Weltkrieg II

Batalla de Kursk (Julio 1943)

Invierno 1942-1943 entre Kursk y el lago Lagoda

Desencadenada el 5 de julio de 1943 contra el saliente de Kursk, la operación Citadelle constituyó el último intento del Ejército alemán para recuperar la iniciativa de las operaciones en el frente del Este. Pero antes de abordar el tema, serán tratados brevemente los acontecimientos que, durante el primer trimestre de 1943, tuvieron como escenario la sinuosa línea de combate extendida entre el norte de Kursk y el lago Ladoga.

Los grupos de ejércitos "Centro" y "Norte", siempre a las órdenes de los mariscales von Kluge y von Küchler, contaban en este frente, el 1 de enero de 1943 y según un cuadro recogido en el Diario de Marcha de la OKW con 7 ejércitos, 23 cuerpos de ejército y 117 divisiones, entre ellas 9 blindadas y 8 motorizadas. Teniendo en cuenta la irregularidad de la línea sobre la que los alemanes habían establecido sus posiciones a finales de marzo de 1942, su densidad de ocupación sólo podía ser muy débil, y además, existía una circunstancia agravante: los lagos, ríos, arroyos y pantanos, tan característicos de la región, estaban helados y llegaban a soportar no sólo el paso de la infantería y la caballería, sino también el de los camiones, la artillería e incluso los carros de combate.

El 4 de enero la agrupación Woehler, flanco izquierdo de von Kluge, fue perforada a una y otra parte de Velikiye Luki por el 3er Ejército de choque (frente de Kalinin). Quince días más tarde, habiendo fracasado todas las tentativas de mantener la fortaleza de la ciudad, sus defensores (reducidos a 102) consiguieron reunirse con las líneas alemanas, aunque para ello hubieran de abandonar 200 heridos intransportables.

Mucho más grave que este incidente, local a fin de cuentas, fue la derrota sufrida al sur del lago Ladoga por el 18° Ejército alemán (coronel-general Lindemann). La OKH denominaba a este sector el "cuello de botella", en razón del pronunciado saliente que formaba el frente entre Mga y la orilla meridional del lago. Evacuarlo hubiera significado renunciar al bloqueo de Leningrado, e Hitler en consecuencia, se había opuesto siempre a toda sugerencia en este sentido. El 26° Cuerpo de Artillería (general Wodrig) se encontraba en este saliente expuesto a ser copado desde el momento en que el Neva, que cubría su ala izquierda, perdiera su valor como obstáculo.

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Vorosilov libera Leningrado

Fue el mariscal Vorosilov el encargado de coordinar las acciones convergentes del frente de Leningrado (teniente-general L. A. Vorosilov) y del frente del Voljov (general del ejército K. A. Meretzkov). El primero lanzaría su 67° Ejército (mayor-general M. P. Dujanov) al encuentro del 2° ejército de choque (teniente-general V. S. Romanovski) y del 8° Ejército (teniente-general F. N. Starakov), subordinados al segundo. Según el plan establecido en Moscú, 12 divisiones y una brigada de infantería soviéticas se enfrentarían en esta operación contra 4 divisiones alemanas. Las divisiones rusas contaban con 10.000 hombres en efectivo, mientras que las del Reich estaban muy debilitadas, y sobre todo, las primeras (soviéticas) alineaban 140 o 160 piezas de artillería y morteros por kilómetro, y cada uno de sus frentes disponía de un ejército aéreo.

Así pues, los rusos se lanzaron al ataque de las líneas enemigas el 12 de enero de 1943, con un apoyo de fuego formidable, tras una preparación artillera de una hora y media. Pero el 26° AK resistió y Lindermann, y luego Küchler, acudieron en su ayuda, de modo que hizo falta toda una semana para que, atacando por el oeste y por el este, el 2° Ejército de choque y el 67° Ejército soviéticos llegaran a franquear los 15 km. que mediaban entre uno y otro. El 17 de enero las tropas del general Dujanov penetraban en Schlüsselburg; al día siguiente, la población de Leningrado, en medio de jubilosas muestras de alegría, supo que, tras 17 meses de pruebas y privaciones soportadas estoicamente, el bloqueo alemán había quedado roto.

El 6 de febrero la capital de Pedro el Grande establecía una primera comunicación ferroviaria con el exterior. Los vencedores, en cambio, fracasaron ante Mga, lo que limitaba a 10 o 12 km. la anchura del pasillo liberador, pero Stalin se mostró globalmente satisfecho con los resultados y concedió a sus combatientes 19.000 condecoraciones.

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Hitler trata de mantener la iniciativa

Sea como fuere, este angustioso problema no preocupaba a Hitler, quien el 15 de abril, firmaba 13 ejemplares de su orden de operaciones número 16. de este largo documento, como todos los emanados de su pluma, extraeremos los párrafos indispensables para comprender la evolución posterior de los acontecimientos en el frente del Este:

Estoy resuelto a desencadenar la operación Citadelle en cuanto el tiempo lo permita, como primera de las acciones ofensivas de este año.

Es lo que confiere una importancia fundamental a esta ofensiva. Debe conducirnos a un éxito rápido y decisivo. Tiene que garantizarnos la iniciativa para esta primavera y para el verano. Por eso, sus preparativos deben ser realizados con las mayores precauciones y la mayor energía. Se emplearán en los centro de gravedad de la operación las mejores formaciones, las mejores armas, los mejores jefes y grandes cantidades de municiones. Cada jefe, cada hombre, debe estar convencido del significado capital de este ataque. La victoria de Kursk debe ser como la luz de un faro sobre el mundo entero.

A tal efecto ordeno:

  1. Objetivo de la ofensiva: mediante un ataque conjunto al máximo, brutal y dinámico de los 2 ejércitos, uno saliendo de la región de Belgorod y otro del sur de Orel, rodear a las fuerzas enemigas que se encuentran en la región de Kursk y aniquilarlas por medio de ataques concéntricos. En el curso de esta ofensiva nos apoderaremos de un nuevo frente más estrecho que permitirá economizar medios: la línea Nejega-Korocha-Skorodnoie-Tim-este de Schigri-Sosna.
  2. El Führer definía las condiciones necesarias para el éxito de la empresa:

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Oposición de Guderian

La iniciativa de Hitler, que se remonta, de hecho, al coronel-general Kurt Zeitzler, jefe del Estado Mayo general del OKH, suscitó opiniones encontradas entre los generales, a pesar del secreto que rodeaba al tema. El mariscal von Kluge, claro partidario de la operación Citadelle, y otros muchos mandos esgrimieron contra ella objeciones circunstanciales.

Hitler reunió el 2 de mayo, en Munich, a los grandes jefes interesados en esta empresa, así como al coronel-general Guderian. En su calidad de inspector general de las unidades blindadas, este último hizo notar toda una serie de argumentos contra la ofensiva proyectada, resumidos por el mismo de la siguiente manera: "Pedí la palabra y declaré que la operación carecía de utilidad. Acabábamos de recomponer nuestras fuerzas en el frente del Este, y una ofensiva conforme al proyecto del jefe del Estado Mayor general supondría inevitablemente graves pérdidas en carros de combate y comprometería nuestra recuperación.

No estábamos en condiciones de reconstruir el frente del Este por segunda vez en 1943, tanto más cuanto que debía proveerse inmediatamente el frente occidental con carros de combate más modernos, a fin de afrontar con reservas móviles el desembarco de las potencias occidentales, previsible con seguridad para 1944. Indiqué , además, que el Panther, cuya puesta a punto tenía tanto valor a los ojos del jefe del Estado Mayor general de las fuerzas terrestres, adolecía aún de las múltiples enfermedades infantiles de los materiales nuevos, y no podríamos enmendar estos pequeños defectos antes del principio de la ofensiva".

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Contrapuesta de von Manstein

En cuanto al mariscal von Manstein, en febrero y marzo precedentes se había pronunciado por un sistema de operaciones radicalmente opuesto al que preveía la orden del 15 de abril, y así se lo había manifestado a Hitler durante la visita de este a su puesto de mando en Zaporozhie. Su idea consistía, sustancialmente en esperar la ofensiva que el enemigo no tardaría en lanzar con vista a la recuperación de la cuenca del Donets.

Desencadenada esta, se combatiría en retirada hasta la línea Melitopol-Dniepropetrovsk, reuniendo mientras tanto en la región de Poltava-Jarkov un potente grupo blindado que, una vez caídos los rusos en la trampa, contraatacaría con la velocidad del relámpago en dirección hacia el mar de Azov.

La superioridad de que habían hecho gala siempre los jefes alemanes respecto a sus enemigos, durante los movimientos tácticos, les aseguraría la victoria: "el principio de esta operación difería radicalmente del de la ofensiva alemana de 1942. atacaríamos a la contra cuando el enemigo se hubiera comprometido ampliamente y hubiera gastado gran parte de sus fuerzas de asalto. Nuestro objetivo no sería, por tanto, la conquista de puntos geográficos alejados, sino la destrucción de un ala meridional soviética gracias a un movimiento envolvente contra la costa.

Para impedirle que se escapara hacia el este, como en 1942, abriríamos el camino hacia el Dnieper inferior, cebo en que el enemigo picaría con toda seguridad. Si la operación triunfaba, al inflingirle pérdidas considerables quizá se pudieran golpear por segunda vez, ahora en dirección norte y hacia el centro del frente".

Probablemente von Manstein no pensaba que su método pudiera inclinar la balanza de la guerra a favor del III Reich, pero si obtendría de esta manera un aplazamiento, o lo que el general von Mellenthin denominaba unas "tablas", que permitieran aguantar las posiciones y ver venir. Pero Hitler no había aceptado esta argumentación, y le había opuesto sus habituales razonamientos económicos: el manganeso de Nikopol. "Perder Nikopol es perder la guerra", había concluido, y durante la reunión de Munich el vencedor de Sebastopol y de Jarkov no volvió a hablar del asunto.

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Model y von Mellenthin desaconsenjan la ofensiva sobre Kursk

Al comenzar la sesión Hitler había leído una parte procedente del coronel-general Walter Model, cuyo 9° Ejército debía llevar a cabo el ataque norte-sur de la operación. Como era suficientemente conocido, el enérgico comandante nunca había demostrado repugnancia alguna hacia el principio de la ofensiva, pero ahora le parecía peligroso intentar en mayo en el saliente de Kursk lo que había desdeñado hacer en marzo allí mismo, cuando desde entonces el enemigo no había perdido el tiempo.

En palabras de Guderian, "Model había demostrado, gracias a las conclusiones extraídas de reconocimientos muy eficaces y, sobre todo, de fotografías aéreas, que los rusos preparaban una defensa en profundidad, muy cuidadosamente organizada, precisamente en los sectores contra los que se dirigía la ofensiva de los grupos de ejércitos alemanes. Los rusos habían retirado el grueso de sus fuerzas móviles de la posición avanzada, y habían constituido una defensa de artillería y antitanque, de potencia desacostumbrada, en los probables puntos de ruptura de una ofensiva en tenaza, conforme al esquema que habíamos previsto. Model sacó, pues, la conclusión justificada de que el adversario contaba con nuestro ataque; si preferíamos no renunciar a él, era necesario adoptar otra táctica que condujera al éxito".

Algunas semanas antes, el coronel von Mellenthin, en calidad de jefe del Estado Mayor del 48° Panzerkorps, al que se había asignado un importante papel en esta operación, había comentado al general Zeitzler algo parecido. Esperando la constitución de una primera brigada de tanques Panther antes de pasar a la ofensiva, desaprovecharía la ocasión de atacar a los rusos cuando estos aún no se habían recuperado de sus pérdidas. Lo lograrían en uno o dos meses, y entonces la misión sería mucho más difícil de ejecutar.

Aunque poco favorable en principio a la operación, una vez decidida esta von Manstein se pronunció decididamente contra toda demora: "Un retraso de Citadelle aumentaría considerablemente los riesgos sobre el frente defensivo del grupo "Sur". El enemigo no podía pasar aún a la ofensiva sobre el Mius y el Donets. Pero no podríamos asegurar lo mismo en junio. Citadelle no resultaría fácil, pero había que tomar la decisión lanzarla lo más pronto posible. Como un caballero al ataque, era preciso lanzar primero el corazón por encima del obstáculo, comparación que, según pude darme cuenta, no produjo ningún efecto en Hitler porque no apreciaba ni a los caballos ni a los caballeros".

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Los medios ofensivos rusos eran superiores a los defensivos alemanes

Los repetidos aplazamientos decididos por Hitler permitieron a sus enemigos organizar el campo de batalla sobre el que esperaban ser atacados, en una profundidad de 25 a 40 km. Una hábil combinación de campos de minas debía encauzar a los blindados enemigos contra organizaciones soviéticas especialmente sólidas y nutridas de armas perforantes, llamadas frentes antitanque. Las tropas del frente central y del frente de Voronezh asumían la defensa del saliente de Kursk en un perímetro de unos 540 km.

La historiografía soviética, tan precisa cuando habla de los alemanes, se niega todavía hoy a facilitar el número de divisiones y de carros de combate propios, comprometidos en esta operación. No obstante, no es exagerado cifrar en alrededor de 70 el número de unidades de infantería y en unos 2.800 el de tanques. La Gran Guerra patriótica olvida sus reservas cuando habla de artillería. De acuerdo con sus datos, Rokossovski y Vatutin no dispondrían de menos de 20.000 cañones, obuses y morteros (6.000 piezas antitanque) y de 920 lanzacohetes. A modo de ejemplo, para cubrir la dirección en que se esperaba el avance principal de Model, el jefe del frente central destinó al 13° Ejército (mayor-general Pujov) un cuerpo entero de artillería, dotado de 600 piezas pesadas.

Los medios defensivos del Ejército rojo superaban, pues, los medios ofensivos alemanes, y el perfecto conocimiento que se tenía en Moscú del dispositivo y de los ejes de avance previsto por los mariscales von Manstein y von Kluge, permitió a sus enemigos concentrar sus fuerzas de artillería y de blindados en la mejor situación para cortarles las direcciones de avance que pensaban tomar. Al anochecer del 4 de julio, un gastador de una división sudete se pasó al enemigo y comunicó la 'hora H' definitiva de la operación Citadelle. Los soviéticos completaban así el rompecabezas.

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Alemania fracasa ante el objetivo final

Como consecuencia de la deserción señalada, el 9° Ejército alemán, lejos de sorprender al enemigo, resultó sorprendido él mismo por el terrible fuego de contrapreparación que se abatió sobre sus bases de salida 20 minutos antes de la 'hora H'. Con un total de 7 divisiones blindadas, los 47° y 41° Pz.K. habían penetrado al atardecer unos 100 km. a través de las líneas de defensas del 13° Ejército soviético, pero sus 90 Tiger (versión Porsche), provistos de ametralladoras, no llegaron a reducir a la infantería soviética y, sobre todo, el 23° A.K., protección del flanco izquierdo alemán, fue puesto fuera de combate ante Maloarjangelsk. El 7 de julio, vigorosamente mandado por el general Rauss, el 47° Pz.K. llegó a las cercanías de Oljovatka, a menos de 20 km. de su posición de partida. Después, laofensiva del 9° Ejército alemán quedó paralizada.

En el grupo de ejércitos "Sur", la operación Citadelle tuvo un comienzo más favorable, gracias a la perfecta colaboración entre carros de combate y bombarderos en picado. A costa de enfrentamientos calificados por el mariscal von Manstein en sus Memorias como muy duros, el destacamento de ejército del general Kempf logró tomar 2 enclaves de resistencia enemiga y alcanzó un punto adecuado para interceptar los refuerzos que el frente de la Estepa enviaba al frente de Voronezh. El 11 de julio la situación se anunciaba prometedora.

El ataque del 4° Ejército blindado chocaría durante 48 horas con una resistencia encarnizada, descrita por el general von Mellenthin, entonces jefe del Estado Mayor del 48° Pz.K., en su obra Batalla de carros de la forma siguiente: "Durante el segundo y tercer día de la ofensiva sufrimos nuestro primer revés. A pesar del valor y de los esfuerzos de las tropas no logramos abrir ninguna brecha en las segunda posición de resistencia del enemigo. La Pz.Gr.D, Grossdeutschland (teniente-general Hoerlein), que se alineaba en formación muy cerrada, y que tenía ante sí una zona muy pantanosa, fue detenida por el violento fuego artillero de unas fortificaciones de campaña armadas con cañones antitanque, lanzallamas y tanques T34.

Se quedó durante un tiempo inmovilizada en el campo de batalla preparado por el enemigo. No fue tarea fácil para nuestros gastadores establecer pasos practicables a través de numerosos campos de minas, o por encima de las zonas pantanosas. Numerosos carros de combate estallaron por la acción de las minas o quedaron destruidos por ataques aéreos, porque, sin arredrarse ante la superioridad de la Luftwaffe, la aviación roja se empleó con una decisión y un arrojo singulares".

Por fin, el 7 de julio el 48° Pz.K. y, a su derecha, el cuerpo blindado de los Waffen SS lograron alcanzar terreno libre, tras haber rechazado violentos contraataques concéntricos de carros de combate. El 11 de julio, conquistada una cabeza de puente sobre el Psiol y alcanzadas las proximidades de Oboyan, la 4ª Panzerarmee había ganado unos 30 km. a través del dispositivo del general Vatutin, mientras el destacamento del ejército Kempf, aunque sin conseguir adelantarse hasta las proximidades de Korocha, cumplía correctamente su misión de protección del flanco sobre la orilla izquierda de río homónimo.

Dos días después, von Manstein anunciaba que, desde el 'día D' había hecho 24.000 prisioneros y destruido o capturado 1.000 carros de combate y 108 cañones antitanque enemigos. En consecuencia, parecía oportuno el empleo en la acción de su reserva de efectivos, constituida por el 24° Pz.K.

Pero, a pesar de este éxito táctico, Citadelle era un gran fracaso estratégico para Hitler. Entre las vanguardias de las 4ª Panzerarmee llegadas a las afueras de Oboyan, y las del 9° Ejército detenidas ante Oljovatka, mediaban, a vista de pájaro, unos 120 km. que los blindados alemanes no franquearían nunca. Porque, lejos de desanimarse, Vatutin anunciaba a la Stavka en la tarde del 10 de julio su intención de pasar a la contraofensiva, y de emplear a tal efecto su 5° Ejército blindado de la Guardia (teniente-general Rotmistrov), provisto de 850 carros de combate y cañones-oruga, y el 1er Ejército blindado (teniente-general Katiuko).

Al otro lado del campo de batalla, Rokossovski dirigió a sus ejércitos el 12 de julio la vibrante orden del día siguiente: "Las tropas del frente central, que han opuesto una mortal muralla de acero, de solidez y de tenacidad rusas, han agotado al enemigo durante 8 días de combates encarnizados, sin tregua, y han contenido su avance. La primera fase de la batalla ha terminado". En efecto, el mismo 12 de julio los ejércitos soviéticos de los frentes de Briansk y del Oeste, según el programa establecido anteriormente, pasaban al ataque de las posiciones alemanas defensoras del saliente de Orel.

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El desembarco aliado en Sicilia obligan a Hitler a abandonar la ofensiva

Ante el inesperado desarrollo de la situación en el bastión de Kursk, Hitler convocó el 13 de julio a los mariscales von Kluge y von Manstein en su puesto de mando de Rastenburg. El primero no ocultó al Führer la gravedad de la situación. El 9° Ejército, que había perdido 20.000 hombres en ocho días, no sólo no podía avanzar, sin que iba a verse obligado a ceder una parte de sus medios para sostener la defensa del saliente de Orel. El segundo se mostró más optimista, pero, aun y todo, para imponer al enemigo una batalla con su frente invertido en la región de Kursk, como proponía, era necesario que von Kluge contuviera ante sí al máximo de las fuerzas enemigas posible. Hitler cortaría por lo sano y concluiría por decidir el abandono de la operación. No tanto presionado por la situación local o de la defensiva desencadenada por los rusos contra el saliente de Orel, como obligado por el desembarco anglo-americano en Sicilia.

Según el mariscal von Manstein, el Führer se mostraba muy pesimista respecto al futuro inmediato de este campo de operaciones: "La situación -empezaría declarando a los dos mariscales- había llegado a ser muy seria en Sicilia. Los italianos no resistían. La isla sería pérdida con toda probabilidad y, a continuación, los occidentales podrían desembarcar en los Balcanes o en Italia meridional. Había que desplazar pues nuevos ejércitos hacia estas regiones, sacándolos del frente oriental. Detener, en resumen, Citadelle".

El segundo frente en el Mediterráneo, tan despreciado por el presidente Roosevelt, por su consejero Harry Hopkins y por el general Marshall, comenzaba a proporcionar lo que ellos no esperaban: el alivio de la presión alemana sobre su aliado soviético.

Así culminaba la batalla de Kursk, la mayor de carros de combate si se consideran las 4.600 maquinas blindadas y vehículos con orugas que se enfrentaron entre sí. ¡Para detener 1.800 carros de combate alemanes, fueron necesarios 2.800 carros soviéticos, 6.000 cañones antitanque y 400.000 minas!.

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