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Podrido de recuerdos me dibujé tu figura en la mirada,/ tu sonrisa hilarante con su oleaje de soprano en conjunción./ Escuché otra vez tu voz al pronunciar mi nombre y lloré,/ lloré como ventanal en la tormenta,/ lloré por tu figura que se diluía por el gemido de mi tristeza/ cuando bajo el cielo de la ilusión tu alma se me escapó./ La tierra me abrazó de nuevo y nos unimos para siempre en la biodegradación,/ que es la eterna unión de la ilusión al congelar mi pensamiento y mi razón/ como tu recuerdo en mi corazón, ayer y hoy,/ ayer y hoy.
Estar un día sin ti me enseñó que no hay peor tortura que ésta, la del alma. Cuando miro el sol como lluvia de colores y me imagino tu mirada que es la tormenta en el mar de mi estrechez,/ en este mar que es mi soledad, mi eterna soledad...
Litorales de locuras ocultas, de planicies depresivas, por la luz tenue de los rayos estelares./ Mis ojos confundiendo la imagen mundana del litoral con la luz angelical/ de tu cuerpo desnudo. El mar como universo mecedor, de mi sueño y tu sueño nos miraba dormidos tú en mí y yo en ti...
Tú eres mi nido, me decía con boca de fresa, y tu/ silueta dormía coloreando mis sentimientos./ La calle vacía, su casa, mi salvación, mi alegría a cuotas./ Su gesto me despertó sólo para comprobar/ que nada de esto existe, que yo no soy su nido,/ que no podré tocar su boca fresa, ni su beso brujo, y su silueta dormida desaparece y ya no colorea un sentimiento. La calle sigue vacía y esa casa ya no es un salvavidas,/ no existe, sólo sé que no existe.
Fue como si el rubor vinagre de la noche/ me atara a un tren luminoso,farandulero y triste./ Cuando aquel loco gemido me llenó la cara,/ me susurró al oído diciendo palabras que flameaban caminos y el tren se diluía en su bruma tecnicolor/ y un basural vomitaba estiércol, discurso alienado, chiste maricón para mirar la brasa púrpura esconderse en el cielo acuoso de un mañana presente/ o un presente sin sentido parecido a un arrebol.
En los recónditos lugares que imaginé/ tus sutilezas volaban ajenos los sueños sobre mí para escaparse, fugaces, fugitivos, inmemoriales,/ anónimos hacia el horizonte del desamor/ y ese paraíso que alguna vez construí para ti/ se marchitó de soledad, lloraron las ilusiones y cayeron prisioneras del sufrimiento/ las historias que alguna vez construía, cuando la noche llamaba al silencio y el silencio me llamaba/ a mí...
Fue esta represa del llanto que frenó mis cauces, aposentó los sobresaltos de mi conciencia,/ colmó de peces mi estómago, vació e hizo florecer las noches de mis ojos derramados.
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