Mariana es un mar sin orillas

Por Francisco Rodríguez

A Hikuri, la mujer de viento.

I

Yo soy tu grito
Yo soy la estela de piedras que te espía cada noche
Yo soy el escudo que se quiebra con tu aroma
Yo soy el cabello que seguirá creciendo en tu tumba
Yo soy la uña clavada en tu espalda
Yo soy un diente que amorataron tu labios
Yo soy tu hijo que te duele tanto
Yo soy la mano en tu ropa interior
Yo soy el Geco que traza tus líneas en las sombras.

III

Somos bebés gateando en la niebla
consumidos en un trago de sal
que quema hasta los pulmones
al más breve sorbo

Somos una herida glacial
que no cicatriza
y ardemos

Somos la gota de agua
que mina la piedra
y la vuelve aguja

Yo, el Geco, te invoco
Lagartija-Mujer
Mujer-Viento
Mariana

Y nos arrastramos por la arena
como un cuchillo.

TRAMONTANA, Revista de poesía

VII

Ahógate con mi sed de líquidos sonámbulos
abrázame las piernas y vuela
no olvides tu dentadura en mi lengua
que yo no olvidaré la mía en tu espalda.

Mariana
tu voz es el maullido
de una oruga en celo
que calza azoteas
y se me entierra
en los dedos
cuando marco tu numero de teléfono.

Rescátame los insomnios
que consagré a tu olor de mujer
nubladora de mi respiración.

(Mariana: ¿para qué querrías amantes
si sólo el viento satisface
la sed
de tu cuerpo
y sólo las nubes de tormenta
te templan los pechos?)


XII

Despierta
no te duermas
si, es cierto, no somos más que sueño
que desaparece cuando dormimos

Somos también humo Mariana
y nos disolvemos
en el aire

No te duermas
todavía mujer,
mi corazón sigue latiendo

Francisco Rodríguez nació el 18 de noviembre de 1978 en la ciudad de Xalapa-Enríquez, Veracruz (México); actualmente estudia la licenciatura en lengua francesa en la Universidad Veracruzana.

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