ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers, es
decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la emoción.
Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después leer los
fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros sigue,
pero yo te lo advertí primero.
Tom en los espejos
por Daga
“Y entonces sucedió otro prodigio: los
dragones despertaron, se arrojaron el uno contra el otro y el rojo dio muerte
al blanco, pero murió pocos minutos después.
-¿Qué significa esto? –preguntó
Vertigiers a Merlín.
-Significa, señor, que el legítimo rey
está a punto de regresar y te dará muerte, pero su reinado será corto.”
Leyenda de Merlín, contada por Henry
Hyde
Aureus hizo algo
que no recordaba haber hecho jamás: golpeó las teclas del piano con
impaciencia, casi con rabia. Su padre había llegado unos veinte minutos antes y
desde entonces no habían cesado los gritos. Jamás había imaginado que alguien
que parecía ser tan débil como el señor Riddle tuviera tal capacidad pulmonar.
Y Augustus respondía en el mismo tono. Increíble. Aureus aún no podía creer que
su padre fuera capaz de hablarle así a alguien que estaba enfermo, sin importar
qué clase de mal carácter tuviera.
Lo que sí era
cierto era que los dos adultos ya habían conseguido ponerle los nervios de
punta al muchacho.
Finalmente llegó
el silencio, pero Aureus no tenía ánimos para practicar. Debería buscar otra
cosa qué hacer.
-¡Aureus!
La voz de su padre
sonaba extraordinariamente tensa.
-¿Sí, señor?
-Necesito que me
hagas un favor.
Aureus cerró
cuidadosamente el piano antes de ir a reunirse con su padre. Las cosas seguían
poniéndose cada vez más extrañas en aquella casa.
Severus se cruzó
de brazos y estudió con detenimiento a Lucius, que aún miraba a la distancia
como si esperara ver al chico que se les había escapado tan fácilmente.
Era increíble cómo
habían cambiado las cosas desde la caída de Voldemort. Severus empezó a
preguntarse seriamente si ese Lucius era el mismo que había conocido en aquella
época. Jamás había visto a Lucius Malfoy nervioso.
-¿Realmente era
tan importante secuestrar a ese niño? –preguntó con tono casual. Ese dato
podría interesarle al director.
Lucius se frotó
distraídamente el antebrazo izquierdo, algo que llamó inmediatamente la
atención de Severus. Así que él también estaba padeciendo esa molesta
sensación... un escozor que aumentaba día con día y que Severus estaba seguro
que pronto se convertiría en un dolor intenso: la señal de que el Lord Oscuro recuperaba
fuerzas.
-Tú pasabas
siempre con tus pociones, no llegaste a enterarte de tres o cuatro cosas que
eran importantes para el Círculo Interno –empezó a decir Lucius-. Ese niño era
importante entonces...
-Si no recuerdo
mal, tiene trece años...
-Catorce –corrigió
Lucius automáticamente.
-...¿Cómo puede
haber sido importante para el Círculo Interno un niño tan pequeño? –interrogó
Severus, archivando para más adelante el dato de que en ese caso la edad de
Galahaad no coincidía con la de su gemela ni con el registro de estudiantes de
Hogwarts.
Lucius bajó la
mirada y meditó un poco antes de contestar.
-¿Te he hablado
alguna vez de la ocasión en que el Lord Oscuro me recompensó por mi
participación en lo de los Potter?
Severus se puso
alerta, pero trató de disimularlo lo mejor que pudo.
-No –respondió con
precaución.
-En aquel tiempo
Augustus y yo competíamos por ser la mano derecha del Amo, ¿recuerdas?
-Sí.
-Cada uno se
esforzaba por demostrar que era el más útil y el más fiel servidor...
-Ciertamente.
-Actuábamos como
un par de idiotas.
-Sin duda alguna.
-... “Gracias”,
Severus.
-De nada.
-Cuando el Amo me
recompensó, Augustus casi enloqueció de rabia. Fueron días muy complicados en
Malfoy Manor. Narcissa y yo nunca estábamos seguros de si iríamos a llegar
hasta la mañana siguiente.
-Me lo imagino, y
con Draco tan pequeño entonces...
Lucius sacudió la
cabeza.
-Lykos estaba ahí
para cuidarlo, y además Draco no corrió peligro en ningún momento... Me consta
que Augustus jamás le haría daño.
¿Por qué lo decía
con tanta seguridad? Severus ya estaba incómodo, esa conversación no parecía ir
a ninguna parte y Lucius parecía más estar pensando en voz alta que
comunicándole algo a él.
-Augustus siempre
sostuvo que la recompensa le correspondía a él, ya que él había sido el primero
en lograr comunicarse con el amigo de los Potter –continuó Lucius-, pero el Amo
me recompensó a mí porque fui yo quien... “convenció” a Wormtail de revelar el
escondite de la familia... ¿Sabes cuál fue mi recompensa, Severus?
-No.
-Primero que todo,
tuve que exterminar a los pocos dragones de los Malfoy que todavía quedaban, y
luego...
Harry repasó
mentalmente (una vez más) la lista de libros que necesitaba mientras él y Ron
se dirigían hacia la biblioteca. Con algo de suerte (bueno, en realidad casi
seguramente) Hermione estaría ahí y podría ayudarlos en caso de que se les
dificultara localizar algún dato.
Fue toda una
sorpresa ver venir a Draco en dirección contraria, leyendo un grueso libro de
pociones mientras caminaba. Era sólo cuestión de tiempo para que chocara con
alguien o bajara rodando alguna escalera...
-Vaya, Malfoy,
entonces realmente sí sabes leer... –comentó Ron.
-Puedes estar
agradecido por eso, Weasley, o no habrías encontrado a nadie capaz de enseñarle
Pociones a tu hermana.
-No creo que eso
sea para que te pongas a presumir, Malfoy –intervino Harry-. Con esto se va a
comprobar si realmente sabes algo o si sólo eres la mascota de Snape.
Draco lo miró
completamente exasperado.
-Tal vez, Potter,
pero lo que ya quedó demostrado es que los Weasley no son capaces de salir
adelante sin ayuda de otros sangre limpia. Si la hermana del pelirrojo
necesitaba ayuda con tanta urgencia, ¿por qué no acudieron a su amiga sangre
su...?
Antes de que Draco
pudiera terminar la frase, ya Ron se le había lanzado encima.
Hubo gritos por
parte de otros estudiantes que pasaban por ahí cuando Draco cerró el libro que
llevaba consigo y lo utilizó para golpear a su oponente.
Pronto hubo una
buena cantidad de chicos de diferentes Casas haciéndoles rueda, pero la pelea
no duró mucho, por la repentina llegada de una profesora.
Nakuri solía estar
sonriendo la mayor parte del tiempo, pero cuando se ponía seria podía ser
realmente intimidante, especialmente en ese momento, cuando había atrapado a
Draco y Ron cada uno con una mano y no daba señales de tener dificultad alguna
en inmovilizarlos.
-¿Pues qué tenemos
aquí? –dijo, mirándolos con los ojos entrecerrados-. ¿Problemas de disciplina,
caballeros? ¿O es que no se han enterado de que están prohibidas las peleas
entre estudiantes? Oh, no se molesten en contestar. Será mejor que cada uno
siga su camino sin molestar más al otro, ¿de acuerdo? Ah, y, por cierto, veinte
puntos menos para Gryffindor y Slytherin y detención para ambos. Vayan a
buscarme a mi oficina mañana antes de empezar las clases y hablaremos sobre su
detención.
-A pesar de todo,
tengo la impresión de que sólo estuvimos perdiendo el tiempo con este viaje
–murmuró Percy cuando Hogwarts por fin estaba a la vista.
-Es posible
–asintió Artemisa-. En fin, de todos modos tuvimos la oportunidad de aclarar un
poco nuestras ideas, ¿no es así?
-Hable por usted
misma. Yo sólo sé que me han puesto a trabajar con un hombre lobo y con una
niña que ni siquiera se molesta en consultar el manual.
-No hay un manual
para Aurors, Weasley.
-¡Por eso
precisamente terminan necesitando supervisión del Ministerio!
La sonrisa de la
joven se hizo un poco más amplia.
-Entonces, sería
bueno que empezara a supervisar.
-¿Qué cosa?
Un poco más
adelante en el sendero que conducía al colegio, un anciano parecía estar
aguardándolos.
-Señorita
Javert...
-Es placer verlo
de nuevo, señor. Bien, Weasley, este es William Scott, y nos ayudará un poco de
ahora en adelante.
Percy miró
fijamente al anciano... y retrocedió de un salto.
-¡¿Cómo?! ¡¿Otro
licántropo?!
Artemisa parpadeó
unas cuantas veces y luego sonrió de nuevo.
-¡Válgame el
cielo! ¡Y yo que lo consideraba un completo despistado! Tal vez todavía haya
esperanzas de convertirlo en un buen auror...
-¡No tengo la
menor intención de acabar como auror! ¡Soy un excelente oficinista! ¡Y no
pienso trabajar con licántropos!
-Tsk, tsk, tsk,
eso debió decirlo antes de aceptar esta asignación.
-... No pude decir
que no, especialmente no pude decir que no al Minsitro Fudge.
-¿Así que fue
Fudge directamente quien lo puso en esto? –Artemisa dejó de sonreír.
-Sí, estaba muy
impresionado por mis calificaciones y las referencias que le dio mi jefe de departamento...
-Ya veo. ¿Y le
parece a usted lógico hacer que un funcionario menor del departamento de
Cooperación supervise a una auror y sus colaboradores en un intento por atrapar
al asesino más buscado del Mundo Mágico?
-Ya le dije que
mis calificaciones... –la voz de Percy fue muriendo a mitad de la frase-. ¿Qué
es lo que está insinuando?
-Piense, Weasley,
piense. Si va a trabajar conmigo, necesito que piense.
-Entonces... fue
así como empezó todo esto... –murmuró Severus, tratando de reponerse del shock.
Lucius asintió.
-¿Estás consciente
de todas las cosas que se originaron a partir de ese incidente? ¿Tienes idea de
cuántos han muerto...? –Severus se interrumpió de repente, no podía correr el
riesgo de enfurecerse con Lucius y decir algo que lo delatara como espía. Había
llegado demasiado lejos como para permitirse algo así.
-Llevo la cuenta
–murmuró Lucius-, empezando por los dragones. Pero no veo por qué te exaltas de
esa manera. Todas esas muertes fueron necesarias.
-¿Incluyendo la de
tu hermano?
-Especialmente la
de mi hermano. Si él hubiera heredado la fortuna de los Malfoy, en este momento
no quedaría ningún Malfoy contándote la historia. Tú deberías saberlo mejor que
nadie, después de lo tu hermano.
-A él no lo
menciones, por favor.
-Está bien, sólo
quería asegurarme de que entiendes mi punto de vista.
-Sí... comprendo
–mintió Severus. Desde su punto de vista, no había manera de comparar los dos
casos-. Pero lo que Augustus está haciendo ahora, ¿estás seguro de que tiene
que ver con lo de tu recompensa?
-Te dije antes que
me consta que no le haría daño a Draco, pero si las circunstancias cambiaran y
yo cayera en desgracia ante el Amo...
-Podría ser que el
mismo Amo le ordenara utilizar a tu hijo, ¿es eso lo que temes?
-Narcissa cree que
ni siquiera sería necesario llegar a tanto. Podría bastar con que Augustus nos
coloque en una situación que obligue a Draco a utilizar el Corazón del Dragón.
Pienso que los dragones muertos de los que me hablaste son sólo un ensayo para
aclararle al resto de los Death Eaters que no es preciso ser el Guardián para
poder utilizar la Joya. Y ya sabes cómo ha estado insistiendo Augustus para que
Draco empiece a demostrar que es uno de los nuestros. Incluso ha insinuado que
deberíamos adelantar la ceremonia de la Marca Oscura.
-No creo que el
chico esté preparado para recibirla –apuntó Severus con cautela.
-Para nada
–asintió Lucius-. Él cree estarlo, pero yo lo conozco mejor de lo que se conoce
a sí mismo.
-En todo caso...
quizá no se trate de eso. Podría ser que Augustus esté armando todo esto sólo
para congraciarse con el Amo, como de costumbre.
-¿Entonces por qué
sólo ha convertido en dragones a miembros de las familias del pacto para luego
dejarlos morir de hambre? Habiéndolos transformado en bestias, podía usar a
cualquiera como el ingrediente que le falta para su famosa poción.
-¿Cómo sabes que
no lo ha hecho?
-Porque ya nos
habríamos enterado –Lucius frunció el ceño por un instante-. Y no puedo
evitarlo, Severus, se trata de mi heredero y no voy a correr riesgos, aunque se
trate de peligros imaginarios. ¿Crees que puedas vigilarlo más de cerca?
-¿Y qué hay de...
esa cosa rara, Lykos?
-¿Sabes que esa es
la mejor descripción de Lykos que he escuchado en años? Él puede vigilarlo,
pero no podrá ayudar mucho en un caso serio. Y además Draco no deja de quejarse
desde que se lo envié, parece ser que ya no se lleva tan bien con él como
cuando era pequeño, cosa que no me molesta del todo, por cierto. Aparte de eso,
tengo entendido que Draco pasa mucho tiempo solo.
-No tiene muchos
amigos, eso sí.
-¿Crees que haya
alguna manera de animarlo a pasar más tiempo con algunos compañeros de clase?
Eso le pondría dificultades a Augustus si tratara de acercársele y me parece
que además sería bueno para él.
-Er... No sé si te
habrás dado cuenta, pero tu hijo no es precisamente una persona sociable.
-Me he dado
cuenta, créeme. ¿Por qué crees que te estoy pidiendo ayuda?
-¿Y te das cuenta
de a qué clase de persona le estás pidiendo ayuda? ¡Soy todavía menos sociable
que él! Pero bueno, ya hice lo que pude al respecto. Le encargué una tutoría
bastante difícil, el chico Longbottom y la pequeña Weasley, así que... ¿sucede
algo, Lucius?
Severus empezó a
preguntarse si Lucius estaría cayendo en un ataque de nervios o algo así, ya
que lo miraba como si no pudiera decidirse entre matarlo o morirse de la risa.
-¿Como cuando el
profesor Dark te encargó a Pettigrew, Lupin y Black? Jamás habría imaginado que
fueras capaz de hacerle algo semejante a nadie –logró decir Lucius al cabo de
unos segundos-. Debimos haberte encargado el departamento de torturas, ahora
que lo pienso.
-Fue idea de
Dumbledore.
-¿Tu tutoría o la
de Draco?
-Ambas.
-¿Por qué será que
no me sorprende?
-Weasley, mañana
empezamos, no lo olvides –dijo Draco al pasar junto a Ginny en uno de los
pasillos.
-No voy a
olvidarlo.
-Y recuérdaselo al
casi squib, es seguro que él sí lo va a olvidar.
-Su nombre es
Neville.
-¿Y? Dudo mucho
que sea capaz de recordar eso y caminar al mismo tiempo.
-¿Realmente tienes
necesidad de ser así de grosero?
Draco no contestó
a eso. Sólo se quedó mirando fijamente hacia el frente.
Ginny buscó lo que
llamaba la atención del muchacho. Frente a ellos había un gran espejo...
-¡¡Oh, no puede
ser!! –gritó ella.
El reflejo de
Draco estaba en el espejo, pero no el de Ginny. En su lugar estaba un chico
bastante más alto que Draco, con una expresión de asombro que debía hacer juego
con la que tenía Ginny en ese momento.
Muy lentamente,
Draco miró a Ginny de nuevo.
-Así que lo que
dijo Potter sobre el diario de Tom era en serio.
-¿Tú conoces a
Tom? –preguntó Ginny.
-Encontré su
diario en la biblioteca de Malfoy Manor y solía mantener correspondencia con él
hasta hace dos años, cuando padre me confiscó el diario. Dijo que Tom no era la
mejor clase de amigo que podía tener... Vaya, parece que sí es una mala
influencia, después de todo...
-¡No te rías,
Malfoy! ¿Qué es lo que está pasando?
-Te está jugando
una broma pesada. A mí me lo hizo una vez también. Fue así como mi padre se dio
cuenta de tenía el diario y creo que fue precisamente por eso que te lo dio a
ti.
-Pero... Harry
destruyó el diario... le clavó un colmillo del basilisco.
-¿Así fue? –Draco
reflexionó por unos instantes-. Siempre había tenido la idea de que una
serpiente no podía morir por su propio veneno, en fin... pero creo que anular
el diario no elimina la influencia de Tom... ¿Has soñado con él, Weasley?
-Sí –respondió
Ginny, completamente sorprendida por el tono de desprecio que usaba Draco al
hablar de las serpientes. ¿Era normal que un Slytherin detestara a las
serpientes?
-Me lo imaginé
–Draco reemprendió su camino.
-¡Eh! ¡Oye,
espera! ¿Qué significa el que esté soñando con Tom?
-Que irás
volviéndote loca poco a poco, ¿qué más? –le respondió el muchacho con una
sonrisa burlona por encima del hombro.
“No le hagas caso”
susurró la voz de Tom desde alguna parte en el fondo de la mente de Ginny “Si
eso fuera cierto, hace mucho que él estaría completamente loco”
-Él está completamente
loco –replicó Ginny con voz acongojada.
“Ups, lo
siento...”
-¿Ginny? ¿Estás
bien? –Harry llegó junto a ella, no había alcanzado a escuchar lo que había
dicho Draco, pero le parecía evidente que no podía tratarse de algo agradable,
en especial por la forma en la que saltó Ginny cuando lo escuchó, como si
quisiera bloquearle la vista del espejo, cosa extraña-. ¿Hizo algo que te
molestara?
-No más que de
costumbre –murmuró ella-. Perdóname, pero tengo que irme ya.
Ginny se marchó en
la misma dirección que había tomado Draco. Harry la siguió con la mirada
sintiéndose realmente preocupado. ¿Qué podía estar mal con la menor de los
Weasley? Entonces miró el espejo y fue su turno de dar un salto involuntario.
Junto a su reflejo estaba el reflejo de alguien más.
Tom Riddle.
“Hola, Harry,
cuánto tiempo sin vernos, ¿no es verdad?” saludó la imagen en el espejo.
Harry miró a Tom y
luego miró a su alrededor. Su propio reflejo seguía sus acciones normalmente,
pero no había nada que pudiera corresponder al de Tom. Era como si el antiguo
yo de Lord Voldemort se encontrara al otro lado del cristal.
-¿Qué haces aquí?
–preguntó Harry.
“Oh, sólo vengo de
recorrer la Tierra y pasearme por ella” respondió Tom, citando el libro de Job
con una sonrisa burlona “¿Sabes, Harry? He estado pensando mucho últimamente
acerca de nuestro último encuentro, en la Cámara...”
-¿Qué hay con eso?
“Llegué a unas
cuantas conclusiones: la primera es que tienes demasiada suerte, sólo espero
que no sea algo permanente”
Harry frunció el
ceño.
-¿Y qué más?
–preguntó.
“Que mi yo futuro
es una persona realmente hábil, si entiendes a lo que me refiero”
-No, no entiendo.
En el espejo, Tom
hizo una mueca y puso cara de decepción.
“¿Me vas a decir
que no lo sabes, Harry James Potter?”
-¿Saber qué?
“Tsk tsk tsk...
deberías preguntarle a Draco…”
-¿Preguntarle a
Malfoy? ¡¿PREGUNTARLE QUÉ COSA A MALFOY?!
-¿Ahora hablas con
los espejos, Harry?
Harry volteó para
encontrarse con Nicholas, que lo miraba con aire preocupado.
-¿Hablar con los
espejos? No... no, yo no hablaba con ningún espejo –se apresuró a decir,
tratando de ocultar el reflejo de Tom, sin poder olvidar que Tom era bastante
más alto que él.
Nicholas sólo lo
miró con preocupación unos segundos más, terminando de poner incómodo a Harry.
-¿Se puede saber
por qué me miras tanto?
-Es algo que hace
mi padre cuando alguien trata de ocultarle algo. Por lo general la gente
termina confesando luego de un par de minutos.
-Yo no estoy
ocultando nada.
-Entonces no
tendrías por qué ponerte nervioso, Potter –sonrió Nicholas antes de alejarse de
ahí.
Harry miró de
nuevo hacia el espejo, sólo estaba su reflejo, el de Tom ya había desaparecido.
Probablemente Nicholas no había alcanzado a verlo.
-... Era
reconocido como un notable ajedrecista y ganó durante cinco años consecutivos
el trofeo de Ajedrez de Hogwarts para su Casa, un récord que hasta ahora no ha
sido superado.
“Al graduarse de
Hogwarts se dedicó a viajar con el fin de completar su educación, pero no
limitó sus viajes al mundo mágico. Se mezcló entre los muggles y estudió su
cultura y su vida diaria, quedando fascinado por la música de Beethoven y los
libros de Alejandro Dumas... Su viaje duró alrededor de un año, luego del cual
empezó a trabajar en el Ministerio de la Magia, como asistente del Secretario
de Asuntos Muggles.
“Publicó ‘Jornada
de estudios en el mundo muggle’ en 1973, y ‘Apuntes de un viaje a través de
once reinos mágicos’ en 1975. A pesar de sus títulos, en realidad se trataba de
dos novelas escritas en un estilo similar al de Alejandro Dumas, las cuales
narran las aventuras de cuatro jóvenes... dos magos de sangre limpia, un mago
de ascendencia muggle, y un squib que en el primer libro son enviados por
accidente a la Francia de Luis XIII, y en el segundo libro recorren las zonas
más importantes del mundo mágico. El segundo libro resultaba particularmente
interesante ya que estaba narrado en primera persona... desde el punto de vista
del squib, quien era además el líder del grupo.
“Se considera que
en sus novelas Alphonse Malfoy plasmó con toda claridad su línea de
pensamiento. Los personajes principales se rechazan violentamente en un
principio, pero al ser obligados a trabajar juntos para sobrevivir en un
ambiente extraño llegan a formar un grupo muy unido, si bien no llegan a
admitir que son amigos hasta el final del segundo libro. Él afirmaba que había
escrito novelas de aventuras en lugar de tratados de filosofía porque estaba
seguro de que sería más fácil hacerse entender por las generaciones de jóvenes
con relatos de esta clase. Afirmaba además que ningún libro de historia había
sido para él una influencia más fuerte que la más simple novela de folletín.
“Durante algún
tiempo los grupos a favor de los... los media sangre y los derechos de los
muggles citaban frases de sus novelas para expresar sus ideales de un mundo en
el que magos y muggles pudieran convivir en igualdad de condiciones.
“Su tercer libro,
‘El rastro de la luna’, no llegó a ser publicado, pero se sabe que trataba de
cuatro estudiantes de Hogwarts que intentaban localizar a los personajes de las
novelas anteriores, luego de que éstos desaparecieran en forma misteriosa.
“Aún desde su
época de estudiante, Alphonse Malfoy empezó a publicar artículos en el Daily
Prophet denunciando el peligro que constituía la escalada de poder de Lord
Voldemort y llegó a proponer, en 1977, solicitar ayuda a los gobiernos muggles
para acabar con... lo que él denominaba... ‘la mayor amenaza a toda la
humanidad desde los años cuarenta’, poniendo énfasis al hecho de que el peligro
no hacía distinción entre magos y muggles.
“En 1978 presidió
una manifestación de jóvenes magos que rechazaban las actividades de los Death
Eaters... la manifestación terminó en tragedia cuando los Death Eaters se
presentaron para disolverla... literalmente. Se desconoce el destino final de
Alphonse Malfoy, pero hubo testigos que afirmaron haberlo visto quedarse atrás
al iniciarse el ataque, mientras los demás huían... se presume que murió a
manos de los Death Eaters.
“Sus libros fueron
quemados, incluyendo la tercera novela, que aún estaba en la imprenta, y los
manuscritos de la cuarta y la quinta.
Draco terminó de
leer su reporte, estaba muy sonrojado y sorprendido de haber sido capaz de leer
hasta el final del pergamino. Podía apostar el contenido de su monedero a que
Harry no lo pasaría ni la mitad de mal cuando le llegara el turno de leer su
reporte...
-Muy detallado,
señor Malfoy, ¿pero no cree que falta algo?
Draco tragó
saliva. La voz de Merlín lo había sorprendido cuando se dirigía a su asiento,
en medio del profundo silencio de la clase de Relaciones Interdimensionales.
Había leído el detestable reporte y había informado a la clase, para su eterna
vergüenza, todo lo que había podido averiguar sobre su tío, lo único que no
había hecho era leer sus libros. ¿Qué más quería el profesor Britghtstar para
agregarle a la humillación?
-No que yo
recuerde, profesor.
Merlín suspiró.
-Sus conclusiones,
señor Malfoy. ¿Cuáles son sus conclusiones? Nos ha brindado muchos datos, ¿pero
cuál es su opinión al respecto?
-¿Mi opinión?
¿Usted quiere mi opinión sincera?
-Sería bueno
conocerla, sí.
Aquello tenía que
ser una pesadilla...
-Pienso... no,
estoy seguro de que Alphonse Malfoy era un perfecto idiota, con una concepción
estúpidamente romántica de la vida, pienso que vivía en un mundo irreal y que
vivía por y para sueños completamente irrealizables. Y me alegra que haya
muerto cuando lo hizo, porque estoy seguro de que no habría soportado
estrellarse contra la realidad y saber que todo aquello en lo que creía no era
más que una enorme tontería.
Merlín enarcó una
ceja.
-Eso suena como
algo que hubiera dicho su padre, señor Malfoy.
-Será porque
compartimos la misma opinión.
-No lo dudo, puede
volver a su lugar. Señor Potter, su turno...
Harry se puso en
pie y se dirigió al estrado, sujetando su reporte nerviosamente. Aquello iba a
ser muy desagradable.
Henry mordisqueó
la punta de su pluma distraídamente mientras miraba de reojo a Draco cuando
éste regresaba a su asiento, el chico rubio procuró mantener la mirada fija en
sus libros, a pesar de que era el turno de Harry y cualquiera de los que habían
escuchado alguna vez sobre Jeremy Potter (los sangre limpia, principalmente)
debían estar ansiosos por escuchar lo que Harry tenía que decir. Henry escuchó
a este último levantarse de su asiento y dirigirse hacia el frente de la clase.
Curioso que esos dos hubieran tomado la costumbre de ocupar los pupitres a
izquierda y derecha de Henry para esa clase. Si no recordaba mal, procuraban
estar lo más lejos posible en las demás clases que compartían... pero había que
admitir que los tres estaban en una muy buena ubicación, ni muy lejos ni muy
cerca del profesor, y en un área donde no solía haber demasiado alboroto ni
distracciones, gracias a la cercanía que unos cuantos Ravenclaw.
En lo que Harry
llegaba a su destino, Henry volvió a las notas que había estado tomando durante
la clase. En realidad no había prestado atención a lo que decía Draco,
demasiado ocupado en una lista de preguntas que sus primos y él había estado
elaborando desde el inicio del curso.
Le había
sorprendido bastante el darse cuenta de que Nakuri había tenido razón desde un
principio al decir que Dumbledore opinaría que era mejor esperar y encima le
sugeriría que tratara de hacer amistad con Harry al tiempo que recuperaba la de
Draco. En ese momento había querido decirle al anciano que estaba completamente
loco, que su sugerencia sólo serviría para empeorar las cosas y que la amistad
de Harry no tenían ningún valor ni utilidad para él, pero se había mordido la
lengua y había obedecido. Merlín y Nakuri confiaban en Dumbledore, después de
todo, y él confiaba en ellos.
Ahora estaba
convencido de que seguir el consejo de Dumbledore había empeorado las cosas,
ciertamente. Pero ya no podía decir si era o no una mala idea. Lo único seguro
es que era un problema más para sumar a una lista demasiado extensa.
Por otro lado
estaba Draco, que no daba la menor señal de haberlo reconocido. Nakuri había
insistido mucho en que eso era perfectamente normal, ya que habían pasado...
¿cuántos? ... siete, casi ocho años desde la última vez que se habían visto, y
además Draco nunca había manejado muy bien ese asunto. Henry estaba empezando a
convencerse de que si el chico rubio lo recordaba lo más probable era que
estuviera convencido de que había sido un amigo imaginario. Al menos esa era la
impresión que había tenido durante la epidemia de varicela, cuando tuvo la
oportunidad de escucharlo hablar dormido. Lo había llamado unas cuantas
veces... pero no parecía estar consciente de haberlo hecho.
Y además estaba
aquel intento fallido de secuestro que le había mencionado Galahaad. Ahora
todos estaban en un peligro realmente serio, si los Death Eaters eran capaces
de introducirse a los terrenos de Hogwarts para buscarlo. No era que le
sorprendiera demasiado, después de todo los Death Eaters lo habían estado
persiguiendo quizá desde antes de que naciera, pero si las cosas empeoraban (y
estaban empeorando) quizá debería considerar la posibilidad de abandonar el
refugio que le habían brindado los Brightstar. No tenía caso arriesgarlos a
ellos también. Claro que sería un poco complicado marcharse sin que nadie se
diera cuenta e intentara detenerlo... y abandonar la (relativa) seguridad de
Hogwarts sería lanzarse directamente a la boca del lobo, si Dumbledore tenía
razón y el Lord Oscuro estaba recuperando fuerzas.
-¡Pero qué
tontería! –exclamó Draco, sacándolo bruscamente de sus pensamientos-. ¿Es que
ni siquiera te molestaste en investigarlo bien, Potter?
Vaya, ¿y ahora
discutían en media clase? Si conocía bien a Merlín, esos dos acababan de
ganarse otro castigo, que probablemente sería la continuación del anterior.
-¿No puedes
esperar a que termine antes de hacer tus comentarios? –replicó Harry.
-¿Por qué debería?
Permitir que brindes información incompleta a la clase es causarnos un daño
permanente a todos... hasta tu amiga Granger estará de acuerdo en eso –Draco
sonrió a medias-. Dilo todo, Potter.
Harry tomó aire.
-De acuerdo.
Jeremy Potter fundó y lideró el Movimiento por la Pureza de Sangre, una
sociedad que aún se encontraba en funcionamiento durante el apogeo de
Ustedes-sabes-quién, cuyos seguidores estaban de acuerdo con la mayor parte de
la totalidad de las opiniones del Dr. Potter, si no es que con la totalidad.
Según se dice, muchos de los miembros del MPS eran a la vez Death Eaters,
incluso se habla de una continuidad natural entre la corriente de pensamiento
de Jeremy Potter y la de Ya-saben-quién. Bien, ya lo dije. Ahora es tu turno,
Malfoy.
-¿Eh?
-¿No te faltó
decir algo en tu conferencia?
-¡Por supuesto que
no!
-¿Ah, no? ¿En qué
Casa estaba tu tío cuando estudió en Hogwarts?
Cuidadosamente,
Henry enrolló su pergamino, tapó firmemente el tintero, guardó la pluma y se
puso en pie, todo en un santiamén.
-No creo necesario
que haga una pregunta de esa clase, señor Potter –dijo, con lo que podía pasar
por una imitación bastante aceptable de la voz de Merlín-. Todos sabemos que,
salvo raras excepciones, los Malfoy han pertenecido a Slytherin. El hecho de
que Alphonse Malfoy fuera un Hufflepuff parece más bien confirmar los rumores
acerca de que había un hijo adoptivo en las últimas generaciones de Malfoys, lo
cual, me temo es un misterio que deberíamos dejarle a los genealogistas, que
cuentan con una formación más adecuada, diría yo.
La clase entera
estalló en carcajadas, no era para menos, había usado en un solo párrafo todas
las muletillas que eran habituales en Merlín, con plena conciencia de que
pasaría mucho tiempo antes de que consiguiera ser perdonado por su tío, quien
en ese momento le dirigía una mirada que Henry conocía demasiado bien. No sólo
Harry y Draco acababan de ganarse un castigo ese día... Y, con algo de suerte,
Merlín llegaría a la conclusión de que sería mejor que los tres cumplieran su
castigo juntos.
Era una buena
oportunidad para empezar a limar asperezas... aunque sonara como una misión
imposible.
Aureus sentía a
trechos el calor del sol sobre su cara, el carruaje debía estar pasando por una
zona con árboles, además estaba el olor a bosque y múltiples pequeños sonidos
para apoyar eso.
El camino entre la
casa de su padre y el colegio Hogwarts no era muy largo, pero se había
eternizado bastante gracias al silencio y el muchacho estaba empezando a
sentirse incómodo. No era frecuente que su padre lo enviara solo a ninguna
parte, de hecho no podía recordar si una sola ocasión en la que hubiera tenido
que estar solo en el carruaje. Lo normal era que alguien de confianza lo acompañara,
su padre o alguno de los amigos de éste, o tal vez un sirviente de los más
antiguos de la casa si no había nadie más disponible.
Por otro lado
estaba el incómodo detalle de haberlo enviado sin ninguna explicación. Un
simple y directo “te hospedarás en Hogsmeade por unos días, busca a Draco
Malfoy en Hogwarts y trata de pasar algún tiempo con él” no era algo que le
aclarara mucho las cosas.
Tampoco era que le
molestara, no había tenido oportunidad de visitar a Draco desde la última
navidad y la correspondencia entre ambos se volvía escasa durante el tiempo de
clases, realmente llegaba a extrañarlo en ocasiones. Pero toda la situación lo
inquietaba mucho. ¿Por qué querría su padre sacarlo de la casa de esa manera?
Merlín empezó a
considerar seriamente la posibilidad de haberse extraviado en alguna parte de
Hogwarts. Nunca había llegado a conocer demasiado bien el castillo. Lo más
curioso del asunto era que solía perderse con tanta frecuencia que había
acabado por conocer muy bien los atajos, pero sólo podía encontrar su camino
con rapidez cuando el tiempo apremiaba realmente. ¿De qué valía poder guiarse
por instinto cuando ese instinto sólo funcionaba en emergencias y eso si tenía
suerte? Algún día le preguntaría al director si era posible conseguir un plano
del edificio.
Tenía que
encontrar a Nakuri para aclarar con ella un par de detalles. Le había comentado
que había tenido que ponerles una detención a uno de los Weasley y al chico
Malfoy y él acababa de ponerle una detención a Malfoy, a Harry y a Henry. No
podía acabar de creérselo, la primera vez que le ponía una detención a quien
fuera y resultaba ser a tres alumnos, y precisamente a esos tres alumnos. ¿Qué
se había apoderado de Henry para hacerlo payasear de esa manera? El chico
normalmente era demasiado serio...
¿Lo habría hecho a
propósito? No le sorprendería y eso hacía que deseara todavía más poder hablar
con Nakuri antes de tomar una decisión al respecto.
Había tenido muy
pocas detenciones durante su época de estudiante y apenas podía recordar cómo
había funcionado el asunto... hum... la última había tenido que ver con un
hechizo risueño pronunciado en un mal momento (durante un examen) y un mal
lugar (el aula del profesor White). Y esa vez la culpa había sido de Nakuri.
-Tienes cara de
andar perdido, muchacho –comentó una voz suave y educada.
Merlín miró a su
alrededor y finalmente dio con un retrato que le saludaba discretamente desde
una pared cercana.
-Oh... ¡¿Profesor
Snape?!
En efecto, se
trataba de un retrato del abuelo de Severus Snape. Merlín sólo había recibido
clase con él por un año, ya que había entrado a Hogwarts precisamente cuando el
anciano estaba por retirarse luego de seis décadas de dictar cátedra como
profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Era muy poco lo que podía
recordar del profesor en cuestión, excepto que era un muy buen educador y una
persona sumamente seria, no lo había visto sonreír ni una vez en todo el año.
-¿Nos conocemos?
–preguntó el retrato.
-Fui alumno suyo
en su último año en este colegio. Brightstar, Merlín Brighstar, señor.
-Ah, el hijo de
Lisand. Un chico inteligente, al igual que la madre, si no recuerdo mal.
Merlín sonrió sólo
a medias. ¿Su madre había estudiado en Hogwarts? Eso no se lo había contado
nadie... ¿por qué su padre nunca se lo mencionaría? Bueno, su padre nunca
hablaba mucho de su madre de todos modos.
-Ignoraba que
hubiera un retrato suyo aquí, profesor.
-Ah, ¿esto? Un
pequeño homenaje por tantos años de leales servicios -¿era sólo idea de Merlín
o la voz del profesor resultaba un poco irónica?-. Lo bastante lejos de la
entrada a los calabozos como para no molestar a mi nieto, ¿sabes? Creo que el
pobre chico ni siquiera sabe que estoy aquí... le daría un infarto si se enterara...
ya sabes, los viejos tenemos tendencia a contar secretos vergonzosos de
nuestros parientes más jóvenes... como ciertas anécdotas acerca de un niño que
le temía a los lobos...
Merlín se encontró
de pronto sorprendiéndose por lo mucho que se parecían el abuelo de Severus y
el director Dumbledore, restando las sonrisas y guiños del director, claro.
-Creo que Severus
me odiaría si tuviera la ocurrencia de pedirle que me contara una anécdota o
dos... tengo algo de problemas a la hora de guardar secretos.
El retrato asintió
con solemnidad.
-No te las habría
contado de todos modos, puedo tener esa tendencia, pero no me gusta dejarme
llevar por ella, Severus nunca ha sabido soportar adecuadamente ser motivo de
risa. Mmm... sí, ahora te recuerdo bien, tu boggart asumió una forma bastante
curiosa. En fin, regresemos al principio. ¿Estás perdido *otra vez*?
-Como de
costumbre, profesor.
-Nunca entenderé
cómo te las arreglas para encontrar el aula que te corresponde y andar como el
judío errante el resto del tiempo. ¿A dónde te diriges?
-Estoy buscando la
oficina de la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras...
-Baja por el
corredor de la izquierda, busca la tercera escalera.
-Oh, ¡gracias!
-De nada,
Brightstar. Procura conseguir una brújula.
Merlín se puso en
camino de inmediato, apresurando el paso de modo que no pudo detenerse a tiempo
cuando se encontró de frente con alguien más que también llevaba algo de pisa.
Sirius no pudo
menos que preguntarse si Merlín tenía algún tipo de sexto sentido para detectarlo
que sólo funcionaba a medias, porque el tropezón y la caída fueron inevitables,
pero Merlín no emitió ni el menor sonido a pesar de haber llevado la peor
parte.
-Parece que estamos destinados a
encontrarnos de golpe –sonrió Sirius.
Merlín frunció el
ceño todavía más de lo que ya lo estaba haciendo.
-Sí, yo también me
alegro de verte, Linus –murmuró Sirius mientras le ofrecía a Merlín una mano
para ayudarlo a ponerse en pie, el otro lo rechazó de un manotazo-. Siempre tan
cálido y cordial.
Sin dignarse
siquiera a mirarlo, Merlín se sacudió el polvo de la túnica, cuando miró de
nuevo, el enorme perro negro había tomado el lugar que ocupara Sirius un
segundo antes. Sí, eso estaba mucho mejor. Era un imprudencia terrible el que
el fugitivo se paseara por el castillo con su verdadera apariencia, como si
estuviera pidiendo a gritos que alguien llegara a capturarlo. Tendría que
pedirle a Nakuri que le advirtiera a Remus sobre los peligros de dejar suelta a
su mascota de medio tiempo. No era que le importara lo que pudiera pasarle a
Sirius, de hecho, estaba convencido de que se tenía más que merecido el beso
del dementor, pero la insistencia de Dumbledore sobre su inocencia estaba
empezando a resultar fastidiosa.
No, no iba a
dejarse convencer así como así. Primero tendrían que presentarle a Peter (o
Wormtail, como insistían en llamarlo) vivito y coleando (lo segundo sonaba
bastante posible en caso de que fuera cierto que se trataba de un animago) y
AÚN ASÍ tendrían que esperar a que Peter terminara de contarle su versión de la
historia. ¿Querían que fuera justo e imparcial? ¡Bien! El muerto supuestamente
vivo también tenía derecho a defenderse...
Un gruñido de
parte del perro negro (¿cómo lo llamaban? ¿Padfoot?) lo sacó de sus
reflexiones.
Estaban en un
corredor cuya pared izquierda estaba adornada por una hilera de espejos de
marcos dorados. El perro tenía el pelo completamente erizado y gruñía con furia
mirando algo... ¿algo que corría por la pared? ¿o por lo alfombra?
Merlín se cubrió
la boca con una mano para no gritar cuando cayó en la cuenta de que lo que
seguía la mirada (no furiosa sino aterrada) de Padfoot no era algo que se movía
por el piso reflejándose en los espejos: era algo que se movía dentro de los
espejos, pasando de uno a otro como si fueran ventanas en lugar de cristales
azogados.
Un muchacho de
cabello negro que se detuvo un momento en el espejo que ocupaba el centro del
corredor y los saludó serenamente con una mano antes de continuar.
No era un
fantasma. Los fantasmas no se pasean por los espejos (cuando mucho, por las
pinturas y sabía de al menos uno que había logrado colarse en una foto), pero
eso no era lo importante. Lo importante era que sabía quién era ese muchacho.
Había visto su retrato más de una vez cuando investigaba los antecedentes de
Lord Voldemort.
Era Tom Riddle
quien se paseaba por los espejos de Hogwarts.
Continuará...
Ir al noveno capítulo