Capitulo 5


ALGUNOS PENSARAN QUE LA HISTORIA VA CON MUCHA LENTITUD :D PUES SI. ALGO ALGO... PERO KE MAS DA.. ESTA QUEDANDO INTERESANTE, Y TAMBIEN ES PARA DARLE UN TOQUE DE SUSPENSO A LA HISTORIA... ( AL MENOS ES MUCHO MEJOR KE LAS NOVELAS DE TELEVISA ¬¬ NO NEGARAN ESO).



Capitulo 5



Aquella noche sería mi ultima noche como mortal. Mi ultimo día como la persona que soy. Insisto en que debí de haber apreciado mas el sol. Pero eso ahora ya no tiene sentido.

Estoy lista. Si..... Lista para lo que sigue.

— Esto... no te va a doler...— Dijo Fausto.

Fausto me levantó del barril en donde estaba sentada. Por primera vez pude notar que era considerablemente mas alto que yo. Me rodeó los hombros con sus brazos. Yo lo tomé por la cintura. Parecíamos dos jóvenes enamorados abrasados y contemplándose a los ojos en un tierno y lento adiós. Una de sus pálidas manos se acercó a mi barbilla. Pensé que me iba a besar en los labios, pero tan solo me volteó el rostro hasta que su boca quedó justo enfrente de mi cuello. Un silencio inundó esa bodega por un instante. A lo lejos se escuchaba aún la música muy tenue y el sonido de los vasos y copas de vidrio que se contoneaban al movimiento de las personas. Ahí fue cuando Fausto me mordió. Sentí sus colmillos cruzando la carne, por un momento sentí dolor, pero eso desapareció cuado sentí que succionaba mi sangre. Es como si toda mi alma se fuera a través de esas pequeñas heridas. Ya no sentía nada. El piso y las paredes desaparecieron. Era como si me trasladara a un sueño. Sentí flotar en el aire, y me pregunto si acaso eso fue cierto. Me debilité, pero jamás solté a Fausto. Me aferraba a él como quien tuviera miedo a la muerte, como quien se aferraba a la vida. Como una persona al momento de nacer se aferraba al útero de su madre, claro que eso nadie lo recuerda.

Sangre. Hasta la última sangre que había en mi cuerpo deseaba aquel vampiro. Fausto quitó sus escasos labios de mi cuello y con su filosa uña hizo una herida en su cuello. Me levantó en un abrazo que me dio. Sus brazos me rodearon por completo en una forma extraña, totalmente inhumana. Y sin palabras entendí que yo debía beber de la herida sangrante que con ansia me estaba esperando.

Bebí. Y seguí bebiendo. Y todo mi cuerpo, mi mente y mi alma aclamaban ese delicioso néctar rojizo que emanaba de mi maestro.

Fausto me tomó con fuerza de los hombros y me hizo retroceder. Con un delicado movimiento me puso en el piso y me senté en el barril de vino de nuevo. Él se veía cansado, un poco fatigado, pero aún con mucha energía. Ese suceso me hizo pensar en que yo amaba a Fausto. Me levanté del barril y puse atención en mi alrededor. Aun con el éxtasis de la sangre, y me di cuenta de que en verdad todo había cambiado.

Por primera vez no pensaba en la hora, en el lugar, en el día, si era martes o si era jueves, o si era el siglo XVI o el siglo XX. El aquí y el ahora era lo que importaba, el hoy soy, mañana seré lo que deba ser, mas hoy, seré lo que quiera ser.

— Cuando te recuperes saldremos a la ciudad. Hay tantas cosas que quiero enseñarte— Dijo Fausto.

Me levanté y caminé con torpeza, pues aun no estaba acostumbrada a mis nuevos sentidos, a mis nuevos ojos, a mis nuevos reflejos.

Fausto se encontraba a un lado de la puerta. Antes de salir por la puerta había dos escalones. Fausto esperó a que yo saliera primero de la bodega, mas yo me detuve en el segundo escalón, di media vuelta y besé a Fausto en la boca. Con eso sellamos nuestro eterno lazo vampirico y mentalmente prometí que siempre le daría lo mejor de mi.

Al salir de la bodega pude notar que el bar estaba casi vacío, solo había unas cuantas mujeres que miraban con amor y deseo al barman, que al parecer era la atracción de todas las noches

— Sencillamente yo estoy aquí por todas ustedes... Sin mi, estarían en su casa atendiendo al borracho de su marido— Dijo Evan con tono vanidoso.
— Siempre con lo mismo. No se como esas señoras creen que eres lo máximo. — dijo Fausto.
— No se como Lorelai piensa que tú lo eres. —Dijo Evan.

Ni siquiera sabia que ellos conocían como me llamo.. Aunque eso es ahora un poco obvio, pues me acabo de dar cuenta de que se lo dije con el pensamiento desde el primer momento que los vi.

— Si Lorelai sabe lo que es la buena vida, en mi muy poco tiempo estará enamorada de mi.— Dijo Evan
— Y te puedo apostar que Lorelai es mucho mas inteligente que muchas otras personas como para fijarse en un ser tan arrogante y depravado como tu. — Dijo Fausto.
— ¿Depravado yo?... Te recuerdo que eres peor que yo. Tan solo a ti se te ocurre convertir personas sin darles oportunidad de elegir. Al menos esta gente está conmigo porque quiere. Y no porque los una un “lazo de sangre” —
— Saldremos a la ciudad, si no te importa, llegaremos antes del amanecer, te agradecería que arreglaras un poco nuestro hogar. Prepara para Lorelai un hermoso féretro, llénalo de lujos, que sea lo mas cómodo posible. —
— Claro... Al menos ya tengo a alguien que no seas tu con quien dormir. Sinceramente ya me estaba fastidiando. —

Salimos del bar rumbo a las solitarias calles oscuras, de repente cruzábamos calles congestionadas con antros y personas que iban a estos.

Era cerca de media noche. Mi vida apenas había comenzado.

— Tienes que aprender a cazar para poder sobrevivir, Te recomiendo que no mates a tus presas, pues como te había comentado, eso aquí es muy notorio.— Dijo Fausto
— ¿y si no puedo detenerme?¿Si le quito la vida a alguien en medio de la gente? — Pregunté
— Es por eso que vendré contigo por esta vez. Para enseñarte a cazar a personas solas en las calles y enseñarte como hacer que no llames la atención. Mañana Evan te enseñará como hacerlo entre tanta gente, ese es un arte que tiene ya dominado. —

Claro que Fausto era mas expresivo, él se movía entre las sombras, (Recordando el chistoso y ridículo atuendo que llevaba puesto.)

Llegamos a una calle casi sola, en ella se encontraba una cantina abierta en la esquina, el farol eléctrico iluminaba la salida de aquel lugar.

— Esperemos aquí. Ya no tarda en salir alguien totalmente borracho. — Dijo Fausto sentándose en la banqueta oscura.

Yo no me senté. Mis ansias estaban despiertas. Podía oler y oír a las personas a través de la pared. Una sed venía a mi como punzada al corazón. Quería sangre. Necesitaba beber sangre. Estaba ahí, tan cerca, a unos cuantos pasos, y me desesperaba la idea de esperar. Sin embargo tuve que hacerlo. Fausto me tomó del brazo y me sentó en la banqueta. Recosté mi cabeza en su pecho. Después sale un hombre completamente ebrio de la cantina. Fausto se pone de pié y delicadamente me hizo a un lado. Caminó con firmeza y con rapidez, hasta alcanzar al hombre.








 

 

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Disculpa las molestias, pero la pagina aun se encuentra en construccion, asi que hay links que posiblemente no funcionen, no desesperes, que pronto la tendremos lista para que la puedas disfrutar mejor n_n
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