ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
Sirius Black
nunca se había considerado a sí mismo una persona que tuviera dificultades para
hacer amigos, hasta que conoció a Remus Lupin.
Cuando llegó a
la conclusión de que definitivamente había un chico con el que tenía que
compartir el dormitorio y al cual no conseguía hablarle fue que se dio cuenta
de que nunca antes había tenido que dar el primer paso para hacer buenas migas
con alguien. Siempre habían sido los demás los que habían llegado primero,
atraídos por su sonrisa y su personalidad alegre, y en su primer año en
Hogwarts se encontró tratando de hacer amistad con un muchacho huraño que no
intentaba iniciar una conversación y que por lo general respondía a todo con
monosílabos, Sirius simplemente no sabía qué hacer.
Los otros dos
muchachos del dormitorio tampoco sabían qué hacer con Lupin. Peter era bastante
apocado, pero su timidez se desvanecía cuando estaba con sus dos amigos, y
James era una constante explosión de energía... lo cual parecía intimidar un
poco a Lupin, que miraba con desaprobación todo lo que significara descontrol.
El que apenas
hablara, el que estuviera todo el tiempo enterrado entre sus libros, el que no
hubiera manera de convencerlo para salir un rato, aunque fuera sólo a estar
junto a la chimenea en el salón común... todo eso incomodaba a Sirius, que
habría podido limitarse a encogerse de hombros y seguir riendo con sus amigos,
pero no conseguía hacerlo. Él también había estado muy solo a su llegada a
Hogwarts, era la primera vez que se separaba de su familia y se daba cuenta de
lo mucho que habría podido deprimirse sin el apoyo de James y Peter.
No podía tolerar
la mirada de infelicidad y resignación de Remus. Eso era.
Y luego empezaron
las desapariciones mensuales de Lupin, que volvía siempre con un aspecto
debilitado y enfermo que los alarmaba bastante, y siempre diciendo alguna
excusa que a medida que pasaba el tiempo iba sonando cada vez más falsa. Algo
malo le estaba sucediendo. ¿Pero cómo podía nadie preguntarle qué le pasaba si
no había manera de conversar con él?
Sirius dejó la
pluma en el tintero, dejando para más tarde el ensayo sobre los hongos
venenosos que debía presentar para Herbología y miró a Remus por encima del
hombro. El muchacho de cabello castaño estaba tendido en su cama, pero no
dormía. Miraba hacia algún punto en la pared, un poco por encima de la cabeza
de Sirius, y parecía totalmente perdido en sus pensamientos, un mechón de
cabello blanco (lo primero que llamaba la atención al verlo, además de sus ojos
dorados), le caía sobre la cara, haciendo destacar por contraste lo profundo de
sus ojeras. Estaba más delgado que la semana anterior y a Sirius no le cabía
duda de que debía estar enfermo de algo o sometido a alguna situación que
involucraba mucha angustia. No era sólo nostalgia por su casa o simple falta de
adaptación a un ambiente desconocido.
-¿Cómo sigue tu
mamá, Lupin? –preguntó, en el tono más amable que pudo.
La excusa más
reciente había sido que su madre estaba enferma.
-Mejor
–respondió Remus, con voz lejana.
“No ha de estar
_muy_ mejor cuando lo dices con esa cara” pensó Sirius, pero no encontró cómo
decirlo.
-Me alegro, ya
verás que pronto estará bien del todo.
-...mjú...
“No me crees ni
una palabra. ¿Tan mal se encuentra? ¿Será algo incurable?” Por la mente de
Sirius ya habían pasado todas las posibilidades, desde una enfermedad terminal
hasta abuso infantil, pero no lograba dar con algo que se ajustara del todo a
la manera de actuar de Remus. ¿Qué era lo que le pasaba?
-¿Te gusta
Hogwarts?
-Sí.
-¿Qué es lo que
te gusta más?
-Mmm...
Esa no era una
respuesta. Tal vez preguntando algo más específico...
-¿Cuál es tu
materia favorita?
-Defensa.
-¿Sí? ¿Por qué?
-Mmm... –esta
vez añadió un encogimiento de hombros, que Sirius consideró, un poco
amargamente, como un avance en la comunicación.
-¿Qué te
parecería acompañarme a caminar un rato? James está planeando gastarle una
broma a Snapy, y creo que...
-No, gracias.
Remus había dado
media vuelta, como disponiéndose a dormir y con eso el diálogo quedó terminado.
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-No veo para qué
desperdicias el tiempo –dijo Peter, encogiéndose de hombros-, si lo que quiere
es estar solo deberíamos darle gusto en eso.
-Es que no me
parece que quiera estar solo –dijo Sirius-, es como si no supiera que no
necesita estarlo...
-Instinto
gregario.
-¿Qué? No me
digas que has estado leyendo otra vez esos libros de psicología muggle.
-Deberías
leerlos tú también, aprenderías mucho.
-¿Por ejemplo?
-Que el del
problema no es Lupin sino tú.
-¿Yooo?
-Instinto
gregario, ya te lo dije, el deseo, la necesidad de estar con el grupo, la
tribu... o en tu caso, me atrevería a decir, con la manada.
-¡Oye! ¿Me estás
diciendo animal?
-No, tonto, sólo
que a ti no te gusta estar solo, ¿verdad?
-Es verdad, ¿y
qué tiene que ver eso con Lupin? Yo no estoy solo. En este momento no cuento
con muy buena compañía, y sí, me refiero a ti, Peter Pettigrew, pero no estoy
solo.
-Ahí está el
detalle: como no soportas la soledad tampoco quieres que Lupin esté solo,
porque al no integrarse al grupo hace que te sientas aislado. Prefieres que tu
manada sea más grande a que haya dos manadas aparte. Muy simple.
-¿Estás
insinuando que no trato de sacarlo de su cascarón por su bien sino por mi
comodidad?
-¿Qué te hace
pensar que tu amistad lo beneficiaría a él en algo?
Hasta ese
momento Sirius se lo había estado tomando a broma, pero el último comentario de
Peter lo molestó bastante.
-¿Mi amistad
necesita por fuerza ser un beneficio para alguien? ¿Te beneficia a ti?
-Sí, y mucho
–sonrió Peter sin intimidarse-. Pero tal vez Lupin esté mejor sin amigos, o al
menos eso es lo que parece opinar. ¿No crees que tiene derecho a que sus
decisiones se respeten?
Como le ocurría
con Peter y James de vez en cuando, Sirius no supo qué contestar.
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Transcurrieron
un par de semanas sin que Sirius intentara de nuevo una conversación con Remus.
James tomó el relevo, pero no tuvo más suerte que él y ya parecía a punto de
concordar con Peter en aquello de que era mejor dejarlo solo cuando Sirius
recibió vía lechuza un regalo de su padre. El señor Black con frecuencia tenía
arranques de esplendidez (como los llamaba Peter con un tono ligeramente
irónico), y le enviaba a su hijo cualquier chuchería, que Sirius recibía
siempre como si se tratara de un tesoro a pesar de la hilaridad de Pettigrew.
Eran cosas de poco o ningún valor material, pero iban siempre acompañando una
de las largas (larguísimas) cartas del señor Black. Eso era lo más importante.
En esa ocasión
la carta era menos larga de lo habitual, su padre se hallaba a la mitad de un
viaje del que no podía dar detalles y además le pedía a Sirius que no
contestara y que conservara con él a la lechuza hasta que le enviara otra, pero
el paquete era más grande que de costumbre. Sirius desplegó ante sus amigos,
con verdadero deleite, un póster. Se trataba de una excelente fotografía de la
luna tomada con un potente telescopio o tal vez desde una sonda espacial, y el
señor Black había anotado ahí, de su puño y letra, los nombres de los
accidentes geográficos más sobresalientes, el Mar de la Tranquilidad, el Mar de
las Tormentas, el Cráter Copérnico... cualquier semejanza que aquello pudiera
tener con una disimulada llamada de atención con respecto a las notas de Sirius
en Astronomía se perdió en el entusiasmo con el que el muchacho admiraba el
póster, que colocó inmediatamente en la pared justo sobre su escritorio.
James y Peter no
podían evitar una sonrisa contemplando la alegría de Sirius, aunque notaban
claramente que se trataba de una alegría fingida en su mayor parte. El señor
Black era un auror de los más importantes para el Ministerio de Magia, si le
decía a Sirius que no le escribiera... ¿era porque se encontraba en una misión
peligrosa? Todas las misiones de los aurors lo eran, pero en las raras
ocasiones en las que el señor Black le pedía silencio a su hijo, Peter y James
podían estar seguros de que Sirius se volvería realmente irritable por la
preocupación hasta que volviera a recibir noticias. Sería mejor hacer que Snape
y Malfoy estuvieran fuera de su camino esos días, porque eran las ocasiones en
las que Sirius no aguantaba nada de nadie...
No era un muy
buen momento para que Remus entrara y mirara con verdadero espanto el póster. Y
mucho menos para que exclamara algo como...
-¡¿Qué es _esa_
cosa_?!
-La luna, por
supuesto –respondió Sirius con una sonrisa que quería ser de buen humor, pero
que parecía todo lo contrario-. Un regalo de mi padre, ¿no es magnífica?
-No, no lo es
–dijo Remus, retrocediendo-. Quítala de ahí.
-¿Por qué habría
de quitarla? –Sirius ya estaba frunciendo el ceño-. Es _mi_ luna y tengo todo
el derecho del mundo a ponerla donde yo quiera.
-¡No en la pared
que está justo frente a mi cama! ¡¡Ponla donde yo no la vea!!!
-¿En el fondo de
un baúl, por ejemplo? –dijo Sirius, con una sonrisa peligrosa, mientras
avanzaba lentamente hacia Remus.
-¡Sería
perfecto! –dijo Remus, avanzando a su vez.
-¿Sabes, Lupin?
¡Eres un verdadero lunático! –exclamó Peter-. ¿Qué te importa a ti que Sirius
tenga ese póster? ¡Tiene todo el derecho del mundo a decorar su pared como
prefiera!
-¡Esto no es
problema tuyo! –replicó Remus.
Eso hizo que
Sirius diera otro paso adelante.
-¡Nadie le habla
a mis amigos en ese tono estando yo presente! –dijo, empezando a preparar los
puños.
James trató de
detener a Sirius.
-Espera, hombre,
podemos resolver esto por las buenas, ¿por qué no pones la luna de mi lado del
cuarto?
-Ahí no podré
verla desde mi escritorio –dijo Sirius fríamente-, la quiero donde pueda verla
cuando yo quiera.
-Y yo la quiero
donde no la pueda ver –dijo Remus en el mismo tono.
-Pues lo siento
por ti, porque se quedará justo donde se encuentra.
-¡Quítala o la
quitaré yo!
-¡Inténtalo!
Lo que siguió
sucedió demasiado rápido como para que ninguno de ellos conservara un recuerdo
claro, excepto que todos concordaban en que Remus había lanzado el primer golpe
y Sirius había respondido inmediatamente.
James y Peter se
lanzaron a separarlos, con muy poco éxito, ya que alguno de los dos pateó a
Peter, que fue a dar al otro extremo de la habitación, sin mucho ánimo de
intervenir otra vez. De alguna manera, James se las arregló para apartarlos lo
suficiente como para colocarse en medio (lo cual le valió unos cuantos golpes
por parte de ambos) y detener la pelea.
-Sirius Black,
tú vienes conmigo. AHORA –siseó James, sujetando a Sirius por un brazo y
arrastrándolo afuera pese a las protestas de su amigo.
Remus contempló
la puerta por la que habían salido ambos y luego miró a Peter, que levantó
ambas manos en señal de paz. En ese momento se sentía más infeliz que nunca en
su vida... quizá debería escribir a sus padres y rogarles que lo sacaran de
Hogwarts.
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-¡¡Estoy muy
decepcionado de ti!! –exclamó James.
-Escúchame,
Jim...
-¡No, escúchame
tú a mí! ¿Sabes cuál es tu problema, Black? ¡Nunca piensas antes de actuar!
-¿Eh?
James respiró
hondo.
-Si no tienes
más remedio que ser impulsivo, tienes que aprender al menos a distinguir entre
un buen impulso y uno malo. El sujeto que respondió a una provocación allá
adentro no es el Sirius Black que yo conozco...
-¡Claro que era
yo!
-¡No! ¡Era un
chiquillo que está asustado y responde con violencia cuando tiene miedo!
-¿Eh?
-Te conozco.
Cuando el mundo te trata mal respondes con golpes. Y si no aprendes a dominar
ese carácter tuyo, puedo jurarte que acabarás mal.
-Estás hablando
como...
-¿Cómo tu tía
abuela? ¡Seguro que sí! Tú quieres ser un auror como tu padre, ¿no es cierto?
-¿Qué tiene que
ver...?
-¿Crees que él
habría reaccionado así a la primera provocación?
-... no...
-¿Qué habría
hecho?
-Habría...
habría averiguado por qué a Lupin le molesta tanto ese póster...
Sirius tenía la
mirada baja y las mejillas encendidas. James suspiró y se permitió a sí mismo
calmarse un poco antes de hablar de nuevo.
-Sirius, eres
una buena persona y un buen amigo, pero tienes que aprender a meditar las
consecuencias de lo que haces. ¿Hace cuánto que estás tratando de conseguir que
Lupin nos acepte como amigos? Bueno, pues esta vez habló él sin que nadie lo
obligara. Era una buena oportunidad, ¿no crees?
Sirius asintió
lentamente. Era verdad. Había desperdiciado la oportunidad de hacer un nuevo
amigo.
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Remus los vio
entrar de nuevo, sintiendo que se tensaba todavía más de lo que ya estaba.
Seguía en el mismo sitio donde había quedado después de la pelea, con Peter al
otro extremo del cuarto, y sin saber si quedarse ahí o escapar de la habitación
tan pronto como dejaran de bloquearle la salida. ¿Qué iba a pasar ahora? Sirius
se acercó a él caminando despacio.
-Lo lamento
mucho. Por favor, perdóname. No debí golpearte.
-Fui yo el que
atacó –dijo Remus, frunciendo un poco el ceño.
-Cierto, pero yo
no debí responder. Un póster no debería tener tanta importancia como para
motivar algo así. No entiendo qué fue lo que pasó, pero debe haber sido mi
culpa...
-¡No es tu
póster, Black! –estalló Remus-. ¡Es la luna! ¡Detesto la luna! ¡Me enferma
oírla mencionar, me enferma verla y me enferma ver ese póster en la pared!
¡Paso mucho tiempo en esta habitación y no soportaré tener que hacerlo en
compañía de un póster de la luna!! ¡Sé que suena estúpido pero para mí es muy
importante!
Acabó sin
aliento, sin atreverse a mirar a los otros y sin poder imaginarse cuál sería la
reacción de Sirius. ¿Reírse en su cara? Era bastante probable.
-Bueno, si ese
es el problema, pongámosle solución ahora mismo –dijo Sirius, con una expresión
seria que los demás no le habían visto nunca.
Remus tragó
saliva, temiendo que la siguiente acción de Sirius fuera darle una paliza. O
intentar dársela, porque él no estaba dispuesto a recibirla.
Pero en lugar de
eso, Sirius fue hasta su escritorio, desprendió cuidadosamente el póster de la
pared... y empezó a rasgarlo, reduciéndolo a trozos cada vez más pequeños.
-Pero... ¡¿pero
qué estás haciendo?! –exclamó Remus-. ¡Dijiste que te lo regaló tu padre!
Sirius sonrió
tristemente sin dejar de rasgar.
-Es sólo un
póster. Papel y tinta. Puede reponerse. Y lo haría de nuevo. Lo haría aunque en
vez de un póster fuera la auténtica luna, y ahora dejemos que se lo lleve el
viento y no continuemos enojándonos por tonterías, ¿quieres?
Los demás
estaban mudos. Sirius dejó los pedazos del póster en el escritorio, se cruzó de
brazos y le lanzó a Remus la mirada más seria de su repertorio.
-Eso sí, me
gustaría que lo que acabo de hacer valiera la pena –dijo, calmadamente.
-¿Qué es lo que
quieres, Black?
Ya que todas las
sutilezas habían fallado, Sirius decidió ser lo más directo posible.
-Quiero que
seamos amigos. ¿Será posible, Remus? ¿Qué opinas tú?
Remus no
encontraba nada qué decir. Se quedó donde estaba, contemplando los pedazos de
la luna.
Sirius suspiró
con resignación.
-Estaba pensando
ir a dar una vuelta por la cocina –dijo, sin dirigirse a ninguno en
particular-. De pronto me han entrado ganas de averiguar cómo sabe un batido de
chocolate a media noche. ¿Me acompañan?
James y Peter
asintieron y se dirigieron de inmediato hacia la puerta. Sirius los siguió un
poco más despacio...
-Creo que es una
excelente idea –lo detuvo la voz de Remus.
Los tres
voltearon a mirarlo.
-Perdón,
¿dijiste algo? –preguntó Sirius, que no podía creerle a sus propios oídos.
Remus apartó la
mirada del póster destrozado para fijarla en Sirius y sonrió.
-Dije que es una
excelente idea. ¿Puedo acompañarlos?
-¡Vaya pregunta!
¡Pues claro que sí!
Remus no se hizo
repetir eso y se unió al grupo. Antes de una hora había hablado (y reído) con
los otros tres más que en todo el tiempo que llevaba en Hogwarts.
Una ráfaga de
viento entró por la ventana del dormitorio, alcanzó los pedazos del póster y
los hizo danzar en un remolino por toda la habitación antes de dispersarlos por
los terrenos del colegio.
La mayor parte
cayó en el lago, donde desaparecieron lentamente. Los fragmentos restantes
continuaron su danza en el viento hasta perderse en el Bosque Prohibido.
Los cuatro
amigos nunca más volvieron a mencionar ese póster.
fin