ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
Algún momento en
la década de los 70’s
Una sombra
avanzó cautelosa por el corredor desierto, seguida por el dueño de la misma,
más cauteloso todavía, si cabe.
Luego de
asegurarse de que Peeves no se encontraba ni siquiera cerca de esa parte del
castillo, el misterioso personaje golpeó un par de veces lo que parecía ser una
pared común y corriente.
-Santo y seña
–dijo la pared en un susurro.
-Merodeando
hasta el amanecer.
Debía ser la
respuesta correcta, porque la pared se abrió, dejando un espacio suficiente
como para que el personaje misterioso pudiera entrar.
Una vez que la
pared volvió a cerrarse, pero con él dentro de la habitación secreta, Sirius
Black se quitó la capa negra que había usado para tratar de confundirse con la
oscuridad de la noche.
-¡Caracoles, que
hace calor estos días!
-Tal vez no lo
sentirías tanto si me hicieras caso y te cortaras el pelo –dijo un muchacho bajito
y regordete que estaba muy ocupado copiando un manuscrito.
-Primero muerto
antes que perder la vida, oh, Peter, amigo mío –respondió Sirius, con aire
teatral.
-En otras
palabras, todo sea por contradecir al profesor White y su manía de estar
diciendo que luces como un pandillero –indicó otro muchacho, que estaba
acomodándose los lentes y al mismo tiempo trataba de convencer a una pequeña
llamita para que se mantuviera estática en el sitio más apropiado para iluminar
el trabajo de Peter.
-Si no pusiera
esa cara de horrorizada desaprobación, tan parecida a la de mi tía abuela
Matilde, probablemente me habría cortado el pelo desde hace un mes, pero ahora
es una cuestión de honor –admitió Sirius-. Además, tengo que llevarle la
contraria. ¡Hasta nuestros apellidos son contrarios!
-Nada puede
contra la Naturaleza –sentenció un cuarto muchacho-. Pero el pelo ya te tapa
los ojos y apuesto a que te llegará a los hombros para cuando termine el curso.
¿Has pensado en lo que le dirás a tu tía abuela Matilde cuando llegues a casa
con esa facha?
-No es ninguna
facha, Remus –contestó Sirius con aire de dignidad ofendida.
-Y no tendrá que
decirle nada –intervino Peter-. Probablemente la pobre ancianita morirá de un
infarto tan pronto como lo vea –a medida que hablaba, Peter iba elevando la voz
y adquiriendo un tono cada vez más melodramático-. Y tendrás que llevar eso
sobre tu conciencia el resto de tus días. ¡Oh, Sirius, qué sino tan lastimoso,
qué futuro tan amargo, qué pena tan grande...!
-¿Peter?
-¿Sí, Sirius?
-Cállate.
-Está bien.
-¿Cómo va eso,
Peter?
-No puedo
hablarte, James, Sirius me ha mandado callar.
-Ah, vamos.
-Je je je... Ya
casi está listo. ¡Quiero ver al profesor Malcom cuando se dé cuenta de que este
no es su discurso y trate de improvisar la lección! Jamás había tenido un
maestro que no supiera nada acerca de su propia materia, es patético.
-Bueno, tal vez
así aprenda a no depender tanto del libro de texto –dijo Remus-. ¿Estás seguro
de que no reconocerá tu letra?
-Dudo mucho que
lea siquiera las tareas, lo único que hace es ponerle “B” a todos... muy
democrático... De todos modos, he hecho una falsificación estupenda de su
propia letra, sólo por si acaso, y en la remota posibilidad de que adivinara
que sólo yo tengo el talento para algo semejante, siempre será mi primera
infracción y puedo decir que ustedes, malas influencias, fueron quienes me
arrastraron a esta carrera delictiva. ¿Quién podría imaginarse que el inocente
y aplicado Peter Pettigrew es en realidad el malévolo Wormtail, Mente Maestra
de las bromas más temidas entre el profesorado y alumnos de la noble y vieja
escuela de Hogwarts y...
-¿Peter?
-¿Sí, James?
-Cállate.
-Está bien.
¿Saben? Me encantaría hacer algo así con la tarea de Snapy para Pociones.
-No, eso ya
sería demasiado –dijo Remus con aire preocupado-, o mucho me equivoco o Severus
es de los que no perdonan, y Pociones es su materia favorita. Habríamos ganado
un enemigo para toda la eternidad y un poco más allá.
-Eso si llegara
a enterarse alguna vez de quiénes son los Merodeadores.
-Severus vive
sólo para sus estudios y no sabría divertirse ni aunque su vida dependiera de
ello, pero no tiene un pelo de tonto –sentenció James-, acabaría adivinando de
dónde vino el golpe, no somos precisamente sus ídolos.
-De acuerdo,
pero de todos modos me gustaría verlo resbalar alguna vez, no soporto a las
personas que fingen ser taaaaan perfectas. Y Snapy es la mascota del maestro
por excelencia, si alguna vez ha habido alguien así. Bueno, esto ya está.
Peter desplegó
el pergamino para que sus amigos pudieran admirarlo cómodamente.
-Tengo que
admitirlo –dijo Sirius-, es una obra de arte. ¿De dónde sacaste la idea?
-De una novela
de espías –dijo Peter, radiante, como siempre que alguno de sus amigos le
dirigía un elogio, por pequeño que fuera-. Recuérdame prestártela, te va a
gustar. El protagonista debe fingir su propia muerte y para eso se corta un
dedo y lo deja como prueba incriminatoria precisamente en contra del espía que
había sido contratado para matarlo, así que el malo de la historia se encuentra
con que sus jefes quieren recompensarlo aunque no ha cumplido el contrato y no
puede probar que él no mató al protagonista, y mientras tanto...
-¿Peter?
-Ops, ¿los tres
al mismo tiempo? ¡No me digan nada, ya sé: “cállate, Peter”! Pero insisto en
que es una buena novela.
-Me lo figuro
–sonrió Remus, dándole una palmadita en la espalda –para que te guste a ti, el
autor debe haber tomado en cuenta todos los detalles.
-Especialmente
los más pequeños, esos son los importantes –dijo Peter.
-En eso estamos
de acuerdo –concluyó Sirius.
Fin