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I
a Miguel Morales
El Rey de copas, el tigre blanco, El que le arrancó a la noche su luz, El que hace incendios, Es éste que se presenta y los saluda.
Escuchen porque se de la noche Lo que del desierto sabe la cobra. Escuchen mi sangre que es ácida y dura. Soy el dolor hecho pus, agua que preña la luna.
Nací del tronco de la noche Una lágrima de puta fue mi bendición. Soy el caifán de cada esquina Mis manos son como la hiedra Y donde pongo mi mirada arden los espejos.
Mi vida es un eclipse lunar Mi corazón me dicta el nombre del burdel de cada noche. Soy aquél que cruza la ciudad descalzo Cuando las putas ocupan su sitio. Soy un ángel que cae entre dos hielos Y un vaso de vino.
Tuve la suerte de nacer de un dromedario Y cargar una madre tatuada en fuego. Tuve la fortuna de armar mis huesos Con pedazos de luna.
Mi madre me condujo por las cabelleras De la madrugada, Me alejó de los caminos sordos de la luz.
Una noche me hizo dormir Para morderme el corazón, Al despertar y salir a la calle Me di cuenta de que era invisible. Era admirable el alacrán que llevaba por corazón mi madre.
Di un salto al sol Y éste se hizo a un lado. Busqué refugio en un atardecer Junto a un río de luz Que la tarde olvidó.
A causa de la sed Puse mis labios en el agua Y un tiburón mordió mis ojos, Desde entonces soy ciego Y puedo ver.
Bebo porque mi sed es un sello En la sangre Una línea en la mano Una líquida comunión. Mis palabras son navajas que liberan Que cortan las cuerdas de la historia que anda en carrusel
Bebo como un mar enfurecido como una hiena loca que escupe fuego Soy mudo Pero canto mejor que el cenzontle. Juego en las tierras áridas del desierto Y se que cuando mueran me encerrarán en una piedra.
El que quiera beber que me acompañe El que quiera morir que duerma en casa Yo soy el Rey de copas, señores, Y estoy aquí como una llaga.
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