

 

La mirada de Lucius se ensombreció.

 

-No es prudente trabajar cerca de Hogwarts. No subestimes a Dumbledore.

 

-No sé por qué, pero me parece que tus motivos para dudar son otros. Mejor dicho, un solo motivo: Draco.

 

-¿No te parece que es un motivo más que suficiente? ¿Harías tú algo que pusiera en riesgo a Aureus?

 

-Aureus es un asunto completamente aparte. Algunos de nosotros consideramos que es hora de que el joven señor Malfoy nos demuestre qué tan confiable es... sí, podríamos encargarle a él el trabajito que necesito que se haga...

 

-Olvídate de eso, te conseguiré a alguien que lo haga bien y rápido, pero no metas a mi hijo en problemas. ¿Qué es lo que quieres?

 

Augustus sonrió, era tan fácil salirse con la suya cada vez que tenía que lidiar con Lucius, bastaba con aprovechar su punto débil.

 

 

 

-... Así que le dije a Harry que... Mmm. ¿Me estás escuchando, Linus?

 

Merlín miró con exasperación a Sirius. Claro que lo estaba escuchando. ¿Acaso tenía elección?

 

El Bosque Prohibido estaba inusualmente silencioso. No se escuchaban ni siquiera los insectos y no habían visto ni un solo animal desde que habían empezado a explorarlo. Ninguno de los dos estaba seguro de qué podía significar aquello.

 

-Debo estar aburriéndote en lugar de ayudándote –dijo Sirius, con aire preocupado-. ¿Hay alguna forma de saber si hay un dragón cerca? Si tuvieras algo que sirviera para identificarlos, podría hacer de perro rastreador...

 

Para sorpresa de Sirius, Merlín sonrió y sacó un pañuelo de su mochila, un pañuelo rosado con corazoncitos y estrellitas, y se lo ofreció.

 

-¿Eso es de uno de los dragones que estamos buscando?–preguntó Sirius, alarmado.

 

Merlín asintió, ya había desaparecido la sonrisa.

 

Sirius contempló el pañuelo unos instantes y luego miró a Merlín de nuevo.

 

-Esperabas que quisiera acompañarte, por eso viniste preparado. Slytherin por siempre...

 

En realidad, Merlín no había tenido ninguna seguridad al respecto, pero no le pareció de más incluir el pañuelo con el resto de las cosas que llevaba consigo, sólo por si acaso. Claro que no podía explicarle eso a Sirius, así que sólo se encogió de hombros.

 

Sirius se transformó en perro, olfateó el pañuelo y empezó a buscar el rastro. No era un olor fácil de confundir, el pañuelo estaba impregnado de un perfume caro que irritó bastante la sensible nariz de Padfoot. Si había algo en ese bosque que hubiera estado remotamente cerca de ese pañuelo perfumado, estaba seguro de que lo encontraría de inmediato.

 

 

 

La casa en la que había vivido Augustus Feral los últimos 25 años podía ser considerada fácilmente una mansión, y de hecho, muchos la consideraban así. No era tan grande como Malfoy Manor y era mucho menos antigua, pero estaba llena de cosas valiosas: pinturas, esculturas, tapices... Todo se conservaba ahí en un orden estricto y la servidumbre sabía que el amo montaría en cólera si un solo objeto era movido de su lugar aunque fuera unos pocos centímetros. Lo que no quedaba muy seguro para la mayoría de ellos era si esa medida era para evitarle problemas al hijo de Augustus o para proteger las valiosas y frágiles cosas que podían estar en peligro si Aureus tropezaba.

 

Aureus no usaba su bastón dentro de la casa, conocía de memoria la disposición de todos los objetos en cada habitación y en realidad no había tenido problemas en muchos años, ya fuera para encontrar su camino o para encontrar alguna cosa. A muchos incluso les costaba hacerse a la idea de que el muchacho era ciego.

 

Esa tarde Aureus se detuvo un momento en el umbral del salón de música cuando se dirigía a su práctica diaria. Había alguien ahí dentro. Normalmente los elfos domésticos limpiaban el salón por la madrugada y no aparecían por ahí hasta que empezaba a tocar, ya que la música los atraía en forma irresistible, pero era muy raro que alguno entrara ahí antes de la práctica; y ninguno de los sirvientes humanos entraba ahí jamás, ya que Augustus tenía prohibido molestarle.

 

-¿Wormtail? –preguntó Aureus. Sólo podía tratarse del huésped o del sirviente personal de éste. Y, dado que el huésped tenía muy poca movilidad, tenía que ser el sirviente.

 

-Oh, amo Aureus, lo siento, perdóneme.

 

Aureus sacudió la cabeza, tratando de calmarlo. ¿Siempre tenía que estar tan nervioso ese pobre hombre? Parecía tenerle miedo hasta a su propia voz.

 

-¿Qué habría que perdonar, Wormtail? No me molesta tener público cuando practico, sólo no te rías si me equivoco –dijo mientras se dirigía al piano.

 

-Yo... no debería estar aquí...

 

-Tonterías –Aureus empezó a tocar un pieza sin siquiera tratar de recordar el título, sólo dejó que sus dedos recorrieran las teclas, todavía tardaría unos minutos en sumergirse en la música al punto de olvidarse del universo-, la música no rechaza a nadie.

 

Wormtail no dijo nada, pero tampoco se marchó.

 

Media hora después, aproximadamente, algo sacó a Aureus de su concentración, pero no dejó de tocar, sólo un músico de su mismo nivel (y había muy pocos) podría notar el ligero cambio. ¿Qué había roto su balance? Un sonido... ¿un llanto?

 

Aureus siguió tocando, sin atreverse a demostrar su inquietud. Sabía que su música podía emocionar hasta las lágrimas a muchas personas, pero tenía la impresión de que ese no era el caso de Wormtail. ¿Qué podía estar tan mal con el patético hombrecillo como para que llorara de esa manera?

 

No pudo evitar sentir una punzada de irritación, siempre lo ponían de mal humor las interrupciones, pero procuró no demostrar nada. Si llegaba a quejarse su padre se enteraría (siempre se enteraba de todo) y el sirviente tendría serios problemas. No era que le importara mucho, era insoportable ese lloriqueo, pero no le gustaba ser causa de problemas para los demás, y, muy especialmente, no le gustaba que su padre se enfadara. Augustus era una persona maravillosa la mayor parte del tiempo, pero cuando se enojaba era un asunto serio.

 

Un grito destemplado lo obligó a detenerse en seco.

 

-¡¡WORMTAIL!!!

 

Era el huésped de su padre, reclamando al sirviente.

 

Aureus se preguntó asombrado cómo aquella vocecilla chillona podía alcanzar semejante volumen, al punto de hacerse oír desde el otro lado de la casa.

 

Escuchó a Wormtail abandonando el salón de música a todo correr y trató de volver a la práctica y olvidarse de aquella voz que recordaba el chirrido de las uñas de un gato contra un pizarrón, pero no pudo continuar, fuera por lo súbito del grito o por el grito en sí, ahora las manos le temblaban demasiado como para tocar dos notas seguidas.

 

Definitivamente, sí existían personas capaces de anular la Música, y una de esas personas era huésped en su casa.

 

Aureus se mordió el labio inferior y permaneció un rato más sentado frente al piano y con las manos tocando apenas las teclas, pero sin pulsarlas. ¿Cuándo se marcharía el señor Riddle de una buena vez por todas?

 

 

 

El dragón entreabrió los ojos al captar algo desconocido. No tenía mucha seguridad con respecto a cuál de sus sentidos lo había notado, si el olfato, el tacto o un sexto sentido misterioso, pero sabía que algún ser vivo se acercaba. Toda una novedad.

 

Los animales del Bosque Prohibido habían estado evadiéndolo, tal vez porque lo consideraban un depredador o tal vez porque sentían la presencia maligna de la magia negra a su alrededor. No quedaba más que admitirlo: estaba saturado de magia negra gracias al retorcido sentido del humor de los Death Eaters...

 

¡Un perro! El dragón nunca había visto un perro así de grande. ¡Casi era un oso! Nunca le habían gustado los perros, pero era el primer ser vivo que veía en casi una semana y realmente deseó poder echarle los brazos al cuello. Pero teniendo en cuenta su tamaño, probablemente lastimaría al perro...

 

Pudo sentir un principio de gruñido en su estómago. El hambre, casi olvidada, seguía ahí y el dragón se horrorizó al darse cuenta de que una parte de su mente estaba empezando a preguntarse qué tan comestible sería el otro animal. Sacudió las ideas de su mente. El perro tenía aspecto de estar bien cuidado, señal de que tenía dueños y quizá los dueños podrían proporcionarle alimento...

 

Ah, un humano seguía al perro...

 

El dragón lo reconoció.

 

-¡Guardián! –consiguió exclamar con voz rasposa e imposible de reconocer como la suya propia-. ¡Guardián de la Joya!

 

En circunstancias normales, nunca lo habría llamado así. Por lo visto, el cambio que había sufrido no era sólo físico, pero ahora el profesor Brightstar estaba ahí y el dragón sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Quizá ahora se acabaría la pesadilla?

 

Merlín sujetó su bastón con ambas manos y lo levantó mientras entonaba un cántico. Padfoot lo miró con los ojos muy abiertos, nunca había escuchado a Merlín cantar y era toda una sorpresa descubrir que lo hacía bien. ¿Pero qué significaba esa canción? Parecía una forma de algún dialecto celta muy antiguo, y Padfoot no lograba captar el significado de las palabras, aunque algo que sonaba como “imagen” y “realidad” se repetía varias veces...

 

Una luz plateada rodeó al dragón y éste empezó a cambiar de forma. Ya no era un reptil del color de la nieve... su figura se fundió y reorganizó y al momento en que Merlín dejó de cantar, lo que había frente a ellos era una chica.

 

Padfoot se dio cuenta de inmediato que estaba completamente deshidratada y muy débil. No se dio cuenta de en qué momento había cambiado a su forma humana y había empezado a registrar la mochila de Merlín en busca de una cantimplora mientras éste envolvía a la niña en su capa.

 

La contempló beber el agua con tragos largos y lentos. Tenía todo el aspecto de alguien que ha pasado por una experiencia realmente mala...

 

-Tengo hambre –murmuró ella cuando acabó de beber.

 

Sirius le ofreció una manzana que había encontrado en la mochila y la chica prácticamente la devoró.

 

-Despacio –indicó Merlín-. Le hará daño si come demasiado aprisa, señorita Parkinson.

 

Pansy suspiró y miró a Merlín.

 

-Usaron el Corazón del Dragón para hacerme esto –dijo, entre una mordida a la manzana y la siguiente.

 

Merlín se mordió el labio inferior.

 

-“Cualquier humano culpable de la muerte de un dragón será transformado en dragón por medio de la joya y recibirá el mismo tipo de muerte que haya sufrido su víctima” –recitó-, eso es lo que manda el Testamento de Merlín.

 

-Yo no he matado a nadie –protestó Pansy débilmente.

 

-Y probablemente es por eso que sigue con vida, señorita Parkinson... Dígame... ¿está segura de que el Corazón del Dragón tuvo que ver en esto?

 

-Lo vi. Lo sentí.

 

-¿Qué significa esto, Merlín? –preguntó Sirius.

 

Merlín no respondió.

 

 

 

Henry se acomodó los anteojos, tratando de no lucir tan miserable como se sentía.

 

-Lo lamento –murmuró, empezó, buscando cómo disculparse por su ataque de pánico.

 

-¿Uh? –Draco parecía un tanto distraído.

 

-¿Draco? –preguntó Henry, intrigado.

 

-¿Me hablabas?

 

-Er... ¿Tú estás bien, Draco?

 

-Sí, ya estoy acostumbrado a ver a Nagini... Tampoco me hace mucha gracia, pero es inofensiva.

 

-Hum. ¿Crees que sea legal tener una mascota de esa clase?

 

-Trata de decírselo a un miembro del Ministerio –sonrió Draco, pero su sonrisa se congeló al darse cuenta de que Harry se acercaba a ellos-. ¿Se te perdió algo, Potter?

 

Harry lo ignoró.

 

-¿Estás bien, Galahaad? ¿Quieres que llame a alguno de tus hermanos?

 

-¡Ni Dios lo quiera! –exclamó Henry-. No podría quitármelos de encima el resto de la semana.

 

Tanto Harry como Draco lo miraron con extrañeza, no era propio de Galahaad hablar así, y siempre habían pensado que era muy apegado a sus hermanos.

 

-Perdón –dijo Henry, apartando la vista-. Creo que estoy algo nervioso.

 

Tenía buenas razones para estarlo, pero no era el momento de comentar ninguna.

 

 

 

Lykos aprovechó que la sala común de Slytherin estaba desierta e hizo una llamada a Malfoy Manor desde la chimenea.

 

-¿Lykos? –la preocupada imagen de Narcissa apareció en el fuego-. ¿Ha pasado algo? ¿Lucius y Draco están bien?

 

La vieja y conocida sensación de rabia estuvo a punto de dominarlo por un momento.

 

-¿Lucius está aquí? ¿Por qué ha venido? –exclamó.

 

-Se preocupó al enterarse de que Draco estuvo enfermo...

 

-¡Pero yo estoy aquí! ¿Qué puede pasarle a Draco si yo estoy cuidándolo?

 

-Por Dios, Lykos, como si no conocieras a Lucius...

 

-¡Bien que lo conozco! ¿Es que no comprende que darle demasiada importancia a este asunto puede hacer que alguien empiece a hacerse preguntas? ¡Hay demasiada gente del Ministerio por aquí en estos días, y no hablemos ya de Dumbledore!... Cissa, ¿alguna vez te he comentado lo idiota que es tu marido?

 

Narcissa sonrió divertida.

 

-Sólo tres o cuatro veces al día desde que te conozco, amigo.

 

-Pues deja que te lo diga una vez más: Lucius  Malfoy, tu marido, es un perfecto idiota.

 

-Por favor, Lykos, él es un hombre inteligente, es sólo que...

 

-Lo único inteligente que ha hecho en su vida fue casarse contigo y eso porque tus suegros lo obligaron...

 

Narcissa dejó de sonreír.

 

-Me estás concediendo muy poco mérito. Yo fui una parte importante en ese negocio, ¿sabes?

 

Lykos suspiró.

 

-Ustedes dos son una pareja hecha en el cielo, como diría Fuego de Escarcha. Y Draco no les va a la zaga. ¿Desde cuándo la lealtad inútil se volvió un rasgo distintivo de los Malfoy?

 

-¿En serio quieres saberlo o es sólo una pregunta retórica? Porque puedo darte la fecha exacta de la primera demostración de lealtad inútil en la familia Malfoy.

 

-Touché. En fin, llamaba para decirte que Draco está bien, de salud al menos. Ha tenido un par de disgustos en el equipo de quidditch, que espero no le comentes a Lucius, porque sí sé cómo es él, y aún tiene que entregar ese famoso ensayo sobre Alphonse.

 

-Pensé que estarías muy feliz de que tenga que investigar sobre su tío.

 

-Oh, vamos, Cissa, tú sabes que no puedo alegrarme por algo que deprima al niño. Aunque sí me alegró bastante ver a Lucius cuando se enteró de eso.

 

Otra vez la sonrisa indulgente de Narcissa.

 

-Eres un caso irremediable, Lykos.

 

-Pero un sujeto encantador, tienes que admitirlo –respondió Lykos, guiñando un ojo.

 

Narcissa prefirió no responder a eso.

 

 

 

-Espera, es mejor que entremos al castillo por otro camino –indicó Sirius, empezando a caminar hacia el Sauce Boxeador.

 

Merlín lo siguió, bastante intrigado. Le había tomado por sorpresa el que Sirius se preocupara por no ponerle las cosas todavía más difíciles a Pansy llevándola de regreso a Hogwarts por la puerta principal. Sabiendo qué clase de monstruo era Sirius en realidad, resultaba algo incongruente en que se molestara en fingir un mínimo de modales... Merlín sacudió la cabeza. Estaba divagando y era mejor no distraerse, después de todo, estaba en compañía de un sujeto peligroso y, si bien Sirius no parecía tener ningún motivo para querer hacerle daño, tampoco lo había tenido para asesinar a aquellos  muggles.

 

Mucho antes de llegar al Sauce, Pansy se había quedado profundamente dormida, cosa que aprovechó Sirius para volver a transformarse en Padfoot, una vez que le mostró a Merlín cómo usar la entrada secreta. Si bien Merlín ardía en deseos de preguntar la historia de aquel túnel y por qué le habían sembrado el árbol encima, no hubo una palabra más hasta llegar a la enfermería.

 

Padfoot regresó al apartamento de Snape, para encontrarlo con una cara de preocupación que resultaba muy poco frecuente en él.

 

-¿Estás seguro de que tienes que ir allá, tío Severus? –preguntaba Artemisa cuando Padfoot entró y fue directo a la cocina, donde se bebió el agua que había en su plato en un par de lenguetadas.

 

-No tengo más remedio. Si le digo a Malfoy que no, tendré un serio problema no sólo con él sino con quien le haya convencido de hacer semejante estupidez.

 

Padfoot levantó las orejas. Eso sonaba muy interesante.

 

-¡Pero no irás a obedecerle! ¿O sí?

 

-No sé qué decirte –murmuró Severus-. Ya le informé de esto al director... me dijo que actuara con naturalidad. ¿Puedes creerlo?

 

-Pero actuar con naturalidad implicaría cumplir la orden.

 

-A menos que el director haya pensado cómo impedírmelo sin que los Death Eaters sospechen...

 

¡Death Eaters! El pelo del lomo de Padfoot se erizó y el perro empezó a mostrar los dientes, aunque no emitió ningún sonido.

 

-Ya veo. Y lo peor es que yo no estaré aquí tampoco por unos días –dijo Artemisa, con voz preocupada-. Tengo que ir a investigar a aquellos muggles que dijeron haber visto a Black en Edimburgo.

 

-¿Tú crees que esté ahí?

 

-Ni en sueños, pero el señor “sigue-el-procedimiento” Weasley insiste en que tenemos que investigar todas las pistas que nos lleguen.

 

-Hum. ¿Vas a llevar a Padfoot?

 

-No,  voy a usarlo como excusa.

 

-¿Uh?

 

-Weasley parece ser alérgico a Lupin –explicó Artemisa-. Quiero decir, es punto menos que imposible hacerlos trabajar juntos y quiero tenerlos alejados al menos un rato mientras encuentro la manera de bajar a Weasley de su nube. Le pediré a Lupin que cuide a Padfoot durante nuestra ausencia...

 

Severus dejó caer el libro que había estado hojeando.

 

-Hum, ¿vas a pedirle que lo tenga en la Casa de los Gritos mientras volvemos? –preguntó, tratando de recuperar la compostura.

 

-Cielos, no, creo que sería algo incómodo para él...

 

-Ah...

 

-Pensaba decirle que se quedara aquí mientras volvemos...

 

-¡¿QUÉ?!

 

-Chispas, tío, te has puesto pálido.

 

-¡No vas a ofrecerle mi casa a Lupin!

 

-¿Por qué no?

 

-¡Artemisa, se trata de un hombre lobo y vas a meterlo a un colegio lleno de niños!

 

-Ah, por favor, tío, es completamente inofensivo.

 

-¡Eso crees tú!

 

-¿Y ese olor que viene de la cocina... es idea mía o estás preparando una poción que contiene wolfsbane, entre otras cosas?

 

-...

 

-Tú mismo eres la garantía de que es inofensivo, ¿te das cuenta? No necesitará la poción hasta dentro de unas semanas, pero tú ya estás practicando.

 

Severus suspiró, vencido.

 

-Acabaré volviéndome loco.

 

-¿No dicen que “de electricista, carpintero y loco todos los hombres tienen un poco”?

 

-Es “de príncipe, poeta y loco” –corrigió Severus.

 

-Como sea.

 

Severus se dirigió a la cocina para revisar la poción y vio de reojo que el plato del agua de Padfoot estaba vacío.

 

-Vaya, así que volviste y además sediento –dijo al perro, mientras volvía a llenar el plato-. ¿A dónde fuiste de excursión, amigo?

 

Curioso, no pudo apreciarlo muy bien porque Padfoot había empezado a beber ansiosamente tan pronto como volvió a poner el plato en el suelo, pero hubiera jurado que ese perro estaba sonriendo...

 

Continuará...

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