Raúl de León Alcocer

Sonya

I

Tú en el día no existes, porque tu nombre sólo en las noches se pronuncia.
De vez en cuando alguien satisfecho te recuerda, pero resultas ser una mortaja impronunciable. Por eso, tu nombre se desboca por las noches en los bares, en las calles, en la lengua de los ebrios.
Y aunque tu nombre no es tu nombre;
Tú eres como te han hecho, como te creen, como te dicen.
Acostumbrada a jugar con fuego___ Dios para ti, es uno más de tantos hombres.

Sonia, de qué le sirve un santo, como el Martín Caballero, a alguien que como tú no vive de milagros.

II

Sí, nadie más que tú lo sabe.

Tú que has aprendido del desierto y de la noche muchas cosas.

Tú que tejes y destejes la noche en esta ciudad infame.
Tú ignorante bien lo sabes:

Servir el vino y la cerveza, en los bares, es de diosas.

Sí. Tú que has vivido sabe dios dónde las historias aquí cantadas, noche a noche, sabes que el  Bar seiscientos sesenta y seis es el inicio de un mar inquieto; que nosotros somos rocas que las olas golpean, laceran y desgastan.

Pero dime, Sonia --- ¿Por qué cuando me miras, en tus ojos, yo soy vapor de niebla?.

III

Sonia:

Comparte tu rabia con nosotros. No detengas la violencia en tus palabras. Besa a uno y luego a otro. Bésame y no importa si tu beso no es tu beso.

El vino con la noche, es un sucumbir a ciegas en cuerpo y alma. Ven mujer, vamos a escandalizar la noche, vaya a donde vaya pégate a mi pecho, acércame a tu vientre y que nuestros cuerpos hagan el amanecer con calma.

Mujer, tú que ves la noche como hermana, dime. Cuando silva la lechuza, ¿a quién le llama?

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