|
PUES AQUI YA ESTA EL NUEVO CAPITULO, GRACIAS A MI AMIGO OMAR POR AYUDARME A NARRAR ESTA PARTE DE LA HISTORIA, Y GRACIAS POR HACERME LOS DIBUJOS DE EVAN Y DE FAUSTO, YA NADA MAS TE FALTA DIBUJAR A LORELAI :P JAJAJA. ![]() Capitulo 6 Fausto tomó al ebrio por los hombros y con un rápido movimiento lo hizo caer en la calle. Lo arrastró unos cuantos metros hasta llegar hacia donde estaba me encontraba esperando ansiosa por la suculenta cena. Fausto le hizo una herida en la muñeca derecha de la persona y me la dio a beber. Y de nuevo sentí aquel éxtasis al absorber la sangre viva y latente de aquella persona. Fausto le hizo otra herida en la mano izquierda y bebió solo un poco de la sangre. Aunque yo estaba en completo trance pude ver como Fausto tomaba con pequeños sorbos la sangre. Con calidez y con ternura. — No lo bebas todo. No bebas sangre de un cuerpo muerto, porque morirás. — Dijo y al mismo tiempo me hizo retroceder de la mano de aquel hombre. Aquel hombre que yacía en el piso murió. Por primera vez vi ante mi la muerte. Ni siquiera me di cuenta cuando fue que yo morí, pero esta persona murió aquel momento, y los culpables habían sido un par de vampiros. Nosotros. — Pero yo pensé que no iba a morir. Por lo que me dijiste de que la gente se altera si ve este cuerpo aquí. —Le dije a Fausto con un poco de sobresalto. — Mi querida niña. Quise que vieras con tus propios ojos la voz de la muerte, ahora que es tu primera vez que tomas sangre de un mortal. Para la próxima tu serás quien traiga a la persona. Quiero que al momento de tomar su sangre recuerdes este momento, el momento en que este hombre murió al darnos su sangre. — Darnos...... Esa palabra retumbó en mis oídos. No nos da su sangre la persona caída, nosotros se la quietamos. — Ahora tengo que esconder este cuerpo, para que nadie pueda encontrarlo, pasaran varios días, meses, años, y ya cuando logren encontrar el cuerpo, (si es que lo encuentran), el tiempo hará lo suyo, lo reducirá a polvo, cosa que a nosotros no nos pasará, al menos no por el tiempo, quizás solo el sol o el fuego, pero el tiempo no.— Caminamos por las calles cuando encontramos a unos muchachos sentados en una banqueta, eran un grupo de skaters que hacían piruetas con sus patinetas y patines. No me pareció raro verlos, pues aún era temprano, ni siquiera era media noche. Los miraba con recelo cuando uno de los chicos se despidió del grupo y se fue caminando con su patineta en mano por las oscuras calles del centro. Lo seguí. Fausto iba detrás de mi a unos cuantos metros, me había dejado que actuara yo sola. En una calle con un poco mas de luz me acerqué al chico. Noté que era un tanto guapo, pero a mi lo que me importaba era lo que llevaba en sus venas. Pero...¿Cómo lo haría caer?. ¿Cómo?... — ¡¡Hey!!. Disculpa, ¿tienes la hora?— Le dije mientras escondía mi rostro bajo una sombra, y tan solo se podía apreciar parte de mi cuerpo. Claro que en esa oscuridad yo si podía verlo bien. — Claro, solo que está muy oscuro y no veo mi reloj, deja buscar una luz. — Dijo el chico, y noté que tenia algunas intenciones de coquetear conmigo. — No..... Espera, yo veo mucho mejor en la oscuridad, acércate mas para ver el reloj. — El chico se acercó a lo oscuro, pensando que era su día de suerte, por haber encontrado a una linda chica en medio de la noche con algunas “malas intenciones”, lo que no se imaginaba era de que en efecto eran malas intenciones, mas no las que él soñaba. Al acercarse tomé su mano y acaricié el reloj que traía. Las 12:00 exactas. La media noche, la hora marcada para que aquel chico muriera en mis manos. Ignoré lo que me dijo Fausto acerca de la muerte, lo que yo añoraba era ver su mirada perdida al momento de morir, quería su sangre dentro de mi, alimentando mi deseo. Mordí la muñeca de aquel muchacho, con mis manos destrocé el reloj que llevaba puesto. Los pedazos de vidrio caían al suelo, y la sangre corría por mis venas, fue un momento en cámara lenta que para mi fue exquisito. Pero aquél muchacho vio lo que le estaba haciendo y sintió miedo. Sintió el dolor por la feroz mordida, su patineta calló al piso y comenzó a gritar y a moverse con esfuerzo para soltarse de su agresora. Lo tomé por el cuello y con mi fuerza hice que se callara. Lo mordí en el cuello y lo vacié todo. Antes de que muriera lo dejé caer en el piso. Por última vez pude ver en sus ojos la expresión del terror, del temor en carne propia. Dos segundos mas tarde, el joven murió. Y yo. Lorelai Amber. Lo había asesinado. Claro está que Fausto se enojó mucho conmigo, pero pensó que era natural en un ser como nosotros, que como ser la primera vez que cazaba era lógico que no me hubiera detenido. O que lo hubiera hecho mas sutilmente, pero era cierto que Fausto me había enseñado a matar, no a dejar viva a mi presa. — Supongo que Evan podrá enseñarte. Por ahora hay que ir a la guarida.— dijo Fausto. — Pero yo no quiero ir aun, quiero conocer la ciudad de noche, quiero ver qué puedo hacer con mis nuevos poderes, quiero saltar, quiero correr, quiero, quiero ver en qué me he convertido. — — Es verdad, aun no has visto lo hermosa que te has puesto. Toda una mujer, con cuerpo de colegiala, y con una inteligencia asombrosa. — — A decir verdad, jamás me había importado mi apariencia física, pero ahora quisiera verme. — — Te verás mi niña.. ya lo verás. Solamente hay que encontrar donde puedas contemplarte sin abrumar a las personas cercanas.- Pasaron las horas y yo corría como liebre en el campo abierto, mi agilidad había aumentado considerablemente, pude correr por los techos sin ser notada por la gente, como lo hizo Fausto cuando me llevó al bar. Caminamos, y corrimos, y visitamos muchos lugares, claro que a esa hora todo estaba cerrado, y al parecer nosotros éramos los únicos bebedores de sangre que se encontraban alrededor, contando a Evan por supuesto. La noche siguió y ya era hora de ir a nuestro dormitorio. Era emocionante pensar que de ahora en adelante, por el resto de mi No- Vida dormiría de día y me alimentaría de noche. Fausto me llevó al paseo Santa Lucía. Aquél mismo lugar donde pasé mi ultima tarde contemplando la portada de un libro, aquel libro que al parecer Fausto había puesto en mis manos, aun no comprendo como lo hizo, si cuando lo compré era pleno día. Pero recuerdo que Fausto dijo que ya me había observado tiempo antes, tal vez y lo dejó en la librería sabiendo que yo pasaría por ahí. O quizás fue que dejó ese libro ahí con la intención de quien lo comprara sería elegido para recorrer la senda que ahora me ha regalado a mi. Tantas conjeturas, y mucho tiempo para tratar de resolverlas, al fin que tengo toda una eternidad para conocer su objetivo y significado. Llegamos al Museo de Historia Mexicana, un lugar grande, no muy interesante que digamos, cuando era niña lo visité y no había cambiado desde entonces, los pocos maniquís que se encontraban ahí aun llevan las mismas ropas que hace años, el mismo lugar, el mismo olor, el mismo polvo, el mismo sentimiento de siempre. Y ese era ahora nuestro hogar. Bueno, no el museo en si, sino debajo de él. Fausto había acoplado la entrada de su guarida por el sistema de drenaje del museo, entrábamos por una de las puertas de servicio que con nuestra astucia podíamos abrir y cerrar fácilmente sin que lo notasen los empleados, siempre cautelosos para no ser descubiertos por las cámaras de seguridad, al entrar al sistema de tuberías antiguas que se encuentra por debajo del museo llegábamos a un lugar completamente oscuro, lleno de suciedad y con escaso aire respirable, más bien era un aire viejo, añejo por los años sin ventilación, una puerta escondida en el piso, nos llevaba a un pequeño pasillo oscuro, muy estrecho, lo cual no fue problema para mi, pero algo para Fausto o para Evan, ya que ellos son más altos que yo y ese era un lugar estrecho para poder pasar sin problemas, nos adentramos mas, y cada vez era mas lejano a la salida. Llegó un punto en el que cualquier ser humano que respirase aire muriera a causa de asfixia. De pronto topamos con una puerta de madera, Fausto la abrió sin problemas, al empujarla nos encontramos en un lugar sencillamente maravilloso, hermoso, parecía una vieja casa inglesa del siglo XVIII, pero con toques coloniales españoles de la época de la conquista, pinturas de muchas épocas, renacentistas y hasta modernas, la extraña y majestuosa combinación de arte español e indígena que hace varios siglos inundaban los museos de México. Luego miré a Fausto y todo aquel glamour contrastaba con las ridículas ropas llamativas que llevaba Fausto puestas. Caminé entusiasmada viendo todo lo que me rodeaba, después vi en un sillón forrado con terciopelo guindo y brocados dorados, y ahí sentado se encontraba Evan. — Pensé que ya no regresarían aquí. ¿Dónde se encontraban? — Dijo Evan — Alimentándonos, pos supuesto, ¿Hiciste lo que te pedí? — Le preguntó Fausto a Evan. — ¿Que me pediste? — — Te pedí que arreglaras la estancia para Lorelai, y supongo que tampoco tienes preparado algún ataúd para ella. Eres insoportablemente negligente. — — Ups... Creo que lo he olvidado, pero no te preocupes, por este día ella puede dormir conmigo en mi ataúd, hay suficiente espacio para dos. — — Empiezo a pensar que lo hiciste deliberadamente a propósito. Ni creas que aceptaré eso. Eres capaz de envenenarle la mente. Dormirá conmigo por hoy. Al despertar arreglaremos esto. — Al parecer cuando ellos dos se encontraban juntos se la pasaban peleando y yo no quería interferir en sus problemas. Siempre pensé que cuando alguien vive con su creador lo ama y lo idolatra por siempre, pero como ahora veo, eso no pasa en esta ocasión. ¿Acaso este amor que siento por Fausto es sólo momentáneo? ¿Acaso ese lazo de sangre que me une a él se romperá algún día? No se que razones tenga Evan para odiar de esa manera a Fausto. Pero sé que Evan tiene algo de maravilloso también, su sonrisa me ha cautivado. Su mirada me ha deslumbrado. Y siento que hasta me habla en silencio, me llama con su pensamiento, leve, muy lejano, oigo la voz tenue de Evan a lo lejos. Quizás solo es imaginación mía, pero es un suave tono que no quisiera que desaparezca jamás. Como yo no tenía ataúd donde dormir me metí en el ataúd de Fausto. Nos miramos unos momentos en silencio. Al cerrar la tapa pesada de aquel ataúd no se escuchó nada mas. Solo el pequeño tintineo de los cascabeles de Fausto. Recuerdo ese sonido y me imagino estando en el aula de clases. Mañana ya no iría a la escuela. Mañana ya no regresaría a mi casa. Ya no había mas mañana para mi como mortal. Tan solo espero que no lloren mucho mis padres. Y la pequeña Sara, mi pequeña hermana que jamás aprecié, que para mi nunca existió, no se como puedo ser tan fría al pensar en ellos. Y en aquel oscuro lugar, por primera vez pensé en mis padres, y por primera vez pensé en Sara. Quizás el convertirme en una criatura de la noche provoque que mi corazón añore estar con las personas que jamás quise. Que ironía. Evan está despierto aún, en el féretro de al lado ya están dormidos. Camina despacio y se para frente a este. Lo abre rápido. Y misteriosamente, ninguno de los dos vampiros que se encontraban dentro se dan cuenta de aquello, aun no era de día así que no estaban alarmados. Evan se para frente al féretro, ve a Fausto. — El hecho de que te desprecie, no significa que no admita tu buen gusto, esta pequeña que trajiste es bastante...interesante...toda una pieza de colección, no puedo evitar pensar que va a desperdiciar su no-vida con infeliz como tu. — Dijo casi en murmullos para no despertarlos. — Y tu chérie, me deseas, aunque aun no lo sepas, y dado que aun no sabes de tus poderes, permíteme darte un adelanto de lo que será...— Evan proyecta en Lorelai imágenes que Lorelai interpreta como si fuera un sueño. Primero aquel bar. El mismo ambiente, el mismo color, el mismo aroma que cuando Lorelai fue llevaba ahí por Fausto, pero Fausto no se encuentra por ningún lugar. Lorelai se encuentra sentada en una mesa en el fondo del bar. No hay barman, atendiendo, en la barra se encontraba Evan bebiendo. De pronto el bar cambia de apariencia y toda aquella tecnología fue desapareciendo, la música cambiaba. Todo retrocedía en el tiempo. Las personas eran diferentes, el ambiente, la música, ahora había un cantinero y en aquella mesa frente a la barra se encontraba Evan, como si él nunca se hubiera movido de su sitio, él permanecía igual. Bebía por haber perdido a su amor. Al menos eso parecía. — ¿ No has bebido ya suficiente, muchacho?. — dijo el cantinero. — No, aun tienes abierto, no pienso dejar de tomar hasta que se te acaben las botellas o me muera, lo que ocurra primero...— contestó Evan ya ebrio. Tan humano. Evan bebía con furia. Lorelai lo miraba, y pudo entrar en su mente. Evan era todo un mortal. Eran imágenes de él aún como humano. Vio una calle, en la cual al otro lado de encontraba una chica hermosa. Evan ve a la chica en sus pensamientos. Era la mujer que más amo en su vida. Sola, aun triste. De pronto una presencia se deja notar a un lado de Evan. Era Fausto quien se encontraba sentado a un lado de él. — ¿ Un muchacho con tanto porte como tu, bebiendo por una insignificante mujer?— Dijo Fausto. Evan voltea furioso, rompe una botella y le dice: — Hablas mucho para ser un maldito bufón— Fausto simplemente lo toma de la ropa y lo arroja a la calle, Evan intenta golpearlo, pero cae. — Eres agradable. En los mortales, el amor es la causa de todas sus fuerzas y debilidades, no gastes tu energía chico, de nada sirve— Dijo Fausto riendo. — Mátame rápido y sin dolor, estúpido payaso— — ¿Matarte, yo? No muchacho, mal interpretas mis términos, y si quisiera matarte. ¿Que te hace pensar que seria rápido y sin dolor?. Eres un muchacho especial, tienes algo, aunque no se que es todavía, tienes una mezcla de sangre apetitosa. — — ¿Entonces que me harás?. ¿Vas a contarme chistes? No estoy de humor. — dijo Evan con sarcasmo al mirar las ropas de Fausto. — No chico, ¿Te llamas Evan verdad?. Mira, en este momento me parece que puedes unirte a los hijos de Caín. — — Piérdete gusano, no me interesa ninguna secta tonta. — — Tienes una sagacidad pocas veces vista en humanos, pero te aclaro, así nos llamamos, no tanto como ustedes nos dicen, vampiros, bestias, demonios... — — ¿Entonces eres un vampiro?. Bueno, haz lo que quieras ya no... — — ¿Ya no te importa nada desde que ella se alejo de ti verdad?. Ese es un castigo, pero con lo que te haré, vivirás tanto tiempo que ese castigo se ira desapareciendo. — — ¿ Vivir mas?. ¡Lo que quiero es morir! — — Tal vez después de esto, querrás asesinarme, el tiempo lo dirá. — — Tal vez después de esto, pueda estar en paz mi turbada mente, sin embargo, si esto que me harás es peor, ten por seguro que te matare, y si no, al menos haré tu no vida, insoportable. — El sueño terminó. Evan dejó de proyectar las viejas imágenes el la mente de Lorelai. — En cuanto a ti, maldito, no ha pasado una noche en que no haya pensado en liquidarte, y no pienso desperdiciar esta oportunidad. — Evan saca una katana negra, filosa, y en el momento en que va a atacar a Fausto, Lorelei hace signos de despertarse. — Mas vale que estés alerta, Fausto Vega. — Lorelai despierta, abre los ojos y se encuentra rodeada de oscuridad, el ataúd seguía sellado, igual como cuando Fausto lo había puesto. Pensó que no era mas que un sueño, y volvió a dormir. |


Para más información, preguntas o sugerencias, escríbeme a
raquelmiroslava@hotmail.comPrometo responder, si quieres alguna imagen, solo pídemela, y con gusto te la mando.