REGRESAR A GALERÍA DE DAGA

ADVERTENCIA

Este fic contiene gran cantidad de spoilers, es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros sigue, pero yo te lo advertí primero.

De pociones, traiciones y dragones

por  Daga

“-Te han sugerido un remedio para levantar la muralla pero no te han dicho por qué es que se cae. Que tus hombres excaven bajo los cimientos y entonces verás la causa del problema: dos dragones duermen en la tierra, bajo la muralla; cuando el peso de ésta se vuelve excesivo, los dragones se sacuden en sueños y la derriban.

Impresionado por la seguridad del niño, Vertigiers ordenó que fuera hecho lo que Merlín sugería, y, efectivamente, ante los asombrados ojos del rey y la corte entera, aparecieron dos dragones, uno blanco y otro rojo, que habitaban bajo la muralla.”

 

Leyenda de Merlín, contada por Henry Hyde

 

 

          Pansy entró a la clase y se sentó muy recta en su silla. Los otros la saludaron, nadie comentó nada por su larga ausencia.

 

          Draco entró casi corriendo y fue hacia su sitio, en el pupitre que estaba frente al de ella. Ni siquiera saludó. La chica normalmente habría empezado a sentirse molesta en ese mismo instante, pero después de pasar el fin de semana en la enfermería no tenía muchas ganas de discutir. Madame Pomfrey sabía cómo lidiar con la gente de carácter difícil.

 

          Así que sólo tomó su pluma y empezó a hacerle cosquillas en el cuello hasta que Draco volteó a mirarla, enojado.

 

          -¿Qué quieres?

 

          -¿No vas a saludarme?

 

          -Hola, Pansy.

 

          -Hola, Draco.

 

Silencio.      

 

          -¿Hay algo más que quieras que te diga? –preguntó Draco.        

 

          -Podías interesarte un poco por mi salud.

 

          -Lo mismo digo.

 

          -¿Eh?

 

          -Sólo hablaba por hablar. ¿Estás bien?

 

          -Sí.

 

          -Me alegro.

 

          -¿Y tú?

 

          -Mejor, gracias.

 

          Silencio.

 

          -¿Qué quieres decir con eso de “mejor”, Draco?

 

          -Estuve enfermo la semana pasada. ¿No te enteraste?

 

          -Difícilmente, estuve perdida en el Bosque Prohibido la semana pasada. ¿No te enteraste?

 

          Draco parpadeó desconcertado. ¿Era una broma?

 

          -¿Te perdiste? Oh... ¿Pero estás bien?

 

          Pansy se dio cuenta de repente que ese era el diálogo más largo que habían tenido en lo que iba del año, estaba a punto de contestar, pero el profesor Binns entró en ese momento.

 

 

 

          -Si quieres cambiar de opinión, aún estás a tiempo Lupin –dijo Severus muy seriamente-. Artemisa no tenía por qué imponerte esto.

 

          Remus sacudió la cabeza.

 

          -No es ningún problema, te lo aseguro. Con gusto cuidaré a tu mascota...

 

          -No es mi mascota, es de Artemisa.

 

          -Lo que tú digas.

 

          -La comida de Padfoot está en la última puerta de la alacena, son las bolsas amarillas, también hay una caja con galletas... Artemisa las usa como premio para cuando está enseñándole algún truco, lo que significa que son sólo para recompensarlo cuando hace algo bien, no le des demasiadas.

 

          -De acuerdo.

 

          -Puedes usar con confianza lo que quieras de lo que hay en la cocina. Es más, preferiría que lo hicieras, no estoy seguro de cuánto tiempo estaré fuera y hay demasiadas cosas perecederas...

 

          -Una pregunta, ¿para qué necesitas una cocina aquí, teniendo la de Hogwarts?

 

          -A veces practico alguna que otra poción nueva aquí. No siempre resulta muy cómodo el calabozo, sobre todo cuando hay que vigilar algo que tenga que estar al fuego más de doce horas. De ahí a tener una cocina no hay más que un paso.

 

          -Ya veo...

 

          Luego de despedir a Snape en la puerta, al borde del infarto, ya que Snape no terminaba de marcharse (justo cuando parecía que ya se iba, de pronto recordaba alguna tontería que quería decirle), Remus fue a la cocina, donde encontró a Sirius, de vuelta en su forma humana, mordisqueando... ¿una galleta?

 

          -Sirius, ¿te das cuenta de qué es lo que estás comiendo? –preguntó Remus, alarmado.

 

          -Bueno, no están tan mal después de todo –respondió Sirius, con una sonrisa angelical-. Prueba una. La caja dice que son buenas para los dientes...

 

          -Me vas a matar, hijo de Orión Black.

 

          Sirius lo miró con desconcierto por un instante, para luego echarse a reír.

 

          -¡Eso era lo que decía siempre mi tía abuela Matilde!

 

          -Y no lo decía sin motivo –dijo Remus, bastante molesto-. Tenemos que sacarte de aquí, antes de que Javert descubra que tiene bajo su techo al criminal que está persiguiendo.

 

          -Hum –respondió Sirius, sin dejar de mordisquear la galleta para esconder una sonrisa burlona.

 

          Remus miró a su alrededor con aire de desamparo.

 

          -¿Sabes qué? Creo que iré a dormir un rato, me estoy poniendo irritable.

 

          -La primera puerta a la izquierda –indicó Sirius-. Esa es la alcoba.

 

          -Gracias.

 

          Luego de devolver la caja a su lugar en la alacena, Sirius se asomó a la habitación de Severus, Remus dormía profundamente.

 

          “Apuesto a que se quedó dormido antes de que su cabeza tocara la almohada” pensó Sirus “¿Tenía que llegar Javert justo para la luna llena? El pobre no ha tenido un segundo de descanso con ella arrastrándolo por todo Hogwarts y Hogsmeade... A decir verdad, la chica se llevó a su tío y al pelirrojo justo a tiempo”

 

          Cerró cuidadosamente la puerta y empezó a explorar el apartamento, las cosas se ven muy distintas desde la perspectiva de un humano.

 

 

 

          Lykos miró hacia un lado y otro del corredor. Con algo de suerte podría llegar hasta la biblioteca sin que nadie lo viera. Sería mejor que fuera meditando lo que le iba a decir a Madame Pince. No sonaba muy bien pedirle un libro de la sección de autores muggles en nombre de Draco. ¿Tal vez si le decía que estaba buscando el libro de parte de Neville? ¿Le creería?

 

          -¡Miauuu!!

 

          Lykos dio un respingo, pero no tenía dónde esconderse cuando el enorme gato de angora saltó hacia él. Se trataba de Caramelito, la mascota de la profesora Trellawney, y si Caramelito estaba ahí, su dueña no estaría demasiado lejos...

 

          -¡Vete de aquí, bestia infernal! –exclamó Lykos, lo más alto que pudo sin dejar de hablar en voz baja.

 

          No soportaba a aquel animal. Cosa curiosa, si se tenía en cuenta que nunca había tenido problemas con la Señora Norris, pero Caramelito era un caso aparte. Empalagoso como algodón de azúcar, el gato de angora podía poner en peligro a un diabético con su sola presencia, algo que Lykos detestaba con toda el alma.

 

          De alguna manera, el gato parecía saberlo y sin duda disfrutaba de una manera malvada con eso, ya que tan pronto como lo veía corría a frotarse contra él, dejándolo perdido de pelos de gato, que destacaban terriblemente en su túnica negra. La Señora Norris, por lo menos, le ahorraba esa tortura...

 

          -¡No te me acerques, Caramelito! –gritó Lykos, desesperado, buscando dónde esconderse o a qué treparse... claro que sería un poco difícil que él pudiera treparse a un sitio que estuviera fuera del alcance del gato...

 

          Harry no pudo menos que pensar que era un espectáculo extraño ver a un dragón miniatura (o lo que fuera Lykos) tratando de escapar de un gato de angora.

 

          -¡Vete, Caramelito! –ordenó Harry.

 

          El gato se detuvo en seco, lo miró de arriba abajo con algo que parecía desprecio y dio media vuelta para seguir su camino. A lo mejor había ratones en algún rincón cercano.

 

          -Ufff... gracias, señor Potter –dijo Lykos, respirando por fin.

 

          -No fue nada. ¿Te dan problemas los gatos? –preguntó Harry.

 

          -Los gatos en general, no. Es sólo Caramelito en particular...

 

          -¿Caramelito? ¿Han visto a Caramelito?

 

          Lykos dio otro respingo y pensó amargamente que eso se le estaba volviendo costumbre, casi parecía un tic.

 

          Finalmente había pasado, había logrado evitar encontrarse con la profesora Trellawney hasta entonces y hubiera querido poder seguir esquivándola un poco más... ¿Si permanecía callado dejaría de llamar su atención?

 

          -¡Oh, pero qué criaturita tan interesante, señor Potter! ¿Es suyo?

 

          No, no había dejado de llamar su atención.

 

          -Eh, no, Lykos no me pertenece, profesora.

 

          -¿Lykos? Qué nombre tan curioso... me recuerda un personaje de un libro.

 

          Eso sí que era una novedad. ¿La dama chiflada había leído “Jornada de estudios”? Lykos hubiera jurado que sólo leía hojas de té... y con muy poca precisión además. Bueno, si sólo le interesaba su nombre, tal vez saldría con bien de esa...

 

          -¡Ah, y también me recuerda una predicción que hice hace años! Fue una muy interesante, ¿sabe, señor Potter? Aún no se ha cumplido...

 

          “Como la casi totalidad de sus predicciones, profesora...” pensaron Harry y Lykos al mismo tiempo.

 

          -Se la dije a Lucius Malfoy cuando estudiaba aquí...

 

          Lykos levantó la mirada. ¿A Lucius? ¿Entonces no iba a mencionar la otra predicción? ¿Cuándo le había hecho una predicción a Lucius? Él no había tomado Adivinación cuando estaba en Hogwarts...

 

          -Le dije que pensara muy bien todas sus acciones porque un día su destino estaría en manos de una caricatura de su escudo familiar. ¿Verdad que es una buena predicción? Y, mira, esta criaturita se parece mucho al dragón del escudo de los Malfoy...

 

          -Eh... creo que vi a Caramelito tomar esa dirección... –señaló Lykos.

 

          Contra toda esperanza, la profesora Trellawney encontraba en ese momento más interesante encontrar a Caramelito que continuar hablando sobre su predicción para Lucius Malfoy.

 

          -Supongo que la pobre dama ha estado demasiado expuesta a los vapores del té –dijo Lykos sacudiendo la cabeza tristemente.

 

          Luego de darle otra vez las gracias a Harry, Lykos retomó el camino hacia la biblioteca. ¿Sería demasiado pedir el rogar al cielo que Harry se olvidara del asunto?... Probablemente.

 

 

 

          -Así que –dijo Hermione, retomando una conversación que había sido interrumpida muchas veces, por una razón u otra- no nos sirvió de nada colarnos en la sección de libros prohibidos, porque el libro que queríamos no estaba. Parece ser que el profesor Brightstar lo sacó el día anterior.

 

          -¿Para qué querría el profesor de Relaciones Interdimensionales un libro acerca de los hechizos empleados por Voldemort? –preguntó Harry, pasando por alto el estremecimiento de Ron al escuchar ese nombre.

 

          -Quizá lo sacó para la profesora Brightstar –sugirió Hermione.

 

          -Lo importante ahora –intervino Ron- es que ese Slytherin dijo que tratará de entrar esta noche a la oficina de los profesores Brightstar para encontrar el libro. Y eso no me parece nada bien.

 

          -Está mal entrar así a la oficina de un profesor –concordó Hermione-, pero si leemos rápido el libro y lo regresamos a su lugar...

 

          -No me refiero a eso –la interrumpió Ron, enojado-. Lo que quiero decir es que debemos sacar nosotros mismos el libro, sin que ese Slytherin lo sepa, y cuanto antes mejor.

 

          -Se diría que tú no confías en Nicholas –señaló Hermione.

 

          -¿Por qué debería nadie confiar en un Slytherin?

 

          Harry pasó por algunas dificultades para impedir que Ron y Hermione discutieran lo suficiente como para luego no volver a dirigirse la palabra.

 

 

 

     Galahaad caminaba rápidamente por los jardines repasando un papel. Ya casi se había aprendido el horario de los Gryffindor de cuarto año, pero a veces se enredaba un poco. Estaba dando su mejor esfuerzo para no preocuparse demasiado por cómo serían sus notas ese año. Por lo menos contaba con todos sus hermanos y Henry para ayudarlo a estudiar, pero la mezcolanza de materias de dos niveles distintos tenía por fuerza que crear algún problema.

 

          Faltaba un día entero para que tuvieran que tomar la siguiente dosis de la poción de cambio, así que Galahaad tenía por delante casi veinticuatro horas para ser él mismo... con toda la prudencia del caso. Si hacía algo que destacara demasiado, Henry tendría problemas cuando cambiaran nuevamente de lugares.

 

          -¡Yip!

 

          Galahaad buscó sobresaltado la fuente de aquel sonido. Parecía la voz de un zorro... ah, en efecto, ahí estaba, a unos pocos metros de él... ¿¿¿un zorro verde??? Imposible, no había zorros verdes. ¿Sería la mascota de algún alumno, o se le habría escapado a algún profesor durante una clase? ¿Tal vez sería uno de los animales de Hagrid?

 

          Considerando esa última posibilidad, Galahaad caminó despacio hacia el zorro, con la idea de que quizá Hagrid necesitaría ayuda para recuperar al pequeño y extraño animal.

 

          El zorro esperó hasta que casi estuvo junto a él y entonces retrocedió varios metros en unos pocos saltos.

 

          -¿Si será un zorro cruzado con conejo? ¿Un zorrejo o un conerro? –se preguntó Galahaad, avanzando un poco más rápido hacia adonde lo estaba esperando el zorro verde.

 

          De esta manera se fueron alejando más y más del castillo, en dirección al bosque, hasta que el zorro se plantó de un salto en el centro de un círculo de árboles y ahí se disolvió en una voluta de humo. Galahaad se quedó mirando sorprendido el lugar donde había desaparecido el zorro. Luego levantó la mirada y vio que había alguien más ahí. Un hombre vestido de negro, con máscara y capucha. ¿Un Death Eater?

 

          La única reacción lógica era salir de ahí a toda velocidad. Justo lo que Galahaad habría hecho si alguien que se había acercado a espaldas suyas sin hacer el menor ruido no lo hubiera detenido. Otro hombre ataviado al estilo de los Death Eaters.

 

          El extraño zorro verde sólo había sido una ilusión y él había caído en una trampa.

 

 

 

          Harry, Ron y Hermione habían echado a suertes para decidir cuál de los tres entraría a la oficina a buscar el libro, en el supuesto que estuviera ahí, claro. ¿Y si estaba en la habitación del profesor? Decidieron preocuparse por ese detalle sólo si llegaba a presentarse la ocasión y Harry aplicó un rápido “alohomora” a la puerta para poder entrar a la oficina.

 

          Se veía casi igual que la última vez, sólo que ahora había dos escritorios en lugar de uno, para que ambos profesores pudieran trabajar juntos más cómodamente. La caricatura de "Penauts" que Merlín había sepultado en una gaveta la última vez ahora ocupaba un lugar en la pared, junto a su título de Hogwarts y cerca de otros títulos que estaban escritos en un idioma que a Harry le pareció que podía ser español. ¿Serían títulos de alguna universidad muggle? En la pared opuesta a esa estaba el título de Hogwarts correspondiente a Nakuri, y otros más escritos en el mismo idioma que los que estaban en la pared de Merlín. Sí, debían ser títulos universitarios.

 

          También había, aquí y allá, algunas fotografías de la familia completa...

 

          Harry decidió no perder más tiempo contemplando la decoración. ¿En dónde guardaría el profesor Brightstar un libro prohibido?

 

          -¿Busca algo, señor Potter? –lo sobresaltó una voz grave.

 

          Merlín estaba en el umbral de la puerta, de brazos cruzados y con muy mala cara. En ese momento no resultaba difícil imaginárselo como compañero de Casa de Snape. Detrás de Merlín, pudo advertir que Nakuri había llegado también y lo miraba con aire preocupado. De Ron y Hermione no había rastro.

 

          -Eh... verá... –“¡piensa, Harry, piensa” se dijo a sí mismo “debe haber una excusa aceptable en alguna parte...”-. Yo... quería pedirle un favor.

 

          -¿Ah, sí? –dijo Merlín con un tono de “más vale que sea una buena excusa” que aceleró la imaginación de Harry.

 

          -Yo... hace algún tiempo Hagrid me regaló un álbum con fotos de mis padres, pero entre esas fotos sólo había una de mi padrino, en la boda de ellos. He tratado de conseguir otras fotos suyas, pero...

 

          -Pero todos los que tenían fotos de él las han tirado, ¿correcto? –dijo Merlín, suavemente.

 

          -Así es... y... bueno, me preguntaba si por alguna casualidad...

 

          Merlín sonrió, una sonrisa que Harry calificó de inmediato como “totalmente Slytherin y bastante atemorizante”, incluso Nakuri se alarmó un poco.

 

          -¿Linus? –dijo ella, con tono de preocupación.

 

          -Acabo de descubrir que sí es cierto aquello de que la venganza es dulce... –dijo Merlín mientras le indicaba a Harry que lo siguiera.

 

          Minutos después (el profesor Brightstar sin duda conocía a la perfección buena parte de los atajos del castillo) estaban en las habitaciones que les habían sido asignadas a Merlín y Nakuri. Harry paseó una mirada curiosa por el lugar. El apartamento era pequeño pero bastante amplio para dos personas, tenía una sala de estar y Harry podía ver desde ahí cuatro puertas más. Merlín entró a una de las habitaciones (Harry tuvo una fugaz visión de estanterías repletas de libros y cosas, algunas de las cuales parecían moverse por sí solas) y salió casi enseguida con una caja de madera que depositó en la mesa de la sala.

 

          -Estuve a punto de tirarlas –confesó mientras habría la caja-. La señora Brightstar no me lo permitió, así que lo que hice fue retirarlas del álbum familiar y guardarlas aparte... Empecemos con esta...

 

          Harry tomó la foto que le ofrecía Merlín y se encontró con la imagen de Sirius sonriéndole... parecía tener la misma edad que en la foto de la boda de sus padres y Harry tuvo que contener una exclamación al darse cuenta de que Sirius tenía un bebé en sus brazos.

 

          -¿Ese bebé...?

 

          -Eres tú, en tu bautizo. Yo tomé la foto.

 

          -Oh... –Harry miró con más detalle. Sirius vestía de negro de pies a cabeza, y la jacket y el pantalón eran de... -¡¿Cuero?! ¿Llegó a mi bautizo con ropa de cuero? –efectivamente, el traje del padrino hacía un extraño contraste con el ropón bordado y repleto de encajes del ahijado.

 

          -En realidad había llegado con un traje muy elegante, pero hubo un pequeño accidente con una ponchera y un pastel antes de la ceremonia y lo único que tenía en su habitación de Godric’s Hollow era la ropa que usaba cuando salía en su motocicleta...

 

          -¿Tenía habitación en casa de mis padres?

 

          -En casa de tus abuelos, en realidad –dijo Merlín, mientras le entregaba otra foto, una en la que aparecía Sirius junto a un reloj de sol, aparentemente tratando confirmar la hora de su reloj de pulsera-, Sirius perdió a su madre cuando era muy pequeño y solía llamar “mamá” a la madre de James, que era su madrina. La señora Potter insistía en que pasara al menos un par de semanas al año en Godric’s Hollow y él mantuvo la costumbre aún después de que la casa pasó a ser propiedad de James y Lily, solía tener algo de ropa ahí por cualquier emergencia.

 

          -Me habían dicho que mi padre y él eran como hermanos...                   

 

          Merlín esquivó la mirada de Harry, rebuscando en la caja.

 

          -La primera vez que los vi, pensé que lo eran –murmuró, con algo de amargura.

 

          -¿Tiene fotos de cuando estaban en el colegio?

 

          -Seguro. Aquí hay una.

 

          -Esto... ¡parece una guerra de comida!

 

          -Es una guerra de comida.

 

          Las figuras en la foto se movían tan rápido que era difícil distinguirlas.

 

          -¿Dónde está Sirius?

 

-Debajo de la ensalada. Esquina superior izquierda. En el centro puedes ver a tu padre, volteará en unos segundos y vaciará esa fuente de guiso sobre la cabeza de Remus... luego dijo que trataba de echársela a Lucius, pero resultó ser más pesada de lo que parecía.

 

          La siguiente foto consiguió que Harry riera sin parar durante un buen rato.

 

          -¿Trenzas? –consiguió decir por fin.

 

          -Fue idea de tu madre, el año en el que Sirius decidió dejarse el cabello largo sólo para molestar al profesor White. Cuando ya le pasaba de los hombros, James y los otros dos aprovecharon una noche y lo peinaron así, las cintas y las peinetas eran de Lily. No sé cómo lograrían hacerlo sin que se despertara, pero no se dio cuenta de lo que le habían hecho hasta la mañana siguiente, tuvieron tiempo de tomarle varias fotos antes de que fuera a bañarse... James me dijo que lo único que hizo fue preguntar para qué querían tantas fotos, luego entró al baño... y escucharon un alarido, probablemente cuando se miró al espejo. Salió a buscarlos y los persiguió... pero ellos corrieron más rápido y cuando logró atraparlos estaban en mitad de la sala común de Gryffindor, con todos los demás Gryffindor contemplando el espectáculo. Debe haber sido algo inolvidable.

 

          -Sí -dijo Harry, contemplando fascinado la foto-, sin duda lo fue.

 

 

 

          Galahaad miraba el paisaje por una de las ventanillas del carruaje, mientras trataba de convencerse a sí mismo (con poco o ningún éxito) de que no estaba asustado.

 

          -La verdad es que debo felicitarte, localizarte ha sido un verdadero dolor de cabeza. Pocas personas han logrado escapar así de Lord Voldemort.

 

          Galahaad le devolvió una sonrisa angelical. No era ni por mucho la sonrisa habitual de Henry, pero le pareció que era adecuada para la ocasión. El hombre que le había hablado tenía una voz suave y amable y parecía ser el líder del grupo; había estado esperando en el carruaje a que los otros dos lo llevaran hasta ahí.

 

          -Debo adimitir que tu cambio de imagen es algo realmente ingenioso -continuó el sujeto-, pero lo que realmente me sorprende es encontrarte haciéndote pasar por miembro de una de las familias más nobles de Avalon. ¿Cómo se supone que has llegado a formar parte de los descendientes del Mago Merlín?

 

          -No creo que... -empezó uno de los otros Death Eaters.

 

          -Silencio -ordenó el líder.

 

          -Fue fácil -dijo Galahaad lo más tranquilamente que pudo fingir. Había reconocido la voz del segundo Death Eater y no quería dar pie para que notaran ese detalle-. Lord Wintergem es una persona profundamente compasiva, nada más sencillo que convencerlo de ayudar a un huérfano en desgracia.

 

          Sí, probablemente Henry habría contestado algo así...

 

Irónico, habían hecho lo del cambio de lugares por si alguien intentaba secuestrar a Henry... y había funcionado, sólo que ninguno de los dos había contemplado jamás la posibilidad de que el hipotético secuestro pudiera suceder estando Galahaad con su apariencia real.

 

          Bueno, al menos había una ventaja en eso: el error no se descubriría cuando la poción de cambio perdiera efecto.

 

 

 

          Harry reunió las fotos que Merlín le había dado y las ordenó para llevárselas. Merlín estaba cerrando la caja de madera, que, según Harry había podido espiar, contenía otras cosas además, un pañuelo, unos gemelos de oro, un extraño amuleto hecho con un colmillo de algún animal y unas hebras de hilo de plata...     

 

-¿Profesor?

 

          -¿Sí?

 

          -Hum...  Usted... no cree que Sirius sea inocente, ¿verdad?

 

          -Tú pareces creerlo -respondió Merlín, evitando mirarlo a los ojos-. Me parece peligroso que confíes en él, pero supongo que no puedo impedírtelo. Claro que preferiría que no lo hicieras.

 

          -¿Por qué no?

 

          Merlín se mordió el labio inferior por un instante y luego miró directamente a Harry.

 

          -Yo sé lo que es confiar en alguien y recibir una puñalada en la espalda. Y me refiero a una situación que no pueda remediarse de ninguna manera. Después de eso se aprende a no confiar en nadie. Desgraciadamente, es algo que sólo se puede aprender de una manera. En verdad  espero que no, pero sé que tarde o temprano tendrás que pasar por una situación así... y una traición de parte de Sirius sin duda será más que sólo un poco peligrosa tratándose de ti.

 

          Harry tuvo que esforzarse por no arrugar las fotos debido a la repentina necesidad de cerrar los puños.

 

          -Pienso que quizá si usted conociera la otra versión de los hechos...

 

          Merlín lo interrumpió con un ademán.

 

          -Lo que vayas a decirme lo he escuchado en todas sus variantes, incluso de parte del propio Sirius, no pierdas el tiempo.

 

          Harry se quedó congelado junto a la puerta. ¿El profesor Brightstar había hablado con Sirius?

 

          -Pero sigo sin creer una palabra. No puedo dar la voz de alerta aún, pero mi familia y yo estamos vigilando, Harry. Hace muchos años le hice una promesa a tus padres y estoy tratando de cumplirla.

 

          Harry suspiró. Si insistía demasiado, tal vez el profesor acabaría descubriendo que se comunicaba con Sirius en forma regular. Por otro lado, el que Merlín hubiera admitido que había escuchado la defensa de Sirius le estaba dando mucho para pensar. ¿Cuándo podía haber hablado con él? Y si lo había hecho... ¿realmente hablaba en serio al decir que no iba a dar todavía la voz de alerta? ¿Y eso por qué, si lo consideraba un criminal peligroso? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta.

 

          -Muchas gracias por las fotos...

 

          -No hay de qué.

 

          Harry salió y cerró la puerta. Al dar una última mirada al interior del apartamento, pudo ver que el profesor seguía sentado en el mismo lugar, mirando cabizbajo la caja de madera.

 

 

 

          -¿Y bien? ¿No piensas darnos una explicación más clara? -preguntó el líder, con un tono en el que empezaba a detectarse algo de impaciencia.

 

          Galahaad sonrió de nuevo, en ese momento estaban dejando los límites de Hogwarts.

 

          -Bueno, si quiere escuchar la historia completa...

 

          Casi pudo imaginarse a ese Death Eater frunciendo el ceño bajo la máscara negra. Sin duda estaba considerando que su prisionero estaba demasiado tranquilo.

 

          -... tendrá que pedírsela a alguien más -concluyó Galahaad, y desapareció.

 

          Apareció de nuevo a dos kilómetros de ahí, entró de nuevo a los límites de Hogwarts, donde los hechizos para aparecer y desaparecer no podían ser empleados, y corrió tan rápido como pudo hacia el castillo. Eso había estado cerca. Sin duda los Death Eaters contaban con que Henry aún no había hecho los exámenes que lo autorizarían para realizar el hechizo en cuestión, quizá se habían figurado que aún no lo dominaba... bueno, en eso último tenían razón, Henry no dominaba todavía ese hechizo, pero Galahaad sí... desde los diez años. Nakuri habría tenido mucho qué comentar si llegaba a enterarse de que Merlín le había enseñado ese hechizo a sus cuatro hijos tan pronto como tuvieron edad para comprenderlo, con la condición de que sólo lo usarían en casos extremos.

 

          A veces no es tan malo tener por padre a un paranoico.

 

          El líder del trío ordenó que detuvieran el carruaje y luego ordenó a sus acompañantes, de muy mala manera, que buscaran al niño y se lo llevaran de vuelta.

 

          Los otros dos bajaron del carruaje sin decir palabra y empezaron a caminar.

 

          -Bueno, no queda más que admitirlo: tonto no es -murmuró uno de los Death Eaters, tan pronto como perdieron de vista el carruaje-. Puede estar en cualquier parte.

 

          -Dondequiera que esté, estará camino de Hogwarts.

 

          -Sin duda... ¿Por dónde empezamos?

 

          -¿Empezar? Por lo que a mí respecta, Augustus puede esperar sentado a que le llevemos al niño. Dijo que lo secuestráramos para él y eso hicimos. Se lo entregamos y a partir de ahí era responsabilidad suya. Que no se le ocurriera usar algún hechizo para impedirle escapar y que se le fuera así de fácil es problema suyo. Nosotros ya cumplimos.

 

          El primero se detuvo y se quitó la máscara con gesto cansado.

 

          -No creo que él vaya a verlo así -dijo, encogiéndose de hombros.

 

          -Si tiene quejas, que vaya con el Amo a pedirle consejo. Veremos qué opina el Amo al respecto... porque no creo que este secuestro haya sido una orden suya. ¿O me equivoco?

 

          -No, no lo fue, Augustus lo quiso así.

 

          -Entonces, como dije, es su problema. Y me temo que ahora sólo se ha conseguido poner sobreaviso al chico.

 

          -Eso sí...

 

 

 

          El búho posándose en su hombro sin previo aviso sorprendió bastante a Draco. No era la hora habitual para recibir correo. Rápidamente tomó la carta y le ofreció al búho un chocolate... Bueno, era lo que tenía más a mano, luego de descubrir que Lykos le había metido un paquetito de dulces en uno de los bolsillos de su uniforme, aún sabiendo que detestaba el chocolate, afortunadamente al búho pareció gustarle, así que le dio otro más y lo dejó ir.   

 

          Era una carta del profesor Snape, informándole en pocas palabras que estaría ausente por unos días, pero que quería encargarle un trabajo especial...

 

          Crabbe y Goyle acudieron alarmados al escuchar un grito de espanto y encontraron a Draco apoyándose contra la pared, bastante más pálido de lo normal.

 

          -¿Qué ocurre? -preguntó Gregory-. ¿Otra broma de los gemelos?

 

          -Ojalá fuera eso -murmuró Draco, releyendo la carta-, pero no creo que sea una falsificación, me habrían pedido alguna otra cosa... Creo que será mejor que hable con el director para confirmar esto.

 

          Sin más explicaciones para el par de confundidos muchachos, Draco se alejó con paso rápido en dirección a la oficina de Dumbledore. Por supuesto, iba a ser un poco difícil entrar ahí sin la palabra clave... pero no fue necesario. Encontró a Neville y Ginny (convenientemente refugiados detrás de Ron, Fred y George) en la puerta.

 

          -¡Tú! -exclamó Ron.

 

          Draco miró a su alrededor y vio que no había nadie más.

 

          -¿Te refieres a mí, Weasley?

 

          -¡Sí, tú! ¡Quiero que expliques esto de inmediato!

 

          Ron le puso frente a la cara una hoja de pergamino. Draco retrocedió un paso y la leyó. Era una carta de Snape, todavía más escueta que la que había recibido unos minutos antes, notificándole a Ginny lo mismo que le había indicado a él.

 

          -Todo parece indicar que no se trataba de una broma del doble dolor de muelas después de todo -comentó Draco con tranquilidad.

 

          -¡¿A quién llamas dolor de muelas?! -exclamaron Fred y George al mismo tiemppo.

 

          -A quien se dé por aludido -dijo Draco con una sonrisa inocente, mientras le entregaba a Ron la carta que acababa de recibir-. Yo también quisiera una explicación al respecto, Weasley. No sabía que tu hermanita y el casi squib me hubieran solicitado como tutor.

 

          -¡A ti no te solicitó nadie!

 

          -¿No? El profesor Snape jamás me haría algo así sin un buen motivo, como una solicitud de mi padre o una orden directa de Dumbledore. Y como SÉ que mi padre jamás le pediría algo así, vine a preguntarle a Dumbledore qué es lo que está tramando. Luego se lo notificaré a mi padre, por supuesto, y esto no pasará a más, aunque... -Draco miró al pequeño grupo entrecerrando los ojos, casi como un gato que ha descubierto una entrada a la madriguera de los ratones- pensándolo bien... si les disgusta tanto que vaya a ser tutor de estos dos, tal vez valga la pena tratar de enseñarles algo...

 

          -¡¡NO TE ATREVERÁS!! -exclamaron los tres varones Weasley atrapando a Draco por el uniforme, listos para usar argumentos más contundentes.

 

          Por suerte para Draco, la puerta de la oficina se abrió en ese momento y Dumbledore apareció ahí, acompañando a una llorosa Pansy.

 

          -¿Quieres que te acompañe a la enfermería, pequeña? Poppy te dará algo para que te tranquilices...

 

          Pansy negó con la cabeza y se marchó casi corriendo. Dumbledore la contempló alejarse y luego miró al extraño grupo escultórico que formaban los gemelos y Ron a punto de darle una paliza a Draco.

 

          -Pobre niña, tuve que darle una muy mala noticia... ¿Querían hablarme, muchachos?

 

          -Er... sí, señor -dijo Ron-. Tiene que haber un error en esto.

 

          -¿Esto qué?

 

          Los muchachos le entregaron las cartas recibidas por Draco, Ginny y Neville.

 

          -Ah, sí, es cierto. Me alegra que Severus haya tenido tiempo de ocuparse de esto antes de marcharse -sonrió Dumbledore-. Estoy seguro de que harás un buen trabajo, Draco...

 

          -Pero... -empezaron los Weasley.

 

          -Por supuesto -dijo Draco, con una brillante sonrisa, extremadamente maligna-. Puedo asegurarle que no decepcionaré al profesor Snape.

 

          Dicho esto, Draco dio media vuelta para regresar a la biblioteca. Cualquier cosa que alterara así a los Weasley valía la pena.

 

 

 

          Remus abrió los ojos lentamente. ¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Y por qué todo se veía verde?

 

          Se sentó, un tanto intrigado y descubrió que lo que había visto al despertar era un juguete de peluche, demasiado cerca de su cara. Un erizo verde.

 

          -¡Vaya, pero si es Greenie! -exclamó.

 

          -Sí, justamente Greenie -se escuchó la voz de Sirius-. ¿No es curioso ver lo que guarda la gente? Nunca imaginé que Snape conservaría este peluche durante tanto tiempo. No vas a creerme dónde lo encontré.

 

          -¿Dónde? -preguntó Remus, imaginándose de pronto que Sirius había registrado completamente el apartamento mientras él dormía la siesta.

 

          -En el mismo sitio donde guarda los ingredientes de las pociones. Sobre el frasco de los ojos de escarabajo. Si tiene abierta la puerta del armario, se puede ver a Greenie desde cualquier parte de la cocina. ¿No es curioso? Siempre pensé que lo habría tirado de inmediato, ¿recuerdas lo furioso que se puso cuando se lo dimos?

 

          Remus sacudió la cabeza, repentinamente serio. Por lo visto Sirius sólo recordaba la mitad de la anécdota. Sí, Snape se había puesto furioso la vez que los merodeadores le organizaron una fiesta de cumpleaños precisamente en un día que no era su cumpleaños sólo para meterlo en problemas con los demás Slytherin, que en ese tiempo tenían la costumbre de gastarle bromas pesadas a los cumpleañeros.

 

          Snape había tenido la suerte de que ninguno de sus compañeros de Casa supiera la fecha de su cumpleaños y se había salvado de las bromas durante casi tres años... y luego de la pequeña trampa de los Merodeadores nunca pudo convencer a ninguno de los otros Slytherin que aquella no era la fecha correcta; el resto del tiempo que transcurrió en Hogwarts hasta su graduación tuvo que soportar los tormentos tradicionales puntualmente, como todos los demás en su Casa, aunque fuera en el día equivocado. Hasta ahí iba bien lo que recordaba Sirius.

 

          Lo que parecía haber olvidado era que el erizo verde era el único regalo que Snape no había devuelto esa vez. Quizá porque era de parte de Lily y aquella otra chica... ¿cuál era su nombre? La chica de Slytherin que era amiga de Lily y que había sido la de la idea de la broma...

 

          -¡Eh, Remus! ¿Me escuchas? -Remus salió de su ensimismamiento para encontrarse con la mirada preocupada de Sirius-. Ya llevas un buen rato en las nubes, ¿sabes?

 

          -Uh, lo siento, me distraje... Eh, Sirius... ¿Por qué sacaste a Greenie de su lugar?

 

          Sirius no respondió, sino que trató (demasiado tarde) de esconder algo que tenía en la mano. Una cámara fotográfica.

 

          -¡¡SIRIUS BLACK!!

 

          -¡Tranquilo, hombre, fue sólo una foto! ¡A Harry le encantará!

 

 

 

          Percy miró de reojo a su acompañante. Cada vez se sentía más molesto.

 

          Desde que abandonaran Hogwarts, Javert lo había hecho recorrer buena parte de Escocia más bien como si se tratara de una gira turística. La chica tomaba fotos, conversaba con los muggles en los parques, compraba souvenirs y parecía pasarlo en grande, pero no daba la menor señal de estar investigando nada.

 

          ¿No se suponía que estaban siguiéndole el rastro a Sirius Black? ¿Entonces por qué parecían estar haciendo absolutamente cualquier cosa, excepto cumplir con su deber? Mentalmente, Percy empezó a redactar la queja que enviaría a los superiores de Artemisa...

 

          -Eh, Weasley, no te quedes atrás.

 

          -¿Uh?

 

          -Sinceramente, me preocupas a veces, Weasley, te noto bastante distraído últimamente.

 

          Percy la miró fijamente.

 

          -Yo nunca me distraigo -sentenció.

 

          -Ya, supongo que he estado observando mal, entonces.

 

          -Señorita Javert, hay algo que definitivamente no entiendo y que me gustaría que aclarara. ¿Qué se supone que estamos haciendo en Edimburgo?

 

          -Esperando.

 

          -... ¿Esperando qué?

 

          Artemisa caminó en silencio un rato más. Percy estaba empezando a preguntarse si no le habría escuchado, cuando ella habló finalmente.

 

          -Hace trece años en una ciudad muggle Sirius Black asesinó a un mago y doce muggles con un solo hechizo. Eso es lo que se cuenta.

 

          -¿"Lo que se cuenta"? Eso fue lo que pasó.

 

          Artemisa sacudió la cabeza.

 

          -Los datos que se revelaron entonces al público no fueron del todo exactos. Sirius Black asesinó a once muggles... y dos magos.

 

          Percy se quedó mirándola con los ojos muy abiertos.

 

          -¡Pero no es posible que no se dijera nada! ¡El otro mago también debió recibir en forma póstuma la Orden de Merlín, igual que Peter Pettigrew!

 

          -Difícilmente. La hechicera en cuestión era una Death Eater.

 

          -...¿Una cómplice de Black?      

 

          -Eso es lo que me gustaría averiguar. Si era aliada de él... ¿por qué la mató junto con los demás?

 

          -Porque está loco. ¿Qué más razón necesita?

 

          La auror sonrió tristemente.

 

-Quisiera tener una visión de la vida así de sencilla. La locura es una razón demasiado cómoda para mi gusto. Si Black no era dueño de sus actos, no deberíamos estarlo buscando para remitirlo a Azkaban sino a San Mungo,

 

          -Oh... pero sigue sin aclararme lo que estamos esperando.

 

          -Estamos esperando que un informante nos contacte. Se ha estado comunicando conmigo vía lechuza desde el año pasado y asegura tener información acerca de cómo se las ha arreglado Black para escapar de los aurors hasta ahora. Tengo la impresión de que esta vez sí se trata de información auténtica.

 

          -¿Y quién es ese informante?

 

          -No me ha dicho su nombre aún... bueno, ha firmado sus mensajes, pero no creo que "Wormtail" sea otra cosa que un apodo. 

 

 

 

          Aureus se sintió incómodo de repente, algo que le sucedía siempre que el señor Riddle estaba cerca.

 

          Esa voz aguda lo sacaba de quicio, pero el joven hacía su mejor esfuerzo por seguir mostrándose amable con el huésped. ¿Además, cómo podría tratar mal a un pobre enfermo? El señor Riddle ni siquiera podía movilizarse él solo, su criado tenía que ayudarlo la mayor parte del tiempo. Sin duda Wormtail lo había llevado al jardín para que tomara algo de sol...

 

          -¿Señor Riddle?

 

          -Vaya, muchacho, pensé que no me habías notado.

 

          -¿Cómo está usted?

 

          -Igual de mal que siempre. ¿Has visto a Wormtail?... Oh...

 

          Aureus sonrió y esta vez no tuvo que esforzarse por conseguirlo.

 

          -Está bien, señor Riddle, para mí es bueno que la gente se olvide de mi problema. Me parece que Wormtail salió hace un rato, dijo algo sobre un recado que debía hacer en Edimburgo.

 

          -Ah, así que sí fue después de todo. Bien, bien, empezaba a creer que ese cobarde no reuniría valor suficiente como para ir solo hasta Edimburgo.

 

          Por alguna extraña razón, Aureus sintió un escalofrío.

 

          -¿Desea que lo lleve adentro, señor? -preguntó, acercándose a la silla de rueedas, aunque no estaba muy seguro de si podría empujarla de vuelta a la casa sin causarle ninguna molestia al enfermo.

 

          -No te molestes, hijo, me quedaré un rato más aquí. Avísame en cuanto llegue tu padre, no debe tardar mucho.

 

          -Como guste...

 

          Aureus se alegró bastante cuando estuvo de vuelta en la casa y fue directo a la sala de música. Un par de horas al piano quizá le ayudarían a borrar la desagradable sensación que le causaba la voz del señor Riddle.

 

 

 

          Draco no empezó a pensar seriamente en el problema que tenía hasta mucho después de perder de vista a los Weasley y Neville. Había estado demasiado alegre por la posibilidad de hacer rabiar a los pelirrojos (principalmente a Ron), al punto que cuando la realidad lo alcanzó tuvo que detenerse para digerirlo un poco.

 

          Había aceptado ser el tutor de Ginny Weasley y Neville Longbottom sin siquiera protestar, cosa que sin duda haría muy feliz a Dumbledore pero que no le agradaría para nada a su padre. Lucius le había dado instrucciones precisas sobre con quién podía y no podía hablar antes de su primer año en Hogwarts. Los Weasley y los Longbottom estaban en la lista negra, a pesar de lo mucho que insistía Lykos en tratar de convencerlo de que los frecuentara. Lo mejor sería tratar de que Lucius no supiera de la tutoría... por lo menos podía estar seguro de que los Weasley no querrían hablar mucho al respecto, pero tendría que encontrar alguna manera de dárselo a entender a Longbottom y luego conseguir que no se le olvidara o todo el mundo se enteraría.

 

          Miró con preocupación la carta de Snape, donde se detallaba el horario de la tutoría, martes y jueves de 6:00pm a 7:00pm, en el sobre encontró además un permiso escrito para que pudieran usar el calabozo de Pociones y tomar el material que necesitaran del armario de los estudiantes, siempre que no exageraran. La última aclaración lo sorprendió un poco. ¿Sería algún intento de broma? En todo caso, si debía empezar el martes, sería mejor que planeara algo enseguida. ¿Qué tan atrasada estaría Ginny? Sin duda menos que Neville, pero no estaba muy seguro de qué tan diferentes serían los niveles de ambos y definitivamente no aprenderían al mismo ritmo, ¿tenía que preparar lecciones distintas para los dos o empezar por lo más básico? A nadie le sobra un repaso...

 

          Finalmente empezó a sentir verdadero espanto cuando cayó en la cuenta de que de ahí en adelante sería parcialmente responsable de las notas que obtuviera Neville en Pociones. Parecía el principio de una de esas pesadillas de las que cuesta despertarse.

 

          No quedaba más remedio que dar un paso a la vez, y se dirigió hacia la biblioteca, lo primero sería consultar los libros de Pociones para los tres primeros años...

 

          Cuando empezó a bajar la escalera, casi tropezó con una figura acurrucada en uno de los escalones.

 

          -¿Pansy? ¿Qué haces aquí?

 

          La chica evitó mirarlo a la cara, pero era más que evidente que había estado llorando. Draco sintió un repentino deseo de estar al otro lado del mundo, pero no se atrevió a marcharse y dejarla así. ¿Qué tal que la encontrara algún Gryffindor?

 

          -¿Qué es lo que tienes? –preguntó, sentándose junto a ella-. ¿Fue lo que hablaste con Dumbledore? ¿Te regañó por algo?

 

          -No –sollozó ella-. No regaños.

 

          -¿Entonces?

 

          -Mis abuelos.  Murieron.

 

          El deseo de estar al otro lado del mundo se hizo todavía más intenso. Sólo había visto una vez a los abuelos de Pansy, durante una fiesta de cumpleaños. No se llevaban bien con los padres de ella desde hacía más de veinte años y estaban en la lista de personas a las que Draco no podía dirigir la palabra, pero realmente parecían querer a Pansy y, por lo visto, su muerte la había afectado mucho. ¿Qué podía decirle? Draco nunca había conocido a sus propios abuelos y no recordaba haber perdido a ningún pariente.

 

          -Lo siento –murmuró-. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

 

          La chica lo miró de un modo extraño.

 

          -No se lo digas a nadie. Estaré bien.