HABITAR LA TRANSPARENCIA
(Fragmento)

Por Carlos Reyes Ávila

I


a Miguel Morales


El Rey de copas, el tigre blanco,
El que le arrancó a la noche su luz,
El que hace incendios,
Es éste que se presenta y los saluda.

Escuchen porque se de la noche
Lo que del desierto sabe la cobra.
Escuchen mi sangre que es ácida y dura.
Soy el dolor hecho pus, agua que preña la luna.

Nací del tronco de la noche
Una lágrima de puta fue mi bendición.
Soy el caifán de cada esquina
Mis manos son como la hiedra
Y donde pongo mi mirada arden los espejos.

Mi vida es un eclipse lunar
Mi corazón me dicta el nombre
del burdel de cada noche.
Soy aquél que cruza la ciudad descalzo
Cuando las putas ocupan su sitio.
Soy un ángel que cae entre dos hielos
Y un vaso de vino.

Tuve la suerte de nacer de un dromedario
Y cargar una madre tatuada en fuego.
Tuve la fortuna de armar mis huesos
Con pedazos de luna.

Mi madre me condujo por las cabelleras
De la madrugada,
Me alejó de los caminos sordos de la luz.

Una noche me hizo dormir
Para morderme el corazón,
Al despertar y salir a la calle
Me di cuenta de que era invisible.
Era admirable el alacrán que llevaba
por corazón mi madre.

Di un salto al sol
Y éste se hizo a un lado.
Busqué refugio en un atardecer
Junto a un río de luz
Que la tarde olvidó.

A causa de la sed
Puse mis labios en el agua
Y un tiburón mordió mis ojos,
Desde entonces soy ciego
Y puedo ver.

Bebo porque mi sed es un sello
En la sangre
Una línea en la mano
Una líquida comunión.
Mis palabras son navajas que liberan
Que cortan las cuerdas de la historia
que anda en carrusel

Bebo como un mar enfurecido
como una hiena loca que escupe fuego
Soy mudo
Pero canto mejor que el cenzontle.
Juego en las tierras áridas del desierto
Y se que cuando mueran me encerrarán
en una piedra.

El que quiera beber que me acompañe
El que quiera morir que duerma en casa
Yo soy el Rey de copas, señores,
Y estoy aquí como una llaga.

XXVIII



Octubre se desgaja en los jardines de la claridad.
Irumari despeina la luz con indiferencia.


Una doncella huérfana se apunta en el pecado.
El caifán corre a darle la bendición.


La calle se llena de caprichos gratos.
El júbilo reposa en el rostro de la luna mansa.


La doncella arrastra su sombra y baila.
La música levanta sus faldas detrás de un sueño.


El caifán se ahoga en la pila bautismal.
Irumari rasura su vello púbico en la oscuridad
.

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